por EDGAR MAINHARD
Un economista rompe el cerco de los políticos y propone cómo ganarle al PJ
La explicación de un marxista chileno devenido en diputado sueco le sirvió de mucho a un economista argentino nacido en Villa Gonet y formado en USA: no es kitsch sino el germen de un ensayo sobre el presente y futuro argentino.
08 de junio de 2013 - 10:16
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Federico Sturzenegger es licenciado en Economía (Universidad Nacional de La Plata) y doctor en Economía (Massachusetts Institute of Technology). Pero, luego de gestionar con éxito la empresa pública más rentable del país (Banco Ciudad), desea participar más activamente de la política, y en ese contexto hay que considerar su flamante ensayo Yo No Me Quiero Ir - Claves y razones para apostar por la Argentina (Espejo de la Argentina/Planeta, 336 pag.).
El atractivo título plantea una obvia diferencia con la frase de Hernán Lorenzino cuando le explicaba a su asesora de comunicaciones que no quería responderle a la periodista de la TV griega, Elenis Varvitsiotis, acerca de la inflación en la Argentina.
Es cierto que la frase de Lorenzino presentó un país sin horizonte: ¿a quién se le ocurre que un ministro de Economía no pueda/no quiera/no deba explicar qué sucede con la inflación que afecta a todos los ciudadanos? El autor la utiliza para contraponerla con su visión: sí hay horizonte para la Argentina. Pero él no lo plantea desde la econometría sino que intenta una visión más amplia, multidisciplinaria y coloquial, sin duda un acierto de los consejos estilísticos de su mujer, Josefina Rouillet. Sin embargo, a Sturzenegger le espera una difícil trayectoria por delante. La democracia representativa recuperada en 1983 tolera a los economistas, siempre y cuando no trasciendan su actividad específica. Por ese motivo, todos los presidentes han sido abogados. Hubo un vicepresidente ingeniero civil (Julio Cobos), y ahora hay uno economista (Amado Boudou), que no obtiene reconocimiento como político, y menos luego de los escándalos por la compra-venta de Calcográfica Ciccone, estatizada a causa del bochorno...
Cuando Fernando De la Rúa evaluó designar a Domingo Cavallo como jefe del Gabinete de Ministros de la Nación, se le cuestionó no solamente que no hubiese integrado previamente aquella Alianza gobernante sino que fuese un economista en un cargo que no era el Palacio de Hacienda. Para los políticos, aún muchos del PRO, cuando Sturzenegger deje la presidencia del Banco Ciudad, él debería incursionar en alguna oficina del Ministerio de Economía porteño para que invente cómo conseguir más dinero para que gasten los políticos. Por un lado, los políticos o son ignorantes o no quieren darse por enterados de las diferencias profesionales entre un contador y un economista. De administración de empresa, todavía ni hablar... Luego, la formación adecuada para la gestión del Estado y la meritocracia no parecen ser problemas que les preocupe. Hay una curiosa exaltación de las virtudes de la chantocracia, de derecha a izquierda. El error conceptual ha colaborado bastante en generar la espantosa deuda socio-cultural que la democracia acumuló con sus electores.
Por suerte para Sturzenegger, en el PRO su colega Rogelio Frigerio, economista hoy día legislador porteño, intenta abrir camino. Él cuenta para ello con la herencia del partido político que cofundó su abuelo, también Rogelio Frigerio, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).
Pero Sturzenegger no cuenta con esa ventaja. Su padre, Adolfo, es contador público, licenciado en Economía y doctor en Ciencias Económicas. Federico tendrá que ganarse el diploma de político por esfuerzo propio. Él afronta el desafío con empeño y eso ya es rescatable. Luego, le favorece que viene un recambio generacional en la sociedad argentina y, probablemente, eso ayude a una renovación conceptual.
El origen
Alfredo Zaiat también es licenciado en Economía, y es periodista en el matutino paragubernamental Página/12. Cristina Fernández de Kirchner ha ponderado su razonamiento supuestamente progresista, y él escribió un panegírico del 'modelo', titulado La Economía a Contramano, que intentó darle fundamentos al relato nacional y popular (nac & pop) que reivindica el Frente para la Victoria.
Sturzenegger lo leyó durante un viaje de regreso desde una reunión de banqueros y decidió escribir un libro para refutar los conceptos de Zaiat. Probablemente un debate público Sturzenegger vs. Zaiat resultaría más entretenido que explicar el libro de Sturzenegger, pero hay que escribirlo para inspirar a algún productor televisivo: misión cumplida.
Sturzenegger escribió acerca de la contribución de Zaiat al mundo K. "(...) Como relato tiene los ingredientes perfectos para el éxito: identifica a un culpable, presenta evidencia sobre su fracaso con episodios visibles e incontrastables y es políticamente correcto, porque posiciona al relator como defensor de los pobres y a quienes lo cuestionan como defensores de intereses oscuros y corruptos, o -en el mejor de los casos- de multinacionales, empresarios u oligarcas. Pero, claro, esa caracterización es exageradamente simplista, casi una fantasía de esas con las cuales a los argentinos nos gusta encandilarnos. (...)". O sea que a la historia (insoportable), según Felipe Pigna o Mario O'Donnell, hay que sumarle la economía según Alfredo Zaiat. ¿Quedará algo de todo eso en 10 años?
