En 1982, Adams Walsh, un niño de 7 años, fue robado de un shopping de USA donde paseaba con sus padres. La desesperación de ellos los llevó a recorrer las calles de varias ciudades con la foto de su hijo, y a presentarse en los medios de comunicación pidiendo colaboración. La opinión pública estadounidense le dio al caso la calificación ‘de interés nacional’ y estuvo en vilo por el paradero de Adams. Unos días después, el pequeño apareció asesinado.
"No podemos apagar incendios mientras el Estado demora en dar las respuestas que se necesitan”
POR GUILLERMINA FOSSATI Susan Murray es la presidente de Missing Children, una ONG que brinda apoyo a los familiares de chicos perdidos. En una entrevista brindada a Edición i habló de un tema que cada día es más grave por el aumento de niños que, luego de un año, aún se ignora su paradero, y por la violencia doméstica que provoca que niños y adolescentes abandonen sus hogares.
Así nació National Center for Missing and Exploited Children -NCMEC- (Centro Nacional para Chicos Perdidos y Explotados), que en 1984 recibió el apoyo del Congreso estadounidense y se organizó en un edificio donde también funcionan una oficina del FBI (Federal Bureau of Investigation), otra de la Procuración General y otra de Interpool.
En la Argentina, Missing Children nació a partir de Red Solidaria, organización no gubernamental que colabora con los necesitados que se comunican telefónicamente para realizar algún pedido. Debido a la cantidad de llamados que, día a día, recibían pidiendo ayuda para encontrar niños perdidos, Juan Carr decidió darle un tratamiento autónomo al tema.
En 1998, Carr conoció a Susan Murray y fue ella quien se hizo cargo de Missing Children Argentina. Luego, María Martha García Belsunce de Carrascosa, asesinada en el año 2002, colaboró con ella en los primero pasos de la ONG.
Susan vivió en USA y recordaba el caso de Adams. El contacto con la sede estadounidense fue por un interés casi simultáneo ya que, mientras Susan se informaba del funcionamiento de la entidad en aquel país, miembros del NCMEC se comunicaban con la sede argentina porque deseaban una entidad gemela en Sudamérica.
En USA habían recibido llamados desde otros países por la situación de niños perdidos, consideraron que la experiencia que tenían era importante compartirla y buscaron organizaciones similares para acompañarlos.
Curiosamente, desde hace dos años la ONG también intenta esclarecer la muerte de una de sus fundadoras, y expresó alivio cuando el fiscal de la causa, Diego Molina Pico, fue ratificado en su cargo, por lo menos para que se llegue a juicio.
Murray relató la situación que atraviesan más de 1.000 niños perdidos, a veces abusados sexualmente, drogados o maltratados aún por su propia familia.
-Un día Juan Carr le ofreció presidir Missing Children, ¿cómo lo tomó Ud.?
-En 1998 conocí a Carr en Pilar y me pidió que arme Red Solidaria Pilar. Me contó que había recibido la llamada de una mamá que tenía un hijo perdido y como yo viví en USA me preguntó qué se hacía en ese país en un caso semejante. Yo había visto el nacimiento de NCMEC y le conté que lo que hacían era pegar fotos, difundirlas por los medios de comunicación y que la gente se enterase de alguna manera.
El primer caso del que me hice cargo fue de un chico de Pilar, y así empezó a derivarme todos los casos que iban surgiendo. Me dirigí a una radio comunitaria donde María Martha tenía un programa y le pedí colaboración. Lo hizo difundiendo información y, después de la entrevista, quiso tomar un café conmigo y se ofreció para que trabajemos juntos.
Ella, por su familia, tenía conocidos en el ámbito judicial y así logramos informarnos de cómo era la situación. Entre las dos fundamos la entidad, aún cuando en los papeles una figurase como presidente y la otra como vicepresidente.
¿Por qué la gente preferiría a una ONG cuando todos creíamos que la justicia debía encargarse del tema? Escuchamos a los padres decir que, cuando iban a la comisaría, no le tomaban las denuncias porque debía transcurrir cierta cantidad de tiempo, o no los trataban como ellos necesitaban.
Los padres se quedaban esperando que transcurriera el tiempo y pasaban semanas o meses y nunca los llamaban.
También empezamos a ver qué decían del lado de la Justicia y visitamos a varios jueces de menores para contarles qué nos pasaba y cómo podíamos ayudar para dar una respuesta más rápida.
