CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - Hace dos décadas la comunidad internacional estableció el Día Mundial del SIDA para concientizar al mundo sobre la pandemia del VIH y SIDA.
Desde entonces, los programas de prevención y la llegada de los tratamientos antirretrovirales han logrado una reducción drástica del número de muertes de SIDA.
Y sin embargo, aunque el número de infecciones de VIH ha logrado disminuir, hoy hay mucha más gente que sigue viviendo con la infección.
A pesar de que las campañas de prevención de VIH han llegado a casi todos los rincones del mundo, cada día siguen ocurriendo 7.000 nuevos contagios.
Y muchos creen que el conocimiento público de la infección ha disminuido en los últimos años.
Hace más de 25 años que se descubrió el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Desde entonces ha habido una auténtica revolución farmacológica y han surgido productos eficaces para controlar el sida, ha aumentado la información sobre el virus y se han hecho innumerables esfuerzos en medidas de prevención. Pero, pese a todo, la realidad es que en el mundo viven 33 millones de personas infectadas, una cifra que aumenta cada año.
Es así que la discriminación y el estigma contra las personas infectadas con el virus del sida sigue vigente veinte años después de empezar a conmemorarse el Día Mundial contra esa enfermedad, y es uno de los factores que impiden el acceso universal a tratamientos, denunció hoy la ONU.
La alta comisionada de Derechos Humanos, Navi Pillay, señaló en un comunicado, con ocasión del Día Mundial contra el Sida que se celebra hoy, que aunque se ha hecho mucho desde que se identificó el mal hace 27 años, y mucha más gente tiene acceso a tratamientos, siguen en pie todo tipo de discriminaciones contra los seropositivos y enfermos.
"Un tercio de los países todavía no tienen leyes para proteger a las personas que viven con el VIH, y en la mayoría sigue habiendo discriminación contra mujeres, homosexuales, trabajadoras del sexo, drogodependientes y minorías étnicas", agregó.
Campañas
A pesar de que hace dos décadas que la Organización Mundial de la Salud decidió que el primero de diciembre fuera un día de concientización, la pandemia no deja de crecer en el mundo.
Sólo en Argentina, casi 3.900 niños y adolescentes menores de 14 años viven con el virus que provoca el SIDA, mientras que otros 1.500 tendrían VIH pero lo desconocen. El 92% de los casos de transmisión del virus es la vertical (de madre a hijo), mientras que un 6% fue infectado por una vía desconocida, y un 1% a través de transfusiones de sangre.
La flogger Agustina Vivero, conocida como Cumbio será la cara de la campaña organizada por FUNDAMIND, para prevenir la transmisión del VIH en niños y adolescentes.
La campaña cuyo slogan es "Por un mañana sin niños con VIH, usa preservativos hoy", comenzó ayer domingo -un día antes del 1º de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el SIDA - y se extenderá hasta el día 20 de diciembre. La acción prevé: intervenciones urbanas en las que se repartirán folletos de prevención, preservativos y se juntarán firmas para mejorar la atención de los niños y niñas con VIH.
Además de los folletos preventivos y de los afiches de vía pública, también se desplegará por la web, a través del sitio de FUNDAMIND, el fotolog de CUMBIO -el más visitado del país-, y la red social Facebook.
Según el Presidente de FUNDAMIND, Lic. Gerardo Mitre: "Con el petitorio convocaremos a la sociedad, para reclamar a las autoridades responsables que los programas y el apoyo ofrecido a la niñez vulnerable, alcance a todos los niños y niñas que los necesitan en las comunidades y hogares afectados por el vih/sida, y que es central fortalecer el papel de las familias y/o cuidadores brindándoles apoyo material y social".
Los datos de Unicef aseguran que cerca de 380 mil niños mueren al año por causas relacionadas con el VIH y hay otros 2,5 millones viviendo con el virus en todo el mundo, de los cuáles 2 millones habitan en África.
