CIUDAD DE BUENOS AIRES. Esta palabra no existe en el diccionario de la RAE (Real Academia Española), pero quizás habría que gestionar su incorporación para definir un tipo de país o sociedad que actúa por instinto y pasión.
EL 2X1 Y LA INSEGURIDAD JURÍDICA
Argentineta
Cuando Carmen Argibay, por entonces jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, decidió no adherir a la declaración de inconstitucionalidad de los indultos concedidos por Carlos Menem apareció implícita la cuestión de la seguridad jurídica que debe preservar un Estado: si cualquier norma se puede modificar cuando el poder político se encapricha, crece la inseguridad jurídica, tan presente durante los años K, reyes en el arte de que la Argentina sea considerada díscola, volátil, imprevisible. Ahora, el tema regresa a escena con el 2x1 y con mucha fuerza.
Es una suerte de resiliencia o de capacidad para adaptarse y naturalizar lo anormal.
Viene a cuento esta sugerencia a raíz del papelón institucional que estamos brindando al mundo sancionando una ley para de algún modo corregir un fallo judicial justo y opinable pero criticado desde la pasión que genera el fanatismo y la hipocresía.
Una de las acepciones de la palabra “pasión” es "perturbación o afecto desordenado del ánimo” y recuerdo que hipocresía significa fingimiento de cualidades de las que se carecen y el fanatismo constituye una desmesura en defensa de creencias legitimas o irracionales o fundamentalistas.
Si Argentina ya genera dudas por su muy débil institucionalidad, si ya padecimos el absurdo de celebrar un default, ahora se buscó el modo de anular sin anular un fallo de la Corte, relacionado también con una absurda ley que consideraba que cada año de detención sin sentencia firme luego de transcurrido dos años de proceso se computaba doble en el caso que hubiera condena.
En realidad esa ley debió haberse declarado inconstitucional y probablemente la Corte, según su profusa jurisprudencia, podría haberlo hecho de oficio.
Quizás la cuestión que debió haberse planteado era o es, si esa ley llamada del 2x1, realmente podría calificarse como norma más benigna, ya que una ley que hace culto y mérito de la demora procesal, no parecería ser “más benigna” sino mas bien una ley peor.
Vemos que la cuestión pudo haber tenido varios otros análisis y con esto quiero señalar que el derecho siempre es opinable ya que hasta el ser más despreciable tiene siempre algún derecho y esto para muchos resulta intolerable.
No hay gente sin derechos, por lo menos en una república y tampoco hay gente con todos los derechos. Nuestra constitución establece que las leyes regularán el ejercicio de los derechos. Quizás el único derecho casi o más absoluto, porque somos mortales, es el derecho a la vida.
Cuenta Amartya Sen que el emperador mogol Akbar abogaba por la necesidad de que cada uno someta sus creencias y prioridades heredadas al escrutinio de la crítica, debiendo saberse que ello tampoco es garantía para alcanzar la verdad…
Volviendo al 2x1 quizás lo natural seria que esta nueva ley que limita el “2x1” sea declarada inaplicable a los casos Muiña y similares, ya que siguiendo con la lógica del fallo, el beneficio de esa ley no podría ser abrogado.
A esta ensalada jurídica ahora le agregamos “escabeche” con lo cual potenciamos nuestro descrédito institucional.
Joaquín Morales Sola escribe en La Nación con relación a este tema, devenido en cuestión que: “Los resultados enseñan de nuevo que no hay peor decisión de un gobierno que la que se deja llevar por el clamor pasajero de colectivos sociales o de mayorías efímeras”.
Desde ahora toda sentencia definitiva siempre estará en cuarentena o será precaria.
La duda que a uno le queda es si el gobierno más que corregir errores se deja correr por lo que llamaría el “complejo de riqueza” de la mayoría de sus funcionarios, como si fuera pecado ser rico, el pecado, en todo caso, sería el mal uso de la riqueza.
Parafraseando a un relator de futbol por televisión cuando ve un error grosero de un jugador de futbol, “Cambiemos…para que te vote…”.








