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QUÉ ES ABSOLUTO

El Reino de lo Relativo en la Era de la Posverdad

Acecha el Relativismo en la Era de la Posverdad, y Fernando Aranda Fraga advierte: "Somos pensadores, estamos comprometidos con alguna noción de verdad".

El culto de lo Relativo es muy intenso en estos días. En su altar ocurre la ofrenda a la Posverdad. El presente es complejo e incierto y el riesgo consiste en valores girando como veletas. El Dr. Fernando Aranda Fraga, doctor en Filosofía, profesor en la Universidad Adventista del Plata (Libertador San Martín, Provincia de Entre Ríos), tituló su ensayo "Relativismo y absolutos en la era de la posverdad". Hay una frase que define su ensayo: "Porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad." Veamos:

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"Piensan los relativistas que la aceptación de verdades y valores depende de formas de vida o culturas particulares muy distintas entre sí, y que los procedimientos para zanjar desacuerdos no pueden ir más allá de concordar costumbres o usos propios de cada cultura".

"Piensan los relativistas que la aceptación de verdades y valores depende de formas de vida o culturas particulares muy distintas entre sí, y que los procedimientos para zanjar desacuerdos no pueden ir más allá de concordar costumbres o usos propios de cada cultura".

“Aceptar que el otro divergente también es auténtico (verdadero) en su intención permite el diálogo, principal función de la comunicación. Ese otro es otro al que no se pretende dominar sino comprender, porque el entendimiento es otra de las funciones primordiales de la comunicación. Para ello hay que alejarse del discurso coercitivo e, independientemente de defender la propia posición argumentando racionalmente, dejar espacio a la posición del otro y estar abierto a recibir objeciones […]. Somos humanos porque somos pensadores, y porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad. Pero la pretensión de validez absoluta tiene como primera limitante el paso del tiempo”. Jorge Fontevecchia. (Periodismo y verdad. Buenos Aires: Paidós, 2018, p. 20.)

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Luchando con la Posverdad: "Somos humanos porque somos pensadores, y porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad".

Luchando con la Posverdad: "Somos humanos porque somos pensadores, y porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad".

Bien sabemos que el conocimiento, no solo el científico empírico, sino también el humanístico, social y político, debería avanzar e incrementarse mediante un grado suficiente de certeza y validez de sus proposiciones, en un movimiento que podría representarse de forma espiralada con sentido centrífugo.

El relativismo es una doctrina muy arraigada en el sentido común de muchas sociedades, como así también de ciertas instituciones y sus consiguientes hábitos y creencias que éstas generan y promocionan. No obstante, la mayoría de los argumentos esgrimidos contra el relativismo han sido escasamente aceptables por carecer de solidez argumentativa. Están pensados para apuntalar en momentos de desánimo la fe del convencido más que para hacer tambalear las certezas del rival, y eso no es lo mejor que puede ocurrirle a un argumento, del tipo que fuere. (1)

“El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto son y de las que no son en tanto que no son”, reza la famosa sentencia del sofista griego Protágoras (s. V a.C.), postulado que ha sido considerado como una declaración fundacional del relativismo. Piensan los relativistas que la aceptación de verdades y valores depende de formas de vida o culturas particulares muy distintas entre sí, y que los procedimientos para zanjar desacuerdos no pueden ir más allá de concordar costumbres o usos propios de cada cultura o forma de vida, de modo que no cabe encontrar ni verdades, ni valores, ni procedimientos universales, como no sea imponiendo por la fuerza algunas creencias particulares.

En términos generales el relativismo es una filosofía que niega la existencia de absolutos, de cualquier índole. Muchos creen que existen algunas cosas que son relativas, pero según el relativismo como escuela filosófica, todo es relativo. También existen diferentes clases de relativismo (aplicaciones), tales como el metafísico, epistemológico, ético, cultural, jurídico, religioso, etc.

Para el relativista metafísico no existen absolutos en ninguna parte de la realidad, en cambio para el relativista epistemológico nada puede conocerse absolutamente, sino siempre de modo relativo. (2)

En metafísica el relativismo significa ateísmo, desde el momento en que asume que Dios significa un Ser Absoluto y la metafísica intenta explicar y analizar el ser, incluyendo especialmente el Ser de Dios.

En tanto, el relativismo religioso presupone que no hay una religión absoluta y que tampoco puede existir una relación religiosa con Dios que sea absolutamente mejor o más verdadera que otra. El ateísmo afirma que Dios no existe, ni tampoco el Ser Absoluto, ni nada que sea absoluto puede existir en la realidad. (3)

La intrínseca relación entre el relativismo, la ética y el ateísmo ha quedado magistralmente expuesta por el escritor ruso Dostoievsky en aquella frase puesta en labios de su personaje Iván Karamazov: “Si Dos no existe, todo está permitido”; nada hay más directo y realista que dicha sentencia en la historia de la literatura universal.

El hombre es la medida de todas las cosas. El hombre es la medida de todas las cosas.

El relativismo epistemológico no es otra cosa que una variante un tanto más light del escepticismo. En su aplicación religiosa, el escepticismo tiene su desenlace lógico en el agnosticismo. De todos modos, existen grados de escepticismo. La gran diferencia entre el relativismo metafísico y epistemológico es que

  • según el primero no hay nada absoluto en la realidad,
  • en tanto, para el último, quizás haya algo absoluto en la realidad, pero no se puede conocer.

