CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (Idea) hubiese ambicionado una visita de los ministros Amado Boudou y Julio De Vido, y un cierre con Cristina de Kirchner o Aníbal Fernández. Pero otra vez su ambición resultó desmentida por la realidad. Ellos -aún con récord de patrocinantes- están condenados a que al kirchnerismo no le place Idea, y cuando Enrique Pescarmona lo intentó modificar, fracasó. Por eso ahora lo invitaron a Cristóbal López, un empresario muy interesado en abandonar cierta marginalidad patagónica para obtener el reconocimiento de sus pares.
Lo interesante es que en esta edición del Coloquio fue más notable que en otras oportunidades el debate en la comunidad empresarial acerca del kirchnerismo, el poskirchnerismo y el antikirchnerismo.
El kirchnerismo hace negocios con el Estado, de altísima tasa de rentabilidad, aunque es incapaz de promover un flujo inversor imprescindible. Pero tiene presencia, en especial en la cada vez más prebendaria Unión Industrial Argentina, la Confederación General Económica de estos tiempos, aunque carece de un José Ber Gelbard. De todos modos, tiene presencia en gente que fundamenta su oficialismo en nombre de la moderación y el recato.
El poskirchnerismo se ilusiona pero no tiene líderes natos apuntando a 2011. Por lo tanto, continúa orejeando los naipes. Tuvo mucha actividad en Idea, aunque no resultó concluyente-
El antikirchnerismo usualmente se expresa o en el closet o en la mesa de café para 2, como máximo 3 sillas. Pero existe, y fue más evidente que en otras ocasiones. Hay un evidente temor por un modelo populismo demagógico que es obvio que marcha hacia ninguna parte, en cuanto a inserción de la economía argentina en el mundo, y que apunta a trabar el egreso de capitales: ¿para qué hacer dinero si luego no se lo puede llevar a un lugar más seguro?
Urgente24 eligió 3 crónicas, bien diferentes, sobre los empresarios y los Kirchner. Una, de Roberto García, en el bisemanario Diario Perfil; otra de Diego Dillenberger, en el Update de la revista Imagen; y la de Fernán Saguier en La Nación, fascinado con el peruano Alejandro Toledo (¿lo incorporará al directorio?).
(Pregunta sin respuesta, probablemente Claudio Chiaruttini se inspire en las próximas horas: ¿qué se dijo acerca de Grupo Clarín en el Coloquio, y de los hábitos disciplinadores de los Kirchner?).
Roberto García en Perfil, con el título 'Hombres de transición':
"Preferencial e inminente se vislumbra la fotografía que retrate una renovación de los votos amorosos entre la Presidenta y un sector conspicuo de empresarios argentinos. Por supuesto, también estará Él, aunque no aparezca en la instantánea, como si fuera un Espiritu Santo o un fantasma ante el espejo. Viejos afectos redimidos entre las partes, entonces, promesas de concordia y estabilidad para lo que resta del mandato de Cristina de Kirchner, quizás expresado inclusive en una solicitada con sugerente despliegue. Y, además, declaraciones ad-hoc de los protagonistas en la TV pública, esos mismos que rechazan casi siempre cualquier parlamento en un film de menor cuantía periodística. Ahora es distinto: un país para todos, podría ser el eslogan.
El acto, además, permite superar cierta crisis entre las partes surgida antes y conservada luego de las elecciones, producto de expresiones críticas que objetaban políticas centralizadas, contradicciones kirchneristas o mentiras como el INDEC.
Tal vez, esa reunión no sólo le interesa al Gobierno, del lado patronal implica una toma de conciencia –tardía, aún cuando son los primeros en hacerlo en todo el país– sobre los comicios de junio, fecha en que ganó la oposición numéricamente, tanto que Francisco de Narváez –se sabrá a mediados del mes próximo– hasta habría vencido por unos 70 mil votos más de lo que reveló el escrutinio original de la provincia de Buenos Aires (y a pesar de que en un centenar de mesas en José C. Paz, por ejemplo, no registró ni un solo sufragio a su favor y, por supuesto, desaparecieron las actas).
El oficialismo, sin embargo, se apropió políticamente del premio, el cheque benefactor, quizás los honores. Y, si le da más tiempo la oposición, hasta es capaz de borrar el resultado por razones de elegancia, cambiar las cifras, la historia. Metáfora sobre lo cuantitativo y lo cualitativo, Marx básico o Adam Smith si lo desean, por si alguien con tiempo de sobra se adentra en esas lecturas.
