MORALEJA DEL INDÓMITO IPC

Es Dunga-dunga o muerte (Felices Pascuas)

La grieta tiene sus bemoles en la economía porque implica para los actores estar entre la espada y la pared; o entre el dulce y el truco, como intiman los niños disfrazados en Halloween; o de quedar ante la disyuntiva que el brujo de los caníbales les plantea a exploradores capturados, según el viejo cuento: optar entre el sacrificio de sus vidas y el de su probidad. El 2,4% que dio el Índice de Precios al Consumidor de marzo pegó el más grave portazo a la expectativa económica preelectoral y se necesitará de “varios #1A” de acá a octubre para correr el dial de la percepción popular. Sino, con o sin grieta, la suerte de Cambiemos en el comicio de término medio dependerá del calibre de los errores que pudieran cometer los contendientes. Ya no cuenta que al ministro Juan José Aranguren le hicieran guardar tarifazos en bolsa y que el endeudamiento provea, pero resulta que la canasta básica alimenticia disparó con furia la encuesta del INdEC. El titular del BCRA, Federico Sturzenegger, ensayó la jugada heroica para atajar inflación y subió la tasa de referencia por primera vez desde el mismo mes de 2016, en pleno festival de ajustes de precios relativos, creando otra falsa dicotomía: él o el diluvio.

N. de la R.: Era uno de los chistes preferidos de Daniel Muchnik en la vieja Redacción de Clarín, en los años '80, en tiempos aún de máquinas de escribir, la 2da. etapa de Muchnik en el matutino. Un explorador blanco ingresa a la densa selva africana. De pronto, se le cruza un grupo de guerreros tribales que superan en número al grupo del explorador. Su gente lo abandona y él queda solitario parado frente al enorme jefe belicoso, quien le dice: "Hombre blanco no poder estar en selva sagrada, ser tabú, debe pagarlo: dunga-dunga o la muerte". El explorador blanco comprende rápidamente que no hay alternativa. Él se encuentra en medio de una selva densa y desconocida, rodeado de guerreros que lo superan en número, conocimiento del lugar y decision de pelea. El explorador tartamudea pero al final responde: "Dunda-dunga". Los guerreros abusan del explorador. Maltrecho, él tiene que continuar. No puede quedarse ahí, en medio de la selva. De pronto, otro grupo de guerreros se le cruza en el sendero. Ellos vuelven a señalarle su grave transgresión. Otra vez le invitan a decidir: "Dunga-dunga o muerte". El explorador ya no lo soporta y dice: "Basta para mi. Prefiero la muerte". El jefe de los guerreros lo mira y le concede, con una condición: "Muy bien, hombre blanco. Pero antes, un poco de dunga-dunga". Pero lo más increíble es que esta referencia ya la utilizó Urgente24 a propósito de la Administración K... y ahora la utiliza con la Administración Macri. No se trata de una recurrencia sino de que en muchas cuestiones de enfoque de la economía, ambas se asemejan.

 

El director general del INdEC, Jorge Todesca, bien puede decir que le saltó la liebre de los alimentos y bebidas en marzo, mientras intentaba explicarle al ministro de Energía, Juan José Aranguren (un incondicional de Gustavo Lopetegui, según los renunciantes excolaboradores del ex Shellcómo se debe maniobrar con el programa de aumentos para no impactar de lleno en el IPC (Índice de Precios al Consumidor), tal como sucedió en los primeros meses del año.

Antes del cierre de la encuesta, el ritmo de la inflación venía para el 3% largo, o sea, para el peor cachetazo, lo cual llevó al gobierno a frenar los incrementos de las tarifas reguladas para no cargar más las tintas. Por eso, el titular de Energía tenía una planilla Excel con signos + para las naftas y - para el gasoil pero, de repente, le invirtió los números en honor al índice para beneplácito de la mayoría de los automovilistas, que se habían preparado para afrontar en surtidor un leve toque hacia arriba y se encontraron con que era hacia abajo. Centavos pero, al menos, no era un aumento.

La mesa económica que funciona en la órbita de la Jefatura de Gabinete de Ministros no quiere hacer olas con la incidencia de los tarifazos en el medidor estadístico, advertida que está de que si se ponderaran correctamente pegarían el doble, gracias a herencias técnicas recibidas de Guillermo Moreno.

La conclusión que saca la mayoría de los economistas es que la soga del INdEC ya no puede ser más estirada con los placeres de Aranguren por trasladar mejoras a los hasta no hace mucho colegas del negocio petrolero. Y no porque su N°2, José Luis Sureda, haya hecho público en su carta de renuncia que el ex Ceo de Shell se maneja internamente con autoritarismo.

