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EL EFECTO COLATERAL SINIESTRO DEL PARACETAMOL

Alertan por el desconocido efecto de medicamentos comunes

Vie, 31/01/2020 - 10:53am
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Por Urgente24

Estamos familiarizados con las propiedades alucinógenas de las drogas psicodélicas, pero resulta que los medicamentos comunes pueden ser igual de potentes. En efecto, cada vez hay más evidencia de que medicamentos tan comunes como el paracetamol y fármacos como las estatinas o los antidepresivos pueden estar alterando negativamente nuestra personalidad, aún sin que lo notemos, y sobre todo, sin que se investigue cómo influyen en el comportamiento humano. Es más fácil mencionar los "efectos colaterales de las estatinas en los músculos y el hígado, porque los problemas en esos órganos pueden detectarse con un examen de sangre común", pero también existe un "efecto colateral siniestro" que se deja lado y ocurre mientras se desarrolla una crisis de sobremedicación a nivel mundial, que promete ir en crecimiento.

El desconocido efecto de medicamentos comunes.
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La alerta va desde el paracetamol hasta antihistamínicos, estatinas, medicamentos para el asma y antidepresivos. Es que está surgiendo evidencia de que estas drogas, muchas de ellas de uso común, pueden volvernos impulsivos, iracundos o inquietos, disminuir nuestra empatía por los extraños e incluso manipular aspectos fundamentales de nuestra personalidad. 

El paracetamol es uno de los analgésicos más utilizados a nivel mundial: en 2013 fue prescrito a 22,5 millones de pacientes.

Según un informe de la 'BBC Mundo', Beatrice Golomb, directora de un grupo de investigación de la Universidad de California (Estados Unidos) recogió información de varios pacientes norteamericanos con historias de matrimonios destruidos y carreras arruinadas.

En casi todos los casos, los síntomas empezaron cuando comenzaron a tomar estatinas, y todo regresó a la normalidad cuando dejaron el fármaco. En la mayoría de las personas, estos cambios son extremadamente sutiles, para algunos otros, también pueden ser dramáticos.

Golomb detectó que la mayoría de los pacientes tienen dificultad para reconocer sus propios cambios de comportamiento, y mucho más para conectarlos con sus medicamentos.

El cuadro se agrava cuando analizamos la cantidad de droga –recetada o de venta libre– que consumimos. Solo Estados Unidos compra 49.000 toneladas de paracetamol al año, equivalente a aproximadamente 298 tabletas de paracetamol por persona, y el estadounidense promedio consume US$1.200 en medicamentos recetados durante el mismo período.

"... A medida que la población mundial envejece, nuestro consumo de medicamentos está destinado a crecer aún mucho más. ¿Cómo afectan todos estos medicamentos a nuestro cerebro?", publica la BBC, que resume los 5 medicamentos analizados:

- Estatina e irritabilidad

Golomb comenzó a sospechar que había una conexión entre estatinas y personalidad hace casi dos décadas, después de una serie de descubrimientos misteriosos, como el que la gente con niveles bajos de colesterol es más proclive a morir de forma violenta.

"Encontré, sorprendentemente, más evidencia de la que imaginaba", dijo, quien descubrió también que cuando se sometía a primates a una dieta baja en colesterol, se volvían más agresivos.

Había incluso un potencial mecanismo: bajar el colesterol de los animales parecía tener un impacto en sus niveles de serotonina, un químico importante en el cerebro encargado de regular el ánimo y el comportamiento social en los animales.

"(....) también esto tiene efectos poco agradables en la gente: estudios lo han vinculado con la violencia, la impulsividad, el suicidio y el asesinato".

Si las estatinas afectan el cerebro de la gente, es posible que esto sea una consecuencia directa de su capacidad para reducir el colesterol.

Desde entonces, ha surgido más evidencia directa. Varios estudios apoyan la idea de que hay un vínculo potencial entre la irritabilidad y la estatina. Un estudio de más de 1.000 personas liderado por Golomb descubrió que el fármaco aumenta la agresividad en mujeres posmenopáusicas (y no en los hombres).

Golomb está convencida de que el colesterol bajo y, por extensión, las estatinas, pueden provocar cambios en el comportamiento de hombres y mujeres, aunque la potencia del efecto varía drásticamente de persona a persona.

- Paracetamol

El descubrimiento más inquietante de Golomb fue, sin embargo, la falta de interés por revelarlo: "Hay mucho más énfasis en las cosas que los médicos pueden medir fácilmente", dice y cita como ejemplo que la investigación se centra en los efectos colaterales de las estatinas en los músculos y el hígado, porque los problemas en esos órganos pueden detectarse con un examen de sangre común.

