EL N°3 DEL CHAVISMO

Detrás de Maduro y Diosdado, Rafael Ramírez

fue el 1er. presidente del Ente Nacional del Gas (ENAGAS), y en julio de 2002 fue designado ministro de Energía y Minas por el presidente Hugo Chávez. El 20/11/2004, Ramírez fue designado presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), posición que mantiene junto a la de ministro de Energía y Petróleo. El 21/04/2013, en cadena nacional fue confirmado por Nicolás Maduro.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Rafael Ramírez Carreño es ingeniero mecánico, hijo de una familia cafetalera de Trujillo. Su papá, Rafael Darío Coronado, fue contador y guerrillero en los '60. Ambos fueron cercanos a Diego Salazar Longo, fundador de la FALN (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional). 
 
Rafael fue cercano a Alí Rodríguez Araque, hoy embajador de Venezuela en Cuba, pero en el pasado ministro de Energía y Petróleo, presidente de Pdvsa y también fue canciller de Hugo Chávez.
 
Rafael Ramírez fue militante de la agrupación Ruptura, donde fue discípulo de Clever Ramírez Rojas, y Argelia Melet de Bravo, la ex esposa de Douglas Bravo.
 
El guerrillero Pablo Hernández define a Rafael Ramírez, en su libro "El Golpe de PDVSA" como un hombre que en el Ministerio de Minas "era solamente un dibujante de tubos, tuercas y tornillos".
 
Pero Ramírez tuvo una estrecha relación con Adán Chávez, desde los días en la Universidad de los Andes, donde estudiaron. 
 
En tanto, su relación con Alí Rodríguez es casi de padrino a ahijado.
 
Graduado en la Universidad de Los Andes en 1989, se vinculó a Chávez desde 1994. Nunca destacó por su idoneidad. Más bien del promedio hacia abajo pero cuando Alí Rodríguez asumió PDVSA, lo nombró, en noviembre de 2000, presidente de Enagas (ente regulador del gas). 
 
Desde entonces estuvo en la 1ra. línea de la Administración chavista.
 
 
No es primo de El Chacal (N. de la R.: por Illich Ramírez Sánchez, alias Carlos, terrorista preso en Francia), como dicen algunos, pero ambos son fanáticos revolucionarios. Uno asesinó inocentes, el otro hirió gravemente a Pdvsa e incluso algunos sostienen que la mató. Es  conocido por sus persecuciones  a quienes no son “rojos-rojitos”, inventa  actos de sabotaje y es evidente su  ineptitud gerencial.
 
En efecto, Pdvsa pasó de producir  3.267.000   barriles por día (b/d)  en el 2001 a  solo   2.349.000  b/d, según la OPEP o a 2.773.000 b/d según datos oficiales de  agosto de este año; considerando que la empresa  tiene  una nómina de 145.439 trabajadores, cada uno de ellos solo produce entre  16 y 19 barriles por día, en comparación con los 47 barriles diarios por trabajador en el 2001. 
 
Antes exportaba gasolina. Ahora, en el 2012, importó  12.584.000 barriles  y de enero a julio de este año  importó  5.358.000 barriles, como consecuencia de los frecuentes accidentes en las refinerías causados por falta de mantenimiento y fallas humanas operacionales. 
 
122 ciudadanos han fallecido por eventos operacionales y 102 en accidentes en los que estuvieron envueltas gandolas de Pdvsa. Los proyectos de gas tienen años de atraso y estamos importando 187 millones de pies cúbicos por día desde Colombia, cuando se suponía que en el 2011  seriamos exportadores. Además, adquirir una bombona se ha vuelto más difícil que conseguir papel toilette.
 
De acuerdo al economista Orlando Ochoa, la deuda de Pdvsa es de US$153.000 millones. En el 2012 Rafael Ramírez suministró  en condiciones desventajosas para Venezuela 266.000 barriles por día a países considerados “amigos”. Por si fuera poco, están los conocidos hechos de corrupción: maletín con dólares para la Kichner, desfalco en el Fondo de Jubilación  de los trabajadores, sobreprecios de la plataforma de perforación Aban Pearl, en la construcción de tanqueros y en la contratación de fletes,  el escándalo de Pudreval y el poco transparente acuerdo con China.
 
