Irán aterrizó en la previa del Mundial con una preparación atravesada por la política, el dolor y la improvisación. El seleccionado asiático ya se instaló en México para encarar la Copa, pero su llegada estuvo lejos de una concentración normal. Hubo entrenamientos adaptados en Tijuana, problemas para ingresar a Estados Unidos y un gesto colectivo que volvió a poner en primer plano una tragedia reciente.
MUNDIAL POLITIZADO
Irán llega al Mundial entre homenajes a 168 víctimas, visados trabados y una base improvisada
La selección asiática se instaló en Tijuana, recordó a las 168 víctimas de Minab y denunció trabas para ingresar a Estados Unidos.
La imagen deportiva tuvo algo de rareza mundialista. En las últimas horas, el equipo fue visto realizando trabajos en los alrededores de la pileta del hotel donde concentra, una postal curiosa que rápidamente empezó a circular en redes sociales. Sin embargo, detrás de esa escena casi anecdótica aparece un trasfondo mucho más pesado. Irán no eligió Tijuana solo por comodidad, sino porque las dificultades con los visados alteraron su planificación original y obligaron a reorganizar la base de operaciones.
El gesto más sensible apareció apenas la delegación bajó del avión. Los futbolistas lucieron pines dorados con el número 168, en homenaje a las víctimas del ataque contra una escuela primaria en Minab, ocurrido el 28 de febrero. El seleccionado ya había recordado a los fallecidos en un amistoso previo con mochilas escolares de colores, y ahora volvió a trasladar ese mensaje al escenario más observado del fútbol. El Mundial todavía no empezó, pero para Irán la carga simbólica ya entró en juego.
Tijuana, la base que explica el conflicto con Estados Unidos
La elección de Tijuana como centro de operaciones no responde a una preferencia deportiva, sino a una adaptación forzada por el conflicto de visados. Los jugadores iraníes recibieron autorización para entrar a Estados Unidos, pero no ocurrió lo mismo con parte de la delegación, donde quedaron afectados miembros administrativos, dirigentes y personal de apoyo. En la práctica, Irán no llega con un plantel más chico, pero sí con una estructura recortada y una logística mucho más frágil que la de sus rivales.
El reclamo apunta directamente a Washington. Según informó la agencia estatal IRNA, varios integrantes del plantel, del cuerpo técnico y de la estructura dirigencial todavía no habían recibido autorización para ingresar a territorio estadounidense a pocos días del inicio del certamen. Desde Teherán acusan a Estados Unidos de convertir la Copa del Mundo en uno de los torneos más politizados de los últimos tiempos, por las demoras y trabas en los permisos.
El problema excede lo administrativo. En un Mundial repartido entre tres países, la movilidad ya será un desafío para muchas selecciones, pero en el caso iraní aparece además una tensión diplomática que condiciona cada traslado, cada descanso y cada entrenamiento. Por eso la base en México también funciona como síntoma: Irán prepara la Copa desde la frontera, con permisos limitados y una estructura de trabajo más chica alrededor del equipo.
Un grupo exigente y una previa lejos de la normalidad
En lo deportivo, Irán integra el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, una zona que exige equilibrio desde el primer partido. El debut será ante el conjunto oceánico en Los Ángeles, antes de medirse con los europeos y cerrar la fase frente a los africanos en Seattle. No aparece como un camino imposible, pero sí como un grupo donde cualquier desconcentración puede pagarse caro.
Por eso la preparación en Méixco queda bajo una lupa mayor. Irán no llega solo con una historia de entrenamientos curiosos junto a la pileta ni con una agenda logística alterada por los visados. Llega también con una carga emocional fuerte, marcada por el homenaje a las 168 víctimas y por una tensión política que acompaña cada movimiento del seleccionado. La Copa del Mundo suele venderse como una celebración global, pero la entrada iraní recuerda que no todos los equipos aterrizan con el mismo peso sobre la espalda.
La pelota todavía no empezó a rodar, aunque para Irán el Mundial ya comenzó en otro terreno. Entre permisos pendientes, símbolos de duelo y una base improvisada en la frontera, la selección asiática deberá transformar una previa cargada de ruido en concentración competitiva. Esa será su primera prueba antes incluso del debut.
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