Escándalo en Planeta por el plagio al embajador Guelar

¿Será que todo es tan berreta en la Argentina que hasta el Premio Planeta de Literatura resultó el plagio de una obra original que retenía la misma editorial de la familia Lara? Pero, cuidado, que en esto hay culpas compartidas porque se trata de una editorial española que se ignora cómo digita los premios que otorga.

Si la familia Lara pretende conservar la dignidad del Premio Planeta debiera despedir a Ricardo Sabanes, su editor regional, antes de comenzar a intentar explicar la indignidad que ha ocurrido con el plagio de una obra original... aparentemente promovido por el propio Sabanes, en un escándalo de magnitud.

Sabanes recibió, en octubre del año pasado, la obra original sobre el robo de la obra La Giaconda, de manos del ex embajador argentino en USA, Diego Guelar, a quien le explicó que era excelente pero él prefería quitarle la última parte, acerca de un personaje llamado Carlos Federico Decker (se trata de una obra de 3 partes), a lo que Guelar se opuso porque era quitarle contenido político a la novela ya que esa porción de la obra es la que se extendía hasta el presente.

Este desacuerdo, sumado a que el Museo del Louvre había diferido la inauguración de un salón dedicado a la obra plástica más famosa del artista florentino Leonardo da Vinci (1452-1519), definió que las partes acordaran volver a hablar más adelante de la publicación del original.

Previsor, Guelar tomó los recaudos de registrar su obra original ante la Dirección de Derechos de Propiedad Intelectual. Enorme fue la sorpresa de Guelar cuando la periodista Nancy Pazos le explicó que el periodista Martín Caparrós había ganado el Premio Planeta con un argumento que era el que Guelar había registrado meses antes y que había exhibido en Planeta.

Lo más grave ocurrió cuando Caparrós le explicó a Guelar "tu Valfierno no tiene nada que ver con el mío", lo que corroboró que había leido el original no publicado de Guelar, que dormía en un escritorio de Sabanes.

¿Habrá repetido, en el pasado, Sabanes tan innoble conducta?

¿Habrá estafado a otra gente que, con menos capacidad de respuesta que Guelar, no reaccionó ante el robo intelectual?

¿Cuál es el mérito de Martín Caparrós, hombre de voz engolada y vanidad sin límite -aunque algún expediente judicial federal podría obligarlo a revisar la actitud- de festejar un triunfo conseguido con un argumento que no le pertenece?

Lo más ridículo es el Valfierno de Caparrós: un marginal argentino en París, cuando cualquiera sabe que un marginal dificilmente hablaría bien el francés y tendría acceso a los círculos donde se pueden vender las obras robadas.

Planeta ha prometido a Guelar editar, en forma simultánea, las 2 novelas, y el público verá cuál prefiere.

Patético resulta ahora, a la distancia, el homenaje rendido por Sabanes, editor de Planeta, al recientemente fallecido Isidoro Blaisten, autor de una vasta obra cuentística. Ocurre que acto seguido Sabanes decidió premiar una obra que era producto de una grave irregularidad para la cultura.

¿Le dará Planeta los US$ 21.000 a Caparrós? ¿Tendrá cobertura para estos percances la aseguradora Zurich que se prestó a financiar el show de Planeta?

La novela, elegida por unanimidad por los miembros del jurado, compitió con otras 256 obras de escritores de la Argentina, Colombia, Chile, México y Uruguay.

El escritor argentino Guillermo Martínez, integrante del jurado, calificó a "Valfierno" como una novela "apasionante, con un ritmo arrollador de principio a fin, una narración magistral" que, además, "tiene una profunda reflexión sobre la identidad".

Caparrós presentó la obra con el pseudónimo de Montana, e indicó que -curiosamente- su novela trata sobre un falsificador y estafador argentino que, en 1911, planificaba el robo de La Gioconda del museo del Louvre, de París.

¿Caparrós hizo honor al personaje?

El personaje producido por Guelar es el siguiente:

** Eduardo de Valfierno, muerto allá por 1931 de manera tan clandestina como anduvo por la vida. Autor intelectual de uno de las robos más increíbles del siglo 20.

** Pasarían varios años hasta que su nombre ingresara enlos archivos policiales del caso que desperezó al mundo la mañana del martes 22 de agosto de 1911, cuando un visitante del Museo del Louvre en París descubrió que La Gioconda, la obra maestra de Leonardo da Vinci, había desaparecido.

** Al escándalo le sucederían 2 años y 111 días de versiones, incredulidad y vergüenza: durante todo ese tiempo, el paradero de la Mona Lisa -símbolo del mayor logro del arte universal- fue un absoluto misterio. Si un ingrediente le faltaba a esta obra para alimentar su mito, era este largo pasaje a la oscuridad.

** Durante décadas, respetados expertos y rasuradores de alto rango han ido reconstruyendo la trama de esta novela policial, pero los años fueron decantando los falsos rumores y las teorías más disparatadas (la más popular de todas, que La Gioconda que cuelga en el Louvre no es la auténtica), para abrirle el camino a la historia oficial y definitiva.

