La serie Bridgerton cuenta una historia de amor que destila sensualidad, pasión y sexo por todos lados. La serie está ambientada en el período de la Regencia británica (segunda década del siglo 19), cuando reinaba Carlota de Inglaterra (una reina que según varios historiadores era negra o mestiza). Imagina un mundo donde Carlota ha dotado a personas negras de ducados y otras posiciones de nobleza.
Hagamos de cuenta que somos novios... Un amor que nace de un complot
Bridgerton es una serie de época con una trama apasionante, humor sutil y a veces delirante, y una historia de amor que está a la altura de las parejas más recordadas de Hollywood.
En Bridgerton, Simon es el duque de Hastings, cuya madre ha muerto al darlo a luz. Su padre, un egoísta empedernido, obsesionado exclusivamente con obtener de ella un heredero, lo cría de manera despiadada, tachándolo de inútil porque le cuesta hablar siendo todavía un niño. Virtualmente huérfano -pero aún así heredero del ducado-, Simon visita a su padre en su lecho de muerte y le hace una sola promesa: que nunca, jamás, le dará un heredero. Que nunca tendrá hijos. Su manera de vengarse de la obsesión de su padre por seguir con el linaje.
Dafne es una bella joven desesperada por conseguir marido. Pertenece a la familia Bridgerton, una de las más prestigiosas dentro de la aristocracia británica. Es dulce e inocente. Como todas las jóvenes de su época retratadas en la serie, carece por completo de conocimientos sobre el sexo, la sexualidad y la reproducción.
En la serie, Dafne y Simon protagonizan una verdadera historia de amor, ya que juntos conforman un complot. Simon está harto de que lo presionen para casarse -él, quien tiene decidido que nunca tendrá hijos- y Dafne está triste porque, a pesar de ser supuestamente la soltera más codiciada, no se le acerca nadie. El complot consiste de lo siguiente: Simon pretenderá ser su festejante por un tiempo. Esto le permite a él liberarse de las presiones por casarse, y la ayuda a ella a volverse objeto de deseo de otros hombres. El complot funciona demasiado bien, precisamente porque funciona mal: se enamoran.
Van creciendo la confianza y la intimidad entre Dafne y Simon, y los une un secreto. Esto los separa del mundo y a la vez genera un espacio en el que puede nacer el erotismo entre ellos, liberados de las pesadas cadenas impuestas por los protocolos de cortejo de la época. ¿Cómo escapar a las máscaras que impone una época? Con otra máscara. Simon y Dafne juegan a ser novios. El matrimonio que termina consumándose entre ellos no deja de ser una prolongación de ese juego. ¿Eso lo hace un amor menos verdadero? Por el contrario: el amor también es un juego máscaras.













