Cuando vivimos al borde del abismo nuclear
Relato fascinante que surge de la desclasificación de documentos de la Cancillería brasilera. En este caso cuando el gobierno de João Goulart trató de mediar entre USA y la URSS en el episodio más tenso de la Guerra Fría.
01 de octubre de 2012 - 22:16
BRASILIA (O Estado) - Un mensaje escalofriante llegó a la Embajada de Brasil en La Habana, Cuba, el 26 de octubre de 1962. El gobierno brasileño estaba "fiablemente informado" de que USA y la URSS entrarían en guerra "en 48 horas" si no cesaba la instalación de misiles soviéticos en Cuba, advertía el canciller Hermes Lima al embajador en La Habana, Luiz Bastian Pinto. Y ordenaba al ministro: "Realice inmediata gestión junto al gobierno (cubano), pidiendo la suspensión de los trabajos".
Hace 50 años, la crisis de los misiles hacía que el mundo, incluyendo el Brasil de João Goulart, caminara al borde de la guerra atómica. El entonces líder soviético, Nikita Khrushchev, decidió instalar misiles nucleares a cerca de 300 kilómetros de Miami, algo que el gobierno de John F. Kennedy estaba dispuesto a impedir a cualquier precio, incluso con la guerra.
Para entender cómo Brasil vio el mundo rumbo al holocausto nuclear, el diario O Estado se sumergió en cientos de telegramas secretos de Itamaraty (N. de la R.: Cancillería brasilera), consultó historiadores y entrevistó protagonistas. En el duelo entre los gigantes atómicos, el Brasil parlamentario de 'Jango' (N. de la R.: así se apodaba a Goulart), solidario con Cuba pero dependiente de USA, recopiló información y trató de negociar una solución, enviando un mensaje directo de Kennedy a Fidel Castro. El portador del recado fue el jefe de la Casa Militar, general Albino Silva, recibido por Fidel en La Habana en aquel octubre de 1962.
Brasil entró en el embrollo diplomático el 22 de octubre, cuando el embajador de USA en Río de Janeiro (N. de la R.: por entonces era la capital federal, todavía no se había construido Brasilia), Lincoln Gordon, entregó a 'Jango' una carta de Kennedy para informarle sobre el descubrimiento del arsenal soviético. Horas más tarde, el presidente estadounidense anunciaría en la TV que la 3ra.. Guerra Mundial podría comenzar pronto.
En el texto, Kennedy invitaba a Brasil a "discutir la posibilidad de una acción armada" en Cuba si la crisis no se resolvía por vía diplomática. 'Jango' convocó de inmediato a 5 asesores al Palacio de la Alvorada para esbozar la respuesta al líder del "mundo libre".
"Debatimos a lo largo de toda la tarde y al final, el (ex canciller) Santiago Dantas se retiró a una biblioteca para escribir el mensaje", recuerda hoy, a los 83 años, Almino Affonso, quien participó de la reunión en calidad de líder del gobierno de 'Jango' en la Cámara baja.
Luego vino la respuesta: Brasil rechazó cualquier "intervención militar a un Estado americano, inspirada en la alegación de incompatibilidad con su régimen político", es decir que le dijo "no" con mayúsculas a Kennedy.
La posición de 'Jango' enfureció a los estadounidenses, quienes en reiteradas ocasiones se quejaron al embajador de Brasil en USA, Roberto Campos. En sus telegramas, el diplomático -que se volvería ministro de Planificación luego del golpe militar de 1964 contra Goulart– contaba que estaba siendo reclamado por la "tibieza" de la posición de Brasil, que "no entendía" la amenaza del arsenal soviético en el Caribe.
Durante una reunión de emergencia en la OEA, el Ministerio de Relaciones Exteriores votó a favor del bloqueo naval a Cuba. Brasil, sin embargo, a diferencia de la Argentina, Perú, Colombia y Venezuela, se negó a enviar fuerzas para implementar el bloqueo de la isla.
La misión Albino
Recientemente, el historiador James Hershberg, de la Universidad George Washington, descubrió que Kennedy volvió a buscar al gobierno de Brasil en medio de la crisis. Esta vez, sin embargo, para que el embajador de Brasil en Cuba transmitiera a Fidel un mensaje de 8 puntos, incluyendo una promesa de no invasión a cambio del final de la buena relación entre La Habana y Moscú.
"Una palabra explica la decisión de Kennedy de apelar a Brasil: desesperación. USA discutió varias opciones y una de ellas era ese mensaje vía gobierno brasileño", explica Hershberg.
De acuerdo con el historiador, el embajador de USA y el canciller brasileño se reunieron en Río de Janeiro en la madrugada del día 27 de octubre. Además de un papel con la oferta, Gordon le dio una instrucción a Lima: Brasil debía decir que el mensaje partía de 'Jango' y no de Kennedy.
El gobierno brasileño aceptó transmitir el mensaje, pero con un pequeño cambio. El titular de la oferta a Fidel no sería el embajador en Cuba, sino el jefe de la Casa Militar de 'Jango', general Albino, quien partiría hacia La Habana.
Roberto Campos, desde USA, advirtió que los estadounidenses veían en el militar a un simpatizante con el bloque socialista y el propio Kennedy cuestionó la filiación ideológica de Albino.
Un telegrama desde Río informó a su diplomático en La Habana sobre la inminente llegada del general y lo instruyó para conseguir un "encuentro inmediato con Fidel". Dos días más tarde, el líder cubano habló durante más de una hora con Albino en la Embajada de Brasil en La Habana. Después de escuchar el emisario de 'Jango', Fidel respondió que cualquier acuerdo para la retirada de los misiles soviéticos pasaría por la devolución de la base de Guantánamo a Cuba, algo impensable para Kennedy.
El líder cubano se negaba además a permitir que inspectores internacionales visitaran Cuba, por considerarlo "ofensivo para el orgullo de su pueblo", escribió Albino al presidente Goulart.
Sin embargo, mientras el general brasileño y el revolucionario cubano discutían, Kennedy y Khruchev ya había llegado a un acuerdo, sin conocimiento de Fidel. La URSS retiraría los misiles de Cuba a cambio de garantías de que USA no invadiría la isla y que movería sus arsenales nucleares de Turquía y del sur de Italia.
Días más tarde, lejos del abismo nuclear, el embajador brasileño describió la conversación que había tenido con el canciller cubano, Raúl Roa García, sobre el pacto entre Kennedy y Khuchev. "¡No somos juguetes en manos de las grandes potencias!", habría clamado el canciller de Fidel.










