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LOS HIJOS DE LA CLASE MEDIA

Excesos de alcohol, drogas y descontrol: Vacaciones 2020 de los chicos en la Costa Atlántica

Lun, 20/01/2020 - 8:47am
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Por Urgente24

El caso de la fatal golpiza de un grupo de rugbiers a Fernando Sosa en Villa Gesell dejó al descubierto la conducta de los jóvenes en sus vacaciones y la cantidad de alcohol que consumen en las noches, como también otras sustancias. La preocupación de los padres por sus hijos y la incógnita de cómo controlarlos.

Las vacaciones descontroladas de los jóvenes.
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Suena una alarma de un celular a la 13 horas en un departamento de 2 ambientes en Villa Gesell donde duermen 7 chicas. Hay colchones por el piso, ropa tirada, latas de arvejas abiertas y varias botellas de vodka vacías cerca de la puerta de entrada. Al grupo de amigas le cuesta levantarse porque la noche terminó a las 9 de la mañana en la playa. Con pocas ganas y semidormidas, arman un bolso y parten rumbo al mismo lugar que las vio vestidas con tacos y el maquillaje corrido: el balneario. 

Esta rutina se repite entre los jóvenes que deciden ir a vacacionar a la Costa Atlántica. Desde varios puntos del país, los chicos ansían el receso de verano para ir a disfrutar con sus pares las playas, el mar, y también de los excesos. 

El caso del grupo de rugbiers de Zárate, provincia de Buenos Aires, que asesinó a golpes a Fernando Sosa a la salida del boliche Le Brique en Villa Gesell, puso sobre la mesa el consumo excesivo de alcohol y drogas en las vacaciones, algo que divierte a los más chicos y preocupa a los grandes. 

La salida arranca alrededor de las 18, donde brotan de la arena los parlantes con reggaetón, los termos de vodka y fernet y las latas de cerveza. Esto se llama "After beach". Luego, los chicos se dirigen a sus departamentos, se bañan, cenan y se preparan para la salida nocturna. Es infaltable la "previa", y uno de los momentos más conflictivos, ya que es allí donde se cometen los excesos, para llegar "divertido" al boliche. 

Tomar alcohol es moneda corriente entre los adolescentes y jóvenes, no importa la clase social a la que pertenezcan. Pero no solo una copa, sino que es común tomar de más y emborracharse, a veces para perder el conocimiento. A las previas se va sobrio y se sale a las risotadas y con más de 3 vasos de alcohol bien cargados encima como mínimo. Los más valientes apuestan por los shots de tequila o bebidas blancas similares. 

De ahí, se dirigen al boliche, donde las entradas están en un promedio de $500. Luego de bailar algunas horas, la noche termina en la playa, para contemplar el amanecer, o inclusive meterse al mar. 

El reviente está arraigado en las mentes de la juventud y el caso de la fatal golpiza de los rugbiers a Sosa lo deja al descubierto. Muchas veces, para no quedarse afuera de las modas, para sentirse parte de un grupo, los chicos optan por los excesos y terminan en el hospital. 

El exdueño de un boliche de la Costa Atlántica le dijo a Clarín: "Los chicos llegan borrachos y salen borrachos. ¿Cómo los contenés afuera? ¿Quién los debe contener? ¿Los dueños de los boliches?". Los padres, preocupados, cuestionan dónde están los controles. "¿Dónde está la Policía?, "¿Dónde está la seguridad del boliche?", "¿Quiénes cuidan a nuestros hijos?".

Pero para ninguna de estas preguntas hay respuestas acertadas, ya que nadie se hace cargo. El punto conflictivo es el mensaje que los más chicos tienen sobre las salidas nocturnas. Se asocia al exceso de sustancias con la diversión. Por eso, acertado sería preguntarse: "¿Qué educación reciben los jóvenes?".