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$17.000 MILLONES POR AÑO

Idesa vs. Daniel Arroyo: ¿Cuánto sirve el Plan contra el Hambre?

Lun, 03/02/2020 - 3:11pm
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Por Urgente24

Se gastan $17.000 millones por año en planes alimentarios pero ¿cómo se mide el éxito de la asistencia? El ministro Daniel Arroyo confía plenamente en el Plan Argentina contra el Hambre. Días atrás, él declaró: “Si un chico come bien, va a tener posibilidades. Antes de la escuela tenemos que lograr que los chicos estén bien nutridos. Esto es mucho más que una tarjeta es, empezar a mover la rueda”. Fue en Córdoba, junto al gobernador Juan Schiaretti. También de Córdoba es el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), que tiene una visión totalmente diferente a la del integrante del Ejecutivo Nacional.

"Pero lo más significativo es que pone en evidencia que la prioridad no es la lucha contra el hambre, sino el rédito político. Prueba de ello es que para entregar la nueva tarjeta la gente es convocada a formar filas en lugares señalizados con cartelería política, que identifica al político que está concediendo la dádiva."
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“Hambre es comer salteado, es un mate cocido a la noche. Partimos de tres ideas básicas: 
> no puede haber hambre, 
> los chicos tienen que estar en las escuelas y 
> la mejor política social es el trabajo.
Uno tiene que ponerse las medias y después los zapatos. Hay dos cosas en las que no hay grieta: no puede haber hambre y tenemos que cuidar a los chicos; mi tarea es ir achicando comedores comunitarios y que (las personas) vuelven a comer a las casas, mi otra tarea es pasar de planes sociales a trabajo. En el plan hay varias acciones: la tarjeta, la infraestructura y el acceso al agua, el crédito para máquinas y herramientas para la producción de alimentos, la economía social y las cooperativas”
.

Daniel Arroyo,
ministro de Desarrollo Social de la Nación.


"El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación comenzó a ejecutar el Plan Argentina Contra el Hambre", recordó el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), que recordó que la pobreza y el hambre son problemas complejos cuyo diseño y abordaje gubernamental luce "rudimentario y con mucho de oportunismo". 

Se trata de un programa nacional a través del cual se entrega una tarjeta de débito que solo puede ser destinada a comprar alimentos y artículos de limpieza. Las tarjetas son recibidas por embarazadas a partir del 3° mes y familias con hijos de hasta 6 años que estén percibiendo la Asignación Universal por Hijo (AUH). Se asignan $4.000 mensuales para familias con 1 hijo y $6.000 con 2 o más hijos menores de 6 años.

Complementariamente se prevé promover la economía social y la agricultura familiar para que las familias más vulnerables tengan herramientas para su propio sustento alimentario. Asimismo, se contempla la figura de “Promotores Comunitarios de Seguridad Alimentaria y Nutricional” que tendrán la misión de controlar talla y peso de los niños, articular las políticas alimentarias con las políticas sanitarias, materno infantil y primera infancia y fortalecer los comedores escolares y comunitarios.

El comunicado agrega:

"La profunda crisis social, obviamente, genera amplia aceptación a esta iniciativa. Sin embargo, son escasas las consideraciones sobre su eficacia. Esto marca la pertinencia de analizar qué es lo que se viene haciendo desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en materia alimentaria. Según los presupuestos de ese Ministerio, se observa que:

> En 2002 tomaron impulso los planes alimentarios nacionales con un presupuesto de $14.000 millones por año a precios actuales.
> En 2019 los planes alimentarios nacionales siguen teniendo un presupuesto de $13.000 millones por año.
> Entre 2002 y el 2019 el promedio anual destinado a planes nacionales alimentarios se mantuvo en el orden de los $17.000 millones anuales a precios actuales.

Estos datos muestran que el Plan Argentina Contra el Hambre tiene poco de original. Desde la crisis de 2002 que se viene asignando un presupuesto de magnitud importante y estable a la causa del hambre con mecanismos de ejecución muy parecidos al anunciado programa. El fracaso de esta estrategia durante casi 20 años para terminar con el hambre es un rotundo antecedente que da lugar a pronosticar que, con este nuevo Plan, la seguridad alimentaria y nutricional seguirá siendo una asignatura pendiente.

El fracaso se explica por la proliferación de programas que buscan asistir a la misma gente por vías separadas. El nuevo plan es un ejemplo extremo de esta irracionalidad. Los beneficiarios del nuevo plan ya tienen una cuenta bancaria donde reciben la AUH. En lugar de depositarles el dinero en esa misma cuenta y restringir su uso a alimentos, se optó por dar otra cuenta bancaria. Esto demuestra tanto el desprecio por la gente (obligada a hacer un nuevo trámite) como por el cuidado de los fondos públicos (el gasto administrativo).

Pero lo más significativo es que pone en evidencia que la prioridad no es la lucha contra el hambre, sino el rédito político. Prueba de ello es que para entregar la nueva tarjeta la gente es convocada a formar filas en lugares señalizados con cartelería política, que identifica al político que está concediendo la dádiva.

La asistencia social en Argentina está más orientada a generar capital político a sus ejecutores que a resolver los problemas de los pobres. Cuando se suman los planes asistenciales que ejecutan la Nación, las provincias y los municipios se puede llegar al centenar, dependiendo de la región. Ante semejante superposición de planes sociales se diluyen las responsabilidades. Se destina una enorme masa de recursos públicos para la atención de la pobreza, pero la inseguridad alimentaria se mantiene y no se sabe quién es el responsable: la Nación, las provincias, los municipios; todos, ninguno.

La pobreza y el hambre responden a una multiplicidad de factores. Uno de ellos es la proliferación de programas asistenciales, a los que ahora se suma el Plan Argentina Contra el Hambre, diseñados y ejecutados de manera rudimentaria y con mucho de oportunismo. La amplia convocatoria del nuevo gobierno a darle visibilidad al problema del hambre, lamentablemente será dilapidada con instrumentos y prácticas que ya han demostrado servir a fines espurios, pero no a dignificar a la gente."