Muy  grave  es su silencio con respecto a las concesiones petroleras de Guyana en aguas de la fachada atlántica venezolana, como ha denunciado el  geólogo Aníbal Martínez. Irresponsablemente repartió la Faja Petrolera y  nuestros recursos minerales.  Su  amor por los cubanos  lo demostró  en   setiembre 2001  cuando declaró que “Me dio mucha pena que por el cierre de suministro a Cuba, esta nación tuvo que cerrar 70 centrales azucareros”. Esta declaración no solo fue ridícula porque a nivel mundial se sabía que esos centrales cerraron por obsoletos, sino que le proporcionó excusas a Cuba para no pagar.
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Arbitrariamente ordenó al usurpador Auditor Fiscal de Pdvsa aplicar sanciones por US$9.053 millones a 178 trabajadores despedidos ilegalmente  por el paro cívico del 2002. ¿Cuánto habría que cobrarle por los daños que él y sus gerentes le han causado a Pdvsa? Ahora, además de presidente de la empresa y ministro de petróleo y minería es vicepresidente del área económica ¡Qué insensatez!
 
 
 
Hugo Chávez no dejó que Rafael Ramírez le negara tres veces y antes de ofrecerle por segunda vez ser su vicepresidente en 2009 le advirtió: “No te lo voy a volver a pedir”. El ministro de Energía y jefe de la petrolera estatal PDVSA rehusó, muy cortés, la promoción. Si algo aprendió durante la última década es que el poder político en Venezuela es relativo. Sólo el petróleo es absoluto.
 
Las protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro cumplen 43 días y suman 36 muertos. 37, contando al hijo de Adriana Urquiola, una embarazada de tres meses que recibió dos tiros cuando cruzaba unas barricadas para tratar de llegar a su casa justo en el momento en el que unos desconocidos atacaban la protesta opositora. Ensartada entre los radicales de ambos bandos.
 
En medio de este pandemónium de bombas lacrimógenas, piedras y tiros que mantiene en vilo a la nación caribeña, el zar del petróleo venezolano acaba de lanzar la mayor reforma económica en los 15 años de chavismo para tratar de salvar a la revolución -y al país- de la debacle económica. Sin duda, un riesgo mucho mayor para Maduro que las revueltas estudiantiles.
 
Grietas en el socialismo del siglo XXI
 
Ramírez es el artífice del Sicad 2, un mecanismo que permite comprar y vender dólares “libremente” en una subasta al margen del sistema oficial. Puede que para cualquier economía abierta esto sea una nimiedad, pero en términos bolivarianos es un significativo paso atrás en lo que parecía la inexorable senda hacia una economía completamente centralizada. Hasta ahora era ilegal transar dólares al margen del Estado. Incluso era delito informar sobre la cotización paralela del billete verde.
 
“Lo que estaba sucediendo antes es que veíamos cuántas divisas teníamos pero su utilización estaba sin una planificación, no quiero decir ni siquiera adecuada, sino que no existía planificación”, fue su demoledora crítica contra los que gestionaron el control de cambios vigente desde 2003.
 
Para algunos analistas es un paso en la dirección correcta, pero tardío. Un paño de agua fría que apenas servirá para bajar unas décimas la fiebre de un paciente terminal. Y puede que en términos prácticos sea cierto. Pero simbólicamente es mucho más que eso. Es la primera vez que se le enmienda la plana al mismísimo “Comandante Supremo”. La primera gran grieta ideológica del chavismo en el corazón de su teoría económica que ha hecho resurgir un pequeño oasis capitalista en el abrumador socialismo del siglo XXI.
 
“¿Qué falta nos hacen a nosotros las benditas casas de bolsa esas?”, retaba Chávez en 2010, cuando arrasó con las corredurías del país y llevó a juicio a varios de sus directivos por “especulación” en su ofensiva por derrotar al dólar negro. La pregunta era retórica: “¡Nada! Eso no le hace falta a un país y menos en socialismo, compadre”.
 
Seamos sinceros
 
El remedio socialista fue fatal para la enfermedad. En los casi cuatro años que estuvieron proscritas las firmas bursátiles -y con ellas la negociación de divisas fuera de la tutela gubernamental-, el diferencial cambiario pasó de rondar el 100% a superar holgadamente el 1.000%, la inflación aumentó 40 puntos (de 27,3% a 57,3%) y el desabastecimiento de productos básicos subió al menos 30 (de 13% a 28%).
 