Nuestra sorpresa fue que había muchos chicos perdidos y se necesitaba más velocidad para actuar. Nos explicaron cómo ayudar a las familias e identificaron como un problema que si bien muchas veces los juzgados envían oficios a los medios de comunicación con el pedido de publicación de una fotografía, los medios o no la publicaban o lo hacían tres meses después...
-En USA la fundación tomó categoría de institución de Estado. ¿Cómo es la situación en la Argentina?
-Nada que ver, ojalá lleguemos en algún momento a parecernos a cómo funcionan en USA.
-Pero, ¿tienen contacto con algún organismo gubernamental? Red Solidaria, por ejemplo, prefiere no hacerlo.
-Nosotros aclaramos que lo que hacemos es orientar la búsqueda, ayudar, pero no somos una agencia de investigaciones.
-De acuerdo a las estadísticas, ¿aumentó el número de niños perdidos o la gente conoce más la existencia de Missing Children y denuncia?
-Es mayor la cantidad de gente que nos conoce, no hay más cantidad de chicos perdidos.
Lo que sí aumentan son las situaciones complicadas por las que pasan los chicos, más riesgosas que hace unos años atrás. Antes, si algún chico se iba de su casa dos o tres días no pasaba nada, pero ahora vuelve golpeado, drogado, abusado sexualmente.
-¿Esto también quiere decir que si la gente recurre a la ONG es porque no hay información sobre adónde recurrir cuando se pierde un chico?
-Claro, generalmente la gente recurre a la policía. Pero hay muchas cosas que funcionan incorrectamente. Por ejemplo, tener que esperar 24 ó 48 horas para comenzar la búsqueda. La mayoría de los chicos aparecen dentro de las 48 horas, pero si no aparecen, ese plazo es fundamental para encontrarlos. Por otro lado, las comisarías siempre dicen que se trata de fuga de hogar. Nosotros pensamos cómo ellos sabían que era fuga de hogar, porque los padres te explican que su hijo salió para el colegio y nunca entró, entonces como saben si decidió no ir o si le pasó algo en el camino.
Lamentablemente ocurrió la muerte de Natalia Melmann, en Miramar, caratulada por la policía como fuga de hogar. Los padres decían que Natalia no tenía motivos para escaparse y lucharon para que cambien la carátula de la causa. Después de algunos días, la adolescente apareció muerta, y siempre nos quedó la duda de qué hubiese ocurrido si la buscaban de inmediato.
A partir de ese hecho, en la provincia de Buenos Aires, cuando un chico desaparece el Juzgado le da participación inmediata a la Fiscalía. El fiscal investiga y si considera que el chico no se encuentra en peligro de secuestro o algo similar, sigue la investigación como una pérdida. Así van mejorando un poco las cosas.
-¿Cómo es la relación con los Juzgados de Menores?
-Cuando empezamos a ir a la Justicia para pedir la autorización de mostrar la foto de algún chico, nos miraban con cara rara porque no nos conocían. Tuvimos que obtener personería jurídica para que supieran que existíamos.
Pensamos que sería por miedo a los errores de instrucción que muchas veces vemos, pero en los tribunales entendieron que no tenemos tiempo para ese tipo de debates y lo que nos interesa es que se busque a los chicos, nada más.
Todos comprendieron que cuando alguien nos llama por teléfono lo que hacemos es orientarlos sobre qué hacer: ir a la comisaria y al juzgado, pedir el oficio y que nos lo envíen por fax con la fotografía del niño. Al principio tardaban en darnos autorización, pero ahora el Juzgado mismo nos manda la información.
-Mirando las estadísticas, se descubre, entre las causas de fuga del hogar de los adolescentes, la crisis de identidad, ¿hay más conflictos que antes?
-El tema es complejo. El 70% de las denuncias que recibimos son de adolescentes de entre 13 y 18 años. Ese porcentaje coincide con las estadísticas que tienen en USA y en Europa porque es una edad conflictiva.
Los chicos abandonan su hogar no por causas como el temor porque les haya ido mal en el colegio, sino -por ejemplo- violencia familiar, adicciones, etc.
-¿Qué otras causas hay?