En toda América Latina, unos 44.300 chicos menores de 15 años tienen el VIH. Pero si bien las cifras son elevadas, en Argentina los casos de niños que nacen con el virus se redujeron un 75% en los últimos diez años. "Las campañas de difusión y la capacitación permanete son fundamentales para que la gente se informe, tome conciencia y se acerque a los centros de salud", dice el doctor Andrés Leibovich, ex subsecretario de Programas de Prevención y Promoción del Ministerio de Salud de la Nación. Después de dos décadas de campañas de prevención e información sobre el VIH-SIDA, una de cada tres personas desconoce algunas formas de contagio y más del 50% nunca se hizo un testeo, informó el Centro Latinoamericano Salud y Mujer. "A pesar de que cada día se conoce más sobre el VIH-SIDA y sobre el impacto que esta infección causa en la vida, las campañas de prevención y concientización no han logrado generar un verdadero cambio de actitud y autocuidado", afirmó la ginecóloga Karina Iza, miembro del Comité de Desarrollo del CELSAM. Por otra parte, casi la mitad de los adolescentes de entre 12 y 19 años que tienen el virus que provoca el SIDA abandona el tratamiento antirretroviral, según un estudio realizado en distintos hospitales porteños. Desconfianza Más del 20% de los afronorteamericanos creen que el VIH fue creado en un laboratorio por el gobierno de USA para restringir el crecimiento de la población negra, según estudios de la Universidad Estatal de Oregon. La gente que cree esa teoría también tiende a ser más escéptica respecto de los mensajes sobre salud del gobierno que afirman que los preservativos pueden detener la transmisión del sida. Estas revelaciones son escalofriantes, especialmente si se considera que a pesar de que los afronorteamericanos constituyen sólo el 12% de la población de USA son los que padecen casi la mitad de los casos de sida de esa nación. Existe un grupo minoritario de científicos y activistas surgido en la década del 80 que cuestiona la conexión entre el VIH y el sida, e incluso la misma existencia del virus. También ponen en tela de juicio la validez de los métodos de prueba actuales. Estos disidentes alegan que no son invitados a las conferencias sobre la enfermedad y que no reciben apoyo monetario para sus investigaciones. Miembros significados de este movimiento son el Profesor de Biología molecular y celular Peter Duesberg, el matemático Serge Lang, la Física médica Eleni Papadopulos-Eleopulos, el biólogo molecular Harvey Bialy, el químico experto en inhibidores de la proteasa David Rasnick y los Premios Nobel Kary Mullis (Química en 1993) y Walter Gilbert (Química 1980). Parte de estos científicos disidentes acusan a los científicos del sida ortodoxos de incompetencia científica y fraude deliberado. Según estos disidentes, los tratamientos aceptados oficialmente provocarían el sida. Según ellos, esta afirmación se ve respaldada por la farmacocinética de los medicamentos, y puede ser comprobada con una lectura cuidadosa de los prospectos. En este sentido, el Premio Nobel de Química de 1993, el doctor Kary B. Mullis, escribió en el prefacio al libro del Dr. Peter H. Duesberg "Inventing the AIDS virus" su desagradable experiencia al descubrir que no existen informes concluyentes que aseguren que el HIV cause el SIDA. "En 1988 trabajaba como consultor en Specialty Labs, en Santa Mónica, realizando análisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Sabía bastante de análisis de cualquier cosa con ácido nucleico, porque había inventado la Reacción en Cadena de la Poliomerasa (Polymerase Chain Reaction: PCR). Por eso me contrataron. Por otra parte, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) era algo de lo que no sabía demasiado. De este modo, cuando me encontré escribiendo un informe sobre nuestros progresos y objetivos para el proyecto patrocinado por los National Institutes of Health, me dí cuenta de que no conocía la referencia científica para apoyar la declaración que acaba de escribir: «El VIH es la probable causa del SIDA». Así que me volví al virólogo de la mesa de al lado, un tipo serio y competente, y le pregunté por esa referencia. Dijo que no necesitaba ninguna. Yo no estuve de acuerdo. Pese a que es verdad que ciertos descubrimientos o técnicas científicas están tan bien establecidas que sus fuentes ya no se aluden en la literatura contemporánea, ése no parecía ser el caso de la conexión VIH/SIDA. Para mí, era muy notable que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo -que sería seguro materia de Premio Nobel- no estaba en boca de nadie. Por supuesto, esta simple referencia debía estar en alguna parte ahí fuera. De lo contrario, decenas de miles de funcionarios y reconocidos científicos de diversas procedencias, que intentan aclarar las trágicas muertes de un considerable número de homosexuales y/o consumidores de drogas intravenosas de edades comprendidas entre los 25 y los 40 años, no habrían permitido que su investigación se limitase a una estrecha vía de estudio. No todo el mundo pescaría en la misma charca a menos que estuviese completamente verificado que el resto de charcas estaban vacías. Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo. Hice indagaciones con el ordenador, pero no encontré nada. Por supuesto, puedes perderte información importante con las búsquedas por ordenador sólo con no introducir las palabras clave concretas. Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. Esa es una de las cosas para las que sirven esos congresos en lugares lejanos con bonitas playas. Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos, Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando ví que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común. Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta. Así que se la planteé. Centers Disease Control (CDC).Con una mirada de perplejidad condescendiente, Montagnier dijo: «¿Por qué no cita el informe de los Centers for Disease Control (CDC, Centros para el Control de Enfermedades)?». Yo contesté: «No se refiere realmente al tema de si el VIH es o no la probable causa del SIDA, ¿O sí?». «No», admitió, sin duda preguntándose cuánto tardaría en marcharme. Buscó ayuda en el pequeño círculo de personas a su alrededor, pero todos estaban, como yo, esperando una respuesta más concluyente. «Por qué no cita el trabajo sobre el VIS (Virus de la Inmunodeficiencia Simia)?», ofreció el buen doctor. Luc Montagnier.«También he leído eso, doctor Montagnier», contesté. «Lo que les pasó a esos monos no me recuerda al SIDA. Además, ese informe fue publicado sólo hace un par de meses. Estoy buscando el informe original con el que alguien demostró que el VIH causa el SIDA». Esta vez, como respuesta, el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido. No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto. Tampoco hemos sido capaces de descubrir por qué los médicos recetan una droga tóxica llamada AZT (Zidovudina-Retrovir) a personas que no tienen otro mal que la presencia de anticuerpos al VIH en su cuerpo. De hecho, no podemos entender por qué ningún ser humano debería tomar esa droga cualquiera que fuese la razón que se adujese. Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura, y habiendo vivido ambos en Berkeley hemos visto algunas cosas muy extrañas. Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico. Digo esto bastante alto como advertencia. Duesberg lo ha estado diciendo durante mucho tiempo". Dudas sobre el origen del virus La teoría más aceptada por la comunidad científica internacional es la de que el VIH proviene del África subsahariana, de ahí pasó a Haití y luego a Norteamérica. Los primeros hombres o mujeres infectados se habrían contagiado a partir de animales portadores de virus muy similares genotípicamente -en su genoma o código genético- al de la variante de la enfermedad humana. Esta teoría aceptada por la mayoría de los médicos del primer mundo, tiene varios problemas, o "eslabones perdidos". Por un lado, hablamos de dos grandes subtipos del VIH, el 1 y el 2. El VIH-1 provendría de un contagio con el mono chimpancé, y el VIH-2 del mono mangabey. De ser cierto, sería asombroso que de acuerdo a un complejo cálculo de probabilidades, estas dos variantes se desarrollaran justo a finales del siglo XX simultáneamente, pues no existen reportes previos de esta enfermedad. Los científicos además admiten el misterio de que el virus no enferme a nuestros primos primates, pero sí a los humanos: "Otra razón para creer que el virus tuvo su origen en África es la de que en el continente se registra una mayor variedad de especies del VIH que en cualquier otra parte del mundo. La mayor diversidad genética de un organismo se da en su zona de origen, puesto que las especies que emigran de esa zona de origen representan sólo una parte del total, no más de uno o dos grupos. Es más, efectivamente, los chimpancés viven en la región del África Central en que se detectaron los primeros casos de SIDA. Por último, parece que los chimpancés no caen enfermos de su propia variante de VIS, lo que da a entender que ellos y sus virus han evolucionado en paralelo". Un problema cardinal es el cómo funciona la infección por el VIH en realidad. Ambos subtipos poseen una serie de proteínas de superficie en su envoltura externa -las glicoproteínas gp120 y