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Basta de perfumes y desodorantes: El olor de los cuerpos ajenos tiene fuertes poderes afrodisíacos

Aunque no lo parezca, la nariz es uno de nuestros órganos sexuales más importantes. Los efectos que el olor de los cuerpos ajenos provoca en nuestros cuerpos son irreprimibles y automáticos, y son capaces de generar una fuerte excitación. Aquí, algunos datos que pueden servir para mejorar tu vida sexual.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) La importancia sexual del olfato está devaluada en la civilización moderna, donde los olores han sido sepultados por la cosmética y han perdido su poder en beneficio de la vista y el tacto, especialmente.

Pero los efectos que el olor de los cuerpos ajenos provoca en nuestros cuerpos son irreprimibles y automáticos. Podemos taparnos los ojos, pero no dejar de oler y el efecto de lo esnifado va directamente al cerebro, al  corazón... y a la entrepierna.

Según el portal ADN, las feromonas son sustancias químicas que el cuerpo despide para atraer sexualmente a miembros de su especie. No hay que confundirlas con el olor "normal" (que afecta al sistema nervioso, sistema límbico y amígdalas), porque las feromonas actúan sobre el bulbo olfatorio secundario, el órgano vomeronasal, la amígdala y el hipotálamo.

La reina de las feromonas es la "copulina", una feromona secretada por las mujeres durante la ovulación que, al parecer, vuelve locos a los hombres, disparando sus niveles de testosterona. La "copulina" fue descubierta por la científica vienesa Astrid Jutte.

El flujo de copulina y de otras feromonas se produce, sobre todo, durante el ritual olfativo fundamental para ambos sexos: los dos besos. En este acto tan cotidiano, se intercambia gran cantidad de información genética: desde ese momento, nuestro instinto y el de la persona que hemos besado saben el grado de histocompatibilidad que existe, es decir, si los sistemas inmunológicos son compatibles para engendrar hijos sanos y longevos.

El ofateo como forma de intercambio de información se remonta a la Edad Media, en la que no existía el beso "boca a boca" pero sí el beso "de nariz", que consistía en juntar la nariz y la boca con la mejilla de la persona amada para inspirar profundamente su aroma. La tradición del beso nasal se conserva en ciertos pueblos chinos y neozelandeses.

Los amantes indios y malayos, por su parte, se abrazan inspirándose profundamente unos a otros, y en Mongolia el saludo esencial al encontrarse y despedirse no es el beso, sino olerse. Más lejos aún llegan ciertas tribus guineanas y australianas, que consideran oler el sudor ajeno, recogiéndolo de la axila y frotándoselo por el pecho, como un rito de amistad. # Olores que excitan

Un estudio realizado en la Universidad de Berna (Suiza) pidió a las estudiantes femeninas que olieran camisetas sudadas por hombres y las clasificaran por lo placentero de sus olores. El resultado fue que las mujeres encontraron más excitante el olor de hombres con un código de feromonas distinto al suyo, menos las que tomaban la píldora, que preferían el olor de feromonas del mismo tipo que el suyo.

En este sentido, es interesante la reciente tesis elaborada por la doctora Ingelore Ebberfeld, de la Universidad de Bremen (Alemania), en la que casi el 50% de los entrevistados reconocieron sentirse excitados por el olor de sus parejas, aunque sólo una minoría de fetichistas (8% masculinos y 5% femeninos) reconocieron oler las prendas íntimas de sus amantes para ponerse a tono.

En cuanto a los olores que más excitan a ambos sexos, el 48,4% afirmó calentarse con el olor corporal sin perfumes, frente a un 45,8% que prefiere la mezcla del aroma natural mezclado con alguna fragancia sintética. Tal vez por eso, las grandes marcas de cosmética han cargado con feromonas artificiales algunos de sus mejores perfumes: ahí están Cocó Mademoisele de Chanel, Poison de Yves Saint Lauren o CK One de Calvin Klein que, al parecer, vuelven locos a los hombres que las olfatean.

Como dice la fisióloga Norma McCoy, de la Universidad de San Francisco, "la fórmula de feromonas sintéticas, aplicada de manera tópica, aumenta el atractivo femenino ante los hombres. La mujer que exuda estas sustancias es, aparentemente y en el plano carnal, mucho más atractiva y, por consiguiente, los varones están más dispuestos a tener relaciones con ella". Claro que esto no algo nuevo: los egipcios ya fabricaban perfumes afrodisíacos con sudor de hombres "vigorosos".

Pero, por más que se esfuercen, las firmas de cosmética tienen la batalla perdida con la naturaleza. Porque, más que una ayuda, cremitas, desodorantes, perfumes, geles y jabones son todo un obstáculo para el intercambio de información sexual olfativa.

La pituitaria humana prefiere disfrutar del olor corporal sin trampa ni cartón, hasta el punto que, según la encuesta de Ebberfeld, el 23,1% de las personas se excita con el olor de las axilas, el 21,3% con el aroma del pecho, el 16% con el aliento y el 31,9% con los efluvios del pene y el 43,4% con los de la vagina.

Por otra parte, el perfume post coitum excita sólo a las mujeres que, en un 26%, reconocen sentirse muy excitadas con la mezcla de aromas que caracteriza la consumación de un acto sexual. El 8,8% opta por otros olores corporales, entre los que destacaría, el de los pies.

En cuanto a los gays y las lesbianas, según estudios de Charles Wysocki y Yolanda Martins, del Centro Monell de Sentidos de Filadelfia (Pensilvania), poseen una percepción muy distinta de los olores ajenos. Mientras las lesbianas reaccionan ante las feromonas masculinas y femeninas de forma más parecida a los varones heteros, los gays se sienten más atraídos por el perfume de mujeres y hombres heterosexuales que por aquellos de su propia opción sexual.  

Así, y aunque no lo parezca, la nariz es uno de nuestros órganos sexuales más importantes.

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