CALENTAMIENTO GLOBAL

Las Vegas apuesta por un Silicon Valley del agua

Suena como una tarea imposible: suministrar agua en un desierto a los residentes y a 35 millones de visitantes anuales en una de las ciudades más cálidas y secas del mundo, en tiempos de sequía, y con un lago que cada vez más pequeño como su única fuente de agua. Sin embargo, Las Vegas lo está haciendo desde hace años. La ciudad obtiene la mayor parte de su agua del lago Mead y la cuenca del río Colorado, una fuente de agua que comparte desde hace mucho con otras ciudades del suroeste. El lago estaba lleno en 1985, pero en 2016 luce bien diferente. El desafío ha permitido crear respuestas impactantes. La Argentina tiene geografías mixtas pero, en cualquier caso, la mayoría de sus habitantes urbanos cree que el agua es un activo que puede derrochar. No es cierto, y deberían comenzar a cuidarlo.

Es una sofisticada pieza de tecnología acuática tan destacada como la pirámide de cristal de 36 pisos, o la réplica de La Gran Esfinge de Guiza que cruza toda una calle. Y no es un accidente que esa tecnología sea desplegada por primera vez en un servicio público, en Las Vegas: una caja octogonal de fibra de vidrio que posee un hidrófono del tamaño de un puño, uno de los 13 dispositivos acústicos que escuchan hasta la más mínima fuga en una tubería que tiene miles de millas de largo que diariamente brinda 7,5 millones de galones de agua (28,39 millones de litros) a los hoteles y casinos de Las Vegas.

La ciudad se levanta en medio de la nada, en el árido desierto del Mojave como si se tratara de un espejismo… o de un oasis: el tema del agua es decisivo.

Entonces, si Las Vegas es el lugar más despilfarrador del mundo, imperio del azar, donde el futuro se apuesta en cada segundo, es posiblemente también la ciudad de America más frugal y progresista en el uso de un recurso natural: el agua. Y ahora está tratando de nivelar esa reputación transformándose a sí misma en un centro para nuevas e innovadoras tecnologías acuáticas.

Las Vegas es la ciudad más sedienta de Nevada, el estado más seco de la nación (apenas llueve 4 pulgadas de agua al año o sea 101,6 mm. Para entender de qué hablamos, en Ciudad de Buenos Aires llueve 1.089 mm por año): el agua es lo último que vas a apostar en Las Vegas. Sin embargo, jamás faltará el agua en las fuentes ni piscinas de los hoteles y en el despliegue imprescindible para agradar al turista, quien no percibe qué hay detrás de escena.

Después de 16 años de sequía, los niveles de agua en el cercano lago Mead, fuente primaria del agua de la ciudad, han bajado tan precipitosamente que se han formado anillos blancos en sus orillas. Las Vegas, como cualquier apostador en bancarrota que de repente se da cuenta que las cosas tienen que cambiar, ha respondido con una serie de medidas de conservación de agua.

Los nuevos céspedes en los frentes de propiedades han sido prohibidos por años. Y a los residentes, el municipio les paga si quitan el césped del jardín de sus casas, como si fuese un programa de recompra de armas. Los campos de golf son castigados con multas que llaman la atención por exceder cualquier relación o comparación.

El programa innovador Water Smart Landscapes Rebate – conocido localmente como “dinero a cambio de césped” – ha premiado a los residentes que crean planes de paisajismo aprobados por el distrito y reemplazan su césped que demanda grandes cantidades de agua por flora desértica indígena.

Más de 40.000 propiedades del valle han aprovechado el programa, el cual paga US$16 por m2 y está ahorrando más de 30.000 millones de litros de agua al año.

La agencia también ha entregado un cronograma de riego a todos los que viven en el valle: una vez a la semana durante los meses de invierno, tres días a la semana durante el invierno y la primavera y no se puede regar entre las 11:00 y las 19:00 durante los meses más cálidos de verano.

“Hemos visto casi US$200 millones en descuentos directos a nuestros consumidores que han eliminado el césped”, afirma Patricia Mulroy, jefa del Distrito del Agua del Valle de Las Vegas y la Autoridad del Agua del Sur de Nevada (Southern Nevada Water Authority o SNWA). “Estábamos utilizando muy por encima del 70% de nuestra agua para fines de riego. Los cambios en el exterior de las viviendas eran la única forma en la podíamos conservar y tener éxito en la reducción de nuestro consumo de agua”.

“Desde un punto de vista cultural, probablemente esto fue lo más difícil de hacer entender a la gente”, afirma Mulroy. “Demandó algo de tiempo para que el paisaje se acostumbre, pero lo hizo – los árboles no murieron solo porque los regamos una vez a la semana – y ahora esta costumbre ha pasado a ser parte de la cultura del sur de Nevada”.

