El peligroso éxito de Néstor Versace y la Argentina ficticia

La revista EDICIÓN i publicó un completo informe sobre las sorprendentes contradicciones que ocurren en la economía argentina, donde el éxito aparente de Néstor Kirchner no solamente tiene cierto 'aire menemista' sino que también oculta factores preocupantes. POR CLAUDIO M. CHIARUTTINI

1. La gran paradoja

Diciembre fue un aquelarre: shoppings abiertos hasta que rayaba el alba y algunas discos iniciaban su ‘after hour’, 40% de aumento en las ventas con tarjetas de crédito a 12 cuotas sin intereses, restaurantes y hoteles completos, el regreso de los cócteles corporativos de fin de año, restaurantes alimentando a miles de compañeros de trabajo que celebraban la terminación del año 2005, el regreso del pago de los ‘bonus’ en las empresas grandes y, en otras, canastas de regalo.

Fue el final de un año en el que ‘maduró’ el ‘boom’ de los inmuebles de lujo, explotó la venta de teléfonos celulares y televisores de pantalla plana y, para las vacaciones, volvieron los viajes a Brasil, listas de espera en los aviones rumbo a Punta del Este y otros destinos, y en el mercado local las empresas de ómnibus de larga distancia reforzando sus servicios. El auge del consumo fue culpado por el rebrote inflacionario.

Las fiestas de Navidad y comienzo de año fueron la culminación de un proceso socioeconómico de consumo concentrado en 1,5 millón de familias que, en el mejor de los casos, puede llegar a 6 millones de personas, si se consideran los grupos familiares completos.

Sin embargo, este escenario es parcial porque hay que equilibrarlo con casi 15% de desocupados, imposibilidad de reducir el universo de beneficiarios del Plan Jefas y Jefes de Hogar, 40% de pobres y 50% de los trabajadores ganando menos de $ 600 mensuales.

El fenómeno del consumo, confrontado con los datos sociales, diseñan una paradoja socioeconómica escasas veces reflexionada en la Argentina dado que, mientras crece la economía, suben los sueldos ‘en blanco’ y aumentan las ganancias de las empresas, a la vez se encuentra congelada la distribución de la riqueza en una relación que llega a 23 veces entre quienes menos ganan y quienes más tienen.

2. Datos elocuentes

La paradoja del consumo vs. situación social fue bien definido en un trabajo realizado por la consultora Equis, que conduce Artemio López, y que casi no tuvo repercusión pública.

Según el informe:

> Sobre 100 personas 38 son pobres. De ellas, 14 viven con $ 5 por día, 12 con $ 4 por día, 5 con $ 3 por día, 4 con $ 2, y 3 con $ 1. Sin embargo, otras 3 personas trabajan en puestos en donde ganan $ 300 diarios o más.

> Aunque 58 personas de cada 100 no se encuentran conectados a la red de gas natural, 33 no tienen agua potable y 62 no tiene pozo ciego o estructura sanitaria básica, cerca de 30 argentinos de cada 100 sí tienen teléfono celular.

> Argentina es un país donde de cada 100 personas 13 no tienen trabajo, 35 están ocupados (de ellos 20 cobran salarios en negro) y 15 están retirados, jubilados o pensionados.

> De cada $ 100 de sueldos que se pagan en la Argentina, el Estado se lleva cerca de $ 25, $ 54 van a los 20 habitantes que más ganan ($ 2,70 cada uno) y $ 4 van a las 20 personas que menos ganan ($ 0,05 cada una).

En la sociedad argentina, 2 de cada 5 personas no pueden alcanzar la canasta básica alimenticia con sus ingresos, pero durante el fin de año 2005 se pusieron de moda las tarjetas de regalo y los vales multiconsumo, que resultan sobresueldos implícitos.

