Uno de los referentes de La Libertad Avanza, Santiago Caputo, planteó en redes sociales una controversial nueva hipótesis en torno a la seguridad nacional en Argentina que involucra a los autos fabricados en China. Al respecto, el asesor presidencial habló de una “invasión” de coches inteligentes del país asiático y señaló riesgos asociados a importaciones que su propio gobierno propició.
SEGURIDAD NACIONAL
Santiago Caputo contra China y sus autos: Riesgo de "escucha y transmisión"
Santiago Caputo instaló advertencias sobre los “autos inteligentes” de origen chino y su relación militar. Postura contradictoria en el Gobierno.
En ese sentido, y desde su cuenta en X, Caputo apuntó un “riesgo inherente” en relación al desembarco de más de una decena de marcas chinas al país. Según el asesor, ese cambio de mercado dejaría vulnerable al parque automotor argentino ante un potencial conflicto global, planteando la posibilidad de una influencia remota del “PCC” (en referencia al Partido Comunista Chino) en el funcionamiento de estos autos.
En qué se basa Santiago Caputo
La hipótesis planteada informalmente por Caputo está directamente relacionada con el reconocido relacionamiento de muchas automotrices chinas con el gobierno de ese país. Con participación accionaria en casi todas las empresas, Pekín mantiene una colaboración estrecha en la proliferación global de su industria automotriz y la revolución eléctrica, que además incluye un nuevo paradigma de datos en tiempo real.
Las dudas sobre ese relacionamiento fueron publicitadas especialmente por Estados Unidos y el Pentágono, donde se plantearon potenciales colaboraciones entre las fuerzas armadas chinas y las automotrices. De hecho, el país norteamericano planteó la posibilidad de una prohibición completa de los autos chinos o marcas con participación china del mercado doméstico alegando riesgos para la seguridad nacional.
Actualmente, Estados Unidos mantiene una prohibición práctica con aranceles que superan el 100% para autos de fabricación china. Sin embargo, algunos estados industriales habrían impulsado un proyecto del ley en el Congreso para lograr una prohibición definitiva con el apoyo de ambos partidos.
Respecto a ello, el presidente Donald Trump admitió que no tendría problemas en aceptar autos de diseño chino, siempre y cuando sean fabricados en territorio estadounidense. Así, presionó para una mudanza industrial al igual que en otros sectores.
Autos chinos y una contradicción libertaria
La postura de Caputo en torno al desembarco de autos chinos en Argentina sería contraria a la apertura comercial propiciada por la propia Casa Rosada. En ese sentido, el Gobierno nacional lanzó la tercera edición del cupo de coches electrificados importados por fuera del Mercosur sin aranceles por 50.000 unidades de cara al 2027.
Este programa sirvió de trampolín para numerosas marcas de origen chino al mercado argentino, que hasta hace algunos años permanecía casi completamente cerrado. Algo que llegó para cambiar la lógica comercial, invirtiendo el dominio de mercado en favor de los coches fabricados en el exterior y poniendo presión a las fábricas radicadas localmente.
Dentro de ese contexto, las marcas chinas ocuparon una cuota de mercado cercana al 15% en lo que va del año, revelando un importante avance e inyección de oferta que empujó los precios hacia abajo. Esto último resultó beneficioso para los consumidores, aunque complejizó la competencia interna, que pasó a disputarse el mismo número de negocios entre más vendedores.
Otra señal negativa para los autos chinos
El descargo de Caputo llegó inmediatamente después de que el Gobierno nacional decidiera la suba del techo del precio de origen para los autos exceptuados de aranceles extrazona. El límite se amplió de 16.000 dólares a 35.000 dólares (solo en 100% eléctricos), ajustando en favor de automotrices occidentales que no encontraban oferta competitiva frente a sus competidoras chinas.
Naturalmente, esta decisión sobre el mismo cupo (50.000) restaría unidades para las importadoras chinas, que hasta aquí sacaban ventaja de la flexibilidad industrial para adaptar coches al precio previsto recortando equipamiento o ejecutando adaptaciones exclusivas para el mercado argentino.
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