Aplicado a la ética y los valores morales, esto significa que quizás haya un referente absoluto y valores absolutos, en un mundo noumenal (ideal, opuesto a fenoménico, perceptible por los sentidos y la razón), como lo describió Kant en el S. XVIII. Un mundo infranqueable para la razón, cerrado e incapaz de ser conocido, así como 2 + 2 = 4, pero esto no sucede de igual modo en cuanto al conocimiento de lo que es moralmente bueno o ético, excepto si estamos en presencia de algo que es revelado, situación donde tiene lugar únicamente la fe, aunque ocasionalmente ésta pueda apoyarse en la razón. (4)

Si por “epistemología” entendemos lo que comúnmente significa el término, esto es, “teoría del conocimiento certero”, vocablo formado a partir de los términos griegos “episteme” = conocimiento riguroso, y “logos” = estudio o tratado, entonces de lo que aquí se trata es nada más y nada menos que de la rigurosidad existente en el discurso del relativista, en tanto pretenda tener para sí carácter o estatus epistemológico.

Subyace siempre en todo análisis epistemológico un concepto de verdad, que no ha de ser relativo ni menos aún subjetivo (forma extrema del relativismo), como así tampoco revelado, sino universal y necesario.

Porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad. Porque somos pensadores estamos comprometidos con alguna noción de verdad.

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¿De dónde venimos?; ¿quiénes somos?; ¿vivimos en un mundo creado por Dios o en un azaroso universo carente de arquitecto?

¿De dónde venimos?; ¿quiénes somos?; ¿vivimos en un mundo creado por Dios o en un azaroso universo carente de arquitecto?

Esto nos conduce al terreno de los conocimientos previamente adquiridos sobre cuya base o fundamento están apuntaladas todas las demás verdades, constituyendo así un edificio que se construye a partir de unos determinados principios que operan como cimientos dando soporte al resto de la mampostería edificada sobre ellos. Sobre los cimientos es donde básicamente recaerá la pregunta fundamental por la verdad, con lo cual ingresamos en el asunto de la posesión de una cosmovisión subyacente a todo tipo de discurso.

Esta universal y multi milenaria pregunta por la verdad nos obliga a cuestionarnos, antes que nada, sobre la lista de nuestros supuestos y la visión del mundo (Worldview, Weltanchaunng) en la cual fundamos la totalidad de nuestras creencias:

“¿De dónde venimos?; ¿quiénes somos?; ¿vivimos en un mundo creado por Dios o en un azaroso universo carente de arquitecto? Según cómo respondamos a estas preguntas se determinará qué es lo que creo acerca de las bases sobre las cuales se asienta una sociedad justa: el imperio de la ley, un marco jurídico objetivamente verdadero para mantener y asegurar relaciones justas entre todos los ciudadanos. Una sociedad estará fundada sobre la justicia cuando en ella se observa un estado de derecho basado en una verdad objetiva”. (5)

En principio, lo primero, en el nivel más básico, es recordar que solo existen dos alternativas:

  • “o bien hemos sido creados, y la ley es tal porque su punto de referencia es el Creador,
  • o se trata de un universo sin Dios, y la ley es simplemente aquello que los seres humanos,

vez tras vez, deciden que sea, debido a que no existe nada más fuera de ella”. (6)

Todos los intentos por establecer un fundamento intermedio entre ambas alternativas han colapsado, ya sea mediante tibias posturas deístas, teísmos de pura sangre o gélidos ateísmos prácticos. Aunque actualmente el ateísmo teórico se presenta muy ocasionalmente, el ateísmo práctico sí se ha generalizado.

Si la autoridad en cuanto a la ley y la justicia, y por ende también en relación con los fundamentos de lo que ha de ser una sociedad bien ordenada, pacífica y justa, “descansa en la fantasía de los seres humanos en lugar de una ley superior o natural”, todos terminamos situados en una posición muy tenue, quedando a merced de cualquiera que termine en erigirse como juez, presidiendo un tribunal. (7)

Si la autoridad en cuanto a la ley y la justicia, descansa en la fantasía de los seres humanos en lugar de una ley superior o natural, todos quedamos a merced de cualquiera que termine en erigirse como juez, presidiendo un tribunal. Si la autoridad en cuanto a la ley y la justicia, descansa en la fantasía de los seres humanos en lugar de una ley superior o natural, todos quedamos a merced de cualquiera que termine en erigirse como juez, presidiendo un tribunal.

Aún a sabiendas de todo esto, cabe, por simple corrección política, retomar el contenido y sentido prístino de la cita del encabezado y recordar, tomando en cuenta las precauciones del caso, aquello que tan bien demostraron Kant y otros epistemólogos contemporáneos acerca de la falibilidad y endeblez del pensamiento.

Proceder así, debido a la sustancial finitud de la razón humana, se torna fundamental a fin de evitar disputas constantes y ridículas por diferencias de opinión, reconociendo las radicales limitaciones que padece el ser humano debido a su propia naturaleza. Tales limitaciones fueron claramente expresadas en Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”.

  • (1). Antonio Valdecantos, Contra el relativismo (Madrid: La balsa de la Medusa, 1999), 18-20.
  • (2). William D. Watkins, The New Absolutes (Minneapolis: Bethany House Publishers, 1996), 21-34.
  • (3). 3 Peter Kreeft, A Refutation of Moral Relativism (San Francisco, CA: Ignatius Press, 1999), 28.
  • (4). Ibid., 28-29.
  • (5). Charles W. Colson, Justice that Restores (Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, 2001), 15.
  • (6). Ibid.
  • (7). Ibid.

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