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10 DE DICIEMBRE

Día de los Derechos Humanos: Histeria del pensamiento único

Día de los Derechos Humanos. Hoy de debate: ¿Inclusión o integración? Urgen igualdad, cuando se requiere equidad; no discriminación, cuando clama la alteridad.

Día de los Derechos Humanos. La celebración se estatuyó ad referéndum de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 10/12/1948, origen de la Declaración Universal de Derechos Humanos, documento histórico que proclama los derechos inalienables que incumben a todo ser humano.

El tema del Día de los Derechos Humanos 2021: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos (artículo 1ro. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

Pero más de 100 estados y territorios en todo el mundo siguen violando la prohibición de la tortura, negando la libertad de expresión y religión, o la igualdad de derechos para hombres y mujeres, según la ONG defensora de los derechos humanos: Human Rights Watch (HRW).

Pero, además, irrumpe una sospecha dramática: que la intolerancia y la exclusión gana espacio entre algunos de quienes reclaman el respeto de sus derechos humanos. Hay minorías hostiles a las que sólo les importa imponer su ley. Por ejemplo, no respetan la libertad de expresión del prójimo y presionan en defensa de la censura. Incursionan, con algún éxito, en algo tan básico que ni siquiera ya es motivo de debate formal entre académicos y especialistas.

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¿Qué promocionamos cuando hablamos del Día de los Derechos Humanos?

¿Qué promocionamos cuando hablamos del Día de los Derechos Humanos?

Un ejemplo

No es una afirmación baladí. Es posible encontrar ejemplos concretos. Sin ir muy lejos, Karina Mariani, directora de la web Faro Argentino, escribió un artículo periodístico que relata una grave situación provocada por quien reclama respeto a los derechos:

"Hace pocos días el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) de Tenerife invitó al filósofo sueco Erik J. Olsson a dar una conferencia cuyo tema principal era la libertad de expresión. En dicha ponencia Olsson cometió un pecado mortal al sostener que existe una “sustitución de los valores académicos por un enfoque excesivo en la igualdad y otros valores blandos como una gran amenaza para la libertad de expresión en la academia”.

En un curioso alarde de cínica ironía, el IAC rápidamente retiró la conferencia grabada en YouTube en función de su incompatibilidad con las políticas de igualdad de la institución y el director ordenó cancelar la distribución y el acceso a la presentación a través de los medios del IAC. Si, así como suena: el IAC censuró la conferencia que el IAC organizó sobre Libertad de Expresión.

Erik J. Olsson dio la famosa charla hacia fines de noviembre. En esa ocasión repasó las normas académicas más importantes, incluida la libertad de expresión, basándose en las recomendaciones de la UNESCO de 1997.

Invocó la distinción sociológica estándar entre las culturas femenina y masculina, citando al sociólogo holandés Geert Hofstede sobre cómo las 2 culturas difieren sistemáticamente en sus actitudes hacia el trabajo y la educación.

El estudio sostiene que la cultura masculina enfatiza

  • la meritocracia,
  • la competencia y
  • el logro;

mientras que la cultura femenina valora

  • la igualdad,
  • la amabilidad y
  • la cooperación.

Según Olsson estas diferencias sistemáticas afectan a la libertad académica si la preeminencia de la cultura excesivamente femenina llegara a silenciar el discurso que se considera antipático y no cooperativo. Acá la cosa se puso picante porque, según Olsson, las políticas radicales de género, implementadas en nombre de la integración basada en esta perspectiva, han tenido un efecto amedrentador sobre la libertad de expresión en las universidades suecas.

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“Todo el que en el futuro considere dar una conferencia sobre temas que pueden causar emociones fuertes o decir cosas que algunos estudiantes no desearían escuchar, debe considerar la posibilidad de ser sometido a una considerable incomodidad e investigación pública”.

“Todo el que en el futuro considere dar una conferencia sobre temas que pueden causar emociones fuertes o decir cosas que algunos estudiantes no desearían escuchar, debe considerar la posibilidad de ser sometido a una considerable incomodidad e investigación pública”.