Persigue la Casa Rosada una cordialidad que extraña del sector empresario y éste, a su vez, lamenta no recorrer como antaño esa vivienda codiciada, cuya alfombra roja tiene el magnetismo del aroma de los dólares recién imprimidos (¿es curioso que no haya un perfume con esa fragancia seductora?). Supone este inicial acercamiento de las grandes cámaras (o de quienes en ellas reinan) no sólo un compromiso de tolerancia con el poder (algunos podrán confundir ese término con sumisión), olvidos pasajeros por agravios que nunca perecen, mientras esa temporal pérdida de memoria también impone una distancia: nadie imagine al titular de Shell, Juan José Aranguren, en esta armada del sector privado, tampoco a Héctor Magnetto por supuesto, ni siquiera a otros menos connotados que exhiben el estigma de la última batalla.
Hasta el cronista se evade de otros líderes: Hugo Biolcati por ejemplo, ninguneado hasta en la reunión de Idea en Mar del Plata, esta semana, cuando en la primera jornada ni se mencionó la palabra 'campo', a pesar de que todos admiten que la recuperación del PBI, el año próximo, deberá agradecerse a una espléndida cosecha de soja. Los apartados por la nueva iniciativa pueden denunciar discriminación en el INADI, por el momento la única alternativa de queja. Aunque, generosos, los Kirchner más adelante quizás concedan un waiver para determinadas habilitaciones, la gracia que de reojo al menos los observe la Presidenta. Nunca esa posibilidad para Aranguren por razones de conciencia (de él, naturalmente); sí quizás para el golpeado multimedio que hoy se desconcierta por lo que pierde y, lo peor, lo que imagina que todavía podrá perder (empieza el tratamiento legislativo contra la fusión del cable, temen por Papel Prensa, incluyen en las pesadillas alguna acción sobre bancos vinculados).
Hombres de esta transición son los Sebastián Eskenazi por la energía, Jorge Brito por los bancos, Luis Betnaza por la UIA, los Cirigliano por el transporte, Alejandro McFarlane por los servicios públicos, algunos caballos de Troya, otros estratégicos emprendedores; en su mayoría presentes desde hace 15 días en almuerzos prolongados y copiosos, intérpretes de un pensamiento moderado, contemporizador, voluntariosos, en suma, de la negociación y no de la confrontación. Palabras que expresan una línea de razonamiento explicativo: si en la 2da. Guerra no hubiera prevalecido la contumacia bélica de Winston Churchill en lugar de una diplomacia de trueque y statu quo, quizás Gran Bretaña hubiese emergido como una potencia, no como un satélite de USA y la URSS. Cierto, aunque debe evaluarse en esta imagen contrafáctica la eventualidad también de que Hitler tal vez no hubiera perdido la contienda. Esta posición pacifista invita a nuevas adhesiones del mundo empresario: sólo con tocar el timbre (desde la construcción, por ejemplo, con Tristán e Isolda incluidos), habrá dirigentes que saltarán del trampolín.
Este giro empresario de los últimos días se explica, según sus tutores, por cierta madurez oficial para enfrentar problemas financieros (acuerdo con los holdouts, coqueteos ciertos con el FMI y el Club de París), lo que alimenta expectativas de prósperos negocios y mejora de los índices de crecimiento. Van de la mano, comentan, con instrucciones que expresan Julio De Vido y, en un rango superior, Aníbal Fernández, quienes se columpian por orden y humor de Olivos como posibles killers si es necesario o como mensajeros del amor tibetano. A la iniciativa igual le cuesta lograr unanimidad: protestan quienes se sienten desplazados al no participar en los almuerzos y no recibir influyentes llamados telefónicos como sus colegas, lo que los obliga a descreer del abrupto raciocinio gubernamental y que por lo bajo ahora rechazan los controles de la economía, el arbitrio sobre haciendas ajenas, atentos a que el sopapo oficial reaparece en algún momento.
