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EVO MORALES VS. JEANINE AÑEZ

MAS o no MAS: Bolivia y el camino a unas elecciones agitadas

Jue, 09/07/2020 - 4:16pm
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Elecciones en Bolivia en septiembre, y la Argentina observa con mucho interés porque la grieta boliviana tiene algunas formas de correlato en la grieta argentina. De hecho, Evo Morales permanece en la Argentina que comanda Alberto Fernández. ¿Tiene alguna vinculación que el Estado argentino haya incumplido la más reciente factura de gas que le compra a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, quien le pide ahora a Integración Energética Argentina (ex Enarsa), que le anticipe los pagos de julio? La elección en Bolivia trasciende a Bolivia. Aquí una completa descripción del período preelectoral.

Jeanine Añez y Evo Morales.
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El filósofo Rene Zavaleta definió a Bolivia como de “formación social abigarrada”. Una sociedad heterogénea, que es más bien como la existencia y superposición de sociedades, donde de forma desarticulada los diversos elementos tradicionales se fusionan con la modernidad. En este sentido, Bolivia representa un país con interesantes particularidades a la hora de evaluar su sistema político, la construcción del Estado y su relación con esta sociedad abigarrada. 

El Estado boliviano –en palabras del sociólogo Fernando Calderón- tiene dos caras que combinan precisamente a lo moderno y lo tradicional, la del “tecnócrata de cuello y corbata que toma whisky y habla inglés y la del policía o juez local de ojotas que masca coca y habla quichua”. 

Pero la debilidad estatal es abonada por una sucesión histórica de revoluciones y contrarrevoluciones constantes en el marco de una sociedad fuerte y movilizada -incluso desde la época pre independista- que alimentó no solo la formación de partidos políticos de la más variada orientación, sino también de comités cívicos, juntas vecinales, federaciones sindicales, movimientos indígenas y organizaciones campesinas. 

Estas tensiones y distensiones históricas, se evidencian una vez más en el actual panorama de crisis política mezclado con el colapso sanitario por el COVID-19. En este contexto, Jeanine Añez promulgó la ley de elecciones para el mes de septiembre de forma posterior a su aprobación por una asamblea legislativa –en sus propias palabras- “controlada por el MAS” (1) y luego de que su Ministro de Gobierno, Arturo Murillo, dijera que desde la misma se está gestando un golpe de Estado. (2) 

Lo cierto es que los futuros comicios podrían definir un nuevo ciclo de (contra)revolución frente al aun abierto y complejo panorama surgido luego del golpe de Estado al gobierno de Evo Morales, hoy con pedido de prisión preventiva acusado de terrorismo y luego de haber sido inhabilitada su candidatura a senador por el Tribunal Electoral.

Recordemos que luego de las elecciones del año pasado, las acusaciones de irregularidades y fraude impulsaron una fuerte movilización. Las declaraciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) y su informe preliminar del 10 de noviembre hablaron de contundentes hallazgos que desacreditaban los comicios presidenciales de Octubre. 

En los meses posteriores tanto Walter Mebane, de la Universidad de Michigan, considerado uno de los expertos de vanguardia a nivel mundial sobre fraudes electorales, como investigadores del MIT Election Data and Science Lab en un informe encargado por el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), desacreditarían lo formulado por la institución encabezada por Luis Almagro.

Sin embargo, la postura política adoptada por la OEA había agitado las aguas de forma combinada con el accionar desestabilizador planificado por ciertos actores tanto antes como después de las elecciones. Estas movilizaciones contaron con participación de la clase media urbana, la cual ya en buena medida había cuestionado la decisión de Morales de volver a postularse a pesar del plebiscito perdido en 2016 para reformar la constitución y habilitar un nuevo mandato. 

A esto se sumaría el acuartelamiento policial, la movilización de los comités cívicos encabezados por el de Santa Cruz con la intrusión al Palacio Quemado con Biblia en mano y finalmente la “sugerencia” de renuncia por parte de las Fuerzas Armadas a pesar del llamado a nuevas elecciones.  

No obstante, esta primera parte en la cual las Fuerzas Armadas actuaron más por omisión dio pasó posteriormente a la acción represiva e incluso a tener un rol casi tutelar del gobierno de Añez. 