gp41, entre otras-, y mediante las cuales se acoplan y penetran las células que infectan. Estas proteínas actúan -entre otros- sobre los receptores de unas células de defensa humanas, los linfocitos T CD4. El CD4 es un receptor que caracteriza a éstas células dedicadas a dirigir la respuesta inmune contra microorganismos y partículas que reconocen como extrañas. Les dan la orden a otros linfocitos T (CD8) de matar células infectadas (respuesta celular), y a los linfocitos B les ordenan crear anticuerpos contra el patógeno (respuesta humoral). Al infectar al "general supremo del comando de la inmunidad", el virus no sólo puede aplacar la respuesta inmune contra sí mismo, sino que además utiliza estas células de defensa como reservorio. Es decir, ahí se esconden algunas copias del virus y se replican sin ser detectadas. Es un virus muy sofisticado. La mayoría de virus sí son detectados, y la respuesta de anticuerpos diezma el virus, pero no todo de él, como ya decía. Por eso las pruebas estándar para diagnosticar el VIH son exámenes que buscan anticuerpos contra el virus, como la prueba de Elisa-VIH. Si se da un positivo en esta primera prueba, se pasa al Western Blot-VIH, que detecta anticuerpos humanos dirigidos contra las glicoproteínas virales, precisamente. La acción selectiva sobre estos receptores celulares humanos, es lo que en principio diferencia al VIH de las variantes virales de de los simios "bajo sospecha". En otras palabras, nunca se ha encontrado el VIH humano de cualquier tipo en un simio cualquiera de la naturaleza. Se han hallado virus parecidos desde el punto de vista fenotípico y genotípico. No idénticos, a no ser que se trate de animales de experimentación, inoculados artificialmente con el virus por científicos y/o médicos. De ahí que sería necesario que, una vez contraído el virus por un ser humano, mutara. Pero más complicado aún: la vía de transmisión es sexual y/o mediante el intercambio de flujos sanguíneos. Y hablamos de dos virus que evolucionaron por aparte, al mismo tiempo, y fueron transmitidos al hombre por diferentes especies animales. Por otra parte las campañas a favor de la no discriminación de los pacientes con VIH/SIDA, siempre han sido enfáticas en que acciones como un beso, o el contacto físico de tipo no sexual son inocuos, y no constituyen factor de riesgo de ser contagiado, porque es necesario un contacto del virus con la sangre humana. Más aún, el virus causante del SIDA es específico a cada especie, lo que de acuerdo a los expertos en microbiología es una característica indiscutible de los retrovirus, la familia a la que pertenece este virus: "El virus de inmunodeficiencia de los simios (VIS) que se ha logrado aislar de los monos es especie-específico: en la naturaleza ningún retrovirus de un simio podría infectar a un humano [o viceversa], de hecho ni siquiera podría infectar a otras especies de monos, y además no existe un reservorio para el virus en los monos. Experimentalmente se ha logrado infectar a los chimpancés con el VIH, pero no han desarrollado SIDA". Cuando se habla del origen artificial del VIH, casi siempre se piensa en algún científico loco e inescrupuloso norteamericano. De pronto ello se deba a tanta película que hay por ahí, de allí mismo. ¿Por qué no puede ser de cualquier otro país industrializado? En YouTube por ejemplo hay un video muy popular, según el cual el VIH podría haberse producido en un laboratorio productor de vacunas contra la polio. Pero no todo son especulaciones. Hace un año la cadena norteamericana de TV NBC transmitió una noticia según la cual la farmacéutica y multinacional BAYER supuestamente retiró del mercado un lote de medicamentos por contener el virus del VIH. Según esta noticia miles de personas habrían contraído el virus artificialmente. De manera que más allá de la discusión sobre su origen filogenético, es posible contraer el virus de fuentes insospechadas, de ser cierta esta noticia. También existe una teoría según la cual el virus fue introducido en las vacunas supuestamente destinadas a prevenir el virus de la hepatitis B en África precisamente, junto a otras enfermedades tanto o más temibles como el virus del ébola. De ahí que los primeros casos provinieran de allí. Esta teoría es muy popular no sólo en África, sino entre la población hispana y afroamericana de los Estados Unidos, más allá de su asidero científico. Un estudio sociológico del gobierno norteamericano, efectuado mediante encuestas puerta a puerta en California y al azar, entre todas las etnias y barrios, encontró que el 27% de los afroamericanos creen que el VIH fue creado por el gobierno federal para exterminar la raza negra.
