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CÓRDOBA EN LA MIRA

Disputa por Llaryora pero... ¿Schiaretti no apoya a Torres? 

Mie, 26/02/2020 - 1:04pm
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Por Urgente24

Martín Llaryora es el intendente de la ciudad de Córdoba que promovió el 'prescindente' gobernador Juan Schiaretti porque no tenía otro candidato pero no quedan dudas que su 'heredero', si pudiera elegirlo, sería el ministro de Gobierno provincial, Facundo Torres. Entonces ¿qué puede ofrecerle a Llaryora en la puja creciente entre el 'peronismo autonómico' que lidera el mandatario y el proyecto nacional, cuyo rostro visible es el senador nacional Carlos Caserio? Por ahora Llaryora permanece junto a Schiaretti pero Caserio conoce que esto depende del éxito que tenga la economía argentina en los próximos meses. Por eso le envió el mensaje de que quien no arriesga, no gana, y no vaya a ser que Llaryora llegue tarde.

Martín Llaryora, intendente de la ciudad de Córdoba.
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Días de competencia en el justicialismo cordobés: se aproximan la elección de autoridades partidarias y también el comicio municipal en Río Cuarto.

Es muy interesante que el peronismo irá unido en Río Cuarto, detrás de la boleta Hacemos por Córdoba, pero la puja está abierta por la futura conducción partidaria.

“Las internas son parte de la democracia y no significa pelearse. Queremos un peronismo tolerante donde podamos expresarnos. No queremos un pensamiento único. Nuestro límite fue (Mauricio) Macri, ahí las tensiones aumentaron. Pero lo que fue, fue”, dijo el senador nacional Carlos Caserio cuando habló por Alfil TV, por Canal 10 de la ciudad de Córdoba.

“Nuestras diferencias con el gobierno de Córdoba no son muy importantes, pero existen: vienen desde la campaña, cuando nosotros pensábamos que teníamos que tener un Presidente peronista. Eso provocó tensiones, todo el mundo lo sabe”, explicó.

En Córdoba, el precarnaval fue muy intenso porque Caserio lideró un encuentro de intendentes y dirigentes peronistas que se identifican con el presidente de la Nación, Alberto Fernández. En tanto, el gobernador Juan Schiaretti promovió un encuentro con intendentes y dirigentes peronistas que reconocen su liderazgo y su política 'aislacionista' (en la campaña se llamó 'prescindente') respecto del Frente de Todos. En tanto, Fernández recibió algunos intendentes peronistas cordobeses que acercó el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora.

Luego, el posible 'delfín' de Schiaretti, Facundo Torres, ministro de Gobierno, intentó condicionar al espacio que promueve Caserio, de acuerdo a la prensa cordobesa: ambos conocen las dificultades de Nación para apuntalar con obra pública su proyecto en Córdoba pero también es cierto que la política no puede depender de las bolsas de cemento sino que es al revés.

Ahora bien, si Torres es el heredero que ambiciona Schiaretti, ¿cuál es el horizonte para el alcalde de la capital provincial Llaryora? Es una pregunta que recorre la política provincial.

Llaryora es un 'tiempista' que define sus movimientos y no a la inversa. Todavía ignora si el éxito acompañará a Alberto Fernández y tampoco él terminó de acomodarse en un escenario complejo, donde comenzó

** aplicando un 'impuestazo' (que varios le reprochan resultara tan intenso), y

** aceptando una convivencia en la que Schiaretti ubicó como observadora permanente de las acciones del alcalde a la diputada nacional Alejandra Maria Vigo, más conocida como 'la mujer del gobernador', y un Concejo Deliberante poblado de militantes del 'aislacionismo' que, sin embargo, le concedió 'superpoderes'.

De todos modos, Caserio le envió desde la TV una invitación al intendente municipal: “Las puertas de nuestro espacio están abiertas para Martín Llaryora. Con el tiempo a Martín le va a interesar llevarse bien con el Presidente”. 

Sin embargo, más allá de los avatares coyunturales, Llaryora debe definir si lo suyo es hacer historia o mantener la torpeza que comenzó con Luis Juez y profundizaron sus sucesores, incluyendo a 'Ramoncito' Mestre, quienes convirtieron a la ciudad de Córdoba en una de las localidades de peor gestión en la provincia.

Llaryora publicó una solicitada explicando su enfoque de la gestión.

