La NOAA confirmó el inicio de El Niño e informan que hay un 63% de probabilidades de que alcance una intensidad muy fuerte, algo que no ocurre con frecuencia. Para Argentina, donde las lluvias suelen reaccionar rápido a estos cambios en el Pacífico, esto trae grandes oportunidades para el campo, pero también riesgos que conviene empezar a mirar de cerca.
SE VIENE
Atención Argentina: El Niño ya llegó y podría traer lluvias fuera de lo normal
Ya es oficial la llegada de El Niño y las proyecciones prenden alarmas. Para Argentina podría venir un cambio fuerte en el clima, y hay que seguirlo de cerca.
Más lluvias, más humedad y una oportunidad para el campo
El Niño es una de las fases del fenómeno ENSO (El Niño-Southern Oscillation), un ciclo natural que modifica la temperatura superficial del Océano Pacífico ecuatorial y que suele repetirse cada dos a siete años.
En condiciones normales, los vientos alisios empujan las aguas cálidas hacia el oeste del Pacífico, favoreciendo lluvias en Indonesia y Australia, mientras que frente a las costas de Sudamérica ascienden aguas frías desde las profundidades oceánicas. Pero cuando aparece El Niño, los vientos pierden fuerza, las aguas cálidas avanzan hacia el este y una enorme masa de energía térmica empieza a modificar la circulación atmosférica.
Ahora, la imagen difundida, junto a la confirmación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) muestra precisamente esa señal característica: una extensa franja roja y naranja atravesando el Pacífico ecuatorial, con anomalías superiores a los 2°C en sectores clave del océano. ¿Y qué significa eso para Argentina?
Históricamente, los eventos de El Niño suelen estar asociados con un aumento de las precipitaciones en buena parte de la región centro-este del país. Provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa suelen recibir lluvias por encima de los promedios estacionales, especialmente durante la primavera, el verano y el otoño posteriores al desarrollo del fenómeno.
Después de varios años influenciado por La Niña y por las sequías que golpearon con fuerza al sector agropecuario, este cambio es una noticia potencialmente favorable para la producción. Mayor disponibilidad de agua equvale a mejores perfiles de humedad de los suelos, más desarrollo de los cultivos y mejores perspectivas para la soja, el maíz, el trigo y otras actividades agrícolas estratégicas para la economía argentina.
El riesgo que acompaña al beneficio: inundaciones, tormentas y eventos extremos
Sin embargo, a la vez que los especialistas hablan de más lluvias, también hablan de más riesgos. Y ahí aparece la otra cara del fenómeno. Un aumento sostenido de las precipitaciones puede ser positivo para los cultivos, pero también generar problemas cuando los acumulados superan la capacidad de absorción de los suelos o la infraestructura existente para manejar el exceso de agua.
Los antecedentes muestran que los episodios intensos de El Niño suelen incrementar la probabilidad de inundaciones en distintas regiones del país. Los sistemas fluviales vinculados a los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay pueden registrar crecidas importantes, mientras que las zonas bajas de la región pampeana y del Litoral quedan más expuestas a anegamientos prolongados.
Recordemos la experiencia de 2015-2016, considerado uno de los más fuertes de las últimas décadas, en la que numerosas localidades sufrieron inundaciones, evacuaciones y pérdidas económicas significativas como consecuencia de las lluvias persistentes y los excesos hídricos.
Además, un ambiente más cálido y húmedo suele favorecer una mayor frecuencia de tormentas intensas, lo cual implica más episodios de lluvias torrenciales, ráfagas fuertes y caída de granizo, que afectan tanto a las áreas rurales como a los grandes centros urbanos.
En ciudades densamente pobladas, incluyendo el AMBA, el problema no suele ser solamente cuánto llueve sino la velocidad con la que cae el agua. Si le sumamos tormentas intensas con sistemas de drenaje exigidos al límite, aparecen los anegamientos urbanos que complican la circulación, generan daños materiales y alteran la vida cotidiana.
Hoy, con un 88% de probabilidades combinadas de que el fenómeno sea fuerte o muy fuerte, la señal que llega desde el Pacífico merece atención. Para Argentina puede representar una oportunidad importante para recuperar humedad y potenciar la producción agropecuaria, pero también exige preparación frente a un escenario con mayores riesgos de inundaciones, tormentas severas y eventos extremos.
Los efectos más notorios recién empezarían a sentirse con mayor claridad desde la primavera y podrían extenderse durante buena parte del 2027. Por eso, hay que estar atentos antes de que el exceso de agua se transforme rápidamente en un problema.
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