-Chicos que se pierden porque desean buscar a un amigo. Chicos con discapacidad mental –en estos casos no hay límite de edad-. Hay muchos casos, a partir de la crisis de 2001, que son las sustracciones parentales: los matrimonios se divorcian y, por venganza u otros motivos, se llevan a los hijos. Muchas veces nos dicen que no son chicos perdidos, pero son chicos a los que se les prohíbe ver a uno de sus vínculos más cercanos y sufren el desarraigo.
Tal vez no les pasa algo en lo físico pero si en lo psicológico.
Otro aspecto importante es que las edades bajan. Por ejemplo, hace poco se escaparon de su casa dos chicos de 10 y 11 años, porque sufrían abusos.
-¿Tuvieron alguna participación con el publicitado caso de Gabriela Arias Uriburu?
-Ella se maneja a nivel internacional. Sí nos comunicamos para ayudarla, pero cuando la Argentina firmó los Derechos del Niño se denominó al Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos como la autoridad en el país para las restituciones.
-¿Toman contacto con organizaciones internaciones similares a Missing Children u otras sedes de la misma ONG?
-No hay otras entidades en el resto del mundo, salvo USA. Cuando hablamos con ellos, la idea era desarrollar otras entidades y tuvimos contacto con algunos países para dar impulso al proyecto pero es un tema complejo.
En Brasil está S.O.S Crianza, que trabaja en muchos temas de menores y con ellos cruzamos ayuda. En México también se está armando un grupo.
-¿Las personas que buscan un chico se acercan a ustedes o ustedes, si se enteran de un caso, también lo hacen?
-Podemos acercarnos pero lo que más importa es que el caso se difunda en los medios. La mayoría de los llamados los recibimos antes que se conozcan, pero hace poco nos enteramos de dos chiquitos perdidos y nos comunicamos con sus padres.
El tema es que, a veces, causa impacto una noticia pero dura sólo dos o tres días. Entonces tratamos de mantener el interés.
En el caso de Fernanda Aguirre, que parecía un secuestro extorsivo, pasados algunos días organizamos campañas para llamar la atención -por ejemplo, Las 24 Horas por Fernanda-, nos convocamos en Entre Ríos con las Madres del Dolor, y entre todos logramos que el tema no se olvidara.
-¿De que nivel socieconómico provienen la mayoría de las denuncias de pérdidas?
-Recibimos llamados de todos los niveles socioeconómicos, aunque la mayoría es de clase media-media y media-baja, porque los muy humildes ni siquiera conocen de nuestra existencia. En esos casos de gente muy humilde, los pedidos de ayuda nos llegan a través de la maestra o de una asistente social, como fue el caso de Gerardo Flores.
También tuvimos pedidos de gente de niveles sociales altos, pero usualmente ellos tienen más contactos a quienes pedir ayuda.
Cuando hablamos de desaparición no es siempre un tema económico, cultural o de la familia. El adolescente, que en la mayoría de los casos decide irse de su hogar por propia voluntad, no ha sentido el apoyo, la contención de la familia con respecto a algo que le ha pasado y se siente abandonado. Entonces toma la decisión de irse como un llamado de atención.
Los padres de chicos buscados, muchas veces dicen que no se habían dado cuenta que los hijos tenían una necesidad. En estas situaciones, el dato alentador es que el caso no se repite ya que los padres cambian de actitud y adquieren otra forma de relacionarse con sus hijos.
-Parece resultar fundamental el apoyo psicológico. ¿Proyectan organizar algún tipo de grupo para brindar esa ayuda?
-No, porque no tenemos los medios para eso. Estamos formados para brindar ayuda telefónica, y nuestro teléfono es transferido cada día a las 10:00 a una voluntaria diferente, que atiende los llamados durante 24 horas siguientes.
-¿Cuántas personas colaboran con Missing Children?
-Somos siete voluntarias. Además hay dos en Mar del Plata, una en Bahía Blanca y dos que se están formando en San Carlos de Bariloche.
-Son muy pocas personas para una tarea tan compleja. ¿Hay reparo a ayudar en este tema?
-El tema de menores es muy difícil. Inclusive tuvimos voluntarias que, luego de algunos meses nos dijeron que no podían seguir porque es duro contener a la familia, escucharla. Además cada vez son más complicados los casos, y hablamos con algunos jueces quienes nos dijeron que perciben esa situación. Cada vez hay más perversión en la desaparición de los chicos.
-¿Creen que la sociedad argentina tiene una cultura solidaria?
-Nos sigue maravillando la cultura solidaria. De a poco, la gente empezó a conocer que existen miles de chicos perdidos y que se trata de situaciones que a cualquiera le pueden pasar.
