Giorgia Meloni acaba de devolverle el ultimátum a Pedro Sánchez y eleva una crisis que ya dejó de ser únicamente española. Italia mantendrá hasta al menos el 15 de agosto los controles sobre viajeros procedentes de España y rechazó el plazo fijado por Moncloa para retirarlos, mientras el Gobierno amenaza con responder desde el lunes con medidas “proporcionales”. A ese choque por Ceuta se suma ahora Donald Trump, que volvió a cargar contra el Ejecutivo español por su actuación durante la emergencia migratoria.
DE TODOS LOS FRENTES
Meloni rechaza el ultimátum de Sánchez tras Ceuta y Trump carga contra Moncloa
Italia desafía a Pedro Sánchez y mantiene los controles tras Ceuta. Mientras tanto, Trump vuelve a cargar contra Moncloa por la crisis migratoria.
Todo nace en la península española, donde la situación comienza lentamente a regresar a la normalidad después de la entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos a finales de julio. La mayor parte ya regresó al país vecino y José Manuel Albares sostiene que el episodio está “de manera muy amplia canalizado y reconducido”, aunque siguen pendientes cuestiones importantes como la atención y posterior reubicación de 1.342 menores. Hay además una particularidad que alimenta la discusión: Ceuta es territorio español y de la Unión Europea, pero tiene un régimen especial dentro del espacio Schengen, por lo que quienes llegan allí no pueden desplazarse libremente hacia la Península o el resto del espacio sin pasar nuevos controles documentales.
Italia fue el país que llevó esa preocupación más lejos. Roma no abandonó Schengen, como llegó a plantearse en algunos titulares, sino que reintrodujo temporalmente controles para las llegadas desde España por vía aérea y marítima, centrados especialmente en ciudadanos de terceros países, una herramienta que el propio Código de Fronteras permite de manera excepcional ante amenazas graves para la seguridad. Sánchez consideró la medida injustificada y dio hasta el domingo para retirarla; Meloni decidió mantenerla y convirtió el problema de Ceuta en un pulso diplomático abierto entre dos gobiernos europeos que entienden de manera muy distinta cómo debe responderse a una crisis migratoria.
Meloni rechaza el plazo de Sánchez y mantiene los controles
La respuesta desde Roma fue inmediata y bastante más dura de lo que esperaba Moncloa. Después de que España diera a Italia hasta el domingo 9 de agosto para retirar los controles y advirtiera que, de lo contrario, adoptaría medidas “proporcionales”, el Gobierno de Giorgia Meloni confirmó que no modificará su decisión. Los chequeos sobre llegadas desde territorio español continuarán, como mínimo, hasta el 15 de agosto.
El comunicado italiano fue directo: Roma aseguró que “no acepta ultimátums ni imposiciones extranjeras” cuando se trata de seguridad nacional y control fronterizo. Además, justificó la continuidad de la medida por el temor a una nueva entrada masiva en Ceuta precisamente para el día 15, una convocatoria que circula por redes sociales y que también está siendo seguida por la Guardia Civil española. El ministro del Interior, Matteo Piantedosi, incluso dejó abierta la posibilidad de prolongar los controles si considera que el riesgo persiste.
España sostiene exactamente lo contrario. El Ejecutivo considera que la decisión italiana se apoya en argumentos que no reflejan la situación actual, recuerda que la mayor parte de quienes cruzaron irregularmente ya volvió a Marruecos y subraya que Ceuta tiene un régimen especial que impide utilizarla como puerta automática hacia el espacio Schengen. Por eso calificó las restricciones de “injustas”, “discriminatorias” y contrarias a los intereses de la Unión Europea.
El enfrentamiento sorprende también por el contexto de los últimos meses. Sánchez y Meloni gobiernan desde posiciones ideológicas casi opuestas, pero la guerra en Irán y las tensiones dentro de la OTAN los habían acercado circunstancialmente frente a Donald Trump. España rechazó que Washington utilizara Rota y Morón para atacar territorio iraní, mientras Italia también limitó el uso de sus bases a tareas técnicas y logísticas y llegó a negar operaciones desde Sigonella. Esa defensa de una mayor autonomía frente a la Casa Blanca, sumada a las disputas por el gasto militar y las amenazas comerciales del presidente estadounidense, había colocado a Madrid y Roma más cerca de lo habitual. Ceuta rompe ahora esa dinámica y devuelve a Sánchez y Meloni a dos posiciones enfrentadas justo cuando parecían haber encontrado un terreno común frente a las presiones de Trump.
Trump vuelve a golpear a Sánchez desde Washington
Y justamente Estados Unidos, el actor frente al que Sánchez y Meloni habían encontrado algunos puntos de coincidencia, volvió a entrar en escena para cargar contra Moncloa. El Departamento de Estado calificó lo ocurrido en Ceuta como una “invasión de decenas de miles de migrantes” y responsabilizó directamente al Ejecutivo español por lo que describió como su negativa a proteger las fronteras y garantizar la seguridad del territorio.
La ofensiva de Washington tiene, sin embargo, una doble lectura. La Administración de Trump respaldó de manera explícita la soberanía española sobre Ceuta y Melilla y corrigió las dudas generadas por un reciente informe del Congreso estadounidense que las describía como territorios administrados por España pero situados en suelo marroquí. Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, aseguró que EEUU apoya “inequívocamente” la soberanía española, aunque utilizó esa misma declaración para acusar al Gobierno de no haber defendido correctamente las ciudades autónomas durante la crisis.
No es la primera embestida. Donald Trump ya había hablado de una “catástrofe” apenas comenzó la entrada masiva y afirmó que España “no sabe qué hacer”, mientras JD Vance aprovechó las imágenes para volver a cuestionar las políticas migratorias de la izquierda europea. Ahora Washington eleva el tono institucional y transforma aquella crítica política en una posición oficial mucho más incómoda para Sánchez: respalda a España frente a cualquier discusión territorial con Marruecos, pero culpa a Moncloa por la forma en que gestionó la frontera.
La paradoja completa el escenario. Mientras Madrid intenta evitar que Ceuta derive en una crisis diplomática con Rabat, recibe presión simultánea desde Roma y Washington por motivos distintos. Meloni cuestiona las garantías de seguridad dentro de Europa y Trump utiliza el episodio para volver a golpear al Ejecutivo español, profundizando un enfrentamiento que ya venía alimentado por la OTAN, la guerra en Oriente Medio y las amenazas comerciales de la Casa Blanca. La acumulación de frentes internacionales añade otro desgaste para Pedro Sánchez, que llegará a las elecciones de 2027 con la gestión migratoria y la política exterior convertidas en dos terrenos sensibles para el PSOE.
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