También, claro, en esa nueva interna empresaria se advierten cuestiones de liderazgo o de consensos que no se respetan, la envidia quizás de que sólo unos pocos acceden a esos secretarios de Cristina con pasmosos patrimonios, puentes para una transitoria sensación de poder. Se quejan de que esos obedientes –es de mal gusto hacer nombres– responden casi militarmente a lo que dicta Néstor desde Olivos y que no entienden la parábola de ese hombre que nunca parece feliz, aún cuando sea rico, le viva la madre (a quien pocos conocen), los hijos no tengan grandes problemas y él, desde la insignificancia provincial, haya sido mandatario, le trasladó luego a su esposa ese cargo y se las compone para intentar volver a ser elegido dentro de dos años.
Con sordina, agregan inquietos, el Gobierno –en esta ocasión bajo la cobertura del Banco Central– avanza para capturar más impuestos pesquisando ahorristas, suprimiendo instituciones bancarias del exterior y blandiendo, como corresponde a la moda, la santa y presunta bendición del G-20 para promover controles y vetos a los paraísos fiscales, al dinero negro elusivo, al de la droga y el terrorismo; esa excusa casi graciosa que los países utilizan para explicar la última y bastante veloz crisis financiera en el mundo, apartándose de la responsabilidad que les corresponde. En verdad, justificaciones de todos los gobiernos para ver cómo resuelven el problema del gasto excesivo.
La comunicación del BCRA, la 4.981, se prodiga en límites y exigencias a las representaciones financieras, caudal tan engorroso que se vuelca en una sola cabeza, en una persona física, la que obviamente no puede satisfacer desde la dirección de una oficina, al revés de lo que sí satisface el resto de los bancos convencionales con abundante personal.
Por lo tanto, aunque este sistema restrictivo empezará a operar en marzo del año próximo, ya comenzaron las partidas institucionales, casi todos hacia el Uruguay (a la zona franca) o a Chile. Se habla, por ejemplo, de que el Lloyds de banca privada –habrá que recordar su instalación desde la época de Juan Manuel de Rosas– y el Deutsche hacen las valijas, también el Wells Fargo, dos de los principales bancos suizos han jibarizado su personal con el mismo objetivo.
El despegue parece absoluto, ya que este movimiento al exilio implica otra multitud de representaciones sin demasiada difusión, con la vocación menguada para financiar exportaciones o prestar dinero (ya que no sólo se dedican a facilitarles las inversiones a quienes ahorran en negro o en blanco). Difícilmente parte de este negocio pase a los bancos locales, ya que a ellos también se les dificultará la operatoria en lugares como Cayman.
¿Significa que no habrá más fuga de dólares al exterior, que aquellas ganancias no declaradas se guardarán en colchones? Podrá ser más complicada la exportación de dinero, pero el negocio abundará en la multiplicación de cuevas y, sobre todo, como el circuito de salida está en manos de las casas de cambio más que en los bancos, ese proceso no se discontinua.
A menos, claro, que también surjan novedades para el funcionamiento de estas empresas.
(...) Algunos informados discurrían en la Idea de Mar del Plata con estas novedades, mientras la mayoría –como si entendiera– se desayunaba con la reforma política o electoral antes de ir a jugar al golf, ansiosos sí por ver de cerca a Cristóbal López en su debut como sponsor kirchnerista y asistente al cónclave. ¿Será éste un signo del cambio del oficialismo, el tendido de cables con el sector empresario? Vaya uno a saber. Ni lo saben aquellos que, convencidos de un poder informativo, aseguran que antes del 25 de diciembre, el ocupadísimo juez Norberto Oyarbide –el único en apariencia que trabaja en el fuero federal, al menos al que le caen todas las nuevas causas y, por consiguiente, el entierro de otras– le determinará la falta de mérito al matrimonio Kirchner por la imputación de enriquecimiento ilícito. Como hicieron otros jueces, algunos hoy en cargos públicos, todos conocedores de que esas resoluciones no son finalmente cosa juzgada. (...)".
Diego Dillenberger en la revista Imagen, quien tiene una visión bastante diferente:
"Casi sin proponérselo, el 45. Coloquio de IDEA en Mar del Plata, terminó convirtiéndose en una actividad más crítica al gobierno argentino que lo planeado y es habitual en esas cumbres empresarias organizadas desde que reina el kirchnerismo con sumo cuidado diplomático para no enojar a las autoridades con críticas o planteos. Sin embargo, el propio peso de la realidad convirtió a esta edición del Coloquio en un acto crítico.
