En Telefe ya están acostumbrados a que en Gran Hermano cualquier tontería se transforme en un escándalo de proporciones industriales, pero esta vez hasta Santiago del Moro pareció llegar al límite de su paciencia. Una situación aparentemente menor terminó dejando al conductor con una cara que decía bastante más de lo que contó al principio.
SE PUDRIÓ
Telefe no puede ocultar el fastidio de Santiago del Moro: "De ahora en más"
En Telefe ya ni se molestan en esconder que Santiago del Moro está harto de los participantes de Gran Hermano. Tanto que les pasó factura en vivo sin paciencia.
Santiago Del Moro escuchó a una participante y la paciencia empezó a agotarse
Días atrás, los participantes atravesaron uno de esos momentos típicos de escasez de comida (que suelen aparecer en cada edición del programa). Frente a esa situación, Santiago Del Moro decidió acercarles algunos productos que tenía en su camarín para que pudieran compartirlos dentro de la casa.
Según explicó el propio conductor, simplemente eran cosas que tenía disponibles y decidió compartir.
Durante la gala, Del Moro retomó el tema con una pregunta aparentemente inocente. "Chicos, ¿qué tal? ¿Cómo les va? Bueno, los he visto haciendo de todo, dándolo todo. ¿Estaba rico el helado?". Hasta ahí, parecía una charla habitual entre el conductor y los jugadores; sin embargo, enseguida cambió completamente el clima. "Ahora, qué injustos algunos. El otro día escuché que Yipio dijo: 'Ay, nos dieron esto para que nos peleemos'’".
Algunos participantes bajaron la mirada y otros quedaron visiblemente incómodos. Y no era para menos, dado que Del Moro estaba dejando claro que el comentario no le había gustado nada.
Y es fácil entender por qué. En una edición donde muchas veces los jugadores están tan conspiranoicos y le encuentran segundas y terceras lecturas a todo (hasta a un helado que les comparten), el conductor sintió que se había cruzado una línea bastante absurda.
La advertencia de Del Moro que congeló a toda la casa
Aunque si eso ya era picante, lo que vino después terminó de empeorar todo. Visiblemente molesto, Del Moro decidió explicar públicamente que esos alimentos no tenían absolutamente nada que ver con una maniobra de producción ni con algún plan oculto para generar conflictos entre los participantes. "Era lo único que tenía".
El conductor había sentido que se había puesto en duda algo que había hecho con la mejor intención y, para cerrar el tema, les dejó una advertencia que sonó similar a una sentencia para los habitantes de la casa. "De ahora en más, no esperen más nada de mí". Sin ironías ni lugar para interpretaciones.
Después de años conduciendo Gran Hermano y de haber atravesado decenas de situaciones insólitas al aire, pocas veces se lo vio tan genuinamente molesto por una cuestión que excediera el juego. Porque esta vez estaba hablando de algo tan básico como el reconocimiento frente a un gesto que había sido personal.
Los participantes escucharon el reto. Del Moro descargó su fastidio. Y el mensaje llegó fuerte y claro.
Si alguien dentro de la casa pensaba que todavía podía contar con algún mimo extra proveniente del camarín del conductor, después de esta gala quedó bastante claro que ese kiosco acaba de bajar la persiana.
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