** El domingo 20 de agosto de 1911, un carpintero italiano llamado Vincenzo Peruggia ingresó al Museo del Louvre pocos minutos antes de la hora de cierre para salir recién al día siguiente... con la Mona Usa escondida entre sus ropas.

** Peruggia, que había nacido en Dumenza, una localidad al norte de Italia, en 1881, llevaba una existencia a media asta: pobre, solitario y de pocas luces, a principios del siglo XX se mudó a París con la esperanza de lograr algo que se pareciese a un por venir. Hacia 1908 empezó a realizar trabajos temporarios en el Louvre, entre ellos, el armado del armazón vidriado con que el Museo decidió proteger a su pieza más preciada, no tanto por la inverosímil eventualidad de un robo, como por la posibilidad de que fuera víctima del vandalismo de un desquiciado.

** Por aquellos días, la costumbre de maquillar con ácido o rasurar a navaja algunas valiosas obras de arte se había convertido en un ejercicio bastante popular. Gracias a aquel servicio, Peruggia conoció las salidas y escondrijos más próximos al Salón Carré, donde la pintura de la sonrisa melancólica había fijado residencia cinco años atrás. Y no sólo eso, también se acostumbró a las rutinas delos guardias, ala intimidad de los horarios, a la incomprensible soledad de las galerías del Louvre. Una información que jamás pensó en utiliza hasta que el "marqués de Valifierro el argentino que ya nadie recuerda, se cruzó en su canino.

** Valfiemo había llegado a París en 1910, después de varias estafas en el mercado del arte que consumó con éxito y sin escrúpulos en algunos países de Sudamérica junto a su socio Yves Chaudron, un virtuoso falsificador de obras maestras oriundo de Marsella.

** "Eduardo de Valfierro nacido en la Argentina alrededor de 1850, era el hijo de un rico terrateniente. Al poco tiempo de la muerte de su padre se quedó sin fondos y, para mantener el estilo de vida al que estaba acostumbrado, comenzó a vender todos los objetos de arte y antigüedades que habían pertenecido a su familia. Pero no tardó en dilapidar también aquel dinero, y aprovechando sus modales refinados y sus contactos de primera clase, armó un mercado de venta de obras de arte robadas o extraviadas que, en realidad, eran copias perfectas realizadas por el talentoso Chaudron escribió el historiador R. Shepard en su artículo Cómo y por qué robaron la Mona Lisa, publicado en la prestigiosa revista Art News, en febrero de 1981.

** Decidido a ejecutarel gran golpe que engordara sus bolsillos de una vez y para siempre, Valfiemo desembarcó en Francia adosándose el título de marqués, y sin pérdida de tiempo comenzó a dibujar la estrategia de su trabajo más ambicioso: el robo de la Cioconda. La eficacia de Valifierro residía en su paciencia: primero le encargó a su socio Chaudron que realizara seis copias irreprochables de la pintura.

** Al eximio falsificador le llevó 14 meses concluir su trabajo sobre maderas tan añejas como la del original (hay que recordar que la Mona Lisa no está pintada sobre un lienzo, sino sobre una tabla de álamo), utilizando pigmentos fieles al Renacimiento y empleando sofisticadas técnicas de envejecimiento.

** Mientras tanto, Valfierno fue detectando a sus presas, media docena de discretos millonarios dispuestos a hipotecar su imperio con tal detener a La Gioconda colgada en su pared, en caso de que ésta "desapareciera". Paradójicamente, el retrato genuino era lo que menos le interesaba al estafador argentino. Su plan era otro, simple y sin riesgos: sólo necesitaba que la noticia del robo de la Mona Lisa recorriera el mundo paravendérsela a sus potenciales compradores, entregándoles claro, una falsificación impecable.

** Al marqués criollo sólo le faltaba una pieza: un hombre que conociera las rutinas del Louvre y fuera capaz de cometer el robo, pero que a la vez fuese insignificante y sin demasiadas preguntas. No tardó en encontrar a Vincenzo Peruggia, el carpintero. Lo convenció sin dificultad con la promesa de una abultada recompensa, pero sobre todo con argumentos patrióticos: un rico coleccionista italiano -le inventó- deseaba tener a La Gioconda en su tierra, de donde nunca tendría que haber partido. Vincenzo, con la nostalgia de su país a cuestas y el orgullo nacional intacto, aceptó el trato.

** El domingo 20 de agosto, el carpintero entró al Louvre como un visitante más. Cuando el público empezó a vaciar las salas a la hora de cierre, se ocultó en un pequeño cuarto donde se guardaban herramientas, próximo al Salón Carré. Al día siguiente, un lunes, como ocurría entonces y también ahora en la mayoría de los museos alrededor del mundo, las puertas permanecieron cerradas al público para realizar tareas de limpieza y mantenimiento.