Sin embargo, en centros urbanos como La Paz y Cochabamba ese despliegue militar y policial tuvo apoyo de algunos sectores de clase media y alta y fue percibido como una medida estabilizadora frente a las distintas movilizaciones ocurridas en todo el país acompañadas por hechos de violencia que se asemejaban a los momentos de la Guerra del agua y del gas de los años 2000 y 2003. 

Ello significó un embate contra los distintos sectores populares cuyas movilizaciones fueron fuertemente reprimidas con un notable despliegue militar incluso en las zonas céntricas de la grandes ciudades pero también en la zona indígena del Chapare.   

Tal vez tomando nota de lo sucedido y de los resultados de octubre, la flamante dupla electoral Arce Catacora-David Choquehuanca definida por el MAS en el estadio de Deportivo Español en Buenos Aires en el mes de enero, está dirigida no solo a los sectores indígenas, campesinos y sindicales sino también a la pretensión de con el primero de la formula recuperar el voto de una clase media urbana perdida ante Mesa. 

La buena imagen del ex Ministro de Economía en esta parte de la sociedad había sido una respuesta a los avances sociales y la casi incuestionable evolución micro y macroeconómica de la economía boliviana. Incluso, el crecimiento económico y la estabilidad experimentada en esta materia fueron banderas de la campaña electoral. 
 
Luis, de 70 años, vecino del barrio Irpavi de La Paz, e histórico votante del MAS -aunque optó por Mesa en las últimas elecciones- se inclina actualmente por votar a Añez en las próximos comicios de septiembre. 

Es decir, que incluso la fórmula electoral con dos de los funcionarios más valorados en la gestiones presidenciales de Evo Morales, no garantiza retomar el apoyo perdido de parte de la clase media y conseguir un resultado positivo ante el presente cambio de escenario abierto desde el golpe de Estado y la conformación de un gobierno de facto  que debía durar un mes y que ya se ha despojado del carácter de transitorio. 

Por otro lado, la candidatura de Añez abrió un panorama de conflicto en el arco político opositor al masismo. 

Su figura intenta convertirse en el polo aglutinador del voto opositor anti MAS siguiendo el rol tomado por Mesa en las elecciones de octubre como catalizador del voto útil en contra de Evo Morales para el electorado opositor. Recordemos que desde la elección de 2005, el único momento en que la oposición “derrotó” al MAS en elecciones generales fue cuando su voto se aglutinó en el NO en el referéndum de 2016, lo que llevó a la posterior judicialización de la postulación presidencial de Morales. 

Ahora bien, esta potencial situación podría hacer que el bloque de poder contrario al MAS arribe electoralmente fragmentado a las próximas elecciones y cristalizar un escenario en el cual la estrategia del MAS sea el intento de obtener la victoria en la primera vuelta aunque muy probablemente lejos de los escenarios de una victoria que pase de forma marcada el 50% y aún más las victorias holgadas por más del 60% que supo cosechar en elecciones pasadas.
 
Este complejo y nuevo(viejo) bloque de poder político y social hoy en el gobierno que busca refundar el país, como expresó el periodista Fernando Molina, ha manifestado el objetivo a esta altura explícito de desafiar la construcción de lo plurinacional instaurada desde 2006. Parece asimismo, reflejar el componente adicional que la geografía aporta a la diversidad de la sociedad boliviana, con una población mayoritaria indígena en los departamentos del altiplano del occidente minero y la población blanca y mestiza de los departamentos del oriente petrolero y agro productor.  

La victoria electoral de una de las alternativas anteriores nucleando el voto anti MAS y la interrupción por vía electoral de los tres gobiernos de esta fuerza puede abrir una nueva configuración del sistema de partidos, como aquella que significó el ascenso a la presidencia de Evo.  

Por otro lado, una victoria del MAS reafirmaría su preponderancia electoral pero abriría un escenario en el cual esta fuerza debería continuar las transformaciones realizadas en el marco de una nueva dirigencia y un contexto político social que puede resultar aún más conflictivo.

Lo único cierto por el momento es que prometen ser unos comicios no exentos de turbulencias y que ponen a Bolivia nuevamente de cara frente a su historia. 

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(1) Agencia Telam. 21 de junio.

(2). DW. 20 de junio.