Todo el gobierno pagó tributo en el primer año del desmanejo de Aranguren con el “sinceramiento tarifario”, cuyo intento de imposición provocó un rechazo social y judicial que le comió gran parte del capital político al macrismo.

Actualmente, en materia de tarifas, el ministro de Energía quedó como un gestor calificado de reajustes, pero el verdadero margen macroeconómico para mover la ecuación de los subsidios se desplazó al área de sus pares de gabinete: Nicolás Dujovne, en la fiscal, y Rogelio Frigerio, en la relación con las provincias.

La cuestión pasa por si el endeudamiento nacional puede seguir siendo el sostén de tantas tribulaciones, si traspasárselo a las provincias, como se propone el poder central, neutraliza las presiones por transferencias del fisco que esgrimen los gobernadores, y la respuesta es que se está ante una delgada línea roja: no se puede seguir con el placebo de los créditos, que hacen caer el tipo de cambio, subir las tasas e imprimir billetes que se reacomodan en el resto de los precios, distorsionando a toda la economía.

Tarifazo o endeudamiento sería para la política económica como el viejo cuento del dunga-dunga o muerte, disyuntiva que baja directamente a la población.

Basta con observar lo sucedido en todo el primer trimestre con el consumo. Después del 5,5% que cayó en febrero, en marzo CAME lo sitúa 4% abajo y los propios hípermercados acusaron una merma del 7%, mientras los precios del cálculo oficial se llevan devorado un tercio de la pauta anual.

Las tasas desbordantes

El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, imaginaba que la mano venía complicada en marzo y se preparaba para lo peor en materia de ajuste monetario, pero se le cayó la estantería y quedó en el peor de los mundos. Su reacción fue aplicar la primera suba de tasa de referencia desde marzo del 2016.

Retrotraer el equilibrio monetario prácticamente al inicio de la gestión, cuando salida del cepo, devaluación, aquelarre en los precios relativos, quita de retenciones, anuncios de tarifazos, arreglo con los holdouts, peloteaban el índice de precios, significó algo así como un puñetazo en la mesa que situó a “Sturze” en la mira del gabinete y del empresariado por ahogar a todos con el torniquete monetario, las tasas y el planchado del dólar. Los comercios no venden, las industrias no exportan, ¿de dónde sale que hayan estado incorporando personal, como pregona el jefe de Gabinete, Marcos Peña?

El índice de inflación de marzo también contiene pelotazos estadísticos contra la vidriera electoral del gobierno, que la euforia por el éxito de la marcha #1A disimuló y pegan de lleno en la llamada canasta básica alimentaria, que subió 24,3%. Del panel de 50 productos para hacer seguimiento que había inventado el súper K Moreno, volteó Todesca y ahora repuso otra vez, resulta que hubo 41 subas y sólo 9 bajas.

Los desagregados en realidad agregan: de los 2,4 puntos que subió el índice general, casi la mitad se localiza en alimentos y bebidas, que con un 3% superó al promedio. De los 9 ítem que se evalúan, Sólo Educación, gracias a Baradel y compañía (5,6%), e Indumentaria, fruto del acuerdo antiimportador (4,8%), anduvieron por encima de la cuerda promedio, aunque por su peso en el consumo de las familias, la comida termina siendo el más influyente.

Es así como los que más aumentaron terminaron siendo los "alimentos para consumir en el hogar", con 3,4%; contra un 2,2% de "bebidas para consumir en el hogar"; y un 2,1% de "alimentos y bebidas para consumir fuera del hogar". Hilando más fino, el plato principal sufrió más las consecuencias porque las verduras subieron 7,7% y las carnes 5%. Sólo bajó la fruta -2,2%, lo cual invitaría a invertir el orden de la mesa: primero el postre, luego el plato principal y finalmente la sopa.

Hubo algunos que en sólo un mes subieron por arriba de los dos dígitos: el pollo entero (10,8% arriba, de $ 34,73 a $ 38,49 el kilo); la lechuga (10,2%, de $ 44,08 a $ 48,56); el tomate redondo (15,3%, de $ 22,36 a $ 25,77).

Como consuelo, bajaron fuerte el limón (-31%, de $ 55,02 a $ 37,99); la batata (-15,2%, de $ 26,73 a $ 22,66); y la manzana deliciosa (-12,6%, de $ 38,06 a $ 33,25).

La “neoliberal” consultora FIEL se les adelantó tanto al sostén intelectual de la “capucha”, como a la usina detractora kirchnerista y a los paritarios para advertir que con estos guarismos el lazo corredizo de la línea de pobreza para una familia tipo se trasladó a $12.709, dato que el investigador de la UCA, Agustín Salvia, ya debe haber cargado en su base de cómputos para medir la pobreza.