Sin embargo, el paracetamol reduce significativamente nuestra capacidad de sentir empatía positiva. Dato que notó también Dominik Mischkowski, investigador sobre el dolor de la Universidad de Ohio, EE.UU.: "Sabemos mucho sobre los efectos fisiológicos de estas drogas (si tienen efectos físicos colaterales o no), pero no entendemos cómo pueden influir en el comportamiento humano".

Las propias investigaciones de Mischkowski revelaron un efecto colateral siniestro del paracetamol.

"Por mucho tiempo, científicos sabían que la droga frena el dolor físico reduciendo la actividad en ciertas áreas el cerebro como la corteza insular, que juega un rol importante en nuestras emociones. Estas áreas están involucradas también en nuestra experiencia del dolor social y, algo que resulta intrigante, el paracetamol puede hacernos sentir mejor después de un rechazo.

E investigaciones recientes revelaron que esta parte del cerebro está más habitada de lo que se pensaba, porque parece ser que los centros del dolor en el cerebro también comparten este espacio con la empatía".

Por ejemplo, imágenes de resonancia funcional magnética mostraron que las mismas áreas de nuestro cerebro se activan cuando experimentamos "empatía positiva" (placer en nombre de otra gente) y también cuando experimentamos dolor.

"Cuando le das a alguien un fármaco, no solo se lo das a una persona, se lo das a un sistema social. Y realmente no entendemos los efectos de estos medicamentos en un contexto más amplio. La empatía no solo determina si eres alguien "amable" o si lloras cuando ves una película triste.

Los efectos en el ánimo y la personalidad no se han estudiado, dice Golomb, porque son más difíciles de medir. La emoción viene acompañada de muchos beneficios prácticos, entre los que se incluyen relaciones románticas estables, carreras más exitosas, etc".

- Antidepresivos

En 2009, un equipo de psicólogos de la Universidad Northwestern, en EE.UU., decidió estudiar si los antidepresivos podían afectar nuestra personalidad.

En particular, el equipo estaba interesado en el neuroticismo. Este rasgo de la personalidad del modelo psicológico de los "cinco grandes" se resume en sentimientos de ansiedad, como el miedo, los celos, la envidia y la culpa.

"Descubrimos que los cambios masivos en el neuroticismo habían sido provocados por el fármaco, y poco o nada por el placebo (o la terapia)", dice Robert DeRubeis, quien participó en el estudio realizado.

Pero mientras que volverse menos neurótico pueda parecer un efecto colateral atractivo, no es, necesariamente, algo bueno.

"Lo que (el psiquiatra estadounidense) Peter Kramer nos advirtió es que cuando alguna gente toma antidepresivos, puede que dejen de importarle cosas que a la gente le importan", dice DeRubeis.

En este punto vale la penar enfatizar que nadie está diciendo que la gente debería dejar de tomar su medicación. A pesar de los efectos sutiles en el cerebro, se ha visto que los antidepresivos ayudan a evitar suicidios, que las drogas para bajar el colesterol salvan miles de personas al año, y que el paracetamol está en la lista de fármacos esenciales de la OMS, por su capacidad de aliviar el dolor. Aún así, es importante que la gente se informe sobre cualquier efecto colateral psicológico potencial.

Y, aclara, este asunto cobra urgencia cuando uno considera que algunos cambios de personalidad pueden ser dramáticos.

- Parkinson

Hay evidencia sólida de que la droga levodopa, que se usa para tratar el mal de Parkinson, aumenta el riesgo de trastornos del control de impulsos, un grupo de problemas que hacen más difícil resistirse a las tentaciones y urgencias.

En consecuencia, la droga puede tener consecuencias devastadoras cuando algunos pacientes empiezan repentinamente a tomar más riesgos, volviéndose apostadores patológicos y compradores compulsivos.

La asociación con comportamientos impulsivos tiene sentido porque la levodopa provee al cerebro una dosis extra de dopamina —en la enfermedad de Parkinson, la parte del cerebro que la produce se destruye progresivamente— y la hormona está involucrada en los sentimientos de placer y recompensa.

Para concluir, dice Mischkowski, "somos seres humanos", y "tomamos muchas cosas que no son necesariamente buenas en distintas circunstancias". Pero para minimizar cualquier efecto indeseable y sacar el mayor provecho a las enormes cantidades de medicamentos que tomamos a diario, reitera que tenemos que saber más porque actualmente, dice, cómo afectan el comportamiento de los individuos —e incluso sociedades enteras— es un gran misterio.