Este viernes 27/03 se viralizó un video en las redes sociales donde se lo veía al presidente brasileño negar las consecuencias del Coronavirus, asegurar que la población de Brasil era indestructible, atacar a los medios de comunicación otra vez y volver a establecer que para él y su gobierno es más importante priorizar la economía que la salud de la población. Al igual que lo cree su aliado y homólogo, Donald Trump, quien intenta hacer malabares para sostener la economía.
GLOBALIZACIÓN VS NACIONALISMO
Trump, Bolsonaro y Salvini: ¿qué quedará de ellos y su nacionalismo luego del COVID-19?
Así es, en Estados Unidos tanto el Senado como la Cámara de Representantes aprobó el proyecto presentado por la Casa Blanca para inyectar US$ 2 billones a la economía. Mientras que en Brasil el gobierno de Bolsonaro le solicitará al Congreso medidas similares que permitan a las empresas pagar los sueldos. Aunque desde ninguna de las dos partes se escuchan medidas para contener el contagio y proteger la estructura sanitaria, y eso que se trata de dos países que son o fueron potencia económica.
"O Brasil Nao Pode Parar" ("Brasil no puede parar "en español), dijo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro en una campaña publicitaria pidiédole a la gente que salga a las calles para sostener la economía. "Para que las empresas no tengan que despedir empleados para que todos vivan con calidad de vida, Brasil definitivamente no puede parar", asegura la propaganda. Aunque esto podría ser el principio del fin para Bolsonaro y los gobiernos populistas de derecha ya que la economía se los puede llevar puestos.
Si Bolsonaro fuera un personaje de una serie de Netflix diríamos "bueeeeh, daaaaa... ¿tanto?"pic.twitter.com/6levKGfaNM
— Nano Levoratto (@nanolevoratto) March 27, 2020
Lo mismo sucede en Italia, con el ex Ministro del Interior y líder de la extrema derecha, Matteo Salvini. El mismo presionó al país hacia el nacionalismo y luego la economía acabó expulsándolo del ojo público. Y ahora por supuesto su escepticismo hacia el Coronavirus tampoco está ayudando. Si bien todavía no está tan claro cuál será el futuro de los líderes nacionalistas alrededor del mundo, por ahora el panorama no es el mejor.
Por sobretodas las cosas, lo más paradójico es que una crisis los trajo y, ¿una crisis los quitará? Recordemos que tanto Donald Trump como Jair Bolsonaro y Matteo Salvini llegaron al poder reforzando miedos existentes en las poblaciones y prometiendo luchar contra aquellos. En el caso de Bolsonaro fue la corrupción, Trump la inmigración ilegal y Salvini se presentó como un defensor del nacionalismo prometiendo acabar con la crisis migratoria expulsando refugiados.
Aunque el número de fallecidos continúa subiendo, las medidas no impactan lo suficiente, la economía no repunta y las especulaciones en cuanto a una posible repetición de la crisis financiera de 2008 cada día hacen mayor eco. Y el desafío de mantenerse en pie cada vez es mayor. Sin embargo, como explican desde Bloomberg News, el Coronavirus puede llegar como una amenaza más que refuerce las ideas nacionalistas contra la globalización y la apertura de fronteras.
El primer pie de esta última oración se vio demostrado cuando ante el Coronavirus, muchas sociedades alrededor del mundo pedía por favor a sus gobiernos que cierren aeropuertos, caminos, rutas, y todas las fronteras posibles si era necesario. Por supuesto que en consecuencia, personas como Salvini o Trump aprovecharon para relacionar la situación con la inmigración mediterránea y mexicana respectivamente. Aunque al mismo tiempo el cierre de fronteras también fue una medida aplicada por gobiernos y figuras políticas que no exactamente son reconocidas como nacionalistas.
Por otro lado completamente distinto, se encuentra el presidente ruso, Vladimir Putin, quien contrariamente a los políticos mencionados anteriormente, aprovechó la situación de pandemia para instalarse en el poder más de lo que ya estaba. Si bien existe toda una ola de rumores en cuanto a que Putin esconde los números reales de infectados en Rusia, el mismo está haciendo de la crisis una oportunidad para escalar más alto: si eso es posible.
Con la excusa de que Occidente es débil, así sus gobiernos y sus formas de atravesar las crisis, el líder del Kremlin abrazó a su población rusa, cerró las fronteras hasta con China, uno de sus mayores aliados, y decidió que iba a demostrar tanto internamente como internacionalmente que Rusia es más fuerte de lo que muchos piensan. Claro que no hizo aclaraciones sobre el costo.









