Larroque: El desafío nuestro es quedarnos muchas décadas más
La contradicción básica de Andrés Larroque es que él no puede explicar que en ese 2003, en el que había "más desocupados que votos", Néstor Kirchner perdió ante Carlos Menem... y tuvo que rogar que la acción psicológica del Grupo Clarín, al que apostaba Eduardo Duhalde, hiciera efecto sobre Menem y lo impulsara a retirarse, para asumir la Presidencia. Ni en ese escenario 'de infierno' ganó Néstor... En vez de una entrevista periodística fue un diálogo entre 2 militantes el que planteó Julián Bruschtein, de Página/12, y Larroque habló, quien se encuentra interesado en lograr en ampliar La Cámpora, buscando "mayor organización territorial y popular".
29 de abril de 2013 - 08:54
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Se sabe que Andrés Larroque es hoy día el dirigente más importante que tiene la agrupación La Cámpora, esencia del jacobismo cristinista, y que tiene sus limitaciones culturales... No es un político de formación ideológica, pero La Cámpora no es una fuerza que se sustente en la ideología (Máximo 'Playstation' Kirchner es su jefe en las sombras... ), y entonces Larroque pudo ascender sin dificultades.
En el diálogo de formas periodística pero trasfondo militante, Julián Bruschtein, de Página/12, intentó hablar con Larroque de los 10 años de kirchnerismo en el poder (Néstor Kirchner asumió el 25/05/2003), y de la idea que tienen en el Frente para la Victoria de que 'el modelo' permanezca muchos años más.
La fundamentación que hizo Larroque al respecto, fue bien pobre, tanto en el capítulo de los "logros" como de los "pendientes". Pero planteó claramente el objetico: "podemos ilusionarnos con por lo menos una década más hacia adelante y, si uno ve la generación de jóvenes militantes, ¿por qué no con muchas más?".
Obvio que Larroque no habló de Lázaro Báez. Pero sí dijo que diferencia, en la política, "Entre la que se preocupa por resolver los problemas del pueblo, y la que se aprovecha de la gente para uso personal". ¿Y qué hacía Néstor Kirchner con la obra pública, que se paga con los impuestos de todos? Esa es la contradicción máxima de La Cámpora, considerada por muchos una bolsa de trabajo -en referencia a los mecanismos de captación que utilizó Néstor, y que incluyen a Larroque- antes que el centro de debate ideológico que pretende reivindicar durante el siguiente diálogo con Bruschtein:
–Se cumplen diez años del modelo político kirchnerista. ¿Cuáles cree que son los logros más importantes?
–Son muchos, como la política derechos humanos y la ampliación de derechos civiles. Me parece que esa elección de 2003, en la que había más desocupados que votos y que abrió la posibilidad de todo esto, hoy se expresa en dos cosas: en un Estado absolutamente distinto al que teníamos en aquel momento, conducido por Cristina, que transforma la realidad permanentemente, y por otro lado un Estado que se articula con miles de militantes que se expresan a través de sus organizaciones. Estos dos aspectos combinados nos permiten vislumbrar un futuro muy promisorio, por eso podemos graficar que ésta es una década ganada. Si uno combina el Estado que tiene Argentina hoy, presente, con miles de militantes organizados, con una conductora como Cristina, uno concluye que hay una década ganada. Pero también podemos ilusionarnos con por lo menos una década más hacia adelante y, si uno ve la generación de jóvenes militantes, por qué no con muchas más.
–Esto se plantea como el desafío a abordar en lo inmediato...
–Y lo estamos haciendo. El desafío nuestro es ganar muchas décadas hacia adelante, por eso queremos mucha organización territorial, la consolidación y fortaleza de este Estado, avanzar en legislación que defienda el pueblo, volcada hacia la defensa de los sectores populares y menos hacia las corporaciones. Y también un Estado que día a día gane en capacidad de ejecución y versatilidad para llegar de manera más efectiva a realizar la justicia social, que es el objetivo que tenemos todos. Más producción, más trabajo, más justicia social. Ese es el círculo virtuoso que queremos. Y recordar a Néstor, porque lo principal es que uno puede decir que Néstor vive en estos miles de militantes. Hay una canción de los chicos que dice “milito en los barrios por eso es que Néstor sigue vivo”, y es así.
–En el trabajo solidario que desplegaron en La Plata se pudo ver a miles de militantes de todo el país.
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–Esto lo hacemos cotidianamente. El fenómeno que se dio en La Plata es que pudimos condensar las tareas que desarrollamos en todos lados durante el año. Apenas nos enteramos de la noticia de la catástrofe comenzamos a organizarnos para desplegar en la zona las tareas que hacemos de manera permanente y abarcadora, poniendo toda la capacidad de las organizaciones en un mismo momento y en un mismo lugar. Se pudieron sincronizar las mejores experiencias que fuimos adquiriendo y volcarlas ahí en un mismo territorio. Así fuimos elaborando y coordinando el dispositivo para poder dar una mejor respuesta a los vecinos de La Plata. Hora a hora se fue perfeccionando el operativo a medida que los militantes en el territorio hacían llegar las necesidades. Logramos desplegar una capacidad militante que está permanentemente en los barrios a lo largo y a lo ancho de la Argentina, que se pudo hacer visible porque todos los ojos estaban puestos acá. Pusimos a todas las organizaciones y cuadros políticos nuestros al servicio de esta emergencia y en articulación con el Estado.
–En algunos barrios se dio un choque entre la política de la militancia y la vieja política de los punteros...
–No distingo entre vieja y nueva pero sí pongo la diferencia entre la buena y la mala política. Entre la que se preocupa por resolver los problemas del pueblo, y la que se aprovecha de la gente para uso personal. Acá hay una generación de militantes que vienen a poner toda su vocación y compromiso para resolverle los problemas a la gente, para ayudar, y que tiene una vocación colectiva de la construcción política. Los vecinos se dieron cuenta de que no se distinguía ni barrio ni color ni nada, la vocación de resolver los problemas es el rasgo de nuestra militancia.
–¿Cree que los logros de esta década se van a mantener en el tiempo?
–La garantía de todo esto es más organización popular, más conciencia social de todos los argentinos. En definitiva, lo que hace falta es más paciencia, más tolerancia y más amor. Porque si uno mira ciertas expresiones de odio, lo que queda expuesto es que ni siquiera se está planteando un debate. Tendríamos que lograr que esta porción de la sociedad que hoy está muy volcada a expresiones de odio y agresividad trate de transformar todo eso en ideas y enmarcarlas en el sistema democrático. Estas expresiones, por ejemplo la represión del Gobierno de la Ciudad a los trabajadores e internos del Borda, que fue una clara expresión de odio, si se pueden encauzar dentro del marco de la democracia, se va a poder debatir y nos vamos a poder entender. Con la violencia con que se expresan se hace muy difícil debatir y es una lástima.