Sin duda, en la economía argentina hay un fenómeno de consumo del cual se han dado cuenta en el comercio, pero no en el Gobierno, dado que siguen analizando los cambios como el resultado del ‘renacimiento de la vapuleada clase media’, cuando es más confiable considerarlo un reemplazo de ahorro por consumo –resultado de la desconfianza colectiva en el sistema bancario-, en especial en las clases altas y, con un poco de suerte, también las familias media-altas, que actúan de acuerdo a los patrones de consumo reprimido.

¿Cuál es la diferencia? Quizás, detrás de las compras alocadas de las últimas fiestas hay una clase media y alta que no ahorra y prefiere vivir ‘al día’.

3. Consumo, consumo y consumo

En medio de la ‘fiebre del consumo’ hay distintos tipos de participantes: mientras las clases bajas y empleados ‘en negro’ han registrado una caída en su poder de compra salarial (en promedio, y por la inflación, pasaron de un equivalente a 3 canastas básicas a otro a 2 canastas), en la clase media ‘en blanco’ se observan recuperaciones.

Durante 2005, muchos datos han cambiado. Según la consultora CCR, para las clases bajas y medias pauperizadas aseguran que un salario de $ 1.000 es "mucho dinero". A esa gente, la crisis la obligó a vivir con menos de $ 10 por día, donde las compras se concentran en almacenes (donde hay ‘libreta de compras’) y supermercados chinos.

Sin embargo, con la creación de casi 3 millones de puestos de trabajo desde el piso de la crisis, muchos hogares encontraron que no sólo uno, sino hasta 2 integrantes de sus familias volvieron al mercado laboral activo. Quizás, desde 1998, muchas familias no tenían 2 sueldos ingresando al hogar.

A su vez, entre los empleados con salarios mínimos los reajustes obligatorios del gobierno significaron casi $ 300 adicionales a sus salarios y, por los ajustes de convenios y otros aumentos, los incrementos llegaron a superar en 25 puntos la inflación.

Tal como lo destaca el informe de diciembre de M&S Consultores, en 3 años, la masa de salarios, sumando el aumento de personas empleadas y los aumentos de ingresos, acumulan un avance de 25%.

Entonces, desde el piso de la crisis, el poder de compra de los salarios, ya sea ‘en negro’ o ‘en blanco’, creció y provocó confianza entre los trabajadores; además, el número de trabajadores subió, consolidando esa confianza que, en el corto plazo, se extiende hacia las familias.

Éste es el secreto de la popularidad de Néstor Kirchner, y por esto él se atrevió a expulsar a Roberto Lavagna del Palacio de Hacienda, asumiendo todo el control, o sea no compartiendo popularidad.
Y también es el motivo de la reelección que anuda el Presidente para el año 2007. (ver gráfico 1).

El dinero está, pero no es la única condición. Las cifras son más que elocuentes y no sólo demuestran una suba en los niveles de ventas sino, también, que las ventas crecieron aunque los precios crecían; en especial, entre los productos de consumo hogareño como en los electrónicos, las estrellas del año 2005.

Por ejemplo:

> Los supermercados e hipermercados han batido todo los récords de ventas de electrodoméstico en 15 años (con saltos de 65% en DVD y computadora, cerca de 46% en lavarropas, secarropas y lavavajillas), pero los productos del rubro han subido cerca del 30% de sus precios en 2005.

> El mercado de perfumes de lujo creció 25% el año pasado y para frascos de 100 ml. el precio pasó de $ 90 (devaluación a cerca de $250 de hoy.

> La venta de TV de plasma se duplicó en 2005, pero los valores que habían caído cerca de 20% hacia mitad de año, bajo el amparo de los planes de 12 cuotas subieron cerca de 15% con respecto al cierre de 2004.

> En el caso de los reproductores tipo mp3, el número de venta se multiplicó por 25 (de 4.000 unidades a casi 100.000 en 2005) y la gama de precio que tenía un techo de $ 1.200 en 2004 hoy tiene valores cercanos a $ 3.000 para los más avanzados.