A la vez, Olsson sostuvo que una cultura hipermasculina también tenía sus problemas académicos pero estos eran menos urgentes en el actual clima cultural occidental.

Una de las cuestiones más impactantes de estos actos no reside en la validez de las afirmaciones de los cancelados sino la histeria cancelatoria en sí misma como fenómeno social.

La charla censurada de Olsson terminaba con la exposición de un trabajo de Academic Rights Watch que documenta las violaciones a la libertad de expresión utilizando las citadas recomendaciones de la Unesco de 1997 como norma de referencia. La conferencia estuvo menos de 2 horas en Youtube. El director del IAC, profesor Rafael Rebolo López, dijo que lamentaba profundamente que se realizaran afirmaciones absolutamente contrarias con los principios del Código Ético de IAC y explicó que varias personas habían expresado “su desacuerdo y preocupación por el contenido del seminario”. Añadió que desconocía que el contenido de la charla pudiera ir en contra de sus principios de igualdad. El buen Rebolo quiso decir que, de haber conocido el contenido, previamente la censura hubiera sido más temprana y eficiente.

El pobre Olsson remarcó la sutil estupidez del IAC al decir: “Me parece irónico que una charla sobre la libertad académica y las amenazas a la libertad de expresión sea a su vez investigada y censurada, de hecho con referencia a las mismas políticas contra las que advertí en la charla” y agregó que lo ocurrido era una: “confirmación directa e inequívoca de las afirmaciones hechas durante la charla lo que supone un mensaje preocupante sobre la salud académica del instituto”.

Una de las cuestiones más impactantes de estos actos no reside en la validez de las afirmaciones de los cancelados sino la histeria cancelatoria en sí misma como fenómeno social. Existen cientos de casos específicos y estudios estadísticos acerca de la forma en la que el pensamiento científico está siendo enterrado justamente en los espacios en donde debería ser incentivado o al menos protegido. Una de las cuestiones más impactantes de estos actos no reside en la validez de las afirmaciones de los cancelados sino la histeria cancelatoria en sí misma como fenómeno social. Existen cientos de casos específicos y estudios estadísticos acerca de la forma en la que el pensamiento científico está siendo enterrado justamente en los espacios en donde debería ser incentivado o al menos protegido.

Tal vez la censura y discriminación en ámbitos académicos sea de poco interés popular. Sin embargo, algunas cosas curiosas y paradójicas (lo que no significa positivas) están pasando en los lugares que van a formar a los profesionales que van a gobernar el mundo en pocos años.

El profesor Germund Hesslow, catedrático de Neurofisiología y Profesor Asociado de Filosofía, brindó una conferencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Lund sobre “Patrimonio y Medio Ambiente” en la que estableció una serie de formulaciones sobre homosexuales y transexuales, por las que fue inmediatamente acusado de discriminación y acoso. Las autoridades abrieron raudamente una investigación por los cargos denunciados, cuyos resultados fueron la absolución de Hesslow de cualquier delito.

Sin embargo, Christer Larsson, director del programa médico, le solicitó a Hesslow que se disculpe en caso de que hubiera (atentos a esto) “riesgo de discriminación”, cosa que afortunadamente Hesslow se negó a hacer y además agregó: “Todo el que en el futuro considere dar una conferencia sobre temas que pueden causar emociones fuertes o decir cosas que algunos estudiantes no desearían escuchar, debe considerar la posibilidad de ser sometido a una considerable incomodidad e investigación pública”.

A raíz de este caso de supuesta discriminación de Hesslow que no ocurrió (pero que según las autoridades podría haber ocurrido – quién sabe – tal vez – algún riesgo), la Facultad de Medicina de la Universidad de Lund introdujo una exótica lista de controles de género que establece que los maestros deben utilizar la terminología de género «correcta».

