ITUZAINGO (BuenosAires2punto0). Klaukol es amo y señor en el sur del conurbano. Un barrio contaminado, con altísimas tasas de enfermedades y mortalidad ante la inacción de las autoridades que parecieran no representar a los vecinos. Un informe interno de ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo) reconoce que la población del barrio La Mercedes está afectada por el material que despide Klaukol, donde los vecinos padecen enfermedades respiratorias, dermatológicas y cáncer.
SI ESPINOZA ES CIEGO, ¿QUÉ HACE ACUMAR?
Morir en Klaukol: Contaminación en La Matanza
Provocan escalofríos las historias que cuentan en el barrio matancero que linda con la fábrica de Klaukol, ya que abundan en relatos de cáncer y muerte. Resulta insultante que el alcalde Fernando Espinoza mantenga su ceguera al respecto. Y su predecesor, Alberto Balestrini, tampoco se mostró interesado en la salud de sus propios electores. Ahora ¿cómo se explica que tantos periodistas hayan tenido información que nunca la volcaron en sus notas? Muchos de ellos, gente de prensa que la va de 'progresista' y de que son apóstoles de la verdad pero parecen demasiados sensibles a los 'mensajes' que les envían desde algún otro lado no periodístico. En ese contexto es muy importante el completo informe de la web BuenosAires2punto0, que aquí se reproduce:
11 de junio de 2014 - 18:17
Virrey del Pino es una localidad del inmenso distrito de La Matanza. Allí convergen barrios y zonas industriales que se fueron desarrollando a la vera de la ruta 3, aunque en algunos casos, las fábricas invadieron lo que hace décadas era para sus habitantes casi un vergel.
El barrio La Mercedes (en referencia a la planta de Mercedes Benz radicada allí) tiene no mucho más de cuatro o cinco cuadras a la redonda, donde radican aproximadamente 300 familias. Un barrio que se formó hace más de cuarenta años y vivió con relativa calma hasta que se instaló en medio de ellos la planta de Parex Klaukol.
Esta empresa pertenece al Parex Group, un grupo multinacional que opera en 21 países y su sede central está ubicada en Francia. Líder en la fabricación industrial y venta de productos para la Construcción, la empresa dice tener “los más altos niveles de calidad, como resultado de la integración eficiente de sus recursos humanos, tecnología y procesos, comprometidos con la Seguridad y el Medio Ambiente”, pero sin embargo para quienes viven en el barrio, este enunciado está muy lejos de ser real.
Desde las tolvas se eleva un material que a primera vista parecería ser arena muy fina, casi polvillo o cenizas y que según el día, va cambiando de tonalidad. “Llueve oro”, suelen decir con inocencia algunos de los chicos que miran cómo el cielo se cubre de pequeñísimas partículas brillantes que terminan decantando en sus manos. Es en realidad un material particulado conformado por diferentes elementos y metales pesados que utiliza Klaukol para la fabricación de sus productos. Elementos que el barrio entero termina respirando, sacudiendo de sus plantas, de su piel y barriendo de techos, pisos y todo aquello que esté al aire libre. Justamente lo único que para los vecinos ya no es libre, el aire.
Las denuncias
El predio en el que hoy está implantada la empresa, antes era un tambo cuyas vacas y productos lácteos convivían sin problema con el resto del barrio. En 1978 se vendió y en 1980 comenzó a funcionar la base de la actual Klaukol. Sin embargo, en infierno para los vecinos comenzó recién en el año 2000, cuando la empresa pasó a formar parte del Parex Group, lo que trajo aparejado un notable incremento de la producción, el funcionamiento de la planta durante las 24 horas y por consiguiente, una lluvia continua de material particulado.
Cuando el barrio comenzó a notar además que todos sufrían enfermedades respiratorias, afecciones en la piel, una tasa altísima de mortalidad infantil y un desmedido número de casos de cáncer, dirigieron todas las miradas hacia la empresa que los obliga a respirar las cenizas de sus productos.
La causa penal iniciada hace años en un Tribunal Federal de Morón no logra avanzar, porque no se logra que ninguna entidad como por ejemplo ACUMAR, OPDS o INTI, informen acerca del material particulado que el propio Tribunal recolectó.
El Juez ha ordenado que algunos vecinos sean revisados por el Cuerpo Médico Forense quien indicó que no cuentan con el material necesario para realizar el estudio requerido y que la entidad que podía llevarlo a cabo era la Facultad de Farmacia y Bioquímica. La misma devolvió la pelota diciendo que no puede y volvió al Cuerpo Médico Forense.
Por otra parte, en una muestra de efluentes tomada en Parex Klaukol, según admite un informe de Acumar, se encontró: Cianuro, hidrocarburos, benceno, tolueno xileno, cromo, cromo trivalente, cromo hexavalente, cadmio, plomo, mercurio, arsénico, sustancias fenólicas, nitrógeno amoniacal, nitrógenos nitrato, fósforo y Ecerichia Coli.