Y, gracias al robusto programa de reciclado que trata y devuelve al lago Mead el agua del interior de la ciudad, aún si la ciudad ha crecido por arriba del medio millón de habitantes desde el 2000, se las ha arreglado para reducir su uso total de agua a un tercio: es su éxito más visible y fácil de medir.

Pese a que, con unos 1.000 litros por habitante al día, Las Vegas tiene unos de los niveles de consumo de agua per cápita más elevados de USA, lo cierto es que en los últimos años la ciudad ha implementado programas de ahorro de recursos hídricos que han merecido la atención de otros lugares del planeta en los que este liquido también es escaso.

La industria del agua es por naturaleza adversa al riesgo, ya que un error puede tener consecuencias catastróficas en términos de salubridad.

Pero, con más presión por los suministros de agua tanto en USA como el mundo, la innovación, en este rubro estratégico, es cada vez más importante.

La sequía

El foco en el agua de Las Vegas –y la constante presión sobre su suministro- ha llevado años de experimentación ciudadana, estableciendo el espectro de utilidad de agua en el área. La Autoridad del Agua del Sur de Nevada es el líder reconocido en todo USA en cuanto a la calidad del tratamiento del agua. Y cuenta con un laboratorio de última generación que produce investigaciones de avanzada y cuenta con una lista de científicos que habitualmente publican sus descubrimientos en las revistas académicas más prestigiosas.

Las reglas federales limitan la cantidad de agua que Las Vegas puede extraer por año del lago Mead y del río Colorado. En respuesta a estos límites legales, en 1991 la mencionada Mulroy ayudó a crear la Autoridad del Agua del Sur de Nevada, pionera en su género.

En ese momento, cada municipio buscaba contratos de agua del río en forma independiente, lo cual desalentaba la conservación. Mulroy reconoció la necesidad de sumar recursos y adoptar medidas para usar el agua en forma eficiente a nivel de la comunidad para que la región pudiese seguir acogiendo a nuevos residentes.

Aún así, cuando la cuenca del río Colorado experimentó una sequía a principios de la década de 2000, esto encontró desprevenido al sur de Nevada.

“Realmente teníamos que cambiar el rumbo”, afirma Mulroy. “En forma gradual hemos logrado que la comunidad se acostumbre a la conservación voluntaria por varios años y algunos están comenzando a adoptarla, pero es un tema generacional hasta que lleguemos a un punto en el que la gente se dé cuenta que realmente tienen que hacerlo”.

"Nos tomamos la sequía muy en serio. No hay duda de que el sistema hídrico del rio Colorado está sintiendo los efectos de la falta de agua. El problema es que hay gente que sugiere que Las Vegas es la que está causando el declive de las reservas del lago Mead porque malbaratamos el agua, lo que no es verdad. (…) Por ejemplo, los casinos y hoteles representan el 70% de nuestra economía y consumen tan sólo un 3% de nuestros recursos hídricos, por lo que creo que son una buena inversión", señala Bronson Mack, portavoz de la Autoridad del Agua del Sur de Nevada (SNWA).

La extrema sequía que vive el suroeste de USA hizo que se reduzca el cauce del río Colorado, del que se extrae agua para el consumo de cerca de 40 millones de personas, y por ende, que el lago Mead decrezca sus reservas hasta niveles no registrados en décadas. Conscientes de la crisis hídrica que se avecina, las autoridades de Nevada han impulsado la construcción de una 3ra. tubería para extraer agua desde un nivel más profundo del lago Mead, y planificaron aunque no pudieron poner en ejecución un proyecto para construir un acueducto que lleve agua desde los valles del noroeste de Nevada, presupuesto de unos US$15.000 millones que cuestionaron los grupos ambientalistas, quienes denuncian que Las Vegas está enfrentando una crisis que ha creado la propia metrópolis por el manejo irresponsable del agua que hizo durante décadas, algo que las autoridades de la ciudad niegan.

Hace alrededor de 18 meses, la región dió un paso adelante más osado. El Estado, la ciudad, la universidad del instituto de investigación del desierto de Nevada, la autoridad del agua regional, y la industria privada se aliaron para cambiar la reputación de innovación de agua. Crearon Water Start, una pequeña incubadora que busca y prueba tecnologías de agua prometedoras y las ayuda a acelerar su arribo al mercado.

Por ejemplo, tecnologías que remueven nitratos de aguas de pozos, usan drones para medir el estrés en las plantas y en el aire para mejorar la precisión de la irrigación o, tal como esos indescriptibles dispositivos de escucha mencionados en el inicio de esta nota, colocados a lo largo del conducto, que detectan fugas antes de que puedan causar pérdidas en el ingreso del turismo por millones de dólares.

