OBITUARIO

Adiós a Rubén Caccamo

Luego de una larga lucha contra un cáncer falleció el periodista Rubén Cáccamo. Es diferente escribir el obituario de un amigo porque el pasado golpea de otra forma. Pero en nombre del periodista que él fue, hay que intentarlo.

 

por EDGAR MAINHARD
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Rubén Cáccamo fue un amigo aún cuando hacía tiempo que no nos veíamos, por esas cuestiones caprichosas que tienen los acontecimientos de los humanos. Amigo se le llama a aquel que cuando uno precisa de él, sabe que puede contar no hasta uno sino hasta diez, robándole un verso a Mario Benedetti.
 
Hace apenas una semana Juan Pablo Franco me contó que Cáccamo lo había llamado porque quería un profesional del Colegio de Escribanos para ordenar algunas cuestiones personales, probablemente anticipando un desenlace, pero que no había vuelto a llamar para decir dónde y a qué hora debía Juan Pablo enviar al notario. El dato me parece ahora curioso porque la última vez que nos encontramos fue precisamente en un evento de cartularios y nos reímos muchos recordando esto y aquello.
 
Otro amigo común, Rubén Chorny me había comentado que Cáccamo luchaba empeñosamente con su enfermedad pero no imaginé que todo se despeñaría tan imprevistamente.
 
Fabián Falco, quien de paso me recordó aquellos días tan divertidos que compartíamos Cáccamo, Chorny y yo en una suite del hotel Elevage -sin duda, a la cuenta de Carlos Granero-, me acaba de comunicar la triste noticia. Me informó que Marcelo Bonelli, quien mantuvo una relación permanente con Cáccamo, le dijo que el velatorio es el sábado 10/11 desde las 9:30 en Treinta y Tres Orientales 1071, Ciudad de Buenos Aires.
 
Poco después me llamó César Mansilla para también darme la mala noticia. César es otro coprotagonista de aquella Redacción de Clarín en los '80, la cuadra enorme, sin tabiques y llena de humo de tabaco, Cáccamo era un personaje muy divertido, que había inventado la corresponsalía en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, que cubría para el gran diario y para Radio Rivadavia, que por aquellos años era la más escuchada del país. El desenfado de Cáccamo para preguntar así como para transitar la estación aérea fue una marca registrada que hizo época.
 
A nadie se le había ocurrido en el gremio instalar una corresponsalía en Ezeiza, puerta de ingreso y salida de tanta gente, alguna que intentaba hacerlo de incógnito. Lo de Cáccamo fue un acierto, y también una marca registrada. Así realizó algunos hallazgos memorables.
 
Fueron tiempos muy especiales, alguien diría que casi bohemios pero, al menos en ese tiempo y espacio, tremendamente divertidos. Y recordar las anécdotas despierta sonrisas que ayudan a olvidar que, en verdad esto es un obituario porque el amigo se ha muerto.
 
También él me aproximó mi primer ingreso fuera del diario. Cáccamo gozaba de la confianza de Ricardo Gruneisen, quien era el dueño de la petrolera Astra. Eran días de censura y autocensura y muchas noticias no podían publicarse en el matutino. Con ese excedente y el genialidad creativa de Chorny -un formidable editor desperdiciado-, nació un boletín bisemanal para Gruneisen, que se llamaba Área Restringida, y que luego sumó otros clientes. 
 
Gracias a Arnaldo Paganetti, hoy a cargo de la corresponsalía de los medios de Julio Rajneri en la capital federal, yo trabajaba de mañana en la naciente agencia Diarios y Noticias, y de tarde en Clarín, para así sumar un número más o menos digno. Pero con los ingresos del boletín pude dejar DyN. En esos años yo admiraba tanto a Cáccamo como a Luis Pico Estrada, con quien también colaboraba, porque tenían una facilidad para los vínculos comerciales de la que yo carecía por completo y que, sin embargo, sabía que precisaría si un día intentaba ser un empresario de medios. Mansilla -quien también mantuvo el vínculo con Cáccamo más allá de Clarín- afirma que nunca conseguí aprender lo suficiente pero lo poco que pude aprender fue intentando imitar a Cáccamo.
 
En esa cercanía y solo en algunas ocasiones, Cáccamo se ponía serio. Su primera mujer había sufrido una muerte trágica, y le había provocado una crisis que creo que colapsó su espíritu de poeta. Porque Cáccamo fue poeta, cofundador a comienzos de los años '60 del Grupo Barrilete, un colectivo intelectual que parió el proyecto editorial autogestionado Gente de Buenos Aires/Papeles de Buenos Aires, que lideró Roberto Santoro, quien más tarde migró hacia otros rumbos que lo llevaron al Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
 
Hay historias que uno necesita olvidar y lo hace como puede, no como uno querría. También le sucedió a Cáccamo.
 
Hacia fines de los '80 -coincidió con mi salida de Clarín hacia Ámbito Financiero. Recuerdo que fue durante aquellos meses en que Juan Yofre era secretario de Inteligencia-, dejé el boletín al que ya hacía un tiempo se había incorporado Bonelli, y que hoy día se llama Informe Restringido. Sin embargo, varios años después cuando precisé de un salvavidas, Cáccamo apareció de la nada para rescatarme y fue un gesto que hasta el día de hoy cuando lo recuerdo mientras escribo, logra conmoverme.
 
Cáccamo tuvo mil peripecias, algunas rutilantes y otras trágicas. Lamentablemente todo el proyecto Pinamar que él diseñó para lograr un retiro apacible, colapsó y eso tuvo alguna influencia en el despertar de su enfermedad, según acostumbran recordar los oncólogos.
 
Carece de sentido profundizar sobre eventos y personas que deben permanecer en la intimidad de las personas. El breve relato solamente intenta reflejar a Cáccamo y aquellos tiempos locos, cuando nosotros y el periodismo éramos muy diferentes. Y es mejor que esta nota permanezca así, sin remate alguno porque, en definitiva, que el último sea quien apague la luz.