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Facundo Moyano cada vez más complicado: Las pruebas que podrían arruinarlo

Facundo Moyano queda cada día un poquito más jugado en la causa con Candela Arizaga. Ahora aparecieron nuevas pruebas y el sindicalista no sabe dónde meterse.

En pocas palabras

  • Investigación judicial: El caso de Facundo Moyano avanza a pesar de la retractación de Candela Arizaga, sumando nuevos elementos.
  • Pruebas clave: Cámaras de seguridad, testimonios y un informe sobre asimetría de poder complican la situación del dirigente.
  • Próximos pasos: Se citó a declarar a 14 testigos para reconstruir los hechos de aquella madrugada.
Resumen generado por Thinkindot AI

Facundo Moyano y Candela: dos versiones de una madrugada polémica

Todo pasó durante la madrugada del 4 de agosto, después de que Facundo Moyano y Candela Arizaga regresaran de ver a River en el Monumental. Los dos fueron al departamento del dirigente en Belgrano, donde pasaron parte de la noche mirando una película, después de lo cual Candela, según declaró posteriormente, empezó a consumir cocaína porque no podía dormir. Cocaína que era de ella y que le habían regalado tiempo atrás, como sostuvo.

También afirmó que Moyano no consumió drogas. Después, en circunstancias que todavía intenta determinar la Justicia, la joven salió del edificio descalza, semidesnuda, con su perro en brazos y en un estado evidente de desorientación, mientras gritaba y corría por la calle.

Un llamado al 911 alertó sobre la situación. Y las cámaras de seguridad de la zona de Virrey Vértiz y Sucre registraron luego una escena que hoy resulta central para la investigación: Candela intenta alejarse y subir a colectivos, mientras Moyano la alcanza y la sujeta físicamente. Ella termina cayendo y se lastima una rodilla, hasta que interviene un policía y los separa.

A partir de ese episodio, el dirigente quedó detenido e imputado por lesiones leves y privación ilegítima de la libertad en contexto de violencia de género. Después recuperó la libertad, pero la causa no terminó ahí. La Justicia le impuso una prohibición de acercamiento de 300 metros, restricciones de contacto, fijación de domicilio y obligación de presentarse cuando sea citado.

Y es acá donde empiezan a aparecer las primeras contradicciones que no le facilitan las cosas al hijo de Hugo Moyano. Candela primero habría referido ante la Policía que había sido agredida y encerrada, pero después, en el hospital, ya más lúcida, cambió su relato y aseguró: "No me pegó, no me hizo nada. Fue todo producto del consumo de estupefacientes".

La joven habló incluso de un "brote psicótico", explicó que no recordaba buena parte de lo sucedido y manifestó que quería recuperar la relación con Moyano. También pidió que se levantaran las restricciones porque, según su planteo, todo había sido consecuencia de una situación que ella misma provocó al consumir.

Moyano, por su parte, salió públicamente a dar su versión los días posteriores y negó haber consumido drogas, aseguró que Candela había sufrido un paro cardíaco dentro del departamento y afirmó que él le practicó RCP antes de avisar al portero. También rechazó haberla perseguido y sostuvo que, según su versión, ella bajó primero por el ascensor y él salió unos cinco minutos después.

Incluso llegó a asegurar que "estuve detenido porque es Facundo Moyano", una frase con la que trata de victimizarse pero que no resuelve el problema central: la causa no cerró y la Justicia todavía tiene que determinar qué ocurrió aquella madrugada.

El informe que vuelve a complicar a Facundo Moyano

El dato que más preocupa a la defensa es el informe elaborado por el Equipo de Intervención Domiciliaria (EDID) del Ministerio Público Fiscal, conocido el 12 de agosto. El documento no establece que Moyano sea culpable ni demuestra por sí mismo que haya existido violencia de género. Pero sí incorpora un elemento que puede ser muy incómodo para su estrategia: la existencia de una asimetría de poder entre ambos.

