Feliz Cumple, Real (Apuntes para los pesificadores)
"Parte de los beneficios del Plan Real, además de bajar la inflación fue la construcción de confianza en la moneda. Hoy en día, si se le pregunta a alguien cuánto tiene en su cuenta bancaria, la respuesta será en reales y no en dólares estadounidenses. Antes del Plan esa respuesta era en dólares", dice Persio Arida, uno de los arquitectos del plan de estabilización que cambió a Brasil, eliminando la inflación. Pero él advierte: "El real solo tendrá éxito cuando la tasa de interés brasilera coincida con la internacional". Él critica duramente al gobierno del Partido dos Trabalhadores por la fuerte intervención gubernamental en la economía.
02 de julio de 2012 - 10:17
Después del juicio político a Fernando Collor de Mello, en octubre de 1992, el vicepresidente Itamar Franco se hizo cargo del Ejecutivo brasilero con la prioridad de resolver el problema de la hiperinflación. El hasta entonces ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Henrique Cardoso, se hizo cargo del Ministerio de Hacienda, y en diciembre de 1992 anunció el "Plano de Estabilização Econômica" (Plan de Estabilización Económica), que apuntó a preparar a la economía para una nueva moneda, que se llamaría real, y que, desde julio de 1994, circularía en lugar del cruzeiro.
El plan fue diseñado por un grupo de economistas: Edmar Bacha, Gustavo Franco, Pedro Malan, Persio Arida, Rubens Ricúpero y Winston Fritsch.
"El objetivo era quebrar la espina dorsal de la hiperinflación con una indexación completa de la economía. Todos los contratos pasaron a ser indexados en URV (Unidade Real de Valor)", recuerda Carlos Eduardo Gonçalves, profesor de FEA-USP. Con una situación fiscal delicada, el gobierno brasilero imprimía dinero para pagar sus cuentas pero, en la otra punta, generaba una corrección automática de precios y así los consumidores veían perder el valor de su moneda en un cortísimo plazo.
A partir del Plan Real, la llamada "inflación inercial" acabó y eso permitió la estabilización de la economía.
"El Plan Real consiguió que el gobierno dejara de usar la inflación para financiar sus cuentas", recuerda Emerson Marçal, professor de FGV. El llamado "impuesto inflacionario" dejó de recaudarse.
Fue un 1er. paso para reducir la desigualdad en la distribución de la riqueza porque la inflación destrozaba a los sectores de menores ingresos. Luego se implementarían los programas de ayuda social.
Los números exhiben la eficacia del programa: en 1994, la inflación acumulada fue 916,50%, y en 1995 fue 22,40%, de acuerdo a los datos compilados por LCA Consultores.
Sin embargo, a pocos días de cumplir sus 18 años, el Plan Real todavía no es considerado un éxito total por uno de sus creadores, Persio Arida, el economista y socio del Banco BTG Pactual.
Según Arida, el proyecto sólo estará completo "cuando las tasas de interés brasileñas sean iguales a las internacionales, cuando el crédito tenga las mismas dimensiones de otros países emergentes y cuando haya crédito por más tiempo en cantidades considerables".
Él cree que el cuidado de la estabilidad es fundamental, pero critica la fuerte intervención estatal en la economía, incluso cuando está dirigida a fomentar el crecimiento. "Desde el punto de vista de la modernización y reducción de la interferencia estatal en la economía, el país está retrocediendo, no evoluciona", advierte.
De acuerdo a Arida, esa intervención del Estado en la economía es una de las razones del menor interés de los extranjeros por Brasil. Él se refiere al impacto del Impuesto sobre las Operaciones Financieras (IOF), sobre las entradas de capital en el país, el cambio del Impuesto sobre los Productos Importados (IPI) para autos importados y sobre las restricciones para la compra de tierras por parte de extranjeros.
-¿Cuál es el recuerdo más fuerte que usted tiene del período de lanzamiento del Plan Real?
-En ese momento había un amplio apoyo social al programa. Algunos políticos permanecieron en la oposición, especialmente el PT (Partido dos Trabalhadores), pero la población, unánime, apoyó el plan. Cuando André Lara Resende y yo escribimos un artículo académico en 1982, 14 años antes, diciendo que la manera de lidiar con la inflación brasileña era una reforma monetaria con la introducción de una moneda indexada -que después fue bautizada URV-, anticipamos un período de 2 años para que la población transformara, poco a poco, los viejos contratos en la nueva moneda. Lo que entonces se observó fue que esto ocurrió en un período mucho más corto, de tan sólo 3 meses, lo que da una idea de cómo la población apoyó el programa. Es un aspecto poco entendido del programa de estabilización, ya que por lo general se lo considera el resultado de un equipo técnico que redactó el plan. Esto es cierto, pero sin el apoyo de la población y de gran parte del Congreso, el Plan Real no hubiese sido ejecutable.
-¿Este apoyo también existía entre economistas e instituciones financieras?