Tenemos un promedio de 91% de chicos encontrados desde el comienzo de la ONG. De ellos, un 70% son encontrados porque alguien encontró un afiche en la calle o lo descubrió en un medio de comunicación, lo que indica que la gente se compromete y trata de ayudar.
-Del porcentaje no encontrado ¿hay sospechas sobre sus paraderos?
-No, no sabemos si están bien o si están mal. Nos preocupa porque hasta hace poco teníamos 69 chicos que hace más de un año estaban perdidos y ahora tenemos 85 chicos.
-En esos casos, ¿siguen en contacto con las familias?
-Si, en forma permanente. Lo que no podemos hacer es seguir publicando la foto cuando cumplen 21 años porque ya son mayores de edad y nosotros nos manejamos con Juzgados de Menores. Toman la categoría de adultos perdidos y no podemos hacer el seguimiento que hacemos con los menores.
-¿Cómo es el proyecto que presentaron para hacer una base de datos común en los juzgados?
-Hace unos años empezamos a descubrir que los juzgados no se contactan entre sí. Cuando un chico es buscado por un juzgado y lo encuentra otro, nunca se entera quien tiene la causa. Nos dimos cuenta que, en muchos casos, pasaban meses hasta que las informaciones se cruzaran.
Es necesario que se crucen los datos y saber qué cantidad de chicos perdidos hay en el país. No hay estadísticas nacionales. Nos manejamos con nuestros propios datos.
A partir de una nota que hicimos, gente del Ministerio de Justicia nos llamó. Así hicieron una ley que es el Registro Nacional de Menores Extraviados, que el año pasado la firmó Néstor Kirchner. Pero no funcionó. Había una gran idea sobre qué hacer, pero por no empezar de a poco, nunca funcionó.
Hace muy poco nos llamó el ministro de Justicia, Horacio Rosatti, y le expliqué lo que pasaba. Entonces se ocupó del tema y ahora sí empezó a funcionar.
Es bueno que surja la solución de parte del Estado, que es quien tiene que dar la respuesta a la sociedad.
Hay un montón de dificultades y yo creo que los jueces de menores son los más relegados de todos los jueces. Hemos estado en juzgados que no entendemos cómo hacen para trabajar, no tienen ni computadoras. Entonces, si dentro del Estado no prestan atención a los menores, que son el futuro del país, y no intentan a ayudar a los adolescentes, vamos a estar complicados como sociedad. Éste es un concepto esencial que intentamos transmitir.
-¿Cuáles son los proyectos de ahora en más?
-A partir de la vigilia de 24 horas por Fernanda y Christian Shcaerer pusimos un teléfono para recibir llamados sobre ellos. No recibimos muchos datos, pero sí recibimos muchas llamadas de lugares donde había menores que se habían perdido y que cuando aparecían denunciaban que habían sido explotados sexualmente. En USA, el centro es para chicos perdidos y explotados, y yo veía que acá el tema iba a caer en algún momento.
En esos casos, preguntábamos si habían hecho la denuncia y decían que no porque la denuncia la recibirían quienes participan o encubren los hechos, y tampoco los informarán a la Fiscalía.
Estas redes de prostitución de menores trabajan con conexión local.
Les comentamos a algunos integrantes de la Justicia que en USA todos los delitos contra menores son delitos federales, y preguntamos si se podría hacer algo similar.
En la Argentina los únicos derechos federales son terrorismo, narcotráfico y secuestros.
Empezamos a investigar si es posible cambiar la legislación, y que un grupo de jueces federales se ocupen de los casos, porque si en una ciudad del interior, donde nadie se atrevería a hacer una denuncia por temor, ¿qué pasaría si viene alguien de afuera a investigar? Se ganaría en credibilidad.
-¿Cuál fue la respuesta?
-Que puede ser, que no es imposible. En USA dio resultado, y si bien no necesariamente todo lo que funciona en un lado funciona en otro, por lo menos aprendamos de un resultado para ver si puede implementarse acá.
También hay un debate bonaerense porque los jueces de menores mandan a los penales comunes a los menores que delinquen. Es complicado porque no hay lugares especializados en chicos. Hay que pensar en una política de Estado para menores. No podemos apagar incendios mientras el Estado se toma su tiempo para empezar a dar las respuesta que se necesitan con urgencia.










