El príncipe Alberto de Mónaco no pasó por el altar hasta los 52 años. Antes de ello, conquistó a mujeres verdaderamente espectaculares.
OTRA VEZ, A FLOR DE PIEL
Las rarezas y dudas sobre la sexualidad de Alberto
A 8 años del casamiento entre Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock, esta unión sigue dando qué hablar: tan firme como la polémica sobre la sexualidad del príncipe.
En la década de los ochenta, tuvo una fugaz relación con Brooke Shields, que estaba en plena cresta de la ola, también con la modelo Naomi Campbell y Claudia Schiffer e, incluso, Sharon Stone, con la que en realidad le une una simple amistad.
No tuvo reparos en mostrarse públicamente en actitud romántica con Tasha de Vasconcelos, una modelo africana cuya belleza cautivó a los monegascos, y hasta con la actriz alemana Alexandra Kamp-Groeneveld y alguna que otra conquista esporádica.
En general fueron más contundentes los rumores que la realidad de esa extensa lista en la que la mayoría de las mujeres pasaron con feroz velocidad.
Fue por ello que los rumores de una supuesta homosexualidad de Alberto de Mónaco, no se hicieron esperar.
En 2003, hubo un polémico viaje en compañía de unos amigos, de sus guardaespaldas y en su avión privado, en el cual el príncipe aterrizó en Suecia para disfrutar de unas jornadas en Aren, una de las estaciones de esquí más exclusivas del mundo. Casualmente, en esas mismas fechas se celebraba el Festival Gay Escandinavo, bastante popular internacionalmente. En efecto, la prensa local no tardó en publicar imágenes de Alberto posando con dos 'drag queens' en plena juerga.
Cuando ya todos daban por confirmada su salida del armario, el príncipe convocó una rueda de prensa en la que dijo que el viaje había sido organizado por un amigo de manera sorpresiva para disfrutar de las pistas de esquí, que nunca viajaría más de mil kilómetros para acudir a una fiesta gay y que se enteró de su existencia estando ya allí. Aunque admitió haberse fotografiado con los "travestis" porque éstos se empeñaron y porque no sabía que las imágenes acabarían viendo la luz en la prensa. "No se puede confiar en nadie", se lamentaba. Asimismo, declaró no tener ningún prejuicio contra la comunidad homosexual pero que, por supuesto, él no lo era.
Aprovechó también para alabar la belleza de las suecas: "Son las mujeres más bellas del mundo", dijo.
Pero los rumores no sólo no se apagaron, sino que cobraron mucha más fuerza. Incluso, su compromiso con Charlene Wittstock no dejaba de ser visto por algunos como una especie de 'pacto' con la ex nadadora sudafricana de la que a lo mejor ella ni siquiera era consciente.

Han pasado ya 8 años desde que ambos dieron el 'sí, quiero' en dos ceremonias -una civil y otra religiosa- celebradas en el pequeño principado y que reunieron a un buen número de royals de todo el mundo.
Según se publicó en junio de 2011, cuando la exnadadora accedió a casarse con Alberto, ella se vio obligada a firmar un contrato nupcial en el que se exigía que debía darle al menos un heredero y pasar cinco años casada hasta poder optar al divorcio. Este duro contrato venció el 1 de julio de 2016 y, tres años después, la princesa sigue al lado de su marido, lo que lleva a pensar que quizás no eran tan ciertas todas esas polémicas que desde el primer minuto cuestionaban su matrimonio.
Ese día, la novia se llevó todo el protagonismo con su particular cara de tristeza y sus lágrimas. Durante toda la ceremonia religiosa, se vio a una Charlene decaída, fría y muy distante.
Entonces fue rebautizada como la 'novia más triste de la realeza' y corrieron ríos de tinta sobre sus lágrimas por los medios de todo el mundo. Pero su tristeza era totalmente justificada, pues dos semanas antes del enlace, la nadadora vivió un terrible momento que estuvo a punto de echar por tierra la boda.
Según narraban los medios franceses, una semana antes del enlace decidió cancelarlo todo y huir del principado. Fueron precisamente las cláusulas de ese contrato lo que aterró a la nadadora, quien decidida se fue hasta al aeropuerto para poner tierra de por medio. Sin embargo, la detuvieron antes de que tomara un vuelo y la hicieron entrar en razón para que aceptara las condiciones y se casara con Alberto.
Ella misma negó luego la escena en una entrevista.
Se sumó a ello que cuando los recién casados viajaron a Sudáfrica para disfrutar de su luna de miel, se hospedaron en hoteles distintos alegando motivos de seguridad.
El sitio español 'El Confidencial', recuerda que también se cuestionó mucho que no tuvieran hijos hasta que en 2014 llegó la buena nueva: "Charlène estaba embarazada y además de mellizos. Una gran noticia para un matrimonio perseguido por las polémicas. Pero no todo fueron alegrías. La revista alemana 'Bunte' publicó en marzo de 2014 que Alberto y Charlène no vivían juntos. Según la publicación, tras una discusión fortísima con su marido, la princesa decidió irse a Suiza a casa de una amiga. Fue el padre de ella, Mike Wittstock, quien medió para que las cosas se arreglaran".
En diciembre de 2014, nacieron los hijos de la pareja: la princesa Gabriella y el príncipe Jacques, heredero al trono. El nacimiento de los mellizos sumió al matrimonio en una gran alegría, que se vio ensombrecida tras la exclusiva de la revista lusa 'Caras' que contaba que la princesa vivía en una casa situada en el sur de Francia, frente al mar, junto a sus hijos mientras que su marido seguía residiendo en Mónaco. En los meses siguientes, nuevas fotografías de Charlène con sus hijos, esta vez en Córcega, vieron la luz. Ella disfrutaba del sol y la playa mientras Alberto cumplía con su agenda.
Ello ocurrió hasta que los mellizos cumplieron un año, y Charlene regresó a palacio... aunque la cosa no mejoró: sus apariciones en el principado "siguen siendo anecdóticas, por no hablar de su semblante serio", remarca el mencionado medio.
Sin embargo, ocho años después ellos siguen juntos, tan firmes como los rumores sobre la sexualidad de Alberto.







