por LUIS ALEJANDRO RIZZI
ARGENTINA 2017
Una sociedad orgullosa de sus fracasos
La imagen de Mauricio Macri se ha desplomado en el 1er. cordón y 3er. cordón del Gran Buenos Aires, el gran padrón electoral argentino. Las expectativas positivas de los argentinos acerca de su economía personal han desmejorado. En la alianza electoral Cambiemos aparecen discrepancias domésticas con cuestionamientos al Presidente y a su jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, que antes no ocurrían. En público se debate acerca de la permanencia o no de la diputada nacional Elisa Carrió (CC-ARI) en la unión transitoria de partidos en el gobierno. No es el escenario que imaginaban los electores que en el balotaje 2015 eligieron a Macri por sobre Daniel Scioli. Uno de ellos, Luis Alejandro Rizzi, quien además fue funcionario de la actual Administración, escribió lo siguiente:
Esta semana nos mostró cabalmente lo que somos como sociedad y asimismo la ligereza con las que se analizan los hechos.
Escuché decir que esta semana fue nefasta para Mauricio Macri y Cristina Kirchner, aunque por diferentes motivos, que volvimos a los '70, que el gremialismo y el peronismo es lo mejor que le puede pasar al “macrismo”, que el gobierno ganará las próximas elecciones no por sus méritos sino por las carencias o falencias de la oposición, en fin podríamos continuar con esta saga de juicios hasta el fin de los tiempos.
Yo diría que el tema es otro, no se trata del peronismo, del macrismo, del gremialismo, se trata de nosotros como sociedad, como gente, que estamos recogiendo los frutos de los que algunos han dado en llamar la “era de la posverdad”, es decir una época sin ninguna certeza, lo que explicaría este grosero surgimiento de una suerte de “verdades locas”, parafraseando a G.K. Chesterton, que serian verdades que hemos vaciado de contenido o que hemos aislado y así nos quedamos sin valores.
Somos navegantes de la vida sin referencias que es lo mismo que decir sin rumbo. Una brújula con un solo punto cardinal, no es una brújula aunque así la llamemos.
Juan Manuel Palacio escribía en el diario La Nación que “…cosas como Dios, patria, fe, familia, caballerosidad, amor, nación, Estado, poder, obediencia, orden, bien, mal (usted elige) son hoy conceptos inestables, relativos, que no se pueden pronunciar sin más, a riesgo de parecer tonto, antiguo o algo peor”.
Este estado de cosas nos lleva a una situación de hastío y de anomia social que explica mucho de los que nos pasa a los argentinos y a la gente en el mundo que es la violencia, como medio para compensar la falta de verdades.
En esta gama se puede incluir el fanatismo grosero del Estado Islámico, del terrorismo y de regímenes políticos que perduran como el caricaturesco y cruento de Venezuela, de Corea del Norte y de varios países africanos.
El “brexit”, Donald Trump; Geert Wilders, en Holanda; Marine Le Pen, en Francia; y Frauke Petry, en Alemania, por citar solo a los más conocidos son expresiones más refinadas de esa violencia política que se usa equivocadamente para recuperar el significado de esas cosas referidas por Palacio, el Estado, el poder, la soberanía, todos conceptos nobles pero usados como absolutos se convierten en simples sofismas.
Pasa esto porque las verdades constituyen una estructura y todas se relacionan entre si y sus contenidos evolucionan y a veces unas verdades se convierten en otras verdades. Ahora bien, cuando nos aferramos a las “verdades locas” en realidad nos aferramos a “falsas verdades” que nos arrastran al fanatismo y a la desmesura.
Los hechos de violencia en el acto de la CGT fueron una muestra de fanatismo y desmesura que se repitieron, en otro contexto, en la marcha del Día de la Mujer lo que en definitiva hace del conflicto en vez de una cuestión o materia de discusión y controversia, una lucha para demostrar mas fuerza que el otro y doblegarlo.
Nosotros, la sociedad argentina, nos hemos acostumbrado al fracaso y todas nuestras conductas reflejan lo que llamaría “la cultura del fracaso y la frustración” y, como dicen los evangelios, somos conocidos por nuestros frutos que son, en definitiva, la permanente inestabilidad o mejor dicho la anomia en la que vivimos.
Los frutos que podemos exhibir como sociedad argentina es
> un nivel de pobreza e indigencia de 1 persona cada 3;
> un sistema de pésima calidad de educación pública que, tal como dijo Jaim Etcheverry, está esencialmente destinado a los pobres y que cada día los hunde más no sólo en la desesperanza de la movilidad social ascendente, sino en su condición de “excluidos”;
> una concentración de poco menos de la mitad de la población en la Ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires que hoy día y por varias generaciones luce como cuestión insoluble;
> carencia de sistemas de agua potable y cloacas; infraestructura general precaria y ambiciones sin límite.
Que tengamos un gobierno desorientado y sospechado de opacidad, a ex presidentes y ex funcionarios y funcionarios actuales procesados o imputados, es un fruto cabal de esta era de morbosidad que vivimos, parafraseando a Antonio Gramsci, en la que somos incapaces de dejar atrás los fracasos y, a la vez, nos creemos con derecho a derechos de sociedades desarrolladas o más ordenadas.
Esta semana, en todo caso, fue nefasta para todos nosotros como sociedad, incluidos Mauricio Macri y Cristina Kirchner y el atril del acto de la CGT convertido en una suerte de féretro con cruz fue otra muestra de la idiotez que demuestra que cualquiera haya sido el grupo ideológico que lo inspiró ni siquiera recuerda el antecedente de Herminio Iglesias que quizás potenció el triunfo de Raúl Alfonsín.
Los hechos se repiten primero como tragedia y luego como farsa como se relata en el 18 de brumario de Luis Bonaparte, y nuestros fracasos sucesivos que fueron una tragedia hoy se convirtieron en una farsa que como toda sátira, para algunos genera rentas pero que también llevó el nivel de pobreza al 32,9% de la población.
Quizás habría que decir que nuestros fracasos se repiten primero como tragedia y luego como fatalidad.