> Las ventas de PC se encuentra en niveles iguales a los previos de la crisis y, el año pasado, se colocaron cerca de 1.200.000 unidades. Aunque proyectos como la Mi PC con precios menores a $ 2.000 empujó el mercado, por cada equipo financiado por el Banco Nación se colocaron otros 7 (en 2005 el mercado informático hogareño facturó cerca de $ 450 millones, casi 50% más que en 2004).

> Durante el año 2005 se vendieron 403.000 autos nuevos, aunque aumentaron cerca de 25% en el año y los usados llegaron a casi 1.200.000 unidades con subas de hasta 45% en algunos modelos.

Al analizar el consumo de electrodomésticos, no hay duda que el impacto de los planes de pagos en cuotas -crecientes de parte de las tarjetas de crédito- fue clave para incentivar la compra. Desde el punto de vista del vendedor, el circuito se conformó en forma excelente:

> Se compra el electrónico a pagar a la fábrica en 60, 90 ó 120 días.

> Se vende el electrodoméstico en 3, 6 o 12 cuotas.

> La cadena de electrodomésticos entrega el cupón a un banco comercial que financia (avala) las compras.

> El banco toma el cupón y de inmediato o, en el peor de los casos, menos de 72 horas, la cadena de electrodomésticos recibe su dinero.

> La cadena, con el efectivo, cancela pasivos o compra en efectivo –con grandes descuentos- nuevos productos, en especial, si son importados.

> El banco se queda con el cupón o los ‘securitiza’ por medio de fideicomisos financieros.

> Las aseguradoras, AFJP, fondos comunes de inversión o los mismos bancos compran el fideicomiso financiero por su tasa de interés.

> Con el efectivo de fideicomiso el banco vuelve a prestarlo al mismo o a otro cliente.

Como se observa, el circuito se retroalimenta. Por lo general, luego de una crisis financiero como la que ocurrió en la Argentina en 2001-2002, lo primero que regresa es el crédito personal o para el consumo. Dada la seguridad legal que otorga el fideicomiso financiero, las condiciones para que volvieran los créditos esperar el momento indicado para estallar.

El aumento del crédito fue resultado, además, del auge de los fideicomisos y del salto en la cantidad de circulante. Mientras en 2003 el aumento fue de 15% ($ 3.300 millones, en 2004 llegó a 21% ($ 5.600 millones) y otro 30% en 2005.

4. Crédito para la clase media

Desde el punto de vista del consumidor, además del aumento del poder adquisitivo y del regreso del crédito, existía un atraso en el consumo de productos de bienes hogareños.

Según un estudio realizado por Latin Panel en 16 grandes ciudades de América latina, la Ciudad de Buenos Aires –el gran centro consumidor argentino- exhibe retrasos en los niveles de compra de ciertos productos.

Por ejemplo,

> sólo 3% de los hogares argentinos tienen lavaplatos (contra 7% del resto de la región),

> 2% tiene secarropas (contra 7%) y

> 15% tiene freezers (contra 29%).

Por el contrario, en la Ciudad de Buenos Aires hay más televisión por cable (57% vs 29%) e igual número de computadoras (28% vs. 29%) y automóviles (33% vs. 31%).

En ciertos nichos, la Argentina tiene completo su menú de equipos hogareños electrónicos. Por ejemplo, televisores (presente en 99% de las casas), heladeras (92%) y teléfonos (75%). Pero en otros, está a medio camino, como el caso de

> los microondas (44% de los hogares) y

> DVD y videos (3 de cada 5 casas).

De esta forma, en las familias argentinas, cuando existen decisiones de compra van a los productos faltantes, al reemplazo de los rotos o antiguos y a las ofertas de precios (en casos como los televisores, en muchos hogares hay más de 1 unidad dado el tamaño de las familias).

Por eso, no debería extrañar que las estrellas de las ventas hayan sido nuevos electrodomésticos hogareños que no están en las casas (lavajillas, secarropas, lavarropas sofisticados, hornos a microondas y DVD), y los nuevos modelos (como las heladeras o las computadoras).

Por otra parte, hay bienes que podrían interesar a las familias pero que no todos pueden comprar y que no ocupan el renglón consumo sin el rubro ahorro, en especial, entre clases medias altas y altas:

> autos e

> inmuebles.

