Habrá que comenzar a revisar las herramientas que permiten el triunfo electoral pero impiden, luego, gobernar.
EN EL DESFILADERO
Peruanos no aprenden del desacierto argentino
La furia es mala consejera de la opinión pública. La ansiedad es otra equivocación. Cuando se juntan, siempre ocurren desastres.
Resulta evidente que, en nombre de la democracia representativa, hay mucha gente haciendo daño al pueblo que los eligió. Sin duda, una paradoja. Pero no es la única.
Dar un paso atrás y permitir que Alberto Fernández fuese el rival de Mauricio Macri resultó un acierto de Cristina Fernández de Kirchner y el Frente de Todos ganó el comicio 2019..
Pero ella parió un Presidente débil. Y cada día que transcurre su gestión, él se devalúa más. Sin duda Fernández corre el riesgo de volverse insignificante, lo que provocaría un problema institucional en una república presidencialista.
Si bien, para darle más volumen, le inventaron la presidencia del Consejo Nacional del Partido Justicialista, nadie reflexionó en forma previa que Alberto Fernández carece de fortaleza política propia y es incapaz de construirla por sí mismo.
Los peruanos tendrían que reflexionar sobre el caso argentino antes de avanzar, resueltos, al riesgo de un desastre institucional. Debe considerarse que los de Lima ya son candidatos con posibilidades de ganar ese cadalso: en el mandato presidencial que concluye ellos tuvieron 4 Presidentes diferentes.
La Argentina y Perú tienen antiquísimas historias paralelas. Sin profundizar, José de San Martín fue un héroe argentino vilipendiado por los funcionarios políticos; y también fue fundador de la República del Perú hasta que se hartó de que le hicieran imposible la gestión.
Los peruanos están muy enojados por el circo romano y porque el 'goteo' de riqueza no provocó equidad, mientras se enteraban de la corrupción política prepandémica que con la COVID-19 lo complicó todo.
Por lo tanto, les urge castigar a la partidocracia, humillarla, ridiculizarla. En la Argentina, alguna vez hizo algo semejante Juan Perón, cuando eligió a Andrés Framini candidato a gobernador bonaerense: ganar con el peor resultaba la venganza. En el Perú 2021, la Ley del Talión se llama Pedro Castillo Terrones.
El candidato presidencial del partido Perú Libre, ex Partido Libertario, se encuentra arriba en las encuestas a escasos días de la 2da. vuelta electoral.
Luego del debate dominical del 30/05, los medios de comunicación destacaron que Castillo se presentó en un rol de conocedor de la pobreza y las privaciones por su experiencia personal, buscando el contraste con su rival, Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori.
Haber conocido la austeridad extrema, no garantiza el éxito. Ni siquiera la capacidad necesaria para evitar sumergir a todos los peruanos en viscisitudes similares a las que vivió el candidato.
Conocer la pobreza por experiencia propia no garantiza mutar en exterminador de las necesidades socioeconómicas colectivas.
Luego, resulta que Castillo Terrones puede convertirse en el Alberto Fernández peruano, un Presidente débil.
El sindicalista docente ahora presidenciable no es el líder del partido Perú Libre, fundado por el 2 veces gobernador de Junín, el neurocirujano Vladimir Roy Cerrón Rojas, quien lo lidera en su rol de secretario general nacional. De paso: Cerrón Rojas es miembro de la Sociedad Cubana de Neurología y Neurocirugía.
Cada vez que aparece el tema, Castillo Terrones ofrece un argumento poco creíble: "Acá las decisiones las toma Pedro Castillo y las toma el pueblo. El señor Cerrón está impedido judicialmente y no lo van a ver ni siquiera de portero en ninguna de las instituciones del Estado. Somos claros y las cosas que se den las vemos con el pueblo y respetando al pueblo en el marco de esta lucha que no es de Cerrón ni de Pedro Castillo, sino del pueblo".
Si las decisiones las tomara el electorado, resultaría una democracia directa y no representativa, y habría que gobernar en base a plebiscitos permanentes, lo que es falso que vaya a ocurrir.
Que el líder del partido padezca una inhibición judicial no significa que presione para que el Presidente en ejercicio modifique su statuo-quo procesal, o bien se haga escuchar a través de los legisladores de esa fuerza política, o exhiba recursos más interesantes para confirmar su liderazgo.
Es cierto que Keiko Fujimori padece una acumulación de errores y no es la candidata 'ideal' pero el 'mal menor' podría resultar más interesante que farfullar voces de venganza contra los políticos y ensayar malabarismos en el vacío.
La situación es muy delicada y requeriría razonar con la cabeza, no con la parte baja de la espalda. Pero prevalece el deseo de venganza, y es imposible lidiar contra eso.