** Vincenzo, el ladrón, esperó hasta que el guardia del Salón Carré dejó su puesto para ir a fumar un cigarri Eran alrededor de las 8 de la mañana del 21 de agosto y él ya se había vestido con los amplios guardapolvos que usaban los obreros del Louvre. Así salió de su escondrijo, fue directamente a donde estaba su compatriota la Mona Lisa y la arrancó de la pared. Corrió en silencio hasta unas escaleras de servicio próximas; allí despojó a la pintura de su escudo vidriado y de su marco aristocrático. Entonces ocultó la pequeña madera de 77 x 53 centímetros bajo su guardapolvos, bajó las escaleras, atravesó el patio interior del Louvre y llegó hasta la salida como un trabajador más que culminaba su jornada.

** El martes 22 de agosto el Louvre se reabrió para el público. Louis Béroud, -un artista parísino que se ganaba la vida pintando reproducciones de obras famosas para los turistas-, fue uno de los primeros en ingresar. Quería ocupar un buen lugar frente a La Cioconda con su caballete y su manojo de pinceles y pinturas, antes de que los visitantes se amontonaran sobre ella y le hicieran imposible trabajar. Cuando alcanzó el Salón Carré, más que sorprendido se mostró irritado. "¿Dónde está ella? ¡Dénde la llevaron ahora!", le gritó al primer guardia que encontró a su paso. Béroud también conocía algunas de las rutinas del Museo, y estaba cansado de los paseos domésticos alos que sometían a la pintura de Leonardo

** De acuerdo con la minuciosa reconstrucción hecha por el investigador Seymour Reit, autor del libro El día que robaron la Mona Lisa (1981), el guardia fue hasta la galería, y cuando vio el espacio vacío dijo: "Seguramente se la llevaron otra vez arriba. La deben estar fotografiando o reparándole el marco". Este guardia tampoco avisó nada, tampoco preguntó nada.

** La noticia, tal como había previsto De Valfierno, se divulgó hasta en las naciones más minúsculas, pero la indignación y el estupor eran mayúsculos. Durante una semana, el Museo permaneció cerrado y todos sus empleados fueron interrogados, aun aquellos que -como el carpintero Peruggia habían realizado alguna tarea temporaria en los últimos meses.

** La policía de París culpó al Louvre por su inadecuada seguridad, y desde el Museo los ridiculizaban por no encontrar ni a un sospechoso. Para empeorar las cosas, los diferentes brazos que participaban en la investigación se entorpecían unos a otros, hasta que el Prefecto de la Policía de París, el inspector Louis Lépine, se hizo cargo de todas las bifurcaciones que iba tomando el caso.

** En sus declaraciones publicadas en la edición del 23 de agosto de 1991 en The New York Tienes, el inspector Lépine esbozó su propia teoría: "Los ladrones -me inclino a pensar que fue más de uno- escaparon con La Gioconda. Hasta ahora nada se sabe de sus identidades o paradero. Estoy convencido de que el móvil no fue político, pero puede que se trate de un ,sabotaje', causado por el descontento entre los empleados del Louvre. Es probable, por otro lado, que el robo haya sido cometido por un loco. Una posibilidad más seria es que La Gioconda haya sido robada por alguien que planea sacar algún beneficio chantajeando al Gobierno".

** Seymour Reit explica por qué Eduardo de Valfiemo no volvió a tomar contacto con el carpintero italia no. No necesitaba tener a la verdadera Mona Lisa quemándole las manos para consumar su estafa. Con máxima discreción, retornó el contacto con los 6 coleccionistas de arte interesados en el original --5 norteamericanos y 1 brasileño-, y a cada uno le vendió las copias hechas por su socio Chaudron a precios exorbitantes. Según Reit, estos millonanos jamás fueron identificados cuando La Gioconda reapareció más de 2 años después, no pudieron denunciarla estafa porque ellos mismos habían cometido el delito de adquirir una obra de arte robada.

** Vicenzo Peruggia siguió con su vida oscura, sin saber muy bien qué hacer con esa obra maestra que había ocultado debajo del falso fondo de un destartalado baúl. Hasta que en el otoño de 1913 leyó en un diario italiano un anuncio que sacudió sus nervios de gelatina. Un anticuario de Florencia, Alfredo Geri, estaba dispuesto a comprar "a buen precio objetos de arte de cualquier tipo". El 29 de noviembre, Ceri recibió una carta fechada en París de un tal Leonardo, a secas, diciéndole que tenía en su poder a la Mona Lisa y que deseaba regresarla a Italia, su patria de nacimiento. El anticuario, escéptico pero intrigado, le respondió citándolo en su galería de Florencia para el 22 de diciembre.

** ¿Qué fue del "rnarqués" Eduardo de Valfiemo? Según la investigación de Seymour Reit, el argentino pasó una existencia sin sobresaltos hasta su muerte en los Estados Unidos, en 1931. Se cree que su golpe maestro le aportó entre US$ 30 millones y US$ 60 millones, lo que ciertamente le valió un ascenso en su rango: que duda cabe que vivió como un "duque".

** Sin embargo, no soportaba la idea de que el mundo desconociera que la verdadera trama detrás del robo de La Gioconda había sido dibujada por él. Empalagado de soberbia, le confesó aun amigo, el periodista norteamericano Karl Decker, el origen real de su fortuna. Aportó datos, fechas, descripciones yhastael nombre de los seis millonarios a los que había estafado, con la única condición de que la historia se divulgara después de su muerte.