El decano de la facultad Erik Renström dijo que: “Para ampliar la perspectiva, su conferencia también se complementará con una conferencia sobre perspectivas sobre el sexo y el género en la ciencia médica”. Cosa que nos lleva a pensar que, para las autoridades académicas, es razonable que se determine la terminología que debe utilizar un profesor en sus conferencias sobre base biológica según los sentimientos de algunos estudiantes.

Uno de los casos más famosos y paradigmáticos de la batalla ideológica, que tiene como campo de Marte el espacio académico, es el de Jordan Peterson un profesor de la Universidad de Toronto que saltó a la fama en 2016 al criticar una ley canadiense que “protegía identidad de género” de la discriminación. Con una serie de YouTube llamada Professor Against Political Correctness argumentaba contra una enmienda federal para agregar identidad y expresión de género a la Ley Canadiense de Derechos Humanos; y un plan universitario para la formación obligatoria contra los prejuicios.

En solitario, Perterson arremetió contra el marxismo, las organizaciones de derechos humanos, y la izquierda radical que le imponía pronombres neutrales en cuanto al género. (...)

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Reduccionismo extremo tanto del concepto de Derechos como del Humanos.

Reduccionismo extremo tanto del concepto de Derechos como del Humanos.

Las minorías intensas están consiguiendo, mediante el acoso y la cancelación, condenar al ostracismo profesional a quienes osan oponerse a los dogmas de la izquierda académica como por ejemplo la neolengua o la perspectiva de género. El daño infringido a la enseñanza y a la investigación científica es poco medido. Las minorías intensas están consiguiendo, mediante el acoso y la cancelación, condenar al ostracismo profesional a quienes osan oponerse a los dogmas de la izquierda académica como por ejemplo la neolengua o la perspectiva de género. El daño infringido a la enseñanza y a la investigación científica es poco medido.

(...) Según un estudio reciente de Academic Rights Watch, la introducción por parte del gobierno del régimen de género en las universidades suecas causó múltiples violaciones de la libertad académica. (...) Según un estudio reciente de Academic Rights Watch, la introducción por parte del gobierno del régimen de género en las universidades suecas causó múltiples violaciones de la libertad académica.

El gobierno sueco decretó en 2016 que todas las universidades estatales deberían implementar «un plan sobre cómo la universidad pretende desarrollar el trabajo sobre la transversalización de género para que las actividades contribuyan a alcanzar los objetivos de igualdad«.

El entonces ministro de Educación dijo: “Si Suecia quiere ser una nación destacada del conocimiento y la investigación, debemos tener una universidad más equitativa. Por ejemplo, es un desperdicio de la competencia disponible que tan pocas mujeres se conviertan en profesoras. Estoy convencido de que si las universidades y los colegios universitarios emplearan un método de transversalización de género, este sería un paso hacia una universidad más igualitaria”.

La transversalización de género, como política pública de un gobierno, pisoteaba la autonomía institucional que es sagrada para la izquierda académica, pero curiosamente, nadie se quejó por ello. La elección de los estudios de género como marco científico predominante tuvo un efecto paralizador en la investigación y la libertad de expresión en otras áreas de investigación.

La incorporación de la perspectiva de género fue esencialmente supervisada por el gobierno y se comenzaron a publicar denuncias y presiones que los funcionarios gubernamentales hacían a las autoridades académicas para que los lineamientos de igualdad fueran absolutamente inequívocos, como obligar a usar cuotas de género para los expositores de las conferencias.

Jordan Peterson fue amenazado, cancelado, enjuiciado y acosado con toda la artillería que la izquierda tenía a la mano. Se trata de una de las personas más odiadas por el mainstream cultural y académico. No obstante sus conferencias presenciales y digitales tienen récords históricos de consumo así como sus libros y apariciones mediáticas. La palabra CONSUMO, la usa esta servidora con premeditación y alevosía. Los medios se desviven (así estén dirigidos por marxistas furibundos) por entrevistarlo, ya que es garantía de viralización. Eso, ese consumo libre y voluntario de los individuos se llama Mercado y es donde Peterson, aún contra el poder de los gobiernos, es imbatible.

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