En toda América Latina, unos 44.300 chicos menores de 15 años tienen el VIH. Pero si bien las cifras son elevadas, en Argentina los casos de niños que nacen con el virus se redujeron un 75% en los últimos diez años. "Las campañas de difusión y la capacitación permanete son fundamentales para que la gente se informe, tome conciencia y se acerque a los centros de salud", dice el doctor Andrés Leibovich, ex subsecretario de Programas de Prevención y Promoción del Ministerio de Salud de la Nación. Después de dos décadas de campañas de prevención e información sobre el VIH-SIDA, una de cada tres personas desconoce algunas formas de contagio y más del 50% nunca se hizo un testeo, informó el Centro Latinoamericano Salud y Mujer. "A pesar de que cada día se conoce más sobre el VIH-SIDA y sobre el impacto que esta infección causa en la vida, las campañas de prevención y concientización no han logrado generar un verdadero cambio de actitud y autocuidado", afirmó la ginecóloga Karina Iza, miembro del Comité de Desarrollo del CELSAM. Por otra parte, casi la mitad de los adolescentes de entre 12 y 19 años que tienen el virus que provoca el SIDA abandona el tratamiento antirretroviral, según un estudio realizado en distintos hospitales porteños. Desconfianza Más del 20% de los afronorteamericanos creen que el VIH fue creado en un laboratorio por el gobierno de USA para restringir el crecimiento de la población negra, según estudios de la Universidad Estatal de Oregon. La gente que cree esa teoría también tiende a ser más escéptica respecto de los mensajes sobre salud del gobierno que afirman que los preservativos pueden detener la transmisión del sida. Estas revelaciones son escalofriantes, especialmente si se considera que a pesar de que los afronorteamericanos constituyen sólo el 12% de la población de USA son los que padecen casi la mitad de los casos de sida de esa nación. Existe un grupo minoritario de científicos y activistas surgido en la década del 80 que cuestiona la conexión entre el VIH y el sida, e incluso la misma existencia del virus. También ponen en tela de juicio la validez de los métodos de prueba actuales. Estos disidentes alegan que no son invitados a las conferencias sobre la enfermedad y que no reciben apoyo monetario para sus investigaciones. Miembros significados de este movimiento son el Profesor de Biología molecular y celular Peter Duesberg, el matemático Serge Lang, la Física médica Eleni Papadopulos-Eleopulos, el biólogo molecular Harvey Bialy, el químico experto en inhibidores de la proteasa David Rasnick y los Premios Nobel Kary Mullis (Química en 1993) y Walter Gilbert (Química 1980). Parte de estos científicos disidentes acusan a los científicos del sida ortodoxos de incompetencia científica y fraude deliberado. Según estos disidentes, los tratamientos aceptados oficialmente provocarían el sida. Según ellos, esta afirmación se ve respaldada por la farmacocinética de los medicamentos, y puede ser comprobada con una lectura cuidadosa de los prospectos. En este sentido, el Premio Nobel de Química de 1993, el doctor Kary B. Mullis, escribió en el prefacio al libro del Dr. Peter H. Duesberg "Inventing the AIDS virus" su desagradable experiencia al descubrir que no existen informes concluyentes que aseguren que el HIV cause el SIDA. "En 1988 trabajaba como consultor en Specialty Labs, en Santa Mónica, realizando análisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Sabía bastante de análisis de cualquier cosa con ácido nucleico, porque había inventado la Reacción en Cadena de la Poliomerasa (Polymerase Chain Reaction: PCR). Por eso me contrataron. Por otra parte, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) era algo de lo que no sabía demasiado. De este modo, cuando me encontré escribiendo un informe sobre nuestros progresos y objetivos para el proyecto patrocinado por los National Institutes of Health, me dí cuenta de que no conocía la referencia científica para apoyar la declaración que acaba de escribir: «El VIH es la probable causa del SIDA». Así que me volví al virólogo de la mesa de al lado, un tipo serio y competente, y le pregunté por esa referencia. Dijo que no necesitaba ninguna. Yo no estuve de acuerdo. Pese a que es verdad que ciertos descubrimientos o técnicas científicas están tan bien establecidas que sus fuentes ya no se aluden en la literatura contemporánea, ése no parecía ser el caso de la conexión VIH/SIDA. Para mí, era muy notable que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo -que sería seguro materia de Premio Nobel- no estaba en boca de nadie. Por supuesto, esta simple referencia debía estar en alguna parte ahí fuera. De lo contrario, decenas de miles de funcionarios y reconocidos científicos de diversas procedencias, que intentan aclarar las trágicas muertes de un considerable número de homosexuales y/o consumidores de drogas intravenosas de edades comprendidas entre los 25 y los 40 años, no habrían permitido que su investigación se limitase a una estrecha vía de estudio. No todo el mundo pescaría en la misma charca a menos que estuviese completamente verificado que el resto de charcas estaban vacías. Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo. Hice indagaciones con el ordenador, pero no encontré nada. Por supuesto, puedes perderte información importante con las búsquedas por ordenador sólo con no introducir las palabras clave concretas. Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. Esa es una de las cosas para las que sirven esos congresos en lugares lejanos con bonitas playas. Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos, Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando ví que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común. Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta. Así que se la planteé. Centers Disease Control (CDC).Con una mirada de perplejidad condescendiente, Montagnier dijo: «¿Por qué no cita el informe de los Centers for Disease Control (CDC, Centros para el Control de Enfermedades)?». Yo contesté: «No se refiere realmente al tema de si el VIH es o no la probable causa del SIDA, ¿O sí?». «No», admitió, sin duda preguntándose cuánto tardaría en marcharme. Buscó ayuda en el pequeño círculo de personas a su alrededor, pero todos estaban, como yo, esperando una respuesta más concluyente. «Por qué no cita el trabajo sobre el VIS (Virus de la Inmunodeficiencia Simia)?», ofreció el buen doctor. Luc Montagnier.«También he leído eso, doctor Montagnier», contesté. «Lo que les pasó a esos monos no me recuerda al SIDA. Además, ese informe fue publicado sólo hace un par de meses. Estoy buscando el informe original con el que alguien demostró que el VIH causa el SIDA». Esta vez, como respuesta, el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido. No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto. Tampoco hemos sido capaces de descubrir por qué los médicos recetan una droga tóxica llamada AZT (Zidovudina-Retrovir) a personas que no tienen otro mal que la presencia de anticuerpos al VIH en su cuerpo. De hecho, no podemos entender por qué ningún ser humano debería tomar esa droga cualquiera que fuese la razón que se adujese. Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura, y habiendo vivido ambos en Berkeley hemos visto algunas cosas muy extrañas. Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico. Digo esto bastante alto como advertencia. Duesberg lo ha estado diciendo durante mucho tiempo". Dudas sobre el origen del virus La teoría más aceptada por la comunidad científica internacional es la de que el VIH proviene del África subsahariana, de ahí pasó a Haití y luego a Norteamérica. Los primeros hombres o mujeres infectados se habrían contagiado a partir de animales portadores de virus muy similares genotípicamente -en su genoma o código genético- al de la variante de la enfermedad humana. Esta teoría aceptada por la mayoría de los médicos del primer mundo, tiene varios problemas, o "eslabones perdidos". Por un lado, hablamos de dos grandes subtipos del VIH, el 1 y el 2. El VIH-1 provendría de un contagio con el mono chimpancé, y el VIH-2 del mono mangabey. De ser cierto, sería asombroso que de acuerdo a un complejo cálculo de probabilidades, estas dos variantes se desarrollaran justo a finales del siglo XX simultáneamente, pues no existen reportes previos de esta enfermedad. Los científicos además admiten el misterio de que el virus no enferme a nuestros primos primates, pero sí a los humanos: "Otra razón para creer que el virus tuvo su origen en África es la de que en el continente se registra una mayor variedad de especies del VIH que en cualquier otra parte del mundo. La mayor diversidad genética de un organismo se da en su zona de origen, puesto que las especies que emigran de esa zona de origen representan sólo una parte del total, no más de uno o dos grupos. Es más, efectivamente, los chimpancés viven en la región del África Central en que se detectaron los primeros casos de SIDA. Por último, parece que los chimpancés no caen enfermos de su propia variante de VIS, lo que da a entender que ellos y sus virus han evolucionado en paralelo". Un problema cardinal es el cómo funciona la infección por el VIH en realidad. Ambos subtipos poseen una serie de proteínas de superficie en su envoltura externa -las glicoproteínas gp120 y gp41, entre