HUGO QUIROGA

"No hay vocación en nuestros líderes de construir acuerdos"

Hugo Quiroga, politólogo: "Yo soy pesimista en el sentido de que no hay una vocación en la dirigencia política por construir colectivos –llámese partidos, llámese frentes, coalición- en donde se dejen de lado estas aspiraciones personales. Entonces lo que hay es una gran dispersión y disgregación en el interior de los partidos, ya sea radical, socialista, peronista. ¿Y qué es lo que hace que aqui finalmente triunfe un partido? Son los liderazgos personales."

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Hugo Quiroga es un reconocido y prestigioso politólogo e investigador argentino nacido en San Luis, licenciado en Abogacía por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), doctorado en Filosofía por la Universidad de las Islas Baleares (España) y y Diplôme d’Études Approfondies en Études de l’Amérique Latine, Option Sciences Politiques (París III). Docente de las cátedras de Teoría Política en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y de Introducción a la Ciencia Política y Teoria Política II en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) también es docente en la Maestría en Ciencias Sociales e investigador del Consejo de Investigaciones de la UNR. 
 
Muchos dicen que Quiroga es el politólogo que Néstor Kirchner hubiese querido lucir (y no pudo) en su escudería clientelar, en la que no hay ningún personaje con los antecedentes de Quiroga, quien entrevistado por Raúl Acosta, por LT8 de Rosario, dialogó así:
 
-El gobierno (cuando digo gobierno me refiero a la señora Cristina y sus acompañantes, el conjunto creativo que la acompaña y fuerzan el relato) está planteando el mecanismo de una década. El mecanismo de una década remite, de modo inevitable, a la Década Infame, y después viene el peronismo, y después viene la década de los 90, que es otra caracterización de 10 años. Toda mirada sobre una década encierra, obvio es decirlo, muchas cosas, buenas y malas y demás. Cuando ustedes, los politólogos, analizan mirando hacia atrás, ¿siguen el criterio de los historiadores o tratan de encontrar lo que de allí pasó a lo siguiente? Para aclararlo, cuando se juzgue a los Kirchner, ¿se los va a juzgar por los desastres que hicieron o las cosas buenas que hicieron? ¿O por lo que desde ellos se trasladó, por su influencia, a los años posteriores?
 
-En primer lugar, muchos politólogos – no todos- trabajamos con el método histórico. Es decir, yo creo que no se puede hacer politología sin historia. Ese es un dato fundamental. Y me ha parecido muy interesante lo que has dicho sobre las décadas, porque simbólicamente, metafóricamente, una década es como el cambio de siglo ¿no es cierto? -cambiamos de siglo y al día siguiente no pasa nada-. Aquí las décadas han coincidido con acontecimientos o finalizaciones de épocas. Es decir, la Década Infame marcó una finalización de una época donde efectivamente estaban los conservadores, estaba el fraude, hubo proscripción del radicalismo en algún momento; y luego vino otra década que es importante que es la década del neoliberalismo, que es la década de (Carlos) Menem. Y efectivamente hoy aparece otra década y el gobierno lo está planteando. Este gobierno tiene algunas cosas buenas y, yo creo, muchas cosas malasy la vamos a tener que recordar y va a ser difícil definirla porque hay que poner en la balanza lo bueno y lo malo, sería un error no buscar un equilibrio entre algunas cosas buenas y algunas cosas malas, que son bastante digamos. Entonces, el balance de esta década, supongamos que ya no sea en el 2015 el peronismo kirchnerista quien gobierne, el balance que se va a hacer requiere de una cierta distancia subjetiva, si querés. Porque es muy difícil interpretar el presente cuando uno es contemporáneo de ese presente. Esa es la ventaja que tienen los historiadores puros, que van hacia atrás, 40 o 50 años hacia atrás, cuando el acontecimiento, los hechos, se desarrollaron y terminaron.
 
-Nos referimos a la Década Infame, nos referimos a la década neoliberal. No hay calificación de la década que arrancó con el '83, con la definición por la democracia, con el juzgamiento de las juntas militares. Y yo creo que los únicos que están calificando siempre el pasado, y acomodándolo en décadas, según sus miradas son mis amigos, y yo mismo, los peronistas. 
 
-Eso es verdad, porque el peronismo tiene una característica que es como si tuvieran una misión refundacional de manera permanente. Es decir, (Juan) Perón, y de eso no tengo ninguna duda, hizo una refundación, pero ese es el primer Perón. 
 
-El del Plan Quinquenal.
 