Por lo pronto el panel que más expectativas concitó fue la disertación del ex presidente peronista Eduardo Duhalde con el radical Rodolfo Terragno y su plan compartido de organizar una suerte de gran Pacto de la Moncloa, aunque más no sea entre políticos de la oposición a falta de diálogo por parte del gobierno.
La sola presencia de estos lideres opositores fue un mensaje crítico al gobierno, que contestó manteniendo la tradición de los últimos cinco coloquios: no enviando a ningún funcionario relevante. La viceministra de Trabajo, Noemí Rial, una profesional respetada en el mundo empresario, canceló su participación en un panel a último momento.
El viernes por la tarde incluso se convirtió en una suerte de festival opositor, con un panel de cierre que incluye a tres diputados estrella de la oposición: el radical Oscar Aguad, el coalicionista Adrián Pérez y Federico Pinedo, de PRO. La ausencia del oficialismo es otro mensaje confrontativo del gobierno. Pero la novedad es que las autoridades del Coloquio decidieran seguir adelante con los opositores que aceptaron la invitación.
Las únicas presencias vinculadas al oficialismo fue la salutación inicial y meramente protocolar del gobernador bonaerense, Daniel Scioli.
El tono crítico hacia el gobierno tuvo su previsible climax durante la exposición conjunta del presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, y el combativo presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti. Cuando el líder agrario dijo "el gobierno no es solo enemigo del campo, sino de todos los empresarios, ya que busca quedarse con todo y para siempre", la platea estalló en aplausos.
Y eso que el moderador de la charla, Guillermo 'Willy' Kohan había avisado previamente que, a pedido de las autoridades del Coloquio, lo mejor era no referirse directamente a este gobierno, sino hacerlo en los pasillos "porque igual ahí afuera están esperando los periodistas".
De todos modos, el gobierno pudo anotarse en ese panel uno de sus principales logros para el Coloquio: el tercer invitado era el presidente de la asociación de bancos ABA, Jorge Brito, que pegó el faltazo avisando un par de días antes.
La compensación vino por la sorpresa de que uno de los más conspicuos empresarios kirchneristas, Cristóbal López, se hizo presente en Mar del Plata, aunque más no sea para asegurar que los empresarios se quejan menos de lo que afirman los medios.
Lo más notable es que, a pesar de que los mensajes de los empresarios no encuentran oídos en el gobierno y de que más de un empresario considera los coloquios demasiado tibios para su gusto, los organizadores del Coloquio contabilizaron un nuevo récord en asistentes y auspiciantes."
Fernán Saguier en La Nación, con el título 'La Necesidad de creer que el país tiene un futuro':
"Hay desánimo. Hay apatía y malhumor. Se sigue hablando en voz baja, pero ya no sólo por temor a represalias, sino más bien por resignación. Se pronuncien públicamente o no, se hagan gestiones ante lo más alto del poder, se arme un buen foro de debate con invitados de fuste, la impresión es que nada cambiará.
El mundo empresario argentino está tan desilusionado como alerta, predispuesto al sobresalto como no se ha observado aquí en años. Es la mano de la política la que acecha, la arbitrariedad de un Estado listo para acabar de un zarpazo con el esfuerzo personal de años o de pulverizar el más impecable cuadro de resultados. Es un desánimo que va más allá del optimismo que los empresarios manifestaron en la encuesta de IDEA, publicada días atrás, por la recuperación económica del país, impulsada por el repunte de la economía internacional.
(...) ¿Qué pasa, entonces, para que los hombres de negocios exhiban tanta impotencia y frustración? ¿Qué pasa para que en pasillos e intervalos se escuche que "hay que hacer la plancha", no arriesgar, buscar oportunidades en otros lados y hasta "salvar el pellejo", como dijo a LA NACION el ex director de una de las grandes empresas de servicios públicos?
(...) Pasa, coinciden aquí, que en lo más alto hace rato se ha dejado de escuchar a quienes invierten y ponen en juego su capital. Por el contrario: se insiste en el ejercicio de un poder inflexible, absoluto, que configura un clima asfixiante y tóxico. Dejemos por un momento el Indec, el Consejo de la Magistratura y la maraña de regulaciones que ahogan al sector privado. Pongamos a un costado también el auspicioso regreso a los mercados internacionales o los anuncios de asistencia social de las últimas horas.