Una prueba exitosa hecha por el SNWA puede tener un enorme impacto en el mercado para la compañía que desarrolla la tecnología. Water Star ya ha desplegado una serie de investigaciones sobre hidrófonos en otras ciudades.

“Masivamente útiles” es como lo describe Alexis Smith. Su firma, Intelligent Modeling Ltd., mapea patrones de inundaciones pluviales y actualmente está haciendo pruebas con la Autoridad del Agua del Sur de Nevada: “Podemos usar esto como plataforma de lanzamiento, se abre a todo el territorio”, cuenta la británica Smith, refiriéndose al mercado de América del Norte.

Water Star tiene objetivos más nobles que simplemente hacer pruebas con productos innovadores que pueden ayudar con el uso del agua en otros lugares. Compañías comercialmente viables, con la ayuda de Water Star, se comprometieron a establecer instalaciones en Las Vegas o en otro sitio de Nevada, para ofrecer diferentes tipos de trabajos a una economía dependiente del turismo que ha experimentado bajadas peligrosas en los años recientes.

En pocas palabras, Water Star sube su apuesta en Las Vegas: que crezca el interés mundial por las tecnologías vinculadas al agua y así sustentar una industria que no solo refuerce la ciudad contra futuras recesiones, sino que le permita crecer con negocios más allá del entretenimiento para adultos.

'La Bruja del Agua'

El agua siempre ha sido un punto central para Las Vegas. Era un manantial artesanal secado ya hace tiempo, que atraía a viajeros a este punto a mediados del siglo 19. El oasis natural dio nacimiento al nombre de la ciudad, que significa “los prados”.

En 1922, Nevada llegó a un acuerdo con otros 6 estados que le permitió acceder a su pequeña población a una asignación anual del Río Colorado.

Ese acuerdo del Río Colorado, de 94 años, todavía gobierna el uso del agua de la ciudad. Esa asignación de 300.000 pies de acre (cada pie de acre es la cantidad de agua que ocupa en 1 acre de espacio (4.046,8 metros) por 1 pie de profundidad (0,3 metro), alrededor de 325.000 galones, 1.230.258,9 litros) era más que suficiente para satisfacer a un Estado con menos de 100.000 personas, y una población menor a 5.000 personas en Las Vegas.

Asombrosamente, sigue siendo suficiente, y con espacio de sobra. Esfuerzos rigurosos de conservación no solo prohíben los céspedes frontales, sino que también regulan cuándo es los residentes pueden regar plantas o flores y hasta lavar el auto. Y hasta la última gota de agua usada en las casas, la que representa el 40% del uso total de agua, es tratada, reciclada y devuelta en una calidad casi para el consumo, a su fuente el lago Mead a 15 millas de distancia (1,6 Km). Hay un dato sumamente raro para una agencia de agua, pero también una herramienta crucial para el manejo de la que funciona en Las Vegas: por cada galón (3,78 litros) devuelto, la ciudad obtiene créditos para llevarse otro galón sin que cuente en su asignación anual.

Mucho de esto es la herencia de la mencionada Patricia Mulroy, quien llegó a Las Vegas en 1974 para estudiar Literatura Alemana en la Universidad de Nevada, trabajó para el Clark Country en 1978 –es el condado más populoso de Nevada, y el 75% de sus residentes trabaja en Las Vegas-, y para 1989 estaba dirigiendo la empresa de aguas de Las Vegas, la más grande del valle (la ya mencionada SNWA por Southern Nevada Water Authority).

Hoy día Mulroy se ha especializado en programas de seguridad metropolitana e integra el directorio de los Wynn Resorts.

La SNWA que ella formó era una compañía exclusivamente poblada por ingenieros civiles masculinos en la que Mulroy se convirtió en una celebridad. Carismática aunque a veces corrosiva, era conocida alternativamente como 'la Zarina del Agua' o bien 'la Bruja del Agua', después de aquel audaz movimiento ya mencionado para comprar agua subterránea no reclamada en el este de Nevada y traerla a Las Vegas en un conducto subterráneo todavía sin construir, de 300 millas (482,8 Km.) –una reserva de emergencia si es que el lago Mead sigue vaciándose.

“Era más difícil al principio, entre ser llamada “la pequeña dama”, o sólo “Patty” o “la chica jefe””, dice Mulroy, 63 años, quien se retiró en 2014, y es frecuenta el Campus de Montaña que Brookings Institution realiza en la Universidad de Las Vegas.

3 años después de llegar a la agencia Distrito del Agua del Valle de Las Vegas, ella empujó para crear una nueva agencia coordinadora, la Autoridad del Agua del Sur de Nevada (SNWA), autoridad central que ella lideró durante 23 años, abarcando a las 7 agencias locales, que habitualmente competían entre sí, en el valle de Las Vegas. Con un producto tan emocional como el agua, una agencia coordinadora hizo mucho más fácil crear estrategias del recurso de agua para toda la región del valle. “Podés minar el carbón o quedarte con el gas, pero en el momento en que bebés una gota de agua, todos se vuelven locos acá”, cuenta Mulroy, en una obvia alusión a su proyecto subterráneo acuático, que provocó litigios por más de una década.