Hace algunas semanas ACUMAR, a través de un “hospital móvil” dispuso la realización de estudios –análisis de sangre- en el barrio sólo a los menores de 2 años y mujeres embarazadas para constatar o no la existencia de metales pesados, los cuales se realizaban en el laboratorio en el mismo momento. El 100% de los casos relevados arroja como resultado que existe plomo en sangre en cada una de las personas estudiadas y que el 80% de las personas tiene problemas respiratorios, dermatológicos y oftalmológicos con síntomas recurrentes.
Cabe mencionar que según la Organización Mundial de la Salud, no existe un nivel de exposición al plomo que pueda considerarse seguro.
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Los niños de corta edad son especialmente vulnerables a los efectos tóxicos del plomo, que puede tener consecuencias graves y permanentes en su salud, afectando en particular al desarrollo del cerebro y del sistema nervioso, generando una reducción del coeficiente intelectual, cambios de comportamiento y un menor rendimiento escolar.
Casos
No hay casa en el barrio donde alguno de sus integrantes no esté afectado por el polvillo. No hay casa donde no exista una batería de drogas para tratar afecciones respiratorias. No hay casa donde alguien no tenga sufra en carne propia alguna de las manifestaciones de la convivencia con metales pesados. Incluso hay casas vacías, porque todos los integrantes del grupo familiar que lo habitaba fallecieron.
Todos los casos duelen, pero duelen más cuando los que parten son chicos, niños que apenas comenzaban a dar sus primeros pasos en esta vida.
Jonathan Gallegos apenas pudo cumplir 5 años.
“Mi nene empezó con broncoespasmos, neumonía, bronquitis, que comenzó a los ocho meses de vida y a los cuatro años y medio le diagnosticaron leucemia meloides aguda”, relata su mamá, María Soledad Muñoz a quien el simple recuerdo le llena los ojos de lágrimas. Jonathan murió a los cinco años y no llegó a poder realizarse el trasplante de médula que necesitaba. Los médicos que lo atendieron solicitaron a la empresa que se informara cuáles son los componentes del material particulado que respira el barrio entero para poder orientar su tratamiento, pero esa respuesta tampoco llegó. Ahora una de las nenas sufre de los bronquios y la otra tiene sus manos y su cara llena de féstulas que los vecinos llaman simplemente granos.
Siria Rodríguez vive justo frente a la fábrica. Una delgada línea de árboles y un alambrado que Parex Klaukol colocó casi en medio de la calle es lo único que la separa de su peor pesadilla. Siria y su familia construyeron su casa cuando enfrente de su puerta había un tambo, había vida. Hoy tienen una hija trasplantada de riñón, punto al que llegó tras contraer una enfermedad renal de la que se sospecha tiene estrecha relación con los elementos que respiran a diario. Vive encerrada, no puede salir y aunque logró llegar al trasplante, las secuelas que afectaron su normal crecimiento las llevará consigo para siempre.
Carlos Strack, un hombre de pocas palabras, tuvo cáncer de vejiga y ahora le extrajeron un tumor de piel que se desarrolló en su espalda y del que hoy porta una cicatriz con más de 25 puntos. También en su rostro se ven los efectos nocivos. Le asoman los mismos “granos” que a la mayoría de las personas del barrio y sus anteojos son la viva muestra de la convivencia con el polvillo “color oro”.
María del Carmen Barreto es viuda. Su esposo falleció de cáncer y perdió también un nietito de 5 años a causa de la leucemia. “Está el barrio entero así. Muchas personas están muriendo de cáncer. Y vamos a seguir, porque si esto es así, vamos a seguir muriendo”, dice resignada.
Para Jorge Sosa, otros de los vecinos, “le puede tocar a cualquiera”.
“Acumar vino a hacer análisis de sangre en plomo a los chicos, y a la gran mayoría le dio positivo. Mis sobrinos por ejemplo tienen plomo en sangre. Pero no los derivan a ningún lado. Nadie los atiende. Y además hicieron controles sólo a los menores de dos años. ¿Y la gente grande? Nosotros también queremos saber qué tenemos”, reclama Jorge.
Cristian Schumtz tiene cuatro hijos. Sólo el más chiquito, por ser menor de 2 años, fue evaluado por Acumar y dio positivo. “Si tiene el más chiquito deben tener los otros tres también. Queremos una solución a todo esto. Si hace falta, que corran la fábrica.
La lucha en primera persona
Quien comenzó el peregrinaje judicial es Susana Aranda. Ella perdió a su marido en manos del cáncer, tiene a su nuera con la misma enfermedad y se desvela pensando en el futuro de su hijo y su nietita.
“Acá la mortalidad es muy alta. El denominador común en el barrio es la enfermedad. La gran mayoría sufre problemas respiratorios, en piel, bronquios, cáncer, leucemia, enfermedades renales, chicos que no llegan a cumplir los 5 años, otros que nacen sin las partes blandas del paladar, labio leporino, abortos espontáneos”, relata Susana quien además sufrió en carne propia. Perdió tres embarazos a término.
El nivel de preocupación para algunos llega al extremo de tener su médula ósea congelada, con un costo altísimo, pero intentando salvaguardar material genético que quizá les sirva para salvar sus propias vidas.
