El movimiento La Surda, clave en los tumultos en Chile

Los disturbios estudiantes en Chile no tuvieron nada de espontáneos ni improvisados. La siguiente investigación de la prensa chilena, revela datos muy interesantes:

SANTIAGO DE CHILE (El Mercurio). Aunque hoy todos se apuran en destacar la autonomía con que se desenvuelve el movimiento secundario, detrás de las tomas y paros se esconde también el trabajo silencioso, pero sistemático, de un grupo de organizaciones y partidos de izquierda.
Entre ellos, los principales grupos de influencia son las Juventudes Comunistas y el Movimiento Surda. Este último aprovechó la gran influencia con que cuenta entre los universitarios, pues preside una decena de federaciones.
Los propios dirigentes de enseñanza media y el Ministerio de Educación reconocen que en gran medida la arremetida estudiantil de las últimas semanas tuvo su germen en las tomas universitarias del año pasado, particularmente en la que se prolongó por cerca de un mes en la Casa Central de la Universidad de Chile.
En esa toma se organizaron jornadas de debate sobre el tema de la educación, y asistieron dirigentes de los centros de alumnos del Instituto Nacional, del Liceo de Aplicación, del Liceo 7 y del Carmela Carvajal, entre otros.
Tanto la JJ.CC. como la Surda tenían desde mucho antes como bandera de lucha la reforma a la LOCE, y la necesidad de asegurar constitucionalmente el derecho a la educación.
Rodrigo Ruiz, coordinador de la Surda, destaca la independencia del movimiento secundario, pero reconoce el apoyo de su organización al accionar de los estudiantes. "Estamos en diálogo fluido con sus líderes, a través de nuestros dirigentes universitarios les llevamos apoyo material y hemos coordinado actividades de esparcimiento", afirmó.
Aunque La Surda -que se ha vinculado a la rebelión estudiantil de las últimas semanas- se define como un movimiento que no adscribe a los partidos políticos, lo cierto es que el grupo chileno tiene fuerte cercanía con el presidente venezolano Hugo Chávez y su ideología.
Fue precisamente un miembro de La Surda, Camilo Vaz, quien organizó la puesta en marcha de la "Operación Milagros" en Chile, el programa de solidaridad internacional desarrollado por el gobierno chavista. Gracias a este sistema varios chilenos fueron recientemente operados de la vista en Venezuela con costo cero.
Tras bambalinas, el movimiento de izquierda La Surda jugó un rol clave en delinear la estrategia que siguieron los llamados "pingüinos" e influir ideológicamente sobre los protagonistas de la crisis más potente que ha debido enfrentar la Presidenta Bachelet.
Casi dos meses antes de la paralización de los secundarios a nivel nacional, los entonces desconocidos escolares María Jesús Sanhueza y Juan Carlos Herrera llegaron a la Universidad de Chile para reunirse con el Presidente de la FECh e hijo de la ministra Paulina Veloso, Nicolás Grau, y con el dirigente de La Surda y presidente de la Federación de Alumnos de la Utem, Sebastián Valdivia.
Ese día, los escolares anunciaron su intención de iniciar un gran movimiento social para dar curso a sus demandas y buscaron ayuda para delinear una estrategia acertada.
La reunión dio resultados. Precisamente tras el encuentro, acordaron promover entre sus filas un movimiento asambleísta y no jerárquico, emulando al exitoso modelo de organización de La Surda, que preside varias federaciones universitarias a lo largo del país.
Pero también, estrechar lazos con el movimiento de izquierda, que desde entonces fue un jugador activo a la hora de conseguir los permisos para las marchas de los secundarios, buscar respaldo en el mundo universitario, asesorar a los estudiantes en las discusiones de los temas, y conseguir datos claves que sustentaran sus planteamientos y demandas.
"Pensamos que los cabros no se la iban a poder solos", cuenta Valdivia.
¿No a la intervención?
Ya el año pasado la Surda tuvo encuentros con estudiantes secundarios y universitarios para rearmar el movimiento que en ese entonces vivía divisiones.
"Empezamos a generar reuniones con los distintos zonales de los escolares para organizarlos nuevamente, instalar la problemática y enrielar el movimiento", cuenta Valdivia.
Entonces, La Surda planteó algunas temáticas que los secundarios hicieron suyas. "Cuando tenían solamente la demanda económica, nosotros les planteamos que la LOCE no era el único enemigo, sino que detrás de ella se escondían diferentes actores que tenían responsabilidades", comenta Giorgio Boccacio, miembro de La Surda.
Pero la influencia del movimiento político en los escolares se mantiene hasta hoy.
La semana recién pasada uno de sus dirigentes se reunió con los timoneles secundarios, para decirles que no debían apoyar la composición del consejo asesor de Bachelet en materia de educación.
"Les dijimos que no queremos que esté (José Joaquín) Brunner, que lucró con la educación en Chile", explicaron fuentes.
