El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires siempre tuvo sólidos argumentos para recuperar la presencialidad en la educación pero, por motivos de conveniencia política, la Nación se opuso. Es más: la Nación acusó al Gobierno de la Ciudad de insensible, especulador y marketinero. Muy curioso: son los argumentos que ahora le dirigen a la Nación los sindicalistas docentes que fueron sus aliados.
En los días en que a Alberto Fernández le convenía mantener todo cerrado porque él creyó que la cuarentena era el soporte de una imagen positiva para él y su Administración, rechazaba cualquier interrupción del Gran Letargo Nacional.
Fue una decisión equivocada, que no puede continuar en 2021, y por eso ha decidido inmunizar a los docentes en febrero e iniciar luego el año lectivo en forma presencial.
¿Quienes se oponen? Los sindicalistas de los gremios docentes, a quienes el Gobierno Nacional concedió ínfulas en el choque con la Administración porteña, y ellos prefieren mantenerse en casa, trabajando lo menos posible.
En los días prepandémicos, a los sindicalistas docentes jamás les importó la calidad de la enseñanza ¿por qué habría de interesarles en los días pandémicos?
Y la verdad es que la virtualidad fue un desastre para la mayoría porque le enseñanza en general, y los docentes en particular, no estaban preparados para afrontar el desafío con alguna posibilidad de éxito.
Colegios y estudiantes con recursos resultaron protagonistas de una realidad totalmente diferente a la de quienes no contaron con los medios suficientes.
La consecuencia del año de virtualidad es un crecimiento enorme de la brecha de desigualdad educativa, de merma de la igualdad en la preparación para el futuro de los jóvenes argentinos. Pero a los sindicalistas docentes tampoco les importa. Ellos viven confortables en su mediocridad e indolencia, y creen que es el mejor de los mundos.
¿Faltó tecnología, conectividad y capacitación? No interesa.
Nicolás Trotta, ministro de la Educación de la Nación, tiene la difícil tarea de revertir el enfoque gubernamental, y pasar de la mitificación de lo virtual a la reivindicación de lo presencial.
Él ha iniciado una gira de búsqueda de apoyos para el emprendimiento y por ese motivo hoy lunes 18/01 estará en San Juan, con el gobernador Sergio Uñac.
Sindicalistas
Los sindicalistas docentes que más simpatizan con la larga ausencia de las aulas son los del Área Metropolitana Buenos Aires.
Los sindicalistas acusan a sus ex socios -los funcionarios de Nación- de puro marketing.
Es el caso de Mariana Scayola, secretaria general de Asociación Docente Ademys (ex Asociación de Enseñanza Media y Superior), integrante de la díscola Central de Trabajadores Argentinos (CTA): “Presentaron un escenario de presencialidad completo, casi pre pandemia, saben que es una propuesta intransitable en esta situación sanitaria. Es una propuesta impracticable y buscan que sean los gremios los que digan que no están las condiciones”.
Coincidió Angélica Graciano, la secretaria general de UTE Ctera (Unión de Trabajadores de la Educación - Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina): “El 17 las clases no arrancan porque todavía no sabemos cuál es la propuesta del Gobierno. No sabemos qué obras hicieron. La reunión fue una estrategia de marketing más”.
El secretario general de Unión de Docentes de Provincia de Buenos Aires (Udocba), Miguel Ángel Díaz, afirmó a Radio Mitre: "Digamos las cosas como son, están engañando a la gente. Volver a la escuela no va a ser fácil. Decir que el 17 de febrero empiezan las clases es falso. Que el 1 de marzo empiezan las clases también es falso. Va a empezar una aproximación, con una cantidad determinada de alumnos y determinada cantidad de docentes, todos vacunados, no con todo el personal".
Hay un desafío muy concreto. Y todos miran hacia la Nación para descubrir su respuesta fáctica, no la nominal.
El desafío
** Es probable que 1.000.000 de alumnos desaparecieron del sistema educativo. Obvio que no es una prioridad para los sindicalistas docentes.
** No habrá movilidad social para estos desertores si no recuperan lo perdido, y este escenario es difícil. Tampco es una prioridad de los sindicalistas docentes.
El problema del Gobierno Nacional es su ausencia de autoridad para omitir este debate e imponer su voluntad.
La mayoría de las actividades económicas han vuelto a funcionar, con protocolos específicos que se respetan y que provocan que las infecciones en ambientes laborales, resulten bastante bajas.
Pero los sindicalistas docentes se resisten. En este ejercicio lectivo ellos no pueden presionar son la cuestión salarial, y entonces avanzan con su resistencia a la presencialidad. Pero es insostenible su enfoque. Alguien debe decírselos e imponer la rutina educativa.
** ¿Por qué esto sucede en la escuela pública pero no en toda la enseñanza?
** ¿Por qué los gobiernos demagógicos se aferran a la escuela pública sin exigirles contrapartidas?
Son preguntas que buscan respuestas en el complejo escenario presente.









