CARTELERA

Por su erotismo, Cinemark veta 'Shame'

El film dirigido por Steve McQueen no será proyectado por la cadena, según informó su distribuidora. Trailer y críticas.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La cadena de cines Cinemark decidió que no proyectará en ninguna de sus salas la película 'Shame, sin reservas', de Steve McQueen, por sus "escenas de contenido erótico".

Lo anunció este miércoles (25/4) la distribuidora Diamond Films, que tiene proyectado el estreno del filme con Michael Fassbender y Carey Mulligan para este jueves. 
 
La película sí será exhibida en la cadena Hoyts, que a pesar de haber sido adquirida por Cinemark en agosto del año pasado, todavía resta la aprobación de la operación por parte del Gobierno, por lo que ambas marcas operan por separado. 
 
En la película, Fassbender (quien encarnó a Magneto en 'X-Men: Primera Generación') interpreta a Brandon, un neoyorquino que pasó los 30 y es adicto al sexo, al tiempo que sufre enormes dificultades para la intimidad con las mujeres.
 
Navegando en citas ocasionales o romances condenados al fracaso, su vida cambia cuando se le aparece en su casa su hermana Sissy, un promisoria cantante que se instala en su hogar y hace aflorar recuerdos del doloroso pasado familiar en común.
 
El film cosechó en general buenas críticas, en especial la actuación de Fassbender, que le valió una nominación como mejor actor en drama en los últimos Globo de Oro. La película también obtuvo cuatro premios (incluyendo el de mejor película) en los British Independent Film Awards del año pasado.
 
También movió el avispero el desnudo total de Fassbender en la cinta. George Clooney elogió al protagonista en la gala de los Globo de Oro. Y la australiana Charlize Theron fue más lejos: "Tu pene fue una revelación", le dijo en broma durante un encuentro de Human Rights en Los Angeles.
 
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Críticas
 
 
"El director Steve McQueen indaga en las posibilidades y necesidades del cuerpo, del sexo como placer y también como compulsión. Michael Fassbender -quien en la previa Hunger, otra obsesión filmada por McQueen, había llevado al extremo la autoflagelación hasta la muerte- aquí es Brandon, el solitario, el potente y a la vez el desesperadamente necesitado. 
 
El cuerpo vuelve a ocupar el foco de atención, el espacio donde se vive y desarrolla visceralmente el drama de los personajes. Los sentimientos quedan afuera: Brandon parece empezar a sentir algo sólo cuando su hermana Sissy canta una versión personalísima, casi genial, de New York, New York. Ella es quien parece hacerlo revivir, su llegada constituye una sacudida, ella podría ser una puerta de salida de esa desesperada dependencia. O por lo menos, le permite enfrentarla.
 
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McQueen realiza un inteligente uso de los largos planos secuencia cruzados con tomas cortas y ágiles, dotando al film de un ritmo peculiar, intenso y expresivo. Las escenas aparentemente independientes de la vida sexual de Brandon hablan de su dificultad para tener un vínculo profundo. Son elocuentes el levante que logra casi sin proponérselo, por oposición a la frustrada relación con su compañera de trabajo.
 
Shame constituía un desafío, por lo crudo del tema, por el rigor de su tratamiento. Tanto sexo, y con él, tanta angustia, tanta miserabilidad. No toda la crítica ha aceptado el planteo de McQueen, y se objeta que el film es moralista. No coincido. En todo caso, el título engaña. ¿Por qué Vergüenza? Lo que vive Brandon produce sobre todo tristeza, impotencia. Él no está avergonzado, sino desesperado por su dependencia. Si el tema podría inspirar resistencias, el tratamiento las vence, por su respeto, por su comprensión".
 
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"Caso curioso el de estas películas dominadas por la polémica de su planteo. Su primer error es su único error: ¿por qué pensar el comportamiento de su protagonista en términos patológicos? Sí, es compulsivo, frenético, promiscuo, pero no son menos compulsivas, frenéticas o promiscuas las conductas de su hermana, las intenciones de su jefe o las acciones de distintos personajes anónimos con los que el protagonista se cruza en el desarrollo de la trama. Antes que una afección psíquica personal, las imágenes de Shame configuran la compulsividad y la alienación, la separación del mundo, como un mal de la época, un hecho social, en un contexto donde el sexo se ha convertido en una moneda corriente de aparente autosatisfacción, desligada del placer (y a veces la presencia) del otro e incluso del propio deseo, como lo demuestra una de las últimas escenas, en la que Brandon llega al extremo de satisfacer la urgencia de la gratificación instantánea prestándose a un deseo que no es el suyo. El sexo es relevante justamente porque permite advertir el grado de alienación que estos personajes guardan incluso respecto de su propio cuerpo.
 
