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70 AÑOS DEL ADIÓS

Enrique Santos Discépolo, profeta del cambalache

23/12: 70 años del adiós a Enrique Santos Discépolo, profeta profano del cambalache del siglo 20 que no ha cesado en el 21.

Inmensurable compositor, autor de la dramaturgia y actor, Enrique Santos Discépolo, nació en Ciudad de Buenos Aires el 27 de marzo de 1901, y fue autor decisivo para el tango, con entrañables letras como 'Uno', 'Cambalache', 'Yira, yira', etc.; todas de una altísima coloratura dramática.

Discépolo expiró tempranamente el 23 de diciembre de 1951, de un síncope al corazón: apenas 50 años. La efeméride que hoy lo evoca enaltece al hombre y a la obra que supo destilar en alambiques de tinta, lágrimas, y alguna esperanza cifrada en los matices claroscuros del modo menor: arenas donde se baten la síncopa, el contratiempo y la cadencia.

CAMBALACHE - ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO

La orfandad

En el comienzo de la historia, tras fallecer sus padres, su hermano Armando, varios años mayor, se convirtió en su maestro, lo guió por el camino de la creatividad y le develó la vocación por el teatro.

De su mano dio los primeros pasos como actor en 1917. Y 1 año más tarde, escribió sus primeras obras de teatro:

  1. 'El señor cura',
  2. 'El hombre solo',
  3. 'Día feriado'.

En 1920 actuó en la obra 'Mateo', escrita por su hermano. Prosiguió escribiendo para el género lírico y al mismo tiempo, en 1925, compuso la música del tango 'Bizcochito' y la letra y la música de '¡Que vachaché!'.

Que Vachache - Tita Merello

Años atrás, en su ensayo 'Les assassins de la mémoire' (Los asesinos de la memoria) -un agudo estudio sobre el revisionismo neonazi en la Europa contemporánea-, el escritor francés Pierre Vidal-Naquet reprodujo la letra de 'Cambalache', el tango emblemático de Enrique Santos Discépolo.

  • ¿Una cita descabellada?
  • ¿Acaso un rasgo de exotismo de un intelectual en busca de oxígeno fuera del ámbito de la cultura europea?

Según Vidal-Naquet, Discépolo cayó en sus manos a través de unos amigos latinoamericanos, y él decidió incluirlo en un libro que nada tenía que ver con el tango. La imagen del cambalache como escenario del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización le pareció la más adecuada para sellar su texto de denuncia.

No fue aquella la primera vez que la obra de Discépolo despertó interés en el campo del pensamiento. El español Camilo José Cela lo incluyó entre sus poetas populares preferidos y Ernesto Sábato no dudó en identificarse con la filosofía pesimista de quien supo escribir -en 'Que vachaché'-, que "El verdadero amor se ahogó en la sopa".

Muchos años antes de estas reivindicaciones, los poetas lunfardos Dante A. Linyera y Carlos de la Púa definieron a Discépolo como a un autor con filosofía propia.

Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra -más de una vez definida como profética- expresara el sentido común de los argentinos.

La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso "Cambalache" persiste, está vigente, es un relator del presente continuo de una Argentina que se desgrana en la ética del desapego a la cultura y a los valores.

La polisemia discepoliana

Enrique se formó viendo teatro de la mano de su hermano Armando, dramaturgo del grotesco rioplatense, y después se sintió atraído por las artes populares. Llegó al tango después de haber probado, con suerte dispar, la autoría teatral y la actuación.

En 1917, él debutó como actor, al lado de Roberto Casaux, un capo cómico de la época, y un año más tarde firmó junto a un amigo la pieza 'Los duendes', aniquilada por la crítica procaz.

Luego levantó la puntería con 'El señor cura' (adaptación de un cuento de Maupassant), 'Día Feriado', 'El hombre solo', 'Páselo cabo' y, especialmente con 'El organito', feroz pintura social bosquejada junto a su hermano, al promediar los años 20.

Como actor, Discépolo evolucionó de comparsa a nombre de reparto, y se recordaría con entusiasmo su trabajo en 'Mustafá', entre muchos otros estrenos.

La fruta madura a golpes de sol y de agua

Si bien los mundos del teatro y el tango no estaban divorciados en la Argentina de Hipólito Yrigoyen y Carlos Gardel, la decisión de Discépolo de convertirse en un autor de canciones populares fue resistida por su hermano mayor, y no puede decirse que las cosas le hayan sido fáciles al debilucho y tímido Discepolín.

