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LLAMADO AROMÁTICO A LA MEMORIA

Jubilados necesitan reemplazar el estímulo al cerebro del trabajo y la cesta sensorial sería opción

Los jubilados que dejan de recibir en el cerebro el estímulo cognitivo que les aportaba el trabajo necesitan reemplazo. La cesta sensorial es una buena opción.

La candidata al premio Nóbel de la Paz, María Montessori, recomendó una actividad muy concreta a los mayores de 60 años: la cesta sensorial de estímulos y aromas cotidianos, un recurso que ayuda a mejorar la función cognitiva a través de un proceso conocido como estimulación multisensorial.

Consiste en reunir objetos, texturas y aromas del día a día para que la persona mayor los explore, los reconozca y los asocie con recuerdos y experiencias propias.

Los jubilados que estimulan el cerebro con aromas y objetos contenidos en una cesta en reemplazo de los que recibían a través del trabajo se curan en salud ante eventuales deterioros cognitivos como consecuencia de haber abandonado la vida activa.

Los jubilados que estimulan el cerebro con aromas y objetos contenidos en una cesta en reemplazo de los que recibían a través del trabajo se curan en salud ante eventuales deterioros cognitivos como consecuencia de haber abandonado la vida activa.

Jubilados deben reemplazar estímulos cognitivos

Uno de ellos tiene que ver con la neuroplasticidad. El cerebro, incluso en edades avanzadas, conserva la capacidad de crear nuevas conexiones neuronales, y los estímulos variados que ofrece la cesta obligan al cerebro a procesar información compleja.

Identificar objetos y olores específicos obra, en este sentido, como una auténtica gimnasia mental que ejercita la corteza cerebral.

El otro está relacionado con el poder único del olfato como memoria evocativa, ya que es el único sentido conectado de forma directa con el sistema límbico, la zona cerebral que regula las emociones y la memoria a largo plazo.

Por eso un aroma cotidiano, como el del café, la lavanda o la tierra mojada, puede recuperar recuerdos que parecían bloqueados, un fenómeno conocido popularmente como el efecto Proust.

Y el restante activa la memoria de trabajo y semántica. El simple hecho de reconocer y nombrar un objeto o un aroma obliga a vincular ese estímulo actual con experiencias pasadas de su propia vida, además de fomentar la verbalización y la construcción de frases al describir lo que siente.

Esta práctica ayuda a prevenir el aislamiento y mejora el estado de ánimo.

Aromas como el de la manzanilla contribuyen a bajar los niveles de cortisol, el ejercicio de atención focalizada reduce la agitación física, y compartir los recuerdos que van surgiendo genera conversación y bienestar emocional, algo especialmente valioso para combatir la soledad en esta etapa de la vida.

Una cesta sensorial (o cesto de los tesoros) es un contenedor de mimbre o madera lleno de objetos cotidianos, naturales y de diferentes texturas, pesos y materiales reales (no juguetes).

Una cesta sensorial (o cesto de los tesoros) es un contenedor de mimbre o madera lleno de objetos cotidianos, naturales y de diferentes texturas, pesos y materiales reales (no juguetes).

Autopista biológica

La conexión entre los estímulos de la cesta y la mente se produce a través de una auténtica autopista biológica que une los receptores de los sentidos con los centros de control del cerebro.

Tacto y olfato convergen en lo que podría llamarse integración multisensorial. Al recibir el olor y la textura de manera simultánea, la corteza asociativa del cerebro une ambas señales en una sola idea, generando una especie de efecto dominó que enciende múltiples áreas cerebrales en ambos hemisferios.

El resultado final es un cerebro más activo, más despierto y más conectado con la realidad presente.

El alma de las plantas

La aromaterapia es una ciencia muy antigua, en donde a los aceites esenciales se les llama “el alma de las plantas”.

A través de un lenguaje único y sensorial, los aromas se comunican con las personas, permitiéndoles sentir, vivir y experimentar el presente desde un lugar natural, que reconecta con la esencia.

Esta comunicación funciona a través del olfato —el sentido más profundamente conectado con la memoria y la emoción—, los aceites esenciales estimulan el sistema límbico, esa zona del cerebro que influye directamente en nuestras emociones, recuerdos y respuestas frente al estrés.

Y asi, el alma de cada planta y su exquisito aroma impacta nuestro sistema nervioso, modula estados internos y nos devuelve el equilibrio.

Aunque no reemplaza un tratamiento médico, dedicar tiempo a la Naturaleza puede convertirse en un hábito sencillo para mejorar el bienestar físico y emocional.

La magia de los árboles

La ciencia confirma que pasar tiempo entre los árboles puede beneficiar tanto la mente como el cuerpo.

Investigaciones lideradas por el médico japonés Dr. Qing Li revelan que caminar de forma consciente en un bosque, una práctica conocida como shinrin-yoku o "baño de bosque", puede ayudar a reducir el estrés, disminuir los niveles de cortisol y favorecer la actividad de las células NK, fundamentales para el sistema inmunológico.

Los científicos creen que parte de estos beneficios provienen de los fitoncidas, compuestos naturales que liberan los árboles y que podrían influir positivamente en nuestro organismo al ser inhalados.

Lo más sorprendente es que quienes caminaron la misma distancia en una ciudad no presentaron ningún cambio.

Los científicos creen que las fitoncidas, compuestos naturales que liberan árboles como pinos, cedros y cipreses, podrían ser las responsables de este efecto.

A veces, una de las mejores terapias para el cuerpo y la mente comienza con algo tan simple como dar un paseo entre los árboles.

El inmunólogo japonés también descubrió que pasar tres días caminando entre árboles puede fortalecer el sistema inmunológico durante hasta un mes.

En su investigación, los participantes mostraron un aumento en las células NK (asesinas naturales), encargadas de combatir virus y células cancerosas.

Envejecimiento entre plantas

En Argentina, el 87 % de los adultos mayores de 65 años valora profundamente a las plantas. Este fuerte vínculo funciona como un anclaje emocional positivo.

El cuidado verde combate la soledad, da un propósito diario y estimula la salud física y mental a través de la llamada jardinoterapia.

Las plantas combinan aromas que no sólo son agradables al olfato sino que cumplen fines terapéuticos.

Las plantas combinan aromas que no sólo son agradables al olfato sino que cumplen fines terapéuticos.

La jardinería activa implica participar activamente en labores de jardinería como plantar, regar, podar, trasplantar y cosechar, adaptadas a las capacidades físicas de cada persona.

A diferencia de la jardinería pasiva (solo observar o disfrutar del jardín), en este caso el adulto mayor interviene directamente en el cuidado de las plantas.

La jardinería es una actividad altamente recomendable durante la tercera edad, no solo por su valor recreativo y su capacidad para estimular la creatividad, sino también por su impacto positivo en la calidad de vida durante esta etapa.

Sus beneficios abarcan distintos aspectos de la salud física, mental y emocional, y numerosos estudios han demostrado su eficacia como herramienta terapéutica en personas con enfermedades cognitivas, a través de lo que se conoce como terapia hortícola.

FUENTE: Nippon Medical School; NIH; Nature;