Las palabras tuvieron eco rápido. Unos días después, el llamado "comandante Conejo" (Juan Carlos Herrera) sostuvo públicamente que los nombres elegidos por la Presidenta "no los representaban".
Ahora La Surda planea poner en la mesa de discusión de los escolares el tema de los excedentes del cobre para financiar la educación. Y ya hizo ver a los secundarios que dentro del presupuesto asignado por Hacienda para el pase escolar y la PSU "no se tocó ningún peso del cobre. Eso se debe discutir", dicen las fuentes.
La organización y claridad de ideas que, a juicio de La Surda, han mostrado los secundarios genera admiración entre sus miembros. Ellos ven en esta nueva generación la base de la democracia por la que han luchado desde sus inicios.
"Estos cabros son más creativos que todos nosotros. Creo que han llevado las cosas más lejos que La Surda y que cualquier otra organización política", admite Rodrigo Ruiz, miembro de la coordinación nacional del movimiento.
Por eso, el apoyo a los escolares también se extendió a otras instancias, como la entrega de café y otros suministros a los jóvenes en toma.
También, llevaron al grupo de rock "Los Miserables" a los colegios para dar entretención a los paralizados.
Claudio García, vocalista de la banda y adherente de La Surda, cuenta que es evidente el interés que sienten los escolares por el movimiento.
"Al salir con poleras de La Surda en las tocatas mucha gente se me acerca para saber de qué se trata", cuenta. "Esto les va a servir para que se informen. En estos momentos estarían mucho más armados si supieran más de política", afirma.
Precisamente esa es la tarea que la Surda seguirá cumpliendo.
"Ahora queremos tratar de tener intervención en la mesa Bachelet, tratar de entrar al Consejo. Queremos ser la voz de quienes no van a estar ahí: líderes sindicales, padres, organizaciones vecinales", afirma Valdivia. Porque los escolares, como dice La Surda, no están solos.
De revista a actor de peso
La Surda partió como un colectivo estudiantil de la U. de Chile en los años '90. Organizados en torno a la edición de la revista del mismo nombre (La Surda) se unieron para renovar los ideales sociales tras la dictadura con una clara crítica a la izquierda tradicional.
El origen del nombre está en su propósito: ser una izquierda que rescata la historia latinoamericana en lugar de imitar los modelos revolucionarios de Europa. Es decir, una izquierda del sur (de ahí la "s" de Surda).
"Éramos gente vinculada al mundo universitario, con una visión crítica de la izquierda de esa época", comenta Rodrigo Ruiz, miembro de la Coordinación Nacional de La Surda.
Basados en el asambleísmo como forma de organización, no poseeen dirigentes, sino coordinadores. Ello, porque no comparten la manera en que funcionan los partidos políticos. Sus ramas se extienden en las federaciones de universitarios de todo el país, pero también en gremios, sindicatos, poblaciones y tomas.
Conexiones
El sociólogo Raúl Zarzuri, director del Centro de Estudios Socio Culturales, ha dedicado los últimos meses a estudiar el movimiento estudiantil y juvenil.
Lo primero que aclara es que hay que tener mucho cuidado cuando se los identifica como "grupos antisistema". Explica que independiente de que efectivamente hay jóvenes que son antisistema -es decir, están contra todo-, la mayor parte del movimiento secundario hoy tiene una corriente que está en contra de la concepción actual de la educación y de la construcción de sociedad, pero proponen cambios que son sistémicos.
Zarzuri deplora que desde los medios de comunicación se analice a los jóvenes principalmente desde la perspectiva de la delincuencia, la droga y la violencia.
Otra característica descubierta en los estudios es que también hay una enorme transversalidad en el ámbito juvenil.
Por ejemplo, hay grupos de jóvenes evangélicos, otros que podrían ser catalogados como antisistema, como los "okupas"; y hay algunos fuertemente vinculados a movimientos políticos, como La Surda, influyente en la rebeldía secundaria.
"El tema que sea antisistema es una figura para reflejar el descontento con un sistema que no da garantías para el desarrollo. Están buscando ser sistématicos porque hay un sistema que los excluye, y la demanda de los secundarios permitió revelar una insatisfacción", explica.
Admite, eso sí, que hay una porción, que es minoritaria, que ha acumulado rabia, y ésta se expresa en forma violenta.
Lo más importante para este analista es que estamos asistiendo a nuevas formas de organicidad, de sociabilidad en el ámbito juvenil.
"Estábamos acostumbrados a entender que aún se piensa que hay que reunirse con una estructura, con presidente, secretario y tesorero. Eso no existe en el movimiento juvenil, donde todo es transversalidad, vocería y asambleísmo permanente, y nos guste o no, es la forma actual de organización, a nivel secundario, y también de los llamados grupos antisistema".
Por lo anterior, el director del Centro de Estudios Socio Culturales considera que las autoridades deben acercarse a este tema no desde su visión, sino que colocándose en la posición de los jóvenes y entendiendo sus estructuras, aceptando su diversidad y transversalidad.