De esta forma, quitando al sexo los ribetes seudoescandalosos que pudiera despertar en ámbitos puritanos, cobra mayor importancia la desconexión entre las personas, su imposibilidad de comunicarse, su soledad, su aislamiento y su deriva, y la película de McQueen se erige como una polémica respuesta a Perdidos en Tokio. A diferencia de lo que ocurría en la película de Sofia Coppola, aquí los personajes no parecen deambular perdidos en un espacio social distinto, exótico, sino en un espacio que si bien es extranjero (los hermanos son irlandeses) es totalmente apropiable. No es el mundo exterior, entonces, el que aísla (como les ocurría a Scarlett Johan-sson y a Bill Murray), sino las personas mismas las que se alienan del espacio social por medio de consumos abusivos en los que encuentran una autosuficiencia ilusoria. No hace falta ir “al otro lado del mundo” para encontrarse frente a esa soledad absoluta, obvia ya en la vida cotidiana, confrontación que resulta palmaria entre la escena en que Carey Mulligan interpreta una versión extremadamente lenta y melancólica de “New York, New York” y el karaoke kitsch de Murray (“More Than This”).
 
Lamentablemente, Shame termina pagando el precio de una concepción ingenua, tal vez en uno de los puntos más sensibles de su construcción. Según varias declaraciones, McQueen está convencido de haber hecho “un film sobre sexo que no es sexy”, y puede creerlo porque parte de una perspectiva timorata, la misma que lo lleva a hablar del “duro problema de este adicto” como si ese grado de alienación fuera el problema particular de otro y no –como parece sugerir, de manera más inteligente, su película– una condición social compartida. Esa perspectiva dicta que uno o dos desnudos frontales ya son “fuertes”, “sucios” y por eso mismo las escenas sexuales de Shame terminan formando parte de la misma imaginería masturbatoria que la película parecería poner en tela de juicio: todos los actores y actrices son excesivamente “bellos” en términos convencionales y las actividades sexuales que emprenden están demasiado signadas por la estética pornográfica e insulsa de la industria del entretenimiento como para resultar incómodas, agotadoras, aplastantes. Una vez más, triunfa el design, esa estética que aliena el mundo ajustándolo a una concepción burda del valor estético como chuchería. Paradójicamente, la agudeza de la película, la calidez desgarradora de Mulligan y la solidez de Fassbender logran hablar, así y todo, del dolor que se esconde bajo la enorme cantidad de público que alquilará Shame en DVD sólo para rebobinar las escenas calientes".
 
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"En Shame, el director londinense Steve McQueen, un realizador con apenas dos largometrajes en su haber pero que no han pasado inadvertidos, hace una impecable cirujía al alma de un personaje que incapaz de relacionarse con el otro hunde su vacío en la obsesión sexual.
 
McQueen no se queda en el mero estereotipo del hombre treintañero que le teme al compromiso, aun cuando en alguna escena el protagonista casi se defina como tal; Brandon, interpretado grandiosamente por Michael Fassbender es presentado con todo su bagaje dramático que explica sustancialmente el porqué de sus obsesiones y efímeros encuentros sexuales. Con detalles prácticamente minimalistas pero certeros, el director nos expone la causa del infierno de un hombre que tal cual reza el título del film siente cualquier cosa menos placer real. Una sola contrafigura, la de su hermana en la piel de la cada vez más ascendente Carey Mulligan, y la relación con esta nos dan claras muestras del porque de sus carencias y tormentos. Y a la vez, sintetiza con una gran habilidad dos formas contrastantes de enfrentar casi la misma realidad. Él, incapaz hasta de aceptar el cariñoso abrazo de su hermana; ella, una dependiente patológica que le teme a la soledad.
 
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Shame, incluso, hay que decirlo, logra mucha más profundidad psicológica sobre el tormento de un hombre sometido a actos auto reprochables que lo que logra un pretendido film sobre psicología como fue otro de los recientes estrenos en el que participó el actor irlandés, A Dangerous Method. Sin demasiado academicismo ni retóricas innecesarias, McQueen elabora con ritmo sosegado al principio pero in crescendo, casi como una regla inversamente proporcional, un verdadero descenso a los infiernos. Cuanto más parece caer el protagonista más ritmo toma la narrativa pero sin por eso parecer que de buenas a primeras quiere tirarse sobre la mesa todo aquello que no se contó antes.
 
 
Para entender a este Brandon hay que centrarse en los detalles, sus reacciones, su modo de andar por la vida; y para eso el director se sirve de una primera parte en apariencia banal, cotidiana, hasta desembocar en el verdadero meollo de la crisis. Hay escenas muy bien logradas que dicen con poco todo lo necesario, como esa corta conversación con su compañera de trabajo en una primera cita o la discusión entablada con su hermana frente al televisor.
 
La tensión creada por el director está tan bien madurada que aunque entendemos que el personaje en algún momento tiene que explotar no intuimos en absoluto el cuándo o cómo. La última media hora del film es una maravillosa exposición de extremismos en los que cae el protagonista con tal de hacer desaparecer ese vacío que el espectador no se impacta por la mera imagen desplegada, sino por el genuino dolor que exhala su incapacidad de conectar con alguien."