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112 IGLESIAS QUEMADAS Y NINGUNA PRUEBA

Sin resultados, Justin Trudeau corta la búsqueda de fosas indígenas en iglesias

Justin Trudeau cesa la búsqueda de tumbas indígenas en escuelas católicas después de tirar 200M de dólares, dejando a los pueblos indígenas sin respuestas.

Después de años de financiamiento y 112 iglesias vandalizadas, el gobierno de Justin Trudeau decidió finalizar la búsqueda de las supuestas tumbas de niños indígenas en antiguas escuelas católicas. A pesar de no haberse encontrado evidencia tangible, el caso deja profundas cicatrices en la sociedad canadiense, alimentadas por una narrativa política y mediática que jamás fue verificada.

Justin Trudeau y el falso relato de los indígenas

En mayo de 2021, la comunidad indígena Tk’emlúps te Secwépemc, situada en la Columbia Británica, Canadá, anunció que, utilizando tecnología de radar de penetración en el suelo, afirmaban haber hallado 215 tumbas no marcadas cerca del antiguo colegio residencial indígena de Kamloops. Las imágenes del radar mostraban alteraciones en el terreno, que los activistas rápidamente catalogaron como restos humanos. Sin embargo, esos hallazgos nunca se confirmaron con excavaciones o estudios adicionales que corroboraran la presencia de cuerpos.

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En 2021, Canadá afirmó haber encontrado 215 tumbas indígenas basándose en anomalías del suelo. Sin excavaciones ni pruebas concretas, Justin Trudeau apeló a la narrativa y destinó millones a investigaciones sin resultados.

En 2021, Canadá afirmó haber encontrado 215 tumbas indígenas basándose en anomalías del suelo. Sin excavaciones ni pruebas concretas, Justin Trudeau apeló a la narrativa y destinó millones a investigaciones sin resultados.

De todas maneras, y a pesar de no tener pruebas concretas, el gobierno de Justin Trudeau reaccionó rápidamente ante la alarma social, declarando que el país estaba enfrentando un "pasado oscuro" y ordenó un duelo nacional de 6 meses. Poco después, medios internacionales replicaron la noticia, y pronto se empezó a decir que había miles de fosas en escuelas residenciales, muchas de ellas gestionadas por la Iglesia Católica. En consecuencia, el gobierno canadiense puso 216 millones de dólares para analizar las posibles tumbas, pero hasta la fecha no hubo confirmación de restos humanos.

En medio de la incertidumbre, 112 iglesias católicas fueron atacadas o destruidas, muchas de ellas pertenecientes a pueblos indígenas, en un acto de ira colectiva contra lo que se percibía como una "institución culpable" de graves abusos históricos. A pesar de la falta de evidencia, Trudeau y su gabinete nunca rectificaron sus declaraciones iniciales ni pidieron disculpas a la Iglesia Católica, cuya imagen fue severamente dañada. Y durante ese tiempo, muchos ignoraron las complejidades históricas del sistema de las escuelas residenciales, donde el gobierno de Canadá fue tan responsable como las instituciones religiosas en la administración de los centros.

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La indignación desató ataques a 112 iglesias católicas, muchas de ellas a las que asistían indígenas. Trudeau, lejos de condenar con firmeza, justificó la ira social, dejando a la Iglesia como chivo expiatorio.

La indignación desató ataques a 112 iglesias católicas, muchas de ellas a las que asistían indígenas. Trudeau, lejos de condenar con firmeza, justificó la ira social, dejando a la Iglesia como chivo expiatorio.

La destrucción de la Iglesia Católica y la manipulación política

Lo que empezó como una movilización legítima para investigar las condiciones de las escuelas residenciales se transformó rápidamente en un circo mediático y político. Mientras las autoridades insistían en la existencia de estas tumbas (sin respaldo científico), el relato pasó a convertirse en un instrumento de ataque hacia las instituciones religiosas, principalmente la Iglesia Católica.

El gobierno de Trudeau, apoyado por movimientos sociales, impulsó la narrativa sin cuestionar el rigor científico detrás de las afirmaciones. Y es que mientras se sucedían las protestas y los incendios en iglesias allá en 2021, Trudeau expresó públicamente que "la indignación es entendible", sin condenar los actos violentos que afectaban incluso a las comunidades indígenas que aún asistían a algunas de estas iglesias. Es más, esa tibieza con el vandalismo fue vista por muchos como una especie de aval tácito a la destrucción, mientras el gobierno evitaba confrontar la falta de pruebas detrás de las acusaciones.

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El gobierno de Trudeau usó la historia para impulsar su agenda, ignorando la falta de pruebas. Al cesar la investigación sin disculpas, dejó una Iglesia dañada y una verdad tergiversada.

El gobierno de Trudeau usó la historia para impulsar su agenda, ignorando la falta de pruebas. Al cesar la investigación sin disculpas, dejó una Iglesia dañada y una verdad tergiversada.

Además, los recursos que se destinaron a la investigación de las supuestas tumbas no dieron hallazgos significativos. La Comisión Nacional de Escuelas Residenciales, Niños Perdidos y Entierros No Marcados (NAC), que lideró la búsqueda, mostró su decepción cuando, en febrero de 2025, el gobierno de Trudeau decidió retirar el financiamiento del comité. A pesar de haber gastado más de 200 millones de dólares, no se habían encontrado restos humanos, y los que ponían en duda la narrativa oficial fueron atacados y señalados públicamente como "negacionistas", como el caso del abogado James Heller, demandado por difamación tras contrariar las versiones oficiales.

El daño a la imagen de la Iglesia Católica fue palpable, con un repudio social a las instituciones religiosas que participaron en la administración de las escuelas. Sin embargo, los informes históricos demuestran que muchos de los problemas en esos centros fueron causados por la falta de recursos del propio gobierno canadiense, que no logró garantizar ni la salud ni el bienestar de los niños en su intento por “asimilarlos” a la cultura occidental. Si bien es cierto que hubo tragedias y abusos en algunos de estos centros, al menos las acusaciones de tumbas masivas nunca fueron validadas.

Sin una disculpa oficial por la manipulación de la opinión pública y el daño a la Iglesia, la verdad detrás de la controversia de Kamloops sigue siendo un tema espinoso y políticamente polarizado. La historia de las supuestas tumbas masivas se cerró sin respuestas claras, y el saldo es evidente: un país dividido y una iglesia católica que sigue pagando el precio por un escándalo que nunca fue probado.

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