CAMBIOS EN LAS JUBILACIONES

US$ 537.872.914.285: Una reforma en serio o mayor quebranto previsional

La cuestión previsional tiene un recorrido extenso en la historia de la socioeconómica argentina. Todo comenzó con el incumplimiento del Estado con su compromiso y obligaciones con los aportantes, y desde entonces ya pasaron varias décadas y el asunto nunca se emprolijó. El Estado siguió cometiendo errores: quitando recursos a las cajas previsionales, ampliando las coberturas a los no aportantes, apropiándose del dinero de los aportantes por capitalización, limitando a los aportantes que querían mejorar sus jubilaciones... Ahora se ensaya un recorte del gasto previsional, que parece fuera de control, luego de 2 años que esta misma Administración amplió los beneficios. La disyuntiva es si hay maquillaje por coyuntura o un esquema profesional y confiable. Al respecto escribió el especialista en el tema, Advertencia: Una reforma en serio o mayor quebranto previsional Sebastián Boix Mansilla:

Últimamente hemos escuchado discursos del Presidente Mauricio Macri invitándonos a transformar la Argentina, en los que la verdad y la honestidad sean pilares de la transformación. Fuimos llamados a poner el hombro para ceder algo, con el fin de lograr disminuir el déficit fiscal, aumentar el empleo, bajar la pobreza, incentivar la inversión, etc.

Tal vez lo más importante fue el concepto de dar el ejemplo, y es justamente allí donde proponemos esta reflexión.

Para empezar podríamos decir que el Presidente faltó a la verdad cuando dijo que la inflación de este año es la menor desde el 2009, ya que los datos del INdEC reflejan que solo fue menor a la del año pasado. En rigor, la mentira no está en estas declaraciones sino en los índices del INdEC adulterados durante el kirchnerismo, y que el actual gobierno decidió no corregir hacia atrás para no tener que reconocer el ajuste por inflación a todos los damnificados por la manipulación del mencionado índice. Es decir, el Presidente cuenta con los datos verdaderos, mientras que la sociedad sólo dispone de los datos falsos.

Hago esta referencia porque entre las propuestas para disminuir el déficit fiscal se menciona la posibilidad de cambiar el índice de movilidad de las jubilaciones vigente a partir de la aplicación del índice de inflación en lugar del esquema actual que combina recaudación y movilidad salarial. ¿Cómo podría ser creíble un índice de inflación como base de cálculo de las jubilaciones cuando nuestra historia reciente nos muestra que ha sido adulterado muchas veces? Además, tal como dijimos, el actual gobierno decidió no actualizar la inflación pasada a sabiendas de que el índice había sido manipulado por la anterior administración.

Para poder avanzar en un diagnostico correcto tenemos que entender que en la Argentina hemos regalado más de cuatro millones de jubilaciones a personas que no reunían los requisitos para alcanzar la prestación, y que estos beneficios suman más que todo el déficit fiscal que padecemos.

También hemos duplicado el número de empleados públicos y ese incremento de dotación sumado a los ajustes salariales superiores a los del sector privado explican también la totalidad del déficit.

Endeudarse para realizar obra pública necesaria e inteligente es una medida razonable, porque mejora la calidad de vida de los ciudadanos y aumenta la competitividad del país. En cambio, endeudarse para pagar jubilaciones regaladas y administración pública sobredimensionada resulta a todas luces inadmisible, y no es sustentable.

Por lo tanto, no se trata de que todos cedan un poco, sino de dejar de regalar a los que no ponen a costa de los que sí lo hacen. Aquí se trata de que contribuyan aquellos que, a pesar de recibir, no realizan ni realizaron aportes. Caso contrario, seguirán aportando cada vez más solo los que siempre aportaron y lo siguen haciendo. Es decir, deben aportar los que recibieron de regalo una jubilación y los que evaden impuestos.

La propuesta de reforma laboral que se discute en estos días prevé, de acuerdo con algunos trascendidos, que el Estado le regalará cinco años de aportes previsionales a los trabajadores informales que finalmente sean “blanqueados. Es decir, no lo pagará el empleador, sino todos nosotros a través de nuestros impuestos.

Si bien es auspicioso motivar el trabajo registrado, no es posible que las propuestas del gobierno que se están conociendo por estos días repitan viejas recetas fracasadas por las cuales el regalo a unos pocos lo debemos pagar la mayoría que viene cumpliendo con sus obligaciones previsionales y fiscales. Además, este regalo no hará otra cosa que empeorar el creciente quebranto del sistema previsional, que sigue regalando jubilaciones sin exigir los aportes correspondientes.

Esta reflexión es válida también para  el ANSeS que, incumpliendo con su mandato, regala jubilaciones y planes a personas que –como dijimos- no realizaron sus aportes, utiliza los fondos de los jubilados y futuros jubilados para regalar computadoras u otras cosas, presta dinero a empresas privadas a tasa subsidiada, etc.

Es un lugar común sostener ligeramente que, para reducir el déficit previsional (y, con ello, el déficit público), hay que bajar jubilaciones, modificar el índice de actualización de las mismas y elevar la edad jubilatoria. ¿No sería mejor que el ANSES dejara de regalar jubilaciones y otras cosas y destinara los fondos que administra (ya que los jubilados y futuros jubilados son sus únicos propietarios) a cumplir estrictamente con sus obligaciones?

Anteriores gobiernos que regalaron jubilaciones, y el actual, que regaló la asignación al adulto mayor, son dos situaciones que explican el déficit público crónico en Argentina.

Para ilustrar la gravedad de estas decisiones, los cuatro millones de personas que recibieron una jubilación mínima (la actual es de $ 7.246) sin haber realizado los aportes correspondientes, generan en el tiempo un gasto de US$ 537.872.914.285 (dólares a valores actualizados, es decir más que un PBI).

La próxima reforma del sistema previsional debería sincerar el debate y obligarnos a revisar y corregir los errores del pasado, y del presente, de tal manera de no repetirlos. Por lo tanto, no se trata de dar buenas noticias a muchos y que las paguen unos pocos. Se trata de ser justos, terminar con los privilegios, tener seguridad jurídica, y ser sustentables y responsables, en definitiva, se trata de hacer una reforma profunda que ponga el país en el lugar donde nunca debimos haber salido.

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