Por supuesto que hay dudas al respecto. Y esto es lo que expresó Pablo Esteban Dávila en su columna en diario Alfil, de la que se reproduce un fragmento:

"(...) ¿Es mucho o es poco? Según el intendente de la ciudad de Córdoba, la deuda del municipio asciende a casi 30 mil millones de pesos. Parece bastante. Conforme se lee en la solicitada publicada el domingo pasado, el monto equivale a miles de cuadras asfaltadas o a medio millar de nuevas escuelas. Y, aunque no se lo dice explícitamente, sugiere un severo desmanejo de parte de sus antecesores.

Sin embargo, la cifra no genera mayor escándalo en quienes están acostumbrados a disecar las cuentas públicas, de cualquier jurisdicción. Basta analizar los grandes números del caso. El presupuesto enviado por el exintendente Ramón Mestre a finales del año pasado superaba con alguna amplitud los 40 mil millones de pesos. Este cálculo fue posteriormente rectificado por la administración peronista que, incremento de impuestos mediante, lo llevó a cerca de los 60 mil millones. Esto equivale a decir que la deuda descubierta por Llaryora equivale, grosso modo, al 50% del presupuesto anual.

La relación luce conservadora. La provincia debe aproximadamente un presupuesto completo, y la deuda de la Nación supera la mitad del PBI medido en dólares. Países desarrollados como los Estados Unidos, Italia o Alemania adeudan mucho más que un Producto Bruto completo, sin que tal cosa limite su crecimiento o mortifique a liderazgo político. Si este es el pretexto elegido por Llaryora para victimizarse, pues preciso es decir que se antoja insuficiente.

La macroeconomía enseña que el problema de la deuda pública no es tanto su monto absoluto sino la capacidad de repago de quien se endeuda. Cuando un prestamista, sea institucional o privado, compra un bono del Tesoro de, por ejemplo, los Estados Unidos o de Alemania, descuenta que se le pagará el capital e intereses conforme lo pactado. ¿Qué importa lo que aquellos países deban a otros bonistas? Lo único relevante es que sus economías son dinámicas, productivas, y que sus PBI no dejan de crecer, aunque algunas veces lo hagan más rápido y otras tantas se ralenticen.

Esta es la gran diferencia con la Argentina. No obstante que el cotejo PBI / deuda externa no es particularmente elevado, el mundo descree de que el país pueda honrar compromisos futuros. El escepticismo se derrama, como una ley del gallinero financiera, a las provincias y a los municipios. Y cuando este condicionante se topa con una organización particularmente ineficiente y onerosa como lo es la Municipalidad de Córdoba, el cóctel se vuelve decididamente desagradable.

Por lo tanto, no es lo mismo batir el parche sobre la deuda heredada desde sus montos absolutos -los que, se reitera, no parecen abominables- que hacerlo desde las posibilidades de pagarla dadas las actuales circunstancias del Palacio 6 de Julio. Porque situarse en este último aspecto significa asumir que el actual intendente es otro de los que intentará ponerle el cascabel al gato a una organización que es un modelo de improductividad y estancamiento pese a múltiples esfuerzos realizados, de los que no sólo Llaryora es el titular.

Ya se ha dicho en anteriores entregas: entre el gasto en personal, el de la higiene urbana y el silencioso drenaje que impone el sistema de transporte urbano, la Ciudad no tiene margen para sutilezas. Esto es así desde hace 20 años y lo seguirá siendo hasta que alguien (ojalá que lo sea el actual intendente) decida pensar “fuera de la caja”, como se dice desde la estrategia creativa. Hasta que eso no suceda, las herencias seguirán siendo todo lo pesadas que sus receptores declaren que son.

Pero esto es sólo una cara de la moneda municipal. La otra, que atañe exclusivamente a Llaryora, es la demora en explicar las razones del fuerte aumento de impuestos con que debutó su gestión.

En este sentido, la aludida solicitada viene a racionalizar una decisión tomada ex ante y, aparentemente, sin todavía tener en claro el monto total de la deuda dado que, como se lee en la publicación, “no fue fácil acceder a la información real ya que todos los días nos encontrábamos con sorpresas lamentables”. Tal cosa equivale a decir que la inédita presión sobre los contribuyentes con la que debutó la administración peronista tuvo más que ver con una política previamente definida antes que con una situación descubierta in fraganti. (...)".