Desde la época colonial data esta ambición: construir un canal que una ambos Océanos (Atlántico y Pacífico) a través de Nicaragua.
Un canal como lo tiene su vecina (de su mismo vecindario, aunque no compartan medianera) Panamá.
De hecho, la opción N°2 al Canal de Panamá a principios de siglo pasado era el Canal de Nicaragua.
O sea que los planes de construcción del Canal de Nicaragua existen desde hace varios siglos.
"Desde el siglo XIX, cuando comenzaron las exploraciones para construirlo, el Canal Interoceánico ha sido una aspiración, un sueño de los nicaragüenses", relató a Sputnik el periodista y analista político nicaragüense, Adolfo Pastrán.
"No ha habido potencia mundial que no haya estado interesada en un potencial canal interoceánico en Nicaragua. Desde muy temprano en su historia, en el período colonial, ingenieros españoles señalaron que, mediante la excavación de un canal a través del angosto istmo, no sólo podrían importarse más fácilmente los productos del Perú sino que, además, se podría competir exitosamente con rivales por el comercio con el Lejano Oriente. Luego, Inglaterra, Francia, y más tarde los Estados Unidos, se vieran tentados también por la idea de controlar el canal interoceánico a través de Nicaragua", explica el sitio Nodal.
A lo largo de la historia han habido muchas promesas de diferentes inversores, pero el proyecto nunca se materializó. Por el año 2012, los sandinistas al poder intentaron revitalizarlo. Surgió interés por parte de China, Rusia e Irán en involucrarse en la construcción del Canal, explicaba en ese entonces Urgente24.
En junio de 2013, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley 840, normativa jurídica que regiría la concesión, construcción y operación del Gran Canal una vía fluvial que conectaría el mar Caribe, en el océano Atlántico, con el océano Pacífico.
La obra fue adjudicada -sin abrir un proceso de licitación- a la empresa china HK Nicaragua Development Investment (HKND), para construir y posteriormente administrar durante 50 años la vía de 276 kilómetros de extensión y entre 230 y 280 metros de ancho, con 2 puertos, un aeropuerto, 2 esclusas, una zona de libre comercio y destinos turísticos.
Dicho canal iría por río hasta Lago Cocibolca (Lago Nicaragua) y cruzaría el istmo de Rivas para alcanzar el Pacífico. El Canal cubriría un área de 270 kilómetros cuadrados.
En julio de 2014, la empresa china anunció finalmente la ruta del Canal, así como la construcción de los subproyectos. En diciembre de 2014 se inició la construcción de vías de acceso temporales para importar los materiales de construcción que no podían acceder por los puertos actuales.
Pero para mayo de 2017, no se habían tomado medidas concretas para construir el canal y se expresaron dudas sobre su financiación.
Hacia 2018, el sueño revitalizado, el Canal que sería pintado con tinta china, estaba nuevamente en la nada.
"No hemos renunciado, al contrario, tenemos el compromiso de que se haga una realidad el canal por Nicaragua", aseguró el presidente Daniel Ortega en agosto de 2019. Desde entonces no ha vuelto a mencionar el tema, al menos en público, señala el periódico.
Ortega hizo referencia en ese entonces a ajustes en los estudios medioambientales del Gran Canal, para garantizar una obra que fortaleciera el comercio global y fuera fuente de recursos, crecimiento y desarrollo para el país. Es que con el resurgimiento del proyecto, también habían surgido advertencias de ambientalistas por la amenaza que podría representar para el ecosistema local el Canal.
Con un costo superior a los US$ 50.000 millones, el Gran Canal Interoceánico de Nicaragua triplicaría el tamaño de la famosa vía panameña, y agilizaría el cruce de 5.000 barcos de gran calado cada año entre los océanos Pacífico y Atlántico. Sin embargo, su ruta atravesaría el lago Cocibolca, considerado la fuente de agua dulce más grande de América Central, lo que inquietó a ambientalistas. Temían que ante la falta de capacidad y experiencia de HKND y del gobierno de Nicaragua, la obra desatara una catástrofe ambiental en América Latina. Al margen del impacto ambiental, la oba demandaría la expropiación de unos 2900 kilómetros cuadrados de tierras sobre la ruta, forzando el desplazamiento de miles de campesinos e indígenas.
¿Qué pasó realmente?
En un artículo de 2014, El Espectador daba algunas pautas que pueden ayudar a vislumbrar por qué hasta la fecha el Canal no se ha comenzado y Ortega se mantiene callado al respecto:
"El canal de Nicaragua, que competiría con el de Panamá, se ha convertido en uno de los proyectos banderas del presidente Daniel Ortega. Sin embargo, entre más se indaga en este tema, más son las preguntas incómodas.
Primero, Wang Jing (42), el empresario encargado del megaproyecto, es un enigma hasta en la misma China, y su gobierno no sólo no lo respalda, sino que ha lanzado advertencias sobre el proyecto.
