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LA TECNOLOGÍA EL DÍA DESPUÉS DEL COVID-19

“¿Crisis? ¿Qué Crisis?”

Mie, 27/05/2020 - 6:10pm
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Por supuesto que el nuevo coronavirus deja una estela imborrable de fallecidos y también consecuencias negativas en la economía de sociedades, organizaciones e individuos. Sin embargo, tambien ha demostrado la capacidad de la civilización para reaccionar y hasta reconvertir muchas normas, actividades y objetivos. En cuanto a la tecnología, el desafío fue enorme pero la respuesta también, con repercusiones en la vida cotidiana de todos. Por ejemplo:

"Las conferencias y el periodismo seguirán nucleando auditorios remotos que se sentirán muy cerca, gracias a la interacción que nos brindan novedosamente las plataformas actuales de videoconferencia."
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Pensar en el día después del coronavirus, cuando todavía nos falta atravesar lo peor puede sonar utópico, pero es una realidad que nos va a alcanzar algún día. Y es que las grandes crisis de la humanidad, no sólo provocaron cambios, a nivel de los hábitos de la población, sino también en el uso de los diversos recursos de que dispone la sociedad.
    
Hemos observado como la 1ra. y la 2da. Guerra Mundial, han provocado enorme cantidad de desarrollos, tanto desde la ciencia médica, como de las distintas ramas de la ingeniería y la tecnología en general, que luego se han aplicado para beneficio de la población, generando un cambio de paradigma en la manera de realizar las diversas actividades. Hoy la tecnología vino en auxilio de la humanidad, aportando soluciones que nos están haciendo más fácil la vida y nuestras labores del día a día. Pero este fenómeno no va a terminar cuando, (esperemos que muy pronto), le digamos adiós al coronavirus.
    
¿Se preguntó alguna vez qué habría pasado hace 10 años, si hubiera sucedido esta pandemia?

Porque en aquel tiempo, las condiciones para la propagación del virus eran muy similares a las actuales: Viajeros recorriendo el mundo de una punta a otra, había en cantidades parecidas a las actuales, el volumen de los medios de transporte empleados se parece bastante al que disponíamos entonces. 

Una década atrás, la tecnología de la información y las telecomunicaciones, si bien estaba acercándose al grado de desarrollo actual, tenía otros costos y dificultades logísticas:

 **  la Internet de media y alta velocidad tenía un costo muy importante y no era fácil de obtener en zonas residenciales;
 **  las videollamadas y videoconferencias eran elementos privativos de las grandes organizaciones;
 **  los teléfonos celulares no tenían el grado de desarrollo actual, 
 **  la integración con aplicaciones que los convirtió en teléfonos inteligentes, no era la que existe hoy en día; 
 **  el trabajo a distancia, si bien ya estaba difundido, no se había popularizado como en la actualidad porque las conexiones de datos necesarias tenían un costo importante, tanto para disponer del equipamiento necesario, como el ancho de banda requerido para una adecuada calidad de servicio.

Reflexionemos cuánto nos hizo más llevadera esa crisis la Tecnología de la Información. 

 **  ¿Qué habría pasado con la expresión de nuestros afectos, sin las video llamadas?
 **  ¿Qué habría pasado con el trabajo, de una parte importante de la población y la economía, si no hubiéramos tenido la posibilidad de emplear teletrabajo a un costo tendiente a cero?
 **  ¿Cómo podrían haberse seguido educando nuestros niños, adolescentes y adultos sin las clases virtuales masivas?... 

y así tantos otros beneficios, que hoy nos parecen naturales y hace unos pocos años parecería insospechado.

“¡Parece de la NASA!”, me expresó un entusiasta cuando pude mostrarle, en una videollamada, cómo funcionaba correctamente en forma desatendida, una instalación tecnológica crítica. Y en realidad se quedó corto, la disponibilidad de recursos con que contaba la NASA al momento de poner al hombre en la Luna era cientos de veces más precaria que la actual.
    
Esta crisis es una bisagra en las costumbres de la humanidad, ya nada volverá a ser igual. 

El teletrabajo vino para quedarse, no en forma tan masiva como la actual, pero muchos empleados que cumplieron efectiva y productivamente durante la pandemia, seguirán desde trabajando desde su casa, no los cinco días de la semana, pero muy posiblemente sí tres o cuatro días. 

Los estudiantes verán convertidos adecuadamente sus contenidos programáticos, para recibir una educación menos áulica y más interactiva, con grandes dosis de investigación e interacción con centros educativos muy distantes. 

Las conferencias y el periodismo seguirán nucleando auditorios remotos que se sentirán muy cerca, gracias a la interacción que nos brindan novedosamente las plataformas actuales de videoconferencia. No va a ser fácil convencer a muchos periodistas y animadores para que abandonen la comodidad de su living y vuelvan al estrés de la mesa del estudio de Radio y Televisión.
    
Servicios públicos y muchas unidades de trabajo empresarias, que están demostrando la posibilidad de trabajar sin tanta guardia presencial, replicarán en forma seria y efectiva, algunos pasajes que antes solo veíamos en Los Supersónicos o Los Simpson.

La atención médica ha cambiado, hoy ya estamos asistiendo a teleconsultas, que en muchos casos han permitido llegar con especialistas a lugares muy alejados, convirtiendo la telemedicina en muchos casos en una realidad
    
Y la Justicia... ¡oh mi querida actividad judicial!... Uno de los grandes karmas de la justicia, los expedientes de papel, poco a poco se están convirtiendo en expedientes digitales, mucho más seguros, dinámicos e inviolables, los cuales nos harán olvidar para siempre esos enormes edificios, abarrotados de bodoques de pesadas carpetas, que desafían la estabilidad de cualquier mole y cuyas hojas hacen del placer de jurídicos roedores. 

Muchas labores folklóricas, tales como el coser expedientes y hacer volver la semana próxima al letrado porque un legajo está desaparecido en acción, o porque el abogado de la contraria no lo devolvió o se comió un recibo, pasarán a ser recuerdos, porque gracias a la firma digital y a distintos tipos de recursos, el expediente está dejando de tener volumen físico para adquirir velocidad procesal.
    
No prometo un futuro venturoso. Va a hacer falta establecer protocolos claros y mejorar la seguridad de la información y las conexiones domésticas de datos. Pero ya me veo escribiendo un dictamen o un próximo artículo, desde un silencioso velero en una tarde soleada. Y si alguien me recuerda: “Todo esto se lo debemos a la crisis del coronavirus”, le responderé: “¿Crisis? ¿Qué Crisis?”.