5. La burbuja

La economía argentina es una de las pocas del mundo donde los autos son instrumentos de inversión.

Décadas de inflación crearon una fantasía de ganancia: un precio de compra, usar el producto y venderlo 20% más caro que al momento de la adquisición inicial. El auto no tiene depreciación y "con un pesito más compramos otro modelo" fomentan la idea que el dinero gastado en un vehículo es un ahorro (idea que incentiva la fácil liquidez que se tiene por venta de la unidad).

En la actualidad, el mercado automotor tiene casi 7 millones de unidades funcionando y con un mercado menor a 500.000 unidades nuevas, la vida útil de los autos se extiende hasta casi 15 años y las mejoras de calidad y la búsqueda de prestigio se canalizan por el mercado del usado.

En el caso de los inmuebles, la herencia inmigrante mantiene fresca la idea de "hay que ahorrar en ladrillos", alimentando la idea de que hay compras de propiedades para vivir y otras para invertir.

Sin embargo, en la actualidad, sólo

> 28% de los autos se venden a crédito,

> 17% a través de planes de ahorro y

> 55% en efectivo.

Además, para adquirir una unidad de la gama más baja se necesitan cerca de 30 salarios mínimos y, en el caso de vehículo de alta gama, podemos llegar a más de 150 ingresos mínimos.

Por su parte, para acceder a un préstamo inmobiliario se requieren ingresos superiores a los $ 2.500 mensuales y tener cerca de US$ 35.000 ‘en la mano’. Además, en tres años, los inmuebles aumentaron casi un 100% desde mediados del año 2002. Los ‘ladrillos’ quedaron para los que tienen ingresos más que altos.

De esta forma, si se considera que el crédito existía para los fabricantes, importadores y comerciantes, debe considerarse que las tarjetas extendieron los plazos de financiación y bajaron las tasa cuando existían consumos contenidos o nuevos productos en el mercado: éste es el fenómeno que ocurre desde la segunda mitad del año 2004 y todo el año 2005.

Existen explicaciones muy concretas, del fenómeno, concentrado en las clases medias y altas.

Dos dudas:

> ¿Por qué la gente no salió a comprar dólares con el dinero excedente?

Desde la salida de la Convertibilidad, la costumbre del público cambió y las preferencias sobre el peso son mayores que hacia el dólar. Es la ruptura de una costumbre que llevaba 25 años.

> ¿Por qué no se quedaron con los pesos y ahorraron?

Según demostró la Fundación Mercado en una investigación realizada en octubre pasado: sólo 3% de la población manifiesta interés en ahorrar. La falta de interés por el dólar, las tasas bajas en pesos y la desconfianza a las colocaciones bancarias, sumada la ausencia de alternativas interesantes de inversión para los que tienen menos de $ 100.000.

En este marco, la fiebre de los electrodomésticos tiene participantes muy claros:

> créditos baratos,

> productos interesantes y

> confianza en el pago de la deuda en el corto plazo (menos de un año).

También tiene un público limitado, según un trabajo de American Express: el 63% de la clase media ni siquiera tiene capacidad de ahorro.

El resto, ahorra sólo 11% de lo que gana. El Estado tampoco ayuda: casi medio año de trabajo se requiere para pagar los impuestos y casi 25% de los salarios se van a cancelar diferentes impuestos. Para peor, el Impuesto a la Riqueza se extiende cada vez más en la clase media y le saca fondos a quienes le cuesta bastante ahorrar. Por eso, un plasma es, para muchos, un ‘lujo asiático’.

6 . Inmueble: entre el ahorro y el consumo top

Una historia diferente corresponde a los inmuebles de altos precios, es decir, en aquellos donde el metro cuadrado pasen los US$ 1.500, generando un fenómeno totalmente diferente, aunque con algunas raíces cercanas como, por ejemplo, el estallido de consumo de un momento a otro.

