CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) Más de un centanar de personas que venden mercadería en el mercado de La Salada en Lomas de Zamora se mantenían en tensión ante el operativo municipal destinado a destruir los puestos.
La policía, minutos antes de las 10, implementó un fuerte dispositivo de seguridad en la zona, con personal de la guardia de Infantería y antimotines, donde trabajaban los municipales, mientras operadores de topadoras aguardaban la orden de iniciar la destrucción de los puestos ilegales.
Según los puesteros, que pertenecen a la "Cooperativa Ocean, La Salada", hace más de 20 años que trabajan en el lugar, aunque no aclararon si con la debida autorización municipal.
Mientras los vendedores requerían a gritos por la libertad de trabajo, vecinos del lugar le solicitaron a las autoridades municipales que "una vez que desalojen los puestos dejen a la Gendarmería para evitar que se vuelvan a instalar y para brindar seguridad a la zona que diariamente registra hechos de violencia y robos en las casas próximas a la feria clandestina".
Los municipales iniciaron la medición de la calle y vereda para determinar la zona usurpada por los puesteros.
¿Pero qué hay detrás de los operativos de la municipalidad e Lomas de Zamora?
Los empresarios del rubro textil dicen que se trata de el paraíso de la evasión. Sin embargo, los puesteros allí enclavados hallaron una modo de vida digno que les permite mantener a sus familias y desarrolar sus microemprendimientos y a la vez satisfacer la demanda de indumentaria a bajo precio que la mayoría de la sociedad se ve obligada a consumir por los magros sueldos.
"La mayoría de la gente está empadronada y censada. Paga sus impuestos a la Municipalidad, al Gobierno Provincial y al Nacional", decía Gustavo Rojas, encargado de seguridad de Punta Mogote, la vedette de las ferias a Clarín en una nota publicada en abril pasado.
"Yo no sé por qué hablan de trabajo esclavo, si todos los talleres clandestinos que se han allanado hasta ahora no trabajaban para La Salada sino para las grandes marcas", dijo.
En la periferia, la situación es la opuesta, son muchos menos los que pagan impuestos. "Yo arranqué haciendo de todo, vendiendo chupetes. Hasta que se dio la oportunidad de tener algo", recuerda Rodríguez. Hoy, gracias a un crédito de 5 mil pesos con un 18 por ciento de interés anual pudo montar su taller. "Estoy apoyado por el municipio de La Matanza, en un plan de inclusión social", explica.
Habla orgulloso de la cooperativa Manos Matanceras, que reúne a más de 100 talleres y está feliz de haberse quedado en el país pese al cierre de la fábrica para la que trabajaba, en 2001. Ahora muestra firme su monotributo al día y se entusiasma con la idea de tener un negocio en Flores o en Once. Le falta. "A La Salada le debo mi progreso y la educación de mis tres hijas", dice. Y los ojos le brillan más que cuando acariciaba su marca.
Disturbios en La Salada por el desalojo de puesteros (¿y qué hay detrás?)
Los empresarios del rubro textil dicen que se trata del paraíso de la evasión. Sin embargo, los puesteros allí enclavados hallaron un modo de vida que les permite mantener a sus familias y desarrollar sus microemprendimientos y a la vez satisfacer la demanda de indumentaria a bajo precio que la mayoría de la sociedad se ve obligada a consumir por los magros sueldos.
28 de agosto de 2009 - 00:00