-El del Plan Quinquenal. Ahí hay una cuestión fundacional. Luego, el peronismo tiene siempre esa intención de refundación, diciendo ‘mientras yo no goberné lo anterior no sirve’. Con la década de Menem, neoliberalismo, hay también una intención refundacional, muy negativa. Con Kirchner pasa lo mismo. Porque ellos vienen a refundacionar la crisis del 2001 y 2002, porque fijate que el punto de partida de ellos, y durante muchos años, el punto de comparación, de referencia, era el 2001, el 2002. Es decir, ‘hasta aquí hubo una crisis profunda de economía, hubo exclusión social, nosotros vamos a construir una Argentina normal; una Argentina normal es una Argentina estable, con inclusión, con desarrollo’. Ese relato servía mucho cuando estaba muy próximo, o muy presente, la crisis del 2001 y 2002 y con sus efectos tan negativos. Pero luego de haber vivido un crecimiento bastante extraordinario en Argentina, donde hubo muchos dólares –ahora faltan-, donde hubo superávit fiscal como nunca en Argentina, yo creo que ahí es una década de una oportunidad perdida. Es decir, Argentina no pudo salir del encierro, de depender del comercio externo de materia prima. Es lo que le pasa históricamente a Venezuelacon los barriles tan caros de petróleo, Venezuela no pudo diversificar su producción. Bueno, la Argentina tampoco ha diversificado su inversión. Porque el Perón del '52/'53 quería ser desarrollista, pero no lo pudo hacer, viene el golpe y, finalmente, termina siendo en parte (Arturo) Frondizi. Ahora, este gobierno lo que ha hecho, lamentablemente, es una década que –el término lo utilizan los economistas aludiendo a los '80, y yo no tengo una definición- es una década en la que se ha perdido una gran oportunidad de producir un desarrollo económico y social en Argentina, porque hubo, como nunca, una cantidad de ingresos y de superávit fiscal que pocas veces han existido en Argentina. Yo creo que esa es una gran virtud que tuvo Néstor, de haber entendido que las crisis argentinas pasaban por estos déficits fiscales; él no los tuvo. Lo cierto es que de ahí no se pudo pasar a otra cosa. ¿Y qué hubo? ¿Esa plata dónde fue a parar? Y fue a parar, fundamentalmente, a solventar, a financiar, a las empresas de transporte, a hacer barato el gas, la electricidad. Es decir, subsidios. Fue un capitalismo que subsidió y no pudo realmente pegar un salto hacia un proceso de diversificación productiva
 
-Hay otra cuestión que me gustaría que comentes con nosotros. Hay toda una teoría de minimalistas franceses que sostienen que de los hechos históricos lo que permanece es el espectáculo. Lo entendió Raúl Apold, que es uno de los grandes creadores de relato del peronismo, quien jugó a crear los íconos de la refundación permanente; el peronismo estaba siempre refundando la patria a través de la presencia personal de Perón o de Eva Duarte de Perón. Así, el peronismo ha ido dejando un componente que consiste en, y tomo lo tuyo, que cada uno de los que llega, aún los no peronistas, también tratan de refundarlo todo. ¿Saldremos de eso? 
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-Yo, en principio, acuerdo con vos: las tentaciones refundacionistas no son exclusivas del peronismo. Eso es así. Y las ambiciones hegemónicas tampoco son propias del peronismo, eso es propio de la política, siempre hay una ambición hegemónica. Que se oculte más, se oculte menos, se haga más institucionalizada, pero siempre hay. Es como el capitalista, que aspira a concentrar más poder.
 
-O los imperios que siempre tratan de crecer.
 
-Por supuesto. ¿Un político a qué aspira? A concentrar cada vez más poder. Eso forma parte de la política. Ahora, yo soy un poco pesimistas en Argentina. Yo creo que en Argentina cada cual hace su juego. Sino veamos algunas cuestiones en la propia provincia, a nivel nacional, etcétera: en la propia provincia no hay más que analizar el Frente Progresista, las divisiones e el socialismo, en al radicalismo, resulta que ahora Henn está molesto porque no lo consultaron; y si uno lo lleva a nivel nacional pasa lo mismo. Va a ser difícil congeniar dos egos tan grandes, como el de Pino Solanas y el de Carrió. Yo soy pesimista en el sentido de que no hay una vocación en la dirigencia política por construir colectivos –llámese partidos, llámese frentes, coalición- en donde se dejen de lado estas aspiraciones personales. Entonces lo que hay es una gran dispersión y disgregación en el interior de los partidos, ya sea radical, socialista, peronista. ¿Y qué es lo que hace que aqui finalmente triunfe un partido? Son los liderazgos personales.
 
-La gran semilla que dejó Perón en la forma de hacer política en Argentina es que lo suyo era un movimiento, y en ese juego hay un vértice y ese vértice es el líder; y cualquiera que desee pelear contra el peronismo y usa las mismas armas termina complicado con el juego de poder que tiene el peronismo. Habría que ponerse en otro lugar y mirar de otro modo, porque cuando uno dice ‘vos tendría que ser el líder para reemplazar’ te están poniendo en la cabeza 'vení a reemplazar a Perón', y me parece que se arma un lío en Argentina después de eso.
 
-Digamos, Perón designó una sola vez a un sucesor, que fue John William Cooke, en 1958. Es decir, en una carta afirmó "Si a mi me pasa algo, el sucesor, mi heredero político, es John William Cooke". Es la única vez que lo dijo. 
 
-Después dijo "el pueblo".
 
-Exactamente. Ahora, el problema es que el peronismo se mueve con liderazgos. Pero también los otros partidos. ¿Por qué ganó el radicalismo en el '83? Porque hubo un líder que supo interpretar la contradicción fundamental en Argentina, que no era liberación o dependencia, era autoritarismo o democracia. Lo entendió mejor Alfonsín. Y luego vino otro líder, y en fin. Y también hay un liderazgo en Néstor. Lo que estoy tratando de decir es que en la medida que las instituciones, léase partidos, estén más débiles, más fragmentados, el peso de los líderes, de las personalidades, aumenta.

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