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La Policía de Córdoba sigue en crisis y continúan los cambios

El interior de la fuerza policial cordobesa entreteje conflictos entre los altos mandos y todavía hay repercusiones de los cambios producidos sobre finales del 2020. La llegada de la nueva jefa a la cúpula policial generó una auténtica depuración, que provocó descontento entre los oficiales. Ahora, 12 dirigentes fueron apartados de la Jefatura.

CÓRDOBA. El 2020 fue sin dudas, un año de convulsión para la Policía de Córdoba. La llegada de la pandemia, y la alta necesidad del despliegue de las fuerzas de seguridad, provocó que poco a poco, la policía cordobesa fuera desnudando sus falencias. 

Durante todo el año, se sucedieron hechos aberrantes donde se involucró desde simples patrulleros, hasta los más altos mandos. Pero la gota que rebalsó el vaso fue el caso de gatillo fácil que terminó con la muerte del joven Valentino Blas Correas (17).

El asesinato del joven develó el verdadero accionar policial, embarrado de corrupción y encubrimiento. Cabe recordar que los policías involucrados en el fusilamiento del menor, que se trasladaba en un automóvil junto a sus amigos del secundario, intentaron que todo parezca un tiroteo plantando un arma cerca de la zona del incidente. 

El estremecedor suceso que sacudió a Córdoba, motivo nada más y nada menos que una gran sangría en la cúpula policial, en la que se destacó la salida del ex jefe policial, Gustavo Vélez. En su reemplazo, asumió el cargo quien ahora es jefe de la Policía de Córdoba, Liliana Zárate Belletti. 

De este modo, Zárate se convirtió en la primera mujer en encabezar el departamento de policía de Córdoba. Y como era de esperarse, el revolucionario nombramiento generó revuelo en todos los órdenes, dentro de una fuerza naturalmente machista. 

La funcionaria que ahora comanda la jefatura, llegó al cargo gracias a su relacionamiento con el Círculo Rojo del gobernador, Juan Schiaretti. Zárate contó con el fuerte apoyo de la diputada Alejandra Vigo (esposa de Schiaretti), y del asesor de comunicación, Roberto Sposetti. 

Así, el nombramiento de Zárate saltó el bastón del ministro de Seguridad, Alfonso Mosquera, quien se limitó a acatar las órdenes de la gestión schiarettista. Por supuesto, el repentino e inesperado nombramiento de la funcionaria generó que no hubiera demasiado consenso respecto a su nombre en la fuerza, por lo que Zárate debió ir amoldando el escenario para el ejercicio de su función. 

La llegada de la nueva jefa policial suponía el fin de los cambios, algo que no sucedió. Es más, los mismos se incrementaron. 

El cambio más reciente fue la remoción de 12 oficiales que integraban el cuerpo de Inteligencia Criminal. La reubicación de los funcionarios se debió a una supuesta desobediencia de los protocolos por coronavirus durante una reunión de trabajo, algo que motivó la polémica. 

Según señalan fuentes cercanas a la Jefatura, el motivo de la remoción habría sido solo una excusa, ya que los 12 oficiales formarían parte de un grupo que tendría una postura opuesta a la de la funcionaria. La intención expresa de Zárate es la de “generar una nueva policía”, lo que implica que muchos vicios y cuestiones culturales dentro de la policía cordobesa deberán quedar fuera desde su asunción. 

Para ello, el Comisario estableció un equipo de Investigación Interna para depurar la fuerza, que funciona con el apoyo del gobernador. Además, Zárate propició cambios en las cúpulas de dos grandes ciudades cordobesas, como San Francisco y Río Cuarto, y reacondicionó los polémicos protocolos de acción del personal. 

De esta manera, Zárate no solo deberá sortear las coyunturas políticas, sino también las de género. Aunque por el momento parece llevar solidez su mando, la jefa es consciente de que le esperan duros escollos en el futuro, debido a que no es “querida” dentro de la dirigencia de la fuerza. 

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