Lo que se dice aquí es que no hay ni habrá clima de negocios posible, esto es, nuevas inversiones, si el Gobierno no revisa por completo sus formas de convivencia democrática. "Hay que esperar hasta el 10 de diciembre a ver si cambia la cosa, porque ni la mejor de las medidas que anuncien los Kirchner será buena si siguen cortándose solos y dividiendo al país en dos", se resignó un industrial de primer nivel.
(...) Hubo en este encuentro cerca de 800 empresarios, ejecutivos, políticos y dirigentes sumamente preocupados por el curso que ofrece hoy la Argentina. Hubo un tema dominante que sobrevoló las tres jornadas y es la necesidad de que el conjunto de las fuerzas emprendan políticas de estado: acuerdos, diálogo, consenso, orden, reglas de juegos estables. (...)
John Edwards, ex asesor del gobierno australiano, alentó esa idea en otro panel. Explicó que el milagro económico de su país -18 años ininterrumpidos de crecimiento a un 4%- tuvo origen en dos sucesos clave: el agotamiento político provocado por una crisis de alta inflación y la certeza de los dos partidos mayoritarios de que las cosas tenían que cambiar. "El éxito viene del fracaso. En Australia un acuerdo político reconoció el fin del sistema anterior. Hay situaciones en las que la cuerda se rompe", dijo, como si estuviera leyendo las caras largas que lo rodeaban.
(...) El final lo dejamos para la figura descollante del Coloquio, que acaparó todos los comentarios y fue ovacionado de pie, sobre el filo de la medianoche de ayer.
Se trató de un diminuto profesor universitario de rasgos indígenas, uno más de 16 hermanos, que se definió a sí mismo como "un error estadístico" por provenir de la pobreza extrema y haberse graduado en Economía en la Universidad de Stanford, California. Presidente del Perú entre 2001 y 2006, Alejandro Toledo disertó con modos teatrales: silencios, guiños, emoción, deleitando a la platea como si fuera Alfredo Alcón. Cuarenta y cinco minutos sin que volara una mosca. Hasta las mujeres de los empresarios, poco propensas a atender la maratón de conferencias, aplaudieron a rabiar. (...)
Aunque aclaró que no hablaría de la Argentina, instantes después sus palabras iban a contradecirlo. "Señores: implementar políticas de Estado implica para los líderes tener el coraje de saber que uno no obtendrá el rédito de lo que pone en marcha", arrancó. "La legitimidad de una democracia -siguió- no nace sólo del voto, de las elecciones. No es suficiente ser elegido democráticamente, es más difícil gobernar democráticamente."
(...) Entonces fue por el premio mayor. Toledo se animó a abordar un tema que crece en la inquietud general: las amenazas a la libertad de expresión en la Argentina. El ex mandatario relató el fastidio que le significó el incesante escrutinio de los medios de comunicación durante su mandato (por acusaciones de corrupción que involucraron a familiares). Dijo que había sido injustamente tratado a lo largo de su gestión pero, tomó aire, hizo una larga pausa y sentenció: "Pero que algo les quede claro: se puede gobernar con o sin la prensa, pero nunca contra la prensa". El amplio salón del Sheraton se vino abajo. Tronaron gritos de "¡Bravo!" Los empresarios emiten sus mensajes de mil maneras. (...)".
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Coloquio de Idea: Los empresarios no ven la salida pero simulan que la siguen buscando
Volvió a suceder y ocurre desde hace 4 años: el Coloquio de Idea recibe a los dirigentes críticos de los Kirchner y nunca lo visita un enviado del Frente para la Victoria. En los 45 años de Coloquio casi siempre ocurrió lo contrario. Hace 5 años, fue el escenario de la presentación final de Roberto Lavagna, antes que Néstor lo despidiera. Hace 3 años, Enrique Pescarmona fracasó en su intento de reconvertir el Coloquio al kirchnerismo. En su versión 2009, el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, dijo que el Gobierno es "enemigo de todos los empresarios" y no sólo del campo. El jefe de la Unión Industrial, Héctor Méndez, opinó que "todos los sectores tienen que estar unidos para superar el clima difícil que está pasando", tras reclamar "una gran unidad" para "presentar un frente sólido". Pero en la UIA no hay unanimidad al respecto porque hay bastante kirchnerismo.
31 de octubre de 2009 - 09:46