-No. Por el contrario. Había un contraste entre el respaldo de la población, que tenía hambre de estabilidad vs. un gran escepticismo de parte de los colegas economistas. Esas dudas comenzaron en el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), que se negó a apoyar el Plan Real, con el argumento de que no había una base apropiada ni suficiente claridad de que realmente lograra sus objetivos. Eran habituales en Brasil la publicación de artículos diciendo que el real no iba a funcionar, que era un gran error. Los economistas importantes decían que era como "patinar sobre hielo delgado". También dijeron que, con la nueva moneda, el país iría directamente a la hiperinflación. En fin, había una gran desconfianza entre los colegas, porque era un plan innovador, algo que nunca se había hecho en ninguna parte del mundo. Era diferente porque Brasil tenía una característica peculiar, muy específica: una “jabuticaba” brasileña (N. de la R.: algo autóctono, una cosa propia de Brasil), que fue la indexación generalizada de los contratos, prevista en una ley. Lo que André y yo hicimos fue pensar en el problema de la estabilización de Brasil, teniendo en cuenta no sólo los aspectos universales de la inflación -tales como el desajuste fiscal y la política del Banco Central-, sino también las características de la inflación brasileña, que requería de un equipo de economistas brasileños, porque la literatura internacional se ocupaba de otros problemas.
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-¿Cómo era la afinidad entre los miembros del equipo que diseñó el Plan Real? ¿Eran fáciles las coincidencias?
-Estábamos todos unidos por un trabajo en común, no había otra agenda más que el éxito de la estabilidad. Por otra parte, había una formación intelectual común, que nos ayudó mucho. Había lazos de confianza. Casi todos éramos graduados de la Universidad Católica de Río de Janeiro, y había relaciones entre profesores y alumnos. De alguna manera, había una identidad cultural común entre nosotros, que hizo que las ideas avanzaran muy rápidamente.
-¿El Plan Real es un éxito?
-El éxito de la estabilización monetaria sólo se confirma en el tiempo. Que hayan transcurrido 18 años desde la creación del real muestra que el Plan puede considerarse un gran éxito, en cuanto a domar el dragón de la hiperinflación, que era un desafío particular en nuestro país. Pero entonces cambió el desafío para el real. Ahora tenemos un reto universal, ya que nuestra inflación actual es cercana a la de otros países en el mundo. Parte de los beneficios del Plan Real, además de bajar la inflación fue la construcción de confianza en la moneda. Hoy en día, si se le pregunta a alguien cuánto tiene en su cuenta bancaria, la respuesta será en reales y no en dólares estadounidenses. Antes del Plan esa respuesta era en dólares. Este fomento de confianza en la moneda fue un proceso que llevó tiempo. Hoy tenemos confianza en el patrón monetario de nuestro país. Pero en el momento de la puesta en marcha del real, había una atrofia de los mercados financieros. El crédito era muy limitado, las tasas de interés eran muy elevadas. El crédito, por lo tanto, era pequeño y corto. Había que comprar un auto en un máximo de seis meses. El crédito inmobiliario era sólo en la Caja Económica Federal, no existía en el sector privado. Con la estabilización interpuesta por el Plan Real y la confianza en la moneda, las relaciones financieras se profundizaron y los mercados financieros fueron normalizándose. Brasil, que tenía 10%, 15% de crédito, actualmente tiene 50%. Hoy en día se puede financiar un auto en cinco años, la tasa de interés cayó a su nivel más bajo en la historia. A lo largo de estos 18 años, por lo tanto, Brasil fue normalizándose. Le doy mucha importancia a eso, porque este proceso no ha terminado todavía. Y asegurar la continuidad de esta estabilización es esencial.
-¿Cómo se debe hacer?
-El real será un éxito sólo será cuando este proceso haya terminado, es decir, cuando las tasas de interés brasileñas sean iguales a las internacionales, cuando el crédito tenga las mismas dimensiones que las de otros países emergentes y cuando tengamos crédito de más tiempo en cantidades significativas. La buena noticia es que este proceso también ayudará al país a crecer. Otro viento que sopla a favor de Brasil es la cuestión de la demografía. Somos un país joven y eso también ayuda a evolucionar. A pesar de esos dos vientos a favor el crecimiento del país está lejos de ser brillante y debe quedar alrededor de 2% en 2012.
-¿Por qué la economía no crece más que eso?
-No es falta de optimismo o de espíritu empresarial. El problema de nuestro país es la carga tributaria excesiva y el gran peso del crédito dirigido y subvencionado, la intervención, estatal excesiva. Eso es lo que Le quita el dinamismo a la economía brasileña. La buena noticia es que eso es algo del gobierno, y por lo tanto, en teoría, está en nuestras manos para que lo resolvamos.
-¿El gobierno de Dilma está en la dirección correcta para resolver estos problemas?