Como en el caso de los electrodomésticos, los datos son impactantes:

> En 2005, la venta de inmuebles alcanzó el nivel más alto desde la salida de la convertibilidad.

> El 56% de las viviendas que se construyen en la Ciudad de Buenos Aires son ‘de lujo’ con casi 4.000 emprendimientos.

> Casi 37% de las casas o lotes que existen en los ‘countries’ están desocupados y actúan como ‘inversión’, es decir, sobre 110.000 lotes que hay en los 280 barrios privados y ‘countries clubes’ que hay en el Gran Buenos Aires, sólo están construidos 45.000 lotes y menos de 35.000 están ocupados en forma permanente.

> El precio del metro cuadrado en Puerto Madero pasó de U$ 1.500 a US$ 3.000 en menos de dos años.

> En barrios top como Recoleta, Barrio Norte o Belgrano se han vendido edificios enteros en dos fines de semana.

> En 2005 se lanzaron 2 nuevos grupos de desarrolladores inmobiliarios para construcciones urbanas (no hablamos de ‘countries’, barrios privados o similares).

Durante el bienio 2001 y 2002, el sector inmobiliario sufrió una de las mayores crisis en los últimos 20 años.

Por un lado, el dinero volaba hacia el exterior y, por efecto devaluación, las unidades que salían a la venta tenían precios 30% más altos que durante la convertibilidad, pero en pesos, cuando el dólar había subido hasta 240%.

Este conjunción de falta de efectivo y precios deprimidos trababan las operaciones. Sin embargo, una decisión oficial cambió las condiciones del mercado.

A comienzos del año 2003, el Banco Central autorizó a los ahorristas que habían optado por cambiar sus depósitos por los bonos llamados Cedros para la compra de inmuebles.

Entonces, se generó un ‘círculo virtuoso’:

> Los ahorristas compran un inmueble con los Cedros.

> Por vender por bonos, los precios de los inmuebles comenzaron a subir.

> Como se pagaba con bonos, las ofertas de compra aceptaron precios mayores.

> Los vendedores usan los bonos para cancelar deudas con los bancos.

> Los bancos equilibran sus cuentas y, en el camino, negocian un porcentaje de la operación mejorando los balances de las entidades financieras.

Así reapareció en escena Eduardo Constantini vendiendo edificios de lujo en dos fines de semana o un barrio en Nordelta en sólo dos días.

Eran emprendimientos de US$ 5 millones a US$ 15 millones, que recibían 20% de la inversión antes de construir una sola pared.

El corredor Belgrano, Barrio Norte, Recoleta y Puerto Madero fueron el centro del fenómeno. Algunos barrios privados o ‘countries’ muy puntuales se sumaron más tarde. Luego le tocó a Palermo Hollywood y Villa Crespo.

El resto, poco y nada.

Entonces, durante el 2004 y todo el 2005, comenzó un nuevo negocio: invertir en ‘pozos de obra’ y vender durante la ‘pre-venta’, o comprar a media construcción y vender antes de la inauguración.

Se trata de plazos menores de 12 meses de inversión en donde se llegaban a obtener ganancias de hasta 50%. Un gran negocio. Pero era un negocio para pocos: para ingresar se debía contar con US$ 100.000 de base.

Según fuentes del sector, casi 85% de las construcciones de lujo que se han levantando y se están construyendo en la Ciudad de Buenos Aires, Gran Buenos Aires y los mayores centros urbanos de la argentina se han podido realizar gracias a procesos de pre-financiación, es decir, sus emprendedores iniciales no tienen o no tienen hoy el capital total para completar el proyecto presentado al público.

Incluso, esta fiebre inmobiliaria generó que el precios de otros inmuebles crecieran y que se ampliara a otros sectores. Esto se refleja, por ejemplo, en que el valor de las cocheras creció cerca de 35% durante todo 2005, hay lista de espera para alquilar en los shoppings o aumenta el interés por la adquisición de plantas industriales cerradas en el cono urbano bonaerense.

--------------------

Copyright by EDICIÓN i, 2005.