"El dólar paralelo es un dólar fantasma creado para la guerra", clamaba Maduro el año pasado, cuando estaba decidido a seguir al pie de la letra el guión oficial dejado por el fallecido líder bolivariano. "No habrá ni liberación del dólar, ni privatización", prometió a los radicales del chavismo, asegurando que todos los males económicos son parte de un golpe de Estado financiero permanente contra la revolución.
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Pero las peleas en las colas de los mercados por los alimentos que escasean, el alarmante desabastecimiento de medicinas y la creciente amenaza de colapso de la ruinosa industria local por falta de materias primas y repuestos pusieron al presidente entre la realidad y la pared.
 
“El país en estos momentos requiere de una reflexión profunda sobre lo que está ocurriendo en la parte económica. Hace falta también una ‘Comisión de la Verdad’ en la parte económica. Tenemos una grandes contradicciones”, recomendó hace un mes a las autoridades Lorenzo Mendoza, presidente del consorcio alimentario Empresas Polar, la mayor compañía privada del país.
 
Y Ramírez ha resultado ser quien finalmente le ha puesto el cascabel al gato. Tras los confusos primeros meses de gobierno, cuando las dudas sobre el camino a seguir agravaron la situación a pasos agigantados, el ministro de Energía se convirtió desde octubre del año pasado en el máximo responsable de las finanzas públicas del país al asumir la vicepresidencia económica, desplazando a los radicales que proponían endurecer aún más el control y los sectores más liberales que abogaban por emitir nueva deuda para saciar la sed de dólares en la economía.
 
Si alguna bondad tiene el nuevo mecanismo de subastas es que sincera el precio del bolívar, cuya histórica sobrevaloración es el pecado original de una economía desindustrializada y sumisa a los vaivenes del petróleo. Y el mercado ya ha dado su fatal veredicto.
 
La tasa arrojada en las primeras jornadas ha rondado los 51 bolívares por dólar, lo que supone una devaluación del 88% respecto al tipo de cambio oficial de 6,3 bolívares fijado en la última devaluación efectuada en febrero del año pasado. Aunque el Gobierno asegura que el 90% de las importaciones continuarán en las tasas preferentes, los analistas creen que el efecto en la inflación será demoledor. La medida podría oxigenar temporalmente la economía, pero su efectividad e impacto dependerá de los dólares que ingresen al sistema. Y cuando en Venezuela se habla de dólares, tan solo hay un sitio al que mirar.
 
En su día, Ramírez entró en las quinielas para suceder al “máximo líder”. Pero este ingeniero mecánico de 50 años es una rara avis en el chavismo. Su hablar pausado y voz suave desentonan con el estilo aguerrido y vociferante popularizado por el jefe para arengar a los verdaderos creyentes de la revolución bolivariana. Pero para algunos, el espigado ministro de más de dos metros, pelo cano y gesto pacífico encarna a la perfección el popular refrán venezolano “cuídame del agua mansa que del agua brava ya me cuido yo”.
 
Hijo de una adinerada familia de izquierdas, entró en el Gobierno de la mano del veterano guerrillero Alí Rodríguez, por aquel entonces máximo gurú petrolero del presidente. Muchos critican que un hombre que llegó con un lápiz y una gaceta a un triste despacho para crear una oficina nacional del gas lograra en tan sólo dos años a dirigir todo el ministerio de Energía y Minas, desde donde lidió con el paro activado por la oposición para forzar la renuncia de Chávez a finales de 2002 y que se saldó con el despido de 20.000 trabajadores de la industria petrolera.
 
En 2004, el mandatario venezolano le concedió un poder sin precedentes al nombrarlo también presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), desde donde maneja nueve de cada 10 dólares que entran al país. Desde entonces, su influencia en la nomenclatura oficial no dejó de crecer, quedando encargado del olvidado sector minero, los complicados créditos que se pagan con petróleo a China, el programa estatal de construcción de viviendas y un sinfin de misiones que Chávez ha ido delegando en el poderoso monopolio estatal.
 
