MUNDO K

La dimensión desconocida: ¿Dónde queda la Argentina de Verbitsky?

El kirchnerismo cristinista cree que ni la inflación ni la inseguridad son decisivas en el elector 2013. Que el deterioro del empleo no es muy trascendente. Tampoco el de la inversión. Que la cotización del dólar libre se encuentra bajo control, y que el triunfo del Frente para la Victoria en las urnas es inevitable. Es evidente que sus apologistas, tal como es el caso de Horacio Verbitsky, viven en una Argentina desconocida por la mayoría de los habitantes de la otra Argentina.

Dato Nº1: Horacio Verbitsky en el diario Página/12 expuso sus dudas acerca del blanqueo que Cristina Fernández de Kirchner (el presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales no quiere quedar 'pegado' con una acción tan sospechosa. Eso sí: habría que informarle que la colocación de ONs de YPF a la que se refiere, no se pudo completar: otra vez la oferta del mercado fue muy inferior a la emisión de la compañía, demostración de que hay desinterés a causa de la mala performance de la petrolera estatal:

"(...) La discusión sobre los aspectos éticos de un blanqueo es ineludible, y cada fuerza política exhuma posiciones pasadas de sus adversarios que contradicen las actuales, porque también está en la lógica de las cosas que los gobiernos rastrillen recursos allí donde estén y los opositores los fulminen con un anatema moral. Con los roles, también cambian las perspectivas de cada uno. Pero crear instrumentos financieros para captar los dólares que atesora en forma clandestina un grupo reducido de agentes económicos, mientras no existen otros que defiendan de la inflación los ahorros de la gran mayoría que no especula ni fuga, no es sólo objetable desde un punto de vista moral, sino también económico. Con instrumentos adecuados, como las obligaciones negociables que colocó YPF, con un rendimiento del 19 por ciento anual, podría volcarse a la inversión productiva un caudal superior al que promete el blanqueo y sin sus obvias contraindicaciones. (...)".

 

 

Dato Nº2: Luego, Verbitsky, en su columna en el paraestatal matutino Página/12, hizo la apología de la economía de Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Mercedes Marcó del Pont, Hernán Lorenzino y Ricardo Echegaray. Lo grave no es que Verbitsky realmente crea lo que escribe sino que él escribe lo que opina Cristina Fernández de Kirchner, con lo cual preocupa la desinformación o el cuadro de situación equivocado que padece la Presidente de la Nación:
 
"(...) La explícita declaración presidencial de que quien quiera una devaluación deberá esperar otro gobierno, ratificó la doctrina Mugica y contribuyó a quitar presión al mercado cambiario marginal. En vísperas de la convertibilidad, Domingo Cavallo paró una corrida contra el peso vendiendo todo lo que fuera necesario hasta generarles pérdidas significativas a los apostadores. Ahora, en cambio, el mismo efecto se consiguió cuidando las reservas, que son el recurso estratégico que sostiene el funcionamiento del sistema, porque es tan malo devaluar como endeudarse. Si la especulación con la divisa constituye una ostensible presión devaluatoria, el pronunciamiento presidencial opera como estabilizador. La inyección al consumo de 17.000 millones de pesos adicionales termina de definir un panorama. A pesar del impacto de las dificultades brasileñas y de la desaceleración china, el gobierno sigue empecinado en la protección del empleo (que está creciendo a menor velocidad que los nuevos demandantes que se incorporan) y del nivel de ingresos. Esto explica la hostilidad en ascenso que suscita: si el empleo y los ingresos no se desploman, aunque el desempeño de la macroeconomía sea entre dos y tres veces inferior al de los mejores años de la década, es porque también los costos de la crisis se están repartiendo en forma más equitativa, lo cual es vivido como una provocación por aquellos que siempre dictaron el rumbo a seguir en cada encrucijada del camino: no pueden atesorar en dólares, que es el refugio en el que se agazaparon a la espera de cada nuevo golpe cambiario; sus costos laborales no serán licuados por ningún pase de magia; se sigue incrementando el control para impedir su evasión y elusión fiscal. Además se obliga a las empresas transnacionales a reinvertir en el país sus utilidades en vez de enviarlas a sus casas centrales, lo cual ha provocado un porcentaje record de Inversión Extranjera Directa (con un crecimiento del 27 por ciento, el más elevado de la década, según la CEPAL) aunque hasta ahora tienda a concentrarse en recursos naturales con o sin elaboración. Por todo esto, aún los consultores y analistas más sesgados contra el gobierno, como los radicales de Poliarquía o el maurrasiano Vicente Massot, dan por descontado el triunfo del Frente para la Victoria en los próximos comicios, y sólo se consuelan con la presunta imposibilidad oficial de remover los obstáculos para una nueva elección de Cristina en 2015, que ellos consideran como el objetivo principal de un gobierno cuyas señales en contrario prefieren ignorar.
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El derrotismo opositor
 
Esta ausencia de expectativas de victoria fue notable en las discusiones sobre la reforma al Consejo de la Magistratura. La primera objeción se centró en su constitucionalidad, que en última instancia decidirá una justicia que es tan independiente del gobierno como para haber motivado este tipo de proyectos. Pero es obvio que este tipo de consideraciones no es central en la vida política argentina, donde el juicio por jurados lleva un sueño de 160 años entre las páginas de la Carta Magna. Y en forma más reciente, la Corte Suprema de Justicia negoció con el gobierno el único punto de los seis proyectos cuya constitucionalidad no admite dos opiniones: aquel que reglamentaba las facultades del artículo 114.2, por las que el Consejo de la Magistratura debería “administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de justicia”. Pasada esta efusión de virtud, las diatribas se concentraron en el propósito atribuido al gobierno de controlar el Consejo y por esa vía conseguir la impunidad para los gravísimos delitos que cada hora del día cometen todos los funcionarios del Poder Ejecutivo, sus familiares, amigos y testaferros. El supuesto implícito de esta argumentación es el mismo de los poliarcosos y los falangistas de negocios: la impotencia electoral de cualquiera que se enfrente con Cristina. (...)".

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