Segundo, el vocero de la empresa, el ex alto funcionario boliviano Ronald MacLean-Abaroa (65), fue llamado en 2010 para rendir una declaración en Bolivia por una investigación en su contra y jamás se presentó.
Tercero, el gobierno nicaragüense no ha podido dar cuenta de por qué no hubo una licitación para adjudicar la obra de infraestructura más grande de su historia, ni por qué le otorgó esta concesión a una empresa que no tiene mayor experiencia en ingeniería.
Y cuarto, nadie en HKND ha querido explicar de dónde van a salir los US$50.000 millones que se necesitan para financiar la megaconstrucción.
(...)
Preguntamos (a Carlos Fernando Chamorro, periodista nicaragüense) si la ley que adjudicó la concesión del canal merecería una investigación por parte de un ente de control o de un órgano de la justicia: 'En Nicaragua eso es impensable', respondió. 'Esta ley mereció más de 30 recursos por inconstitucionalidad, una cifra récord. Todos fueron descartados por la Corte Suprema de Justicia en una sola resolución. En Nicaragua no existen órganos del Estado independientes del Ejecutivo'".
(...)
"El banco central de Nicaragua comprometió todas sus reservas internacionales como garantía de este proyecto, de manera que según la ley se las puede entregar a Wang Jing y a sus socios. Es mucho lo que hay en juego", escribía El Espectador en ese momento.
" En octubre de 2015, el sueño de la 'tierra prometida', como lo dijo Daniel Ortega, refiriéndose al canal, empezó a desvanecerse cuando se conoció que Wang Jing había perdido el 85 por ciento de su fortuna por las caídas de las acciones de Xinwei", cita el portal Estrategia y Negocios, en otro dato que vale la pena destacar.
"La agencia Bloomberg reportó en ese momento que el capital del empresario pasó de 10,200 millones de dólares a 1,100 millones.
Para 2019, de cuando es el artículo, no había una sola obra visible que augurara el inicio de la "obra de ingeniería más grande del mundo":
"De acuerdo con el periódico La Prensa de Nicaragua, este 13 de junio se vence el plazo de seis años para que la empresa china HKND muestre pruebas concretas de que puede financiar la construcción de la obra bautizada como Gran Canal Interoceánico, un megaproyecto estimado en US$50.000 millones.
De no comprobarse capacidad, la ley puede ser derogada sin perjuicio para el Estado nicaragüense."
Según los planes, la ruta del canal afectaría a 10 municipios: Bluefields, Nueva Guinea, San Miguelito, San Carlos, Rivas, Tola, El Castillo, Altagracia, San Jorge y San Juan del Sur.
"También comenzaron las marchas rurales y la represión. Hubo más de cien marchas campesinas en todo el país y la mayoría fueron reprimidas por la Policía al servicio del dictador, mientras se multiplicaban el asedio y la persecución de los líderes campesinos como Francisca Ramírez, Medardo Mairena y contra activistas ambientales como Mónica López Baltodano y Octavio Ortega.
La decisión del proyecto nunca se sometió a consultas o a un referendo. Tampoco se conocieron estudios de viabilidad económica y ambiental del proyecto. La ruta interoceánica estaba prevista para cruzar el lago de Nicaragua, la mayor reserva de agua de Centroamérica".
Por el momento, el sueño del Canal está enterrado convenientemente en el silencio, mientras Nicaragua atraviesa un momento de tensión política en aumento. El presidente Ortega buscará su cuarto mandato consecutivo el próximo 7/11 y en el camino, está llevando a cabo una persecusión a opositores con tal de perpetuarse en el poder. En las últimas semanas fueron detenidos hasta 19 opositores, entre ellos 5 precandidatos a la presidencia.
Ortega fue líder del primer gobierno sandinista en Nicaragua en 1979 tras el triunfo de la revolución y fue elegido presidente en 1984. Tras ser derrotado en 1990, regresó al poder en 2007 y fue reelegido en 2011 y 2016 tras una reforma constitucional que le permitió postularse nuevamente.
En abril de 2018 estalló en Nicaragua una ola de protestas ciudadanas cuya represión por parte de las autoridades, según los datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dejó al menos 328 muertos. El gobierno de Ortega asegura que se trató de un "intento de golpe de Estado" y desde entonces califica a los opositores como "golpistas".
Sin embargo, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, un órgano de la CIDH, hizo una investigación en la que acusó al Estado de Nicaragua de cometer actos que deben ser considerados "crímenes de lesa humanidad".
2 leyes aprobadas por la Asamblea Nacional, de mayoría sadinista, a finales del 2020 han permitido las detenciones.
Casi 60 países piden la liberación de los opositores detenidos en Nicaragua.