El informe toma en cuenta la diferencia de edad —Moyano tiene 41 años y Candela 23—, el género y, especialmente, la posición social, económica y política del dirigente, además de su exposición pública como sindicalista e hijo de Hugo Moyano.

También señala factores de vulnerabilidad de Candela vinculados con el consumo de sustancias, su estado de somnolencia y desorientación y la enorme exposición mediática que tuvo inmediatamente después del episodio. En otras palabras, el informe le permite a la Fiscalía sostener una pregunta bastante sencilla: ¿la retractación posterior de la joven alcanza, por sí sola, para descartar todo lo ocurrido?

La respuesta judicial, al menos por ahora, parece ser que no.

Y eso explica por qué el expediente continúa avanzando aunque Candela diga que no fue víctima de violencia y quiera volver con Moyano. En una investigación de estas características, la Fiscalía puede continuar reuniendo evidencia independientemente de que la víctima modifique posteriormente su relato.

Después están las cámaras de seguridad, que son probablemente el elemento más concreto del expediente. No resuelven por sí solas qué intención tenía Moyano cuando la alcanzó, pero sí permiten reconstruir físicamente una parte de la secuencia. Se ve a Candela en una situación de extrema vulnerabilidad y a Moyano alcanzándola y sujetándola.

Ahí la defensa tiene una explicación posible: que estaba intentando ayudarla o impedir que se lastimara. Pero la Fiscalía tiene otra obligación: determinar si esa intervención fue asistencia o si, por el contrario, constituyó un ejercicio de control físico sobre una persona que intentaba alejarse.

Y tampoco ayuda demasiado la primera declaración de Candela. Si efectivamente en el momento inicial dijo que había sido agredida y encerrada y luego modificó completamente su relato, los investigadores tienen dos versiones incompatibles que necesariamente deben ser contrastadas con el resto de la evidencia.

Otro punto que llama la atención es la negativa de Moyano a realizarse análisis de sangre y orina. El dirigente explicó que tomó esa decisión por recomendación de sus abogados. La negativa no demuestra que haya consumido drogas, y sería incorrecto presentarla como una prueba de consumo. Pero, en una causa donde justamente el estado de ambos durante aquella madrugada es parte de la discusión, tampoco es un dato que permita despejar las dudas.

Y ahora viene una etapa particularmente importante: 14 testigos comenzaron a ser citados desde este jueves 13 de agosto. Entre ellos hay personal de seguridad del edificio, vecinos vinculados al llamado al 911, policías, médicos del Hospital Pirovano, una empleada doméstica y una amiga de Candela.

Es decir, no se trata solamente de seguir preguntándole a Moyano y a su pareja qué creen que pasó. La Fiscalía empieza a buscar testimonios externos que permitan reconstruir el episodio desde distintos ángulos.

Eso es justamente lo que puede complicar al dirigente: que alguno de esos testigos confirme haber escuchado gritos, observado signos de violencia o advertido una situación que contradiga alguna de las versiones posteriores.

Hasta ahora, no aparece una prueba contundente de una golpiza grave ni una demostración definitiva de que Candela haya permanecido encerrada durante un período prolongado. Y decir lo contrario sería adelantarse a una investigación que todavía está en marcha.

Pero tampoco alcanza con la explicación cómoda de que “no pasó nada” porque Candela se retractó. Hay una escena registrada por cámaras, dos relatos diferentes, un informe técnico que advierte sobre vulnerabilidad y asimetría de poder, una negativa al toxicológico y 14 personas que todavía tienen que declarar.

Así que, por ahora, Moyano puede repetir todo lo que quiera que fue detenido por ser Moyano. El problema es que la causa no se define por su apellido, ni por su propia versión, ni por lo que él o Candela quieran que ocurra. Se define por las pruebas, las cuales (al menos hasta este jueves) no le juegan mucho a favor.

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FUENTE: Urgente24