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La separación del presidente ruso, Vladímir Putin, y su esposa, Ludmila, era un secreto a voces, al que sólo le faltaba el sello del Kremlin, y que ha sido recibido con más alivio que sorpresa por la sociedad rusa. "Sí, se puede decir que esto es un divorcio civilizado", aseguró en la noche del jueves 06/06 Ludmila Putin, que lleva casi 30 años casada con el jefe del Kremlin, en el entreacto del ballet "Esmeralda" en el Gran Palacio del Kremlin. La comparecencia de la pareja en la televisión pública contrastó con el secretismo que caracteriza la vida privada de los políticos en Rusia, pero simplemente ratificó lo que todo el mundo sospechaba: el Presidente y su esposa ya no viven juntos. "Lo dijeron ellos mismos. Desde hace algún tiempo ya no viven juntos. Hace tiempo que se separaron", explicó el viernes 07/06 Dmitri Peskov, el portavoz del Kremlin. En realidad, Ludmila, de 55 años, sólo ejerció de primera dama durante los primeros años, ya que con el paso del tiempo cada vez se hicieron más contadas sus apariciones públicas. Sus largas ausencias dispararon los rumores sobre su estado de salud e incluso la prensa local informó de que Ludmila había ingresado en un convento (?) y emulado así a otras consortes de la época de los zares.
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La educación pública del Centenario era mejor, en términos relativos, a la educación pública del Bicentenario: es una convicción de Urgente24. Por entonces había mucho para mejorar pero el concepto era muy promisorio. En los días del Centenario, la Argentina era considerada una potencia emergente, algo que no ocurrió en el Bicentenario, pese al relato oficial. El país es un reflejo de su sistema educativo porque está integrado por los recursos humanos que ahí se forman: permite evaluar la productividad del sistema de formación. Pero ¿cuál es la diferencia entre el Centenario y el Bicentenario? Básicamente en que en la educación del Centenario había una ética de exigencia al educador y al alumno. En el Bicentenario ha desaparecido la exigencia como uno de los ejes de la educación. Esa es una mirada micro. Pero también hay una mirada macro que apunta a que la degración va más allá de la Argentina y abarca a la cultura, por lo menos, de Occidente. El ensayo La Educación: Una Responsabilidad de Todos, que escribió el licenciado en Historia, Juan Carlos Priora, sostiene que la degradación del sistema educativo no ocurre solamente en la Argentina, y tiene que ver con una profunda crisis de los valores sobre los que se construye la educación, aunque obviamente en algunas sociedades el deterioro es más profundo por otros motivos socio-económicos-culturales. Priora es educador desde toda su vida, fue uno de los fundadores de la Universidad Adventista del Plata y decano de la Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales de esa casa de estudios.
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