-Obviamente hay buena voluntad de los gobernantes. Pero eso debe ser analizado objetivamente. La carga tributaria en su conjunto ¿está aumentando o cayendo? El volumen de crédito dirigido ¿es creciente o decreciente? Es decir, si nos fijamos en algunas estadísticas agregadas de la intervención estatal en la economía, se observa una tendencia preocupante, no sólo a corto plazo. La carga tributaria en el comienzo del real fue inferior al 25% del PIB en la actualidad es del 37% del PIB. El volumen de crédito con intervención del gobierno, en proporción al total de préstamos es mucho mayor hoy que en el momento de la creación del real. Por lo tanto, aunque Brasil haya hecho enormes progresos en la consolidación de la estabilidad, en términos de modernización y reducción de la injerencia del Estado en la economía, el país está retrocendendo, no evoluciona.
-¿Cómo podría el gobierno mejorar la distribución del ingreso en Brasil?
-Brasil ha hecho enormes progresos en términos de distribución del ingreso, que antes estaba muy concentrado, como en los países africanos. En parte, porque podemos delinear el problema de la inflación, que pesaba más sobre la población pobre. Si el Estado interfiera menos en la economía, la distribución del ingreso va a mejorar pronto. Por ejemplo, si las aplicaciones en el FGTS (Fundo de Garantia por Tempo de Serviço) no fueran penalizadas, la distribución de ingresos mejoraría en el acto. Tal como está, es como si hubiera un impuesto sobre los trabajadores, beneficiando a los empresarios que toman crédito FGTS. Pero hay que tener en cuenta que el objetivo no es la igualdad de ingresos ni de riqueza sino la igualdad de oportunidades. Lo que tenemos que garantizar es que las condiciones de partida sean homogéneas y esto sólo se produce si hay educación y salud para todos. Si el Estado disminuyera sus intervenciones y se dedicara exclusivamente a la mejora del sistema de salud pública y de la educación, traería un gran beneficio para la población. En este sentido, el país aún tiene mucho que caminar.
-¿Cómo ve el interés de los inversores extranjeros en Brasil en este momento?
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-La euforia de los últimos tiempos con Brasil derivaba de tres aspectos. Brasil era un país que crecía rápidamente, tenían tasas de interés muy atractivas y fue percibido como un país muy amigable para los inversores. Todos estos factores han perdido su brillo últimamente. Hoy en día, el país ha perdido fuerza en el crecimiento, las tasas de interés se redujeron drásticamente y una serie de iniciativas del gobierno percibidas como populistas, contra el capital extranjero. Me refiero al cambio brusco del IPI (Impuesto sobre los Productos Importados) para automóviles importados, la incidencia de IOF (Impuesto sobre las Operaciones Financieras) en la entrada de capitales en el país y las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros. Creo que las intervenciones del gobierno han tenido un impacto muy malo, sobre todo porque nos encontramos al lado de Argentina. La idea de que Brasil podría dar pasos similares a los del vecino ahuyenta a los inversionistas. Brasil no está en el camino populista, pero algunas iniciativas de actualidad quizá mal comunicadas, han generado una percepción negativa afuera. El crecimiento de la economía, que se desaceleró y el hecho de Brasil perdió encanto a los ojos de los extranjeros, deben ganar ritmo a finales de este año. Por último, en relación a la caída de las tasas de interés, creo que debe persistir, aunque ahuyente el capital extranjero. Los intereses deben direccionarse a los estándares internacionales, así como la meta de inflación, que debe ser revisada de 4,5% al ??3,5%.
-¿Qué valoración hace de la escena internacional en este momento?
-El gran evento de este año en el mundo no es Europa, que sólo se vive otro capítulo de la crisis misma. La cuestión principal es China, que sufrió un revés en la tasa de crecimiento y el mercado ahora se pregunta si se trata de un aterrizaje suave o un aterrizaje duro. Creo que no será un colapso generalizado, pero no es un aterrizaje suave, sólo un freno para su arreglarse. China está experimentando un cambio estructural que hará que su tasa de crecimiento sea menor de forma permanente. El país, que crecía entre 10% y el 12% al año, ahora crecerá entre un 7% y 8% en los próximos años. Esto tiene una importancia extraordinaria para el mundo. Además de crecer menos, China se convertirá en un país más volcado hacia el mercado interno y mucho más consumista. Como eso no da titulares, no provoca corridas bancarias, la gente presta menos atención que a Europa, donde hay fuga de capitales en cámara lenta. Esta es una situación muy peligrosa desde el punto de vista de la gestión de expectativas. Pero esta es una crisis sin solución rápida, porque para ser resuelta debería construirse una soberanía fiscal europea que se sobrepusiera a las soberanías nacionales. Y no es fácil, porque pasa por la creación de instituciones que deben ser ratificadas por los parlamentos, con cambios en las constituciones de los países, lo que llevaría tiempo. USA equiparó relativamente bien a las dos mayores fuentes de desequilibrio del país, el problema bancario e inmobiliario. Son cuestiones que no se resuelven, pero están bien tratadas. El crecimiento del país, no es nada extraordinario, pero es razonable. El problema no es económico sino político. Si no se renuevas los incentivos fiscales al final del año que viene habrá una gran conmoción en la actividad. Pero si hay un buen sentido político, el país mantendrá una senda de crecimiento sostenible.