Una tibia influencia familiar (Santo, el padre, fue un destacado músico napolitano establecido en Buenos Aires) puede haber sido una primera señal hacia el arte combinado de la organización sonora y la letrística, pero la revelación no fue inmediata.

Por el contrario, tanto el insípido, 'Bizcochito', su primera composición hecha a pedido del dramaturgo José Antonio Saldías, como el notable y revulsivo 'Que vachaché', editado por Julio Korn en 1926 y estrenado en un teatro de Montevideo bajo una lluvia de silbidos, fueron un mal comienzo, o al menos eso se creyó en el Buenos Aires que aclamaba los tangos de Manuel Romero, Celedonio Flores y Pascual Contursi.

Azucena Maizani, un antes y un después

La suerte del autor empecinado cambió en 1928, cuando la cancionista Azucena Maizani cantó en un teatro de revistas, 'Esta noche me emborracho', un tango de ribetes horacianos (por el Horacio, de las Odas) y tópico netamente rioplatense: aquella vieja cabaretera que el tiempo trató con impiedad.

Días después del estreno, los versos de aquel tango circularon por todo el país. Los músicos argentinos de gira por Europa lo incluyeron en sus repertorios, y en la España de Alfonso XIII la composición gozó de gran popularidad.

Esta noche me emborracho

El amor por Tania, la cupletista

Ese mismo año, la actriz y cantante Tita Merello retomó el antes denostado 'Que vachaché', y lo puso a la altura de 'Esta noche me emborracho'.

1928 sería el año del amor para un intelectual cargado de inseguridades. Tania (nombre artístico de Ana Luciano Divis), una cupletista española radicada en Buenos Aires que se revelaría como una muy adecuada intérprete de sus tangos, acompañaría a Discépolo el resto de su vida.

ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO - TANIA - DESENCANTO - TANGO

En una época en la que la autoría y la composición estaban claramente diferenciadas en el marco de las industrias culturales, Discépolo escribía letra y música, aunque esta última era imaginada con apenas 2 dedos sobre el piano, para luego ser llevada al pentagrama por algún músico amigo (generalmente Lalo Scalise).

Esta capacidad doble le permitió a Discépolo trabajar cada tango como una unidad perfecta de letra y música. Con un agudísimo sentido del ritmo y de la progresión dramática, con un gusto melódico impecable (Carlos de la Púa lo definió como un Pulgarcito Filarmónico), Discépolo se las ingenió para hacer de sus breves y muchas veces violentas historias una auténtica comedia humana rioplatense.

Él abandonó gran parte de la influencia modernista que hacía estragos en otros letristas (Rubén Darío fue el héroe literario de cientos de poetas argentinos, durante muchos años) y tradujo al formato menor de la canción ciertas ideas dominantes de la época.

Ningún otro autor llegaría tan lejos.

Carlos Gardel

Desde luego, que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores y compositores.

La versión gardeliana de octubre de 1930 de 'Yira yira' figura entre los grandes momentos de la música argentina. La intensidad de la grabación, en la que no hubo recursos teatrales especiales y el cantante evitó todo énfasis innecesario, está dada por la inmediatez de la expresión gardeliana.

Yira, Yira por Carlos Gardel con LETRAS

No hay preámbulos instrumentales que familiaricen al oyente con el material, más allá de una apretada introducción de los guitarristas que exponen el estribillo con los trémolos y fraseos de bordonas típicos de los acompañamientos de la época. La línea melódica, con sencillez engañosa irrumpe de golpe, con una fuerza que excluye la queja.

Es el triunfo del descrédito, pero ya sin el cinismo -y mucho menos el grotesco- de unos años antes. El personaje de 'Yira yira' confió en el mundo, y este lo defraudó: ya no hay espacio para el engaño y la impostura.

Discépolo supo ser:

  • romántico en el vals Sueño de juventud,
  • burlón en tangos cómicos como 'Justo el 31' y 'Chorra',
  • expresionista en 'Soy un arlequín' y 'Quién más, quién menos',
  • pasional en 'Confesión' y 'Canción desesperada';
  • nostálgico y elegíaco en 'Uno' y 'Cafetín de Buenos Aires', ambas creaciones escritas con Mariano Mores.

Discépolo murió el 23/12/1951, en el departamento céntrico que compartía con Tania.

Su compromiso con el peronismo, hecho público a través de su breve y fulminante participación en un discutido programa de radio, lo distanció de varios de sus viejos amigos.