EL CASO DE JUAN JOSÉ GÓMEZ CENTURIÓN

Historia de espías, escuchas telefónicas y ropa sucia en el PRO

Juan José Gómez Centurión siempre tuvo acceso directo a Mauricio Macri. Desde los días de la Agencia Gubernamental de Control porteña, un cargo fundamental para cualquier estructura político-partidaria en la Ciudad de Buenos Aires. Por ese motivo, su derrumbe no es baladí. Hay una densa trama en todo el asunto, además de las denuncias por corrupción.

Juan José Gómez Centurión estuvo en islas Malvinas, como jefe la 2da. sección "Romeo" de la compañía "C" del Regimiento 25 de Infantería, a cargo del teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, en la zona del istmo de Darwin. Allí ocurrió la batalla de Pradera del Ganso. Él emergió del combate con la condecoración Cruz al Heroico Valor en Combate. Pero también comenzó la controversia que lo acompañó desde entonces.

Hubo quienes afirmaron que no le correspondía ese honor porque la muerte del teniente coronel británico Herbert Jones la provocaron los soldados conscriptos de la sección "Bote", Guillermo Huircapan y Oscar Ledesma, cuando el inglés quiso tomar la posición, pero quien se colgó la medalla fue Gómez Centurión.

Más tarde, él participó de los levantamientos de Semana Santa, en abril de 1987, y de Monte Caseros, en enero de 1988, contra el gobierno de Raúl Alfonsín. No obstante, curiosamente, los 'carapintadas' lo detestan y no lo reconocen como un par. Lo acusan de ser un "carapintada vergonzante" (de acuerdo a la Real Academia de la Legua Española, esto quiere decir "Que procede de modo encubierto o disimulado por vergüenza").

No sólo Ricardo Alfonsín (en nombre de la memoria de su padre Raúl, quien lidió con los 'carapintadas') se opuso a su designación como ministro de Defensa de Mauricio Macri. También abundaron los reparos desde el Ejército. Entre los generales actuales hay quienes fueron subordinados suyos y demostraron la abundancia de cuitas pasadas. Así fue como llegó a ministro el riojano Julio César Martínez.

Y Gómez Centurión terminó en la Dirección General de Aduanas, que depende de Alberto Abad, titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, con quien tuvo pésima relación desde el comienzo. Pero no era fácil para Abad quitárselo de encima porque Gómez Centurión siempre tuvo una notable red de vínculos dentro del PRO, y acceso directo a Mauricio Macri.

Ocurre que Gómez Centurión, además de si título de Ciencias Políticas por la Universidad Kenned y y sus relaciones laborales con el Grupo Cencosud, frecuentó la Fundación Pensar donde llegó a ser uno de los directores. Pero hay algo más:  fue el responsable, en la Ciudad de Buenos Aires que gestionaba Macri, de la Agencia Gubernamental de Control, un organismo próspero. La facturación publicitaria, que acabó con el sueño político de Fernando Niembro, y la AGC fueron estructuras claves en los años electorales de la fuerza partidaria de color amarillo.

¿Qué ocurrió, entonces, que Gómez Centurión se estrelló?

Que bloqueado por Abad, intentó insistir con el Ministerio de Defensa. 40 días atrás, Gómez Centurión presionó porque Martínez no devolvió a Rusia 4 buques que compró Agustín Rossi cuando era ministro de Defensa.

En verdad, eso lo tendría que haber planteado el ministro de Medio Ambiente, Sergio Bergman, pero ya todos saben que el rabino está 'pintado' en el cargo.

La Argentina tiene vigente una legislación que prohíbe la importación de asbesto (amianto) porque es una sustancia altamente nociva para la salud, y las embarcaciones rusas abundan en asbesto.

En ese momento, ante la ofensiva del militar PRO, se activaron los malestares que en el Ejército aún existen acerca de Gómez Centurión. La inteligencia militar, en teoría y sólo en teoría, no realiza espionaje doméstico. Y si lo venía haciendo en días de los Kirchner, en teoría y sólo en teoría, dejó de hacer inteligencia doméstica cuando el general César Milani fue abruptamente retirado por Cristina Fernández de Kirchner, en uno de los acontecimientos más extraños del final del ciclo K.

Pero la teoría es bien diferente a la práctica. Eso sí: inteligencia militar, aparentemente, se cubrió para que la responsabilidad por las escuchas telefónicas sobre los negocios espurios de Gómez Centurión quedara en otro ámbito. Por ejemplo, en el Ministerio de Seguridad, a cargo de Patricia Bullrich, de quien dependen la Gendarmería, la Prefectura, la Policía Federal y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, con sus respectivas áreas de inteligencia.

Aunque hubiese querido, Macri no podía salvar a Gómez Centurión porque las escuchas  comprometedoras  fueron conocidas por Abad, por Bullrich y por otros funcionarios de la Administración Cambiemos. El Presidente de la Nación sólo decidió pedir 1 mes para que la salida no fuera escandalosa -aunque de todos modos lo es-, y trascartón lanzó un mensaje que lo reivindica: "Tenemos que dar el ejemplo. No está mal que vaya preso un funcionario del PRO". Todos miraron hacia Gómez Centurión. El Ejecutivo Nacional que cuestiona tanto a los K debe exhibir transparencia.

De todos modos, quien era el jefe de Aduanas intentó sobrevivir. Él lanzó su propia denuncia de corrupción aunque exageró y chocó con gran parte del organismo a su cargo, que decidió dejarlo en soledad.

Un dato que no es menor: que Gómez Centurión se haya ido, no libra a Martínez de la complicidad que comienza a tener con el tema de los buques rusos. Pasado tanto tiempo sin denunciar la situación, lo suyo por lo menos es incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Otra acotación: todos saben que entre Gustavo Arribas y Silvia Majdalani no se hace ni medio espía. Pero la carencia de la AFI no habilita a que en Ejército se regrese a los procedimientos de Milani.

Interrogante: ¿Qué hará el alcalde de 3 de Febrero, Diego Valenzuela, con el hijo de Gómez Centurión que éste consiguió ubicar en la estructura municipal?