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Para Susana hay responsables. “Los materiales que Parex Klaukol manipula supuestamente no tendrían que estar en circulación, sin embargo acá está pasando y nosotros lo estamos padeciendo. Nadie hace nada. OPDS le tira la pelota a Acumar; Acumar dice que están en Reconversión Industrial y desde el 2009 que vengo escuchando que están en Reconversión Industrial, pero sin embargo siguen funcionando y contaminando el barrio. El otro problema que tenemos es que cuando ponen las colectoras para emisiones gaseosas la fábrica deja de funcionar y entonces los análisis dan dentro de los márgenes permitidos, pero ni Acumar ni OPDS ni la Municipalidad han inspeccionado la fábrica cuando ésta está funcionando y las tolvas despiden el material particulado por todo el barrio”, cuenta.
Susana siente impotencia, enojo. “Nunca fue tomado en cuenta el barrio. Investigan más a los vecinos que hacemos la denuncia que a los empresarios de Parex Klaukol”, dice.
Un detalle no menor es la situación de quienes trabajan en la empresa. “Yo no quiero que cierren una fuente de trabajo, pero también me pregunto a qué costo una fuente de trabajo, porque incluso entre los propios obreros originales de Klaukol casi ninguno llegó a la edad de jubilarse. Murieron antes. Entonces no sé a qué costo es la fuente de trabajo. Ahora toman obreros temporarios, con contratos por tres meses”, señala Susana.
El barrio no cuenta tampoco con los servicios básicos esenciales. No hay gas, ni cloacas ni agua corriente, y el agua que extraen de las napas tampoco es potable. Los análisis realizados a boca de pozo son categóricos. Dice que contiene un PH alto y está plagada de metales pesados en su composición.
Los vecinos además sienten que es una pelea despareja. “Klaukol tiene peritos, tiene médicos, tiene abogados…Yo lo que siento es que estamos siendo castigados nosotros por denunciar. Eso es lo que siento cuando voy al Juzgado o a los Organismos. Como si los culpables fuéramos nosotros y Klaukol fuera una víctima a la que se lo protege. Nadie quiere saber la verdad y la verdad es que esto no es habitable”, dice con tristeza.
“Da miedo, da impotencia. No sé todo lo que siento dentro mío. Hay veces que cuando llueven estas cosas salgo a caminar mirando hacia arriba y me siento mal, no sé qué hacer, no sé cómo ni por qué llegamos a esto. Cuando comenzamos con las denuncias confiaba en que iban a ser tomadas en cuenta, creía que los jueces iban a hacer lo que tenían que hacer, y que los Organismos estaban para controlar y me sentía segura, pero ahora ya no, porque es mentira tras mentira y no es una vez, porque a Acumar no fui una vez, voy muchas veces y me dejan sentada tres o cuatro horas para después atenderme rápido y parada ahí como si yo fuera el culpable. Y estoy harta, estoy cansada, porque esto lo repito día tras día y nadie hace nada”, remarca Susana.
Y su lucha molesta. Varias veces fue amedrentada, amenazada con la pretensión de que dejara de denunciar. Entre la filmación del informe que dio origen a esta nota y su publicación, Susana sufrió una nueva amenaza. Esta vez, desde una camioneta le indicaron que “aprenda a callarse la boca” y que si no lo hace, se lo harán aprender “por las buenas o por las malas”.
Sin embargo para ella no es momento de bajar los brazos. Piensa en su familia y redobla los esfuerzos. Eso fue lo que la llevó a colgarse de un camión este lunes (09/06) para ingresar a la empresa y exigir que apagaran las tolvas mientras en la calle los vecinos miraban azorados cómo una vez más llovía oro y las madres lloraban lágrimas de impotencia mientras buscaban el modo en que sus hijos no respiraran el polvillo.
El coraje de Susana y sus súplicas a Acumar esta vez al menos consiguieron que los inspectores del Organismo pudieran comprobar en persona cómo es la situación del barrio cuando funcionan las tolvas, pudiendo colectar y llevarse el producto que caía sobre el barrio y determinando una clausura preventiva.
Este lunes 10/06 además, los vecinos escucharon por primera vez de boca de funcionarios de Acumar que efectivamente está comprobado que la población del barrio La Mercedes padece enfermedades respiratorias, dermatológicas y contiene plomo en sangre. Del mismo modo, coincidieron en que el agua no es potable debido a la presencia de metales pesados. El informe elevado por el Dr. Iván Insúa, Coordinador de Monitoreo e Investigación en Cuenca de la Dirección General de Salud Ambiental de Acumar indica además, que la población debe ser asistida en materia de salud y realizarse sobre ellos un seguimiento y tratamiento para las diferentes afecciones que padecen.
“Todo eso duele. Ver a la familia que está respirando esto y vivimos en un lugar que no es habitable duele, pero la vida continúa día a día, y en seis años se pudieron haber evitado algunas muertes. Esto llegó a un punto en el que ya no sé más que hacer; o me quedo en mi casa a morir como mis vecinos silenciosamente y sin culpables, o salgo a luchar y sacar a mi nieta, a mi nuera que está con cáncer. Y yo elijo salir a luchar”, sintetiza Susana Aranda.