Su gestión estos 10 años, como todo lo acontecido en la era Chávez, está sujeto a dos visiones diametralmente opuestas e irreconciliables. Ramírez ha sido uno de sus gestores más eficientes para Chávez, aunque no siempre lo que convenía al proceso fuera la mejor para el país. Cambió la “vieja PDVSA”, que las elites del país habían convertido en un Estado dentro del Estado para su propio beneficio, en una empresa para “el pueblo” que comenzó a financiar los onerosos planes sociales convirtiendo a la compañía en el auténtico motor financiero de la revolución. Durante años, la respuesta a cualquier problema era PDVSA. No pocas veces fue la respuesta incorrecta.
 
La oposición lo identifica como el hombre que está quebrando una de las compañías petroleras más rentables del mundo, con sus niveles de producción estancados (actualmente en unos 3,0 millones de barriles por día). Su larga gestión fue la de la opacidad, el endeudamiento récord y algunos de los peores accidentes en la historia de la industria petrolera, como la explosión en la refinería Amuay en agosto de 2012. Nunca se cumplieron las metas previstas en los tiempos estimados, ni se ejecutaron los grandes planes internacionales que proyectaban refinerías de Siria a China.  
 
En el centro del debate, la abierta politización de PDVSA que convirtió a la compañía en bastión laboral del oficialismo y centro neurálgico de la petrodiplomacia petrolera con la que Chávez tejió alianzas en América Latina y el Caribe entregando crudo a precios preferenciales que según sus críticos le suponen cada año más de 7.000 millones de dólares al erario público. Pese a que el antichavismo lleva vaticinando la bancarrota de PDVSA durante años, la firma todavía alimenta el gran sueño socialista y su propósito es claro.
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“La nueva PDVSA es roja, rojita, de arriba abajo”, sentenció Ramírez en un polémico video grabado clandestinamente en una reunión de trabajadores en 2006. Lo que muchos creían que se convertiría en un escándalo se convirtió en realidad en un lema que hasta hoy acompaña al chavismo.
 
El 3er- heredero
 
Durante sus tres lustros en el poder, Chávez se convirtió en el centro último de todas las decisiones de su revolución. Él era su propio ministro de Economía, de Exteriores, de Petróleo y, por supuesto, de Comunicación. Era el nexo fundamental entre el clan civil y militar del chavismo -no por casualidad, su título favorito era “Comandante-Presidente”- y controlaba con mano firme el partido. Amado por las bases moderadas y aclamado por las minorías radicales, su voz de mando era unánimemente acatada, ya fuera sobre cuándo emitir un bono multimillonario o cómo pintar una escuela. Él dictaba la doctrina del socialismo en vivo y directo. No se podía ser más chavista que Chávez. Pero tampoco menos.
 
Su muerte dejó a la revolución en manos de tres herederos, pero sin un norte ideológico definido. El mandatario eligó a Maduro como sucesor político por su potencial para mantener el estatus quo entre las distintas corrientes del movimiento, su afinidad con La Habana y su mejor perfil electoral. Al frente del partido dejó al capitán Diosdado Cabello, en el papel agitador político, hombre duro del oficialismo e imprescindible puente con el ala castrense del proceso. A Ramírez le encargó gerenciar la viabilidad economica del proyecto socialista venezolano.
 
El nuevo esquema podría aliviar las finanzas de PDVSA, cuyos planes de expansión en la recién bautizada Faja del Orinoco Hugo Chávez, la mayor reserva de crudo del planeta, están en jaque por sus acuciantes problemas de flujo de caja, las crecientes deudas con proveedores y la pesada losa de sostener todos los subsidios nacionales, incluyendo la gasolina más barata del mundo que la propia compañía paga por llevar a las gasolineras. Y aumentar la producción petrolera es la única forma que tiene el Gobierno de generar más dólares en el corto plazo y asegurar la supervivencia del chavismo.
 
Estos días de protestas a Rafael se le ve preocupado por los pasillos de PDVSA. El Gobierno no solo libra una batalla campal con los manifestantes, sino que también es testigo de enconadas luchas intestinas por el control de la revolución. Las corrientes en el chavismo son múltiples y diversas, pero a la hora del té la dicotomía es civiles o uniformados. Ramírez es ahora la pieza clave en el rompecabezas del poder venezolano, donde la facción militar puja por ganar más espacios y apunta a la joya de la corona.
 
“Si Ramírez ahora fracasa, los militares van a ir por PDVSA. Llevan años intentando poner alguien ahí”, dice una fuente conocedora de la industria petrolera venezolana. “Si esto sucede, ya sabemos quién ganó la batalla en el palacio de Miraflores”.