Desde el comienzo, Mulroy estaba bien consciente de que si una agencia de agua iba a prosperar en el medio del desierto, la innovación debía volverse parte del ADN de la agencia. “Es una ciencia de cambios constante”, afirma ella. Siempre se descubren nuevos posibles contaminantes. “Y en el momento en que se encuentra algo, alguien se siente obligado a regularlo”.

En una economía dependiente de Las Vegas, añade, ”con 40 millones de turistas al año, un solo susto con la calidad del agua provocará que las cancelaciones de reservas empiecen a golpear la puerta principal”.

Desde las fuentes de unos 83 millones de litros del Bellagio y los canales artificiales de The Venetian, hasta la laguna del pirata de Treasure Island y el volcán líquido en The Mirage, los visitantes de la avenida The Strip de Las Vegas nunca sospecharían que la región padece una fuerte sequía.

Incluso hoy en día solo el 3% del agua de la ciudad va a estos casinos colosales que impulsan la economía de Nevada. A diferencia de muchas ciudades que ofrecen a sus clientes descuentos por volumen, Las Vegas cobra más por galón a sus usuarios que consumen grandes volúmenes de agua.

“Los resorts son, por naturaleza, grandes consumidores de agua por lo que reciclan cada gota”, afirma Mulroy. “Para ellos, es una cuestión de dólares y centavos, y han avanzado de manera increíble para convertirse en líderes. Cuando iniciamos la conservación voluntaria, sabíamos que las empresas tenían que ser el ejemplo. Los consumidores residenciales no van a cambiar su estilo de vida para adecuarse al de empresas que no hacen nada”.

Una coalición activa por la conservación conformada por empresas grandes de Las Vegas ha impulsado esta iniciativa.

“Las empresas han sido increíbles. Realmente han sacado esta iniciativa  adelante”, dice Mulroy.

En 1994, ella experimentó de primera mano el peligro del problema del agua cuando ocurrió un brote de criptosporidiosis de parásitos transmitidos por el agua, entre personas con SIDA en Las Vegas, y mató a 43 personas y dejó a otras 100 enfermas. El diario Los Ángeles Times contó la historia, en primera plana, un viernes, cuando habitualmente un número voluminoso de californianos normalmente estarían preparándose para hacer su peregrinación de 54 horas a Las Vegas, por el fin de semana. El colapso invadió a la ciudad. “No fue algo lindo”, recuerda Mulroy.

En aquel momento, el suministro de agua de la ciudad, igual que en la mayor parte del país, se desinfectaba con cloro. “Cripto”, tal como es conocido en la jerga el parásito, “literalmente se ríe del cloro”, dice David Rexing, quien dirige un pequeño laboratorio del SNWA en Henderson, aproximadamente a 30 millas (48,2 Km.) fuera de la ciudad, y ya estaba en el momento del brote.

Rexing, de 65 años, quien pasó todo su vida laboral en la autoridad del agua, dice que Mulroy llamó a sus ejecutivos a su oficina. “Tengo un comentario. ¿Cómo hacemos para que esto nunca vuelva a suceder?”.

“Yo dije: "Tenemos que usar ozono””, recuerda Rexing, refiriéndose a un muy diferente tratamiento para el agua, común en Europa, que mata al parásito del cryptosporidium y también al agente transportador.

“Hagámoslo, entonces”, ordenó ella. El ozono es volátil y caro, pero Mulroy cuenta ahora: “No me importaba un carajo el precio”.

A diferencia del cloro, el cual puede ser transportado a la planta de tratamiento, el ozono tiene que ser generado en el lugar. “Uno se vuelve un productor de químicos”, explica Rexing, y es una de las razones por la que el SNWA se convirtió en un establecimiento químico líder, entre los 55.000 sistemas públicos de todo USA, en usar ozonización en lugar de cloro.

“Ha sido un camino largo, pero nos ha permitido reducir nuestro uso del agua en más de un tercio, y a reducir nuestra huella hídrica residencial a 284 litros por persona por día, lo cual constituye una mejora enorme en comparación con donde estábamos”, recuerda Mulroy. “Es cuestión de ser conscientes sobre esta problemáticao. En este pueblo, la gente nunca pensó en el agua. Daba por sentado que estaría aquí. No fue hasta que el nivel del lago Mead comenzó a caer, y caer y caer... yla realidad que tuvimos que enfrentar fue que el cambio climático no es un argumento religioso sino más bien algo que se está manifestando más rápido que nuestra capacidad de hacer cambios institucionales para adaptarnos”.

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