Sturzenegger apunta "la gran falacia del relato K. Así como es innegable el fracaso de la convertibilidad para asegurar el éxito económico de la Argentina, también es incuestionable el éxito de las reformas económicas de los años '90". Es más: los servicios públicos todavía sobreviven gracias a las inversiones concretadas durante esos años. Los K no consiguen explicar 2 conceptos estratégicos:
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> ¿Por qué su supuesto éxito no logró detener la fuga de capitales?, y
> ¿Por qué nunca han logrado volúmenes de inversión directa compatible con sus expectativas y necesidades?
El ensayo tiene una estructura de 3 partes: Pasado, Cristina y Futuro. Las partes Pasado y Cristina intentan reconstruir la mal llamada "Década Ganada" (que será vilipendiada en breve), mientras que Futuro es un intento de presentar escenarios y desafíos para lo que viene, sin duda una tarea necesaria, que precisaría de otros aportes similares.
El texto es atractivo, hay anécdotas deliciosas y el mensaje es impactante: "(...) Un Estado al servicio de la comunidad provee los bienes públicos necesarios para generar igualdad de oportunidades y movilidad social. La libertad es necesaria para que cada individuo pueda crear y desarrollarse. Y una clase política incuestionable es necesaria para que las políticas no sean revisadas y que el ejercicio de convivencia colectiva no sea de destrucción sino de construcción. Pero la construcción de los valores es un ejercicio colectivo. (...)".
Epílogo
El final del texto de Sturzenegger tiene un mensaje político muy concreto:
"Mauricio Rojas es un chileno de 62 años. Es una persona de hablar pausado. Hoy es director del Observatorio para la Inmigración y la Cooperación al Desarrollo, de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid. Parece un académico más, probablemente con la vida típica de un académico internacional: un doctorado en una buena universidad y luego un crecimiento profesional a fuerza de trabajos publicados en buenas revistas, donde se cuentan las citas y los números de páginas publicadas. Pero no. Basta conocerlo a Mauricio para darse cuenta de que su historia es muy diferente. No solo hay citas y trabajos en revistas especializadas. Hay mucho, mucho más. (...)".
Rojas fue militante del chileno Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), pero cuando el 11/09/1973 Augusto Pinochet Ugarte y sus 2 colegas restantes en la Junta Militar, dieron un golpe de Estado, Rojas tuvo que convertirse en exiliado político. En su caso, logró alojamiento en Suecia.
El chileno comenzó a estudiar en la Universidad de Lund... y progresivamente él mutó en un liberal político. Luego el Partido Liberal sueco le ofreció integrar su oferta de candidatos a diputados nacionales, privilegio que Rojas consiguió en 2002, y fue legislador en el Riksdag hasta 2009, integrando la Alianza por Suecia. Y ahí va el mensaje político de Sturzenegger: ¿cómo hizo Alianza por Suecia, fuerza de centroderecha, para desbancar en 2006 a la socialdemocracia tradicional en Suecia?
Rojas le contó al autor que el Partido Conservador, eje de la Alianza por Suecia, había conseguido un nuevo líder, Fredrik Reinfeldt, quien planteó un cambio radical de estrategia. Según Reinfeldt, el problema de la derecha en Suecia era que había tratado de plantear una "alternativa" al socialismo que le era extraña al pueblo sueco, y que no lo representaba por ser ajena, por no sintonizar con la gente, por no captar los valores básicos de los suecos. Y esa era justamente la base del éxito socialdemócrata, su sintonía con la gente.
¿Cuáles eran esos principios básicos de la sociedad sueca? Según Reinfeldt era 3: la austeridad, el trabajo como dignificante y la justicia social. Cualquier enfoque político que no partiera de esta base, estaba destinado a no conectar con sus votantes. Por eso Reinfeldt llevaba personalmente a sus hijos a la escuela, limpiaba su casa y se lavaba la ropa, tal como lo hacen todos los suecos. En lo posible no usaba chofer ni se movía con acompañantes que lo siguieran. Esto era uno de los puntos centrales de su credo, ser de verdad como es la gente..
Luego, las políticas del partido debían apuntar a garantizar que hubiera libertad para trabajar, sin trabas ni restricciones, y en premiar al trabajo en vez de castigarlo con altísimos impuestos. Por último, la idea central de Suecia es la preferencia por la igualdad, para que la comunidad no se rompa. Los impuestos debían ser progresivos pero sin desincentivar el trabajo, y los bienes públicos tenían que ser de calidad. El Estado de calidad estaba implícito en el anhelo sueco.
Volviendo a la Argentina, cámbiele Partido Justicialista o Frente para la Victoria en lugar de socialdemocracia y PRO en vez de Alianza por Suecia. Es muy claro el mensaje de Sturzenegger, bástante más claro que el de los políticos que quieren encasillar a los economistas.