otras-, y mediante las cuales se acoplan y penetran las células que infectan. Estas proteínas actúan -entre otros- sobre los receptores de unas células de defensa humanas, los linfocitos T CD4. El CD4 es un receptor que caracteriza a éstas células dedicadas a dirigir la respuesta inmune contra microorganismos y partículas que reconocen como extrañas. Les dan la orden a otros linfocitos T (CD8) de matar células infectadas (respuesta celular), y a los linfocitos B les ordenan crear anticuerpos contra el patógeno (respuesta humoral). Al infectar al "general supremo del comando de la inmunidad", el virus no sólo puede aplacar la respuesta inmune contra sí mismo, sino que además utiliza estas células de defensa como reservorio. Es decir, ahí se esconden algunas copias del virus y se replican sin ser detectadas. Es un virus muy sofisticado. La mayoría de virus sí son detectados, y la respuesta de anticuerpos diezma el virus, pero no todo de él, como ya decía. Por eso las pruebas estándar para diagnosticar el VIH son exámenes que buscan anticuerpos contra el virus, como la prueba de Elisa-VIH. Si se da un positivo en esta primera prueba, se pasa al Western Blot-VIH, que detecta anticuerpos humanos dirigidos contra las glicoproteínas virales, precisamente. La acción selectiva sobre estos receptores celulares humanos, es lo que en principio diferencia al VIH de las variantes virales de de los simios "bajo sospecha". En otras palabras, nunca se ha encontrado el VIH humano de cualquier tipo en un simio cualquiera de la naturaleza. Se han hallado virus parecidos desde el punto de vista fenotípico y genotípico. No idénticos, a no ser que se trate de animales de experimentación, inoculados artificialmente con el virus por científicos y/o médicos. De ahí que sería necesario que, una vez contraído el virus por un ser humano, mutara. Pero más complicado aún: la vía de transmisión es sexual y/o mediante el intercambio de flujos sanguíneos. Y hablamos de dos virus que evolucionaron por aparte, al mismo tiempo, y fueron transmitidos al hombre por diferentes especies animales. Por otra parte las campañas a favor de la no discriminación de los pacientes con VIH/SIDA, siempre han sido enfáticas en que acciones como un beso, o el contacto físico de tipo no sexual son inocuos, y no constituyen factor de riesgo de ser contagiado, porque es necesario un contacto del virus con la sangre humana. Más aún, el virus causante del SIDA es específico a cada especie, lo que de acuerdo a los expertos en microbiología es una característica indiscutible de los retrovirus, la familia a la que pertenece este virus: "El virus de inmunodeficiencia de los simios (VIS) que se ha logrado aislar de los monos es especie-específico: en la naturaleza ningún retrovirus de un simio podría infectar a un humano [o viceversa], de hecho ni siquiera podría infectar a otras especies de monos, y además no existe un reservorio para el virus en los monos. Experimentalmente se ha logrado infectar a los chimpancés con el VIH, pero no han desarrollado SIDA". Cuando se habla del origen artificial del VIH, casi siempre se piensa en algún científico loco e inescrupuloso norteamericano. De pronto ello se deba a tanta película que hay por ahí, de allí mismo. ¿Por qué no puede ser de cualquier otro país industrializado? En YouTube por ejemplo hay un video muy popular, según el cual el VIH podría haberse producido en un laboratorio productor de vacunas contra la polio. Pero no todo son especulaciones. Hace un año la cadena norteamericana de TV NBC transmitió una noticia según la cual la farmacéutica y multinacional BAYER supuestamente retiró del mercado un lote de medicamentos por contener el virus del VIH. Según esta noticia miles de personas habrían contraído el virus artificialmente. De manera que más allá de la discusión sobre su origen filogenético, es posible contraer el virus de fuentes insospechadas, de ser cierta esta noticia. También existe una teoría según la cual el virus fue introducido en las vacunas supuestamente destinadas a prevenir el virus de la hepatitis B en África precisamente, junto a otras enfermedades tanto o más temibles como el virus del ébola. De ahí que los primeros casos provinieran de allí. Esta teoría es muy popular no sólo en África, sino entre la población hispana y afroamericana de los Estados Unidos, más allá de su asidero científico. Un estudio sociológico del gobierno norteamericano, efectuado mediante encuestas puerta a puerta en California y al azar, entre todas las etnias y barrios, encontró que el 27% de los afroamericanos creen que el VIH fue creado por el gobierno federal para exterminar la raza negra.









