PREELECCIONES EN NEUQUÉN

Avatares del kirchnerista Jorge Sapag

Kirchnerista cristinista, Jorge Sapag confía en que ni Cristina desbarranque ni su propia administración del Movimiento Popular Neuquina pierda el control provincial. Ya veremos en los próximos meses qué pasa con el infiltrado K en el MPN...

 

 
"La vicegobernadora Ana Pechen, referente del sector azul del MPN, aseguró el martes que la diversidad de colores que compiten en internas de hoy "son una muestra de (la) fortaleza" de su partido.
 
Es que en el MPN dicen que desde la oposición se los critica por autoritarios y hasta poco democráticos, pero el suyo es uno de los pocos partidos que en los últimos años siempre, o casi siempre, ha realizado internas para elegir sus candidatos. Y es cierto.
 
También es cierto que la competencia entre las corrientes internas de un partido ayuda a mantener encendida la llama de la vida política y en suma fortalece la democracia. Eso, en lugar de debilitarla como parecen pensar los que mantienen un discurso institucionalista para cubrir las apariencias, pero en el fondo sólo creen en el 'dedo' de los poderosos.
 
No menos real que todo esto es que, desde hace ya bastante tiempo, el MPN es un partido en vida vegetativa, al que sólo se convoca y estimula en ocasión de alguna elección. Después todo vuelve a la larga siesta, seguramente porque entre muchos de quienes lo conducen no ha de faltar quien piense que es bueno que la gente participe, pero no es cuestión de que se meta en todo.
 
El momento de la estimulación partidaria, aquel en el que se da rienda suelta a alegrías y deseos contenidos, es también el momento en que el sistema clientelista se revela en toda su dimensión.
 
Aparecen los billetes, los colchones y las chapas; las promesas de puestos de trabajo, las flotillas de remises para transportar a los dueños de los votos y todas las maravillas de un partido, conservador y popular a la vez, que "no se olvida de la gente".
 
Es justo decirlo también, 'la gente' –esa abstracción con que se designa el cantero en el que abrevan los partidos políticos– espera la fiesta electoral como una oportunidad. Tal vez no tome en serio ninguna de las promesas que sacan a relucir los dirigentes, pero sabe que la ocasión es generosa y que algo se ha de llevar.
 
Esta expectativa podrá ser modesta –de hecho lo es–, pero al cabo resulta también una forma plebeya y llana de participar. Es un momento, en fin, en que (de nuevo) la gente se siente con algún poder o, quién sabe, acaso lo tiene.
 
Esta vez la fiesta ha sido cortita por decisión de Quiroga, que cuando nadie lo esperaba le puso fecha a los comicios dejando muy poco tiempo para campañas.
 
Por eso la interna emepenista duró sólo unos días, ni siquiera el tiempo necesario para que los afiliados se familiaricen con los seis colores –Azul, Amarillo, Salmón, Violeta, Dorado y Verde– de las listas.
 
Claro que para algunos, fundamentalmente para los de la lista Azul oficialista, lo de hoy será un mero trámite. Para otros, como los de la Amarilla, que nuclea a sectores de la oposición interna, una oportunidad. Otros acaso no quieren privarse de seguir participando, por las dudas y porque, a la larga, el MPN no deja a nadie de a pie, o casi.
 
Así, los amarillos aspiran a convertirse en minoría y poner dos candidatos en la lista definitiva. Pero en el oficialismo descreen de esa posibilidad, descuentan que con tantas nóminas esta vez no habrá polarización y por lo mismo piensan que las posibilidades de los amarillos son pocas. Recuerdan, por las dudas, que el orden de la lista definitiva lo decide la convención partidaria, controlada por el sapagismo.
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Este sector tiene bien presente que la de hoy es una elección voluntaria y estima que votarán entre 15.000 y 20.000 personas. Lo deduce de lo que ocurrió en el 2009, cuando la puja se libró entre Jalil por la Azul y Silvestrini por la Blanca. Entonces sí hubo polarización y hubo unos 26.000 votantes.
 
Con todo, cuando la puja de hoy esté terminada y se hayan apaciguado los ánimos, vendrá la carrera por el plato fuerte que es la elección municipal, en la que el partido provincial aspira a poner límite al creciente poder del intendente.
 
Un operador del gobernador confió que el MPN no pierde la esperanza de ganarle a Quiroga y con ello obturar el crecimiento de una alternativa opositora en la provincia.
 
Desde la óptica de Quiroga las cosas se ven bien diferentes. Pechi se ha puesto al frente de la campaña y no cesa de confrontar con Sapag y su gobierno. Cuando no es el EPAS es la obra pública y si no el presupuesto, pero acusaciones y chicanas se suceden sin solución de continuidad. "Es que el jefe está convencido de que les ganamos cinco a tres", aseguró, con exagerado optimismo, un operador quiroguista.
 
Sostuvo que su jefe tiene poco que perder, porque "siempre ha gobernado con minoría en el Concejo y si saca dos concejales más es un logro". Y que, "en cambio, para el MPN es un garrón, porque tiene que reemplazar a tres que dejan su banca este año".
 
Pero los sapagistas no le otorgan tantas chances a su principal competidor. La fuente cercana a Sapag dijo que ellos van primero en las encuestas y vaticinó un final "cabeza a cabeza" con el quiroguismo. "Como están hoy las encuestas sacaríamos tres concejales y Quiroga dos", aseguró.
 
Sapagistas y quiroguistas también difieren en la lectura sobre las posibilidades del resto de la oposición. Para la gente de Pechi, el Frente para la Victoria y Une no obtendrían ninguna banca y sólo Libres del Sur conservaría la suya.
 
Los sapagistas, en cambio, hablan de tercios: uno para ellos, otro para Quiroga y otro para las demás fuerzas. Descuentan que entre el FpV, Une, LdS y el partido de Rioseco se repartirán "dos, tres o quizá cuatro bancas. Quiroga